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JOSÉ LUIS TORRES

JOSÉ LUIS TORRES - AGITADOR DE REBELDIAS

“Patriotas de buena fe, empeñados en lograr para su pueblo el mejor de los destinos, parecen considerar que es posible ganar el pueblo tocándole en forma exclusiva la cuenta de sus interés, los impulsos de su egoísmo, sus posibilidades adquisitivas y su bienestar general. Pero el momento en que vive la Argentina y el mundo, es necesario recurrir también, para elevar el alma del pueblo hasta la grandeza histórica del momento en que vive, invocar a las fuerzas de su espíritu, llamando a contribución su amor sin tarifa por la tierra en que nació y en que han nacido y han de nacer sus hijos, porque en este momento se juega algo más trascendente que el bienestar material de los individuos. Y es la suerte de la Patria, la salud de las generaciones venideras, la tradición esclarecida de los grandes varones del pasado y la dignidad histórica de la Nación entera". (José Luis Torres – “La Década Infame - 1930/1940)

Nació en Tucumán “tierra de enfeudación de grandes oligarcas”, donde “una veintena de ellos disfruta de todos los halagos, mientras millares y millares de familias viven la lacería de su miseria injusta”, el 21 de Enero de 1901. Falleció el 5 de Noviembre de 1965.

Hijo de madre humilde y padre ferroviario, solamente cursa hasta el cuarto grado de la escuela primaria. Su formación es autodidáctica. Ya a los catorce años se pliega a la huelga del Ingenio Ledesma por mejoras salariales de los obreros del surco.

Alberto Buela en “José Luis Torres, el Fiscal de la Década Infame” señala: “lo vemos en 1932 cumpliendo funciones de ministro de gobierno de Juan Luis Nogués, quien a juicio de un oligarca de la talla de Juan Simón Padrós: - Renunció a la tradición legada por sus mayores, junto con su sangre y su apellido -. Y ello por qué. Porque Nogués y Torres como su ministro, llevaron a cabo el único gobierno de provincia que defendió la autonomía federativa de la misma contra la voluntad inconstitucional del testaferro Agustín P. Justo y su patrón el requeteoligarca Centro Azucarero Tucumano. Este enfrentamiento motivó la intervención de la provincia ante el silencio cómplice del Congreso de la Nación.

Después en 1933, el que va a ser reconocido como El fiscal de la década infame, viaja a Buenos Aires donde se radica definitivamente, pues consideraba que - la cabeza de la hidra estaba aquí -. Al viajar a Buenos Aires, cumplidos los 32 años, Pepe Torres ya está formado y la influencia del nacionalismo porteño y oligarcón es casi nula. Su nacionalismo fue siempre de Patria Grande, debido sobre todo por sus contactos permanentes con lo que fuera para nosotros el Alto Perú, esta vinculación existencial con la América profunda lo hizo el más americano de los hombres de su generación por lo que se emparenta mucho con Manuel Ugarte, un hombre de la generación anterior”.

En Buenos Aires denuncia “el negociado de la venta de tierras de El Palomar (origen de la fortuna de Roberto Noble y de Clarín); de la estafa de la conversión de la deuda pública externa de la provincia de Buenos Aires en 1935; del Instituto Movilizador; de la ley de Coordinación de Transportes; de los monopolios del gas y teléfonos, hace campaña periodística contra la CADE, el grupo Dreyfus, el engendro de creación del Banco Central por parte de Inglaterra y la denuncia de la Banca Bemberg, prepara el clima de lo que él llamaba la Revolución Nacional de 1943 y el posterior gobierno del General Perón”.

Dejó escritos de significativo valor para entender las causas reales de los problemas argentinos como, entre otros “Los perduellis” (1943), “La Década Infame” (1945), “La Patria y su Destino” (1947), “Seis Años después” (1949), “Nos acechan desde Bolivia” (1952) y “La Oligarquía Maléfica” (1953).

Sintetizó como nadie el país real y con nombre y apellido signó para siempre distintas etapas de la política argentina: “Década Infame” los años que van de 1930 (Golpe de Estado contra Hipólito Yrigoyen) hasta 1940 y “Revolución Fusiladora” al Golpe antipopular de 1955. Denomina también "Oligarquía maléfica", al sector que se enriqueció aún más a costillas del pueblo y "Perduelio", “al aparato financiero y legal montado por los enemigos internos de la patria para su liquidación”.

El 17 de Agosto de 1943, publica un folleto, en el que José Luis Torres dice: “Todos los movimientos liberadores observados en nuestra tierra – escenario propicio a la renovación del milagro – han estado animados por un fuerte sentido moral, revelador de que la conciencia popular no tolera regímenes de impudicia, pues se levanta airada contra todo lo que pudiera condenar a las generaciones del porvenir a vivir en el olvido de las leyes morales, sobre la ruina del idealismo, esencia del espíritu nacional, tantas veces traicionado. El amor de los argentinos por su tierra, la veneración por el ejemplo y el sacrificio de sus mayores, el orgullo de mantenerse en el concierto del mundo civilizado como un pueblo capaz de triunfar siempre sobre el interés menguado y el error de sus conductores, inflamó reiteradamente el entusiasmo de las masas y animó con hondo fervor la palabra de los varones que supieron interpretar el imperativo de la conciencia popular enardecida".

Y el 29 de Marzo de 1944, señalaba, para ese instante y premonitoriamente que “Los argentinos que actúan en las responsabilidades del gobierno... deben trabajar de cara al Pueblo, y no dándole la espalda, como ha ocurrido siempre.

Solamente interesa al gobierno de la República la opinión del Pueblo argentino y su destino. No importa lo que opinen de nuestra tierra los poderosos que no han nacido en ella, y si se actúa tratando de complacer opiniones ajenas, solamente alcanzaremos el desprecio que el servilismo oficioso merece... Para los argentinos no debe haber nada superior, ni nada igual, tampoco, a la Nación misma”.

En el año 1942, Torres se presentó ante el juez de instrucción Ramón F. Vázquez con un escrito de querella contra la sucesión de los cónyuges Otto Sebastián Bemberg y Josefina Elortondo de Bemberg por defraudación al Consejo Nacional de Educación en el impuesto hereditario.

Hace renuncia expresa a lo que le pudiera corresponder como participación por la denuncia de evasión de dicho impuesto, de igual manera que sus abogados.

Lo fundamental es rescatar de la presentación efectuada en la Justicia, la primera parte del mismo bajo el título "El enemigo interno de la Patria en el antiguo derecho romano", y que sin duda alguna serviría en el presente para menesteres similares.

“En la antigua Roma, se llamaba perduellis al enemigo interno de la Patria, y hostis al enemigo exterior. El crimen de perduellio (contra la Patria) y el de peculado (apoderamiento ilegítimo de cosas del Estado) eran castigados con la pena de muerte.

Como principio general, la muerte liberaba de la pena y de la acción penal al delincuente; pero, como dice Mommsen, "en lo tocante a los delitos públicos de la época antigua, o sea, los que iban inmediatamente dirigidos contra el Estado, la regla dicha no valía; la maldición obraba más allá de la tumba y aún después de la muerte podían aplicarse las penas de privación de sepultura, de remoción de la tumba y, sobre todo, de execración de la memoria del difunto (ver Derecho Penal Romano).

Y cuando después, en el correr de los años, sobrevenían épocas nefastas de peculados y de crímenes, las generaciones coetáneas volvían sus ojos hacia atrás para admirar e inspirarse en aquella inmensa civilización latina, cuya excelsitud moral fue capaz de maldecir, de negar sepultura y de execrar la memoria de esos difuntos cuyas vidas depravadas se dedicaron a comprar conciencias, envileciendo a gobernantes y a gobernados”.

La querella en contra de Bemberg, destinada a recuperar para el Estado cifras millonarias indispensables para el fomento de la instrucción primaria, con absoluto desinterés de parte del denunciante, introducía, según la vista del fiscal actuante, “un verdadero desorden jurídico". “El orden jurídico consistía, pues, en mantener por siempre la impunidad de los delitos denunciados”.

Hoy, igual que ayer, hay quienes no se inspiran, precisamente, en esa paradigmática civilización iberoamericana.

Una figura relevante, pero desconocida para muchos, inserta en la larga lista de “malditos” de la historia argentina.

José Luis Torres ha dejado un legado, expresado sintéticamente, al decir: “Solamente queda frente al triunfo de las fuerzas del mal, el deber de preservar el propio espíritu alentando en él la llama del patriotismo, para transmitirlo a nuestros hijos como la herencia más preciada”.

“La Argentina es un país de inmensas reservas morales. El nuestro es un pueblo que nunca ha soportado el dominio definitivo de la iniquidad”.

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