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RODOLFO PUIGGRÓS

RODOLFO PUIGGRÓS, EL INTELECTUAL NECESARIO

Nace el 19 de Noviembre de 1906 en Buenos Aires. Fallece el 12 de Noviembre de 1980 en La Habana (Cuba).

Alberto Carmena (en NAC&POP - Red nacional y popular de Noticias) reseña su vida diciendo:

“Sus estudios secundarios lo realizó en colegios religiosos y comenzó sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. En 1926 visitó con su padre la Unión Soviética, quedándose en Europa hasta 1928.

A su regreso, fundó el periódico “Brújulas”, el periódico “Norte” en la provincia de Jujuy y la revista “Argumentos”.

En 1932, junto con el pintor rosarino Antonio Berni, realizan un estudio sobre el barrio prostibulario "Pichincha" de la Ciudad de Rosario, cuando imperaba la mafia con Chicho Chico, Ágata Galifi y el abogado Luchini.

Se afilia al Partido comunista, y forma parte de la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores (AIAIPE) que fundara en 1935 Aníbal Ponce.

En 1946 funda el Movimiento Obrero Comunista vinculándose al movimiento popular del General Perón, lo que le valió la expulsión del PC en 1947.

Desde 1947 a 1955 dirigió la publicación Clase Obrera, ligado al movimiento peronista.

Fue redactor del diario Crítica de Natalio Botana desde 1935 a 1955.

En 1956, no apoya el pedido de Perón de votar por Arturo Frodizi, aconsejando votar en blanco. Se enfrentó con Arturo Jauretche que apoyaba con Frondizi y Frigerio el voto positivo del peronismo.

Desde 1955 a 1961, participa activamente en la resistencia peronista a través de la organización Argentinos de Pie, que estaba dentro del Comando de Organizaciones Revolucionarias (COR) del General Iñiguez.

En 1959 viaja a la República Popular China, invitado por su gobierno.

En 1961 se autoexilia en México, donde permanece hasta 1967.

Fue profesor de la UNAM y cofundador del diario El Día y de su suplemento El Gallo Ilustrado.

Hasta 1977 mantuvo una columna sobre temas internacionales. En 1971 visita al General Perón en la residencia de Puerta de Hierro en Madrid.

En 1973 es nombrado Rector de la Universidad de Buenos Aires, que comenzó a llamarse Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires.

Crea el Instituto del Tercer Mundo con al dirección del padre Hernán Benítez, con Sergio Puiggrós, Dúmar (Tito) Albavi y Mario Hernández, entre otros.
Como su vida corría peligro por reiteradas amenazas de la triple A de López Rega, la organización Montoneros lo traslada a México con su compañera Delia Carnelli.

En 1975 apoya al Partido Peronista Auténtico. Su hijo Sergio muere combatiendo como oficial de Montoneros en 1976.

En 1977 dirige la rama de Profesionales, Intelectuales y Artistas del Movimiento Peronista Montonero, agrupando a Juan Gelman, Pedro Orgambide, Norman Brisky y Silvia Berman.

Luego se suman Pino Solanas, Rodolfo Walsh. Miguel Bonasso, Héctor Oesterheld, Paco Urondo y muchos más. Pasa a formar parte de la mesa de conducción del Movimiento Peronista Montonero con Yager, Perdía, Obregón Cano, Vaca Narvaja, Bidegain, Pereyra Rossi y Firmenich.

Fue fundador del Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino (COSPA) Cuando falleció era su secretario general. Fue sucedido por su esposa Delia.

También fundó el Comité de Solidaridad Latinoamericana con Mario Guzmán Galarza de Bolivia, Gabriel García Márquez de Colombia, Pedro Vuskovic de Chile, Gerard Pierre Charles de Haití, Pablo González Casanova de México. Jorge Turner Morales de Panamá, Gerardo Carnero Checa de Perú, Carlos Quijano de Uruguay y otros.

Dirigió la Editorial Patria Grande hasta su muerte. (En La Habana, Cuba, el 12 de Noviembre de 1980)”.

Rodolfo Puiggrós no tuvo necesidad de esperar hasta la década del setenta para adherir al peronismo

El Partido Comunista, con motivo de las jornadas del 17 de Octubre, en una “Declaración” fechada el 21/10/1945 y citada por Rodolfo Puiggrós en “El peronismo: sus causas”, proclamaba:

“El malón peronista - con protección oficial y asesoramiento policial que azotó al país ha provocado rápidamente - por su gravedad - la exteriorización del repudio popular de todos los sectores de la República en millares de protestas. Hoy la Nación en su conjunto tiene clara conciencia del peligro que entraña el peronismo y de la urgencia de ponerle fin. Se plantea así para los militantes de nuestro Partido una serie de tareas que, para mayor claridad, hemos agrupado en dos rangos: higienización democrática y clarificación política.

Por un lado, barrer con e! peronismo y todo aquello que de alguna manera sea su expresión; por e! otro, llevar adelante una campaña de esclarecimiento de los problemas nacionales, la forma de resolverlos y explicar, ante las amplias masas de nuestro pueblo, más aun que lo hecho hasta hoy, lo que la demagogia peronista representa. En el primer orden, nuestros camaradas deben organizar y organizarse para la lucha contra el peronismo, hasta su aniquilamiento.

Corresponde aquí también señalar la gran tarea de limpiar las paredes y las calles de nuestras ciudades de las inmundas pintadas peronistas. Que no quede barrio o pueblo sin organizar las brigadas de reorganización democrática. Nuestras mujeres deben visitar las casas de familia, comercios, etcétera, reclamando la acción coordinada y unánime contra el peronismo y sus hordas.

Perón es el enemigo número uno del pueblo argentino".

Por su parte, e! periódico Orientación, órgano oficial del Partido Comunista dirigido por Ernesto Giudici, afirma:

“Pero también se ha visto otro espectáculo, el de las hordas de desclasados haciendo de vanguardia del presunto orden peronista. Los pequeños clanes con aspecto de murga que recorrieron la ciudad no representan a ninguna clase de la sociedad. Es e! malevaje reclutado por la Secretaría de Trabajo y Previsión para amedrentar a la población.

Desde Avellaneda salían las bandas armadas del peronismo, obedeciendo un plan de acción dirigido por el coronel y sus asesores nazis. El peronismo logró engañar a algunos sectores de la clase obrera, y esos sectores engañados fueron en realidad dirigidos por el malevaje peronista, repitiendo escenas dignas de la época de Rosas; y remedando lo ocurrido en los orígenes del fascismo en Italia y Alemania, demostró lo que era, arrojándose contra la población indefensa, contra el hogar, contra las casas de comercio, contra el pudor y la honestidad, contra la decencia, contra la cultura, e imponiendo el paro oficial, pistola en mano y con la colaboración de la policía que, ese día y al día siguiente, entregó las calles de la ciudad al peronismo bárbaro y desatado”.

El Diario La Razón, también en esos días, publica una solicitada del Partido Comunista de la Provincia de Buenos Aires, “denunciando los desmanes de elementos peronistas de Cipriano Reyes y demás aventureros a sueldo de la Secretaría de Trabajo, que en bandas armadas han ido provocando a la población y obligando a los obreros a hacer abandono de sus trabajos. Tales hechos han sido denunciados al ministro de! Interior general Ávalos por este comité”.

A esta posición realmente reaccionaria y antipopular se enfrenta Puiggrós y es expulsado del P.C.

Cabe señalar que también el Partido Socialista, el otro nucleamiento de la izquierda vernácula, publica en su periódico La Vanguardia, lo siguiente:

“En los bajíos y entresijos de la sociedad hay acumuladas miseria, dolor, ignorancia, indigencia más mental que física, infelicidad y sufrimiento.

Cuando un cataclismo social o un estímulo de la policía moviliza las fuerzas latentes del resentimiento, cortan todos las contenciones morales, dan libertad a las potencias incontroladas, la parte del pueblo que vive ese resentimiento y acaso para su resentimiento, se desborda en las calles, amenaza, vocifera, atropella, asalta a diarios, persigue en su furia demoníaca a los propios adalides permanentes y responsables de su elevación y dignificación”.

La comisión gremial del Partido Socialista señala “las exteriorizaciones carnavalescas, desmanes y atropellos inicuos producidos en el paro, que fue ajeno a la decisión de los auténticos trabajadores organizados”.

La Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) alumnos dilectos de los “Maestros de la Juventud” al decir de Jauretche, sostienen orgullosamente “que se había dado una polarización de las fuerzas sociales en pugna: los sectores democráticos que concurrían a los despachos de la embajada norteamericana y los dirigentes gremiales y políticos pro peronistas que acudían a la Secretaría de Trabajo”.

La “Inteligentzia” como la llamaba Don Arturo se cohesionaba y coincidía en términos de oposición, con la oligarquía agroexportadora, la burguesía expoliadora y la Embajada Norteamericana.

El Diario Crítica señalaba: “Grupos aislados que no representan al auténtico proletariado argentino tratan de intimidar a la población”.

En la Nación del 17 de octubre de 1945, aparece este telegrama:

"La opinión democrática argentina coincide con la posición de Mr. Braden respecto del problema de la libertad en América y desea expresar que consideraría como una actitud amistosa para nuestro pueblo y nuestra democracia su confirmación como secretario de Estado adjunto para los asuntos latinoamericanos - . Comunicación cursada al Departamento de Estado de los Estados Unidos. Firman: Victoria Ocampo, Adela Grondona, Ana Rosa Schliepper de Martínez Guerrero, Juan Antonio Solari, Sara Alvarez de Ezcurra, Alejandro Ceballos, Raúl Monsegur, Bernardo Houssay y Mariana Sáenz Valiente de Grondona”.

Rodolfo Puiggrós es el ejemplo del intelectual comprometido. Funda en 1947 el Movimiento Obrero Comunista, se orienta hacia el nacionalismo popular y se vincula fuertemente al peronismo.

Participa activamente en las luchas del Movimiento Peronista, manteniendo siempre su decidida adhesión a las grandes mayorías que a partir del golpe gorila de 1955 enfrentaron a la reacción dictatorial.

Riguroso, hurgaba con precisión en la historia. “Marcó un futuro con el abordaje de temas como el capitalismo, la conquista de América, el descubrimiento de Moreno, el estudio crítico de Rosas en tiempos revisionistas, la necesidad de construir otro modelo de país y no una copia de España. Entender el siglo XX a través de los grandes movimientos nacionales”.

Puiggrós cuestionó siempre desde sus libros, desde el periodismo, la cátedra y la acción política, todas las expresiones del liberalismo que asumían como propio el pensamiento eurocentrista.

Es así que coincide con los hombres que desde FORJA bregaron por la construcción de un proyecto nacional revolucionario, alejado de modelos que pretendían trasladar a los países periféricos las contradicciones entre las potencias occidentales y la Unión Soviética.

Siempre estuvieron ausentes del pensamiento de Rodolfo Puiggrós, tanto el "pensamiento único", como la autodesignación de “vanguardia revolucionaria”, que siempre algunos adoptaron.

Es un “Legítimo heredero de las concepciones revolucionarias del nacionalismo popular latinoamericano, expresado desde la gesta sanmartiniana, bolivariana y artigüista por las montoneras federales rebeladas contra el proyecto de conformar en la región rioplatense una semicolonia pastoril, Puiggrós coincidió en la práctica con lo afirmado por José Carlos Mariátegui: - Todos los pensadores de Nuestra América se han educado en una escuela europea. No se siente en su obra el espíritu de la raza. La producción del intelectual del continente carece de rasgos propios -". (Martín De Ambrosio)

Y por ello planteó: "Las izquierdas comparten con el liberalismo y el nacionalismo de minorías el hábito mental de conceptuar conceptos, en lugar de conceptuar los hechos y la historia de la realidad argentina".
En 1956, publica el libro “Historia crítica de los partidos políticos argentinos".

Esta obra es uno de los trabajos centrales en la vasta obra del “intelectual orgánico” que fue Rodolfo Puiggrós.

Es sin duda, una obra “maldita” para los reaccionarios de todo pelaje, ya que es un libro de reflexión para un público comprometido con el devenir histórico del país.

“Con una perspectiva materialista dialéctica, Puiggrós relaciona el contexto económico internacional con las peculiaridades locales para así rastrear las causas que impulsaron u obturaron el desarrollo de las fuerzas sociales y productivas de la Argentina.

El análisis del autor es minucioso y erudito; su prosa, incisiva, irónica y apasionada.

En - Pueblo y oligarquía - , el primer tomo, Puiggrós estudia el movimiento independentista y sus limitaciones, pasa revista a los años de la organización nacional, desmonta el funcionamiento de la Argentina oligárquica finisecular y analiza su progresivo resquebrajamiento”.

Dice Puiggrós de su propia obra que “aspira a proporcionar al lector las premisas de un programa nacional de cambios sociales, dictado por las contradicciones del proceso concreto, programa que tiene que inspirarse (para no caer en la mezquindad de lo inmediato) en la ambición del hombre que conquista los espacios, arranca a la naturaleza sus íntimos secretos y descubre las leyes objetivas rectoras de la comunidad en que vive."

En el segundo volumen, - El yrigoyenismo -, estudia el ascenso de la Unión Cívica Radical al poder en su doble carácter de producto de la modernización capitalista y de movimiento popular de masas en reacción contra las formas que esa modernización asumía.

“En el tercer volumen, - Las izquierdas y el problema nacional -, Puiggrós se dedica al estudio de la tradición ideológica de los partidos Socialista y Comunista, y retrata el pensamiento y los principios políticos de Juan B. Justo y sus discípulos para luego centrar el análisis en el comunismo argentino, rígida y acríticamente adherido en su etapa inicial a las consignas de la Tercera Internacional”.

“En el cuarto volumen - La democracia fraudulenta - , el autor desarrolla el intento de restauración del orden conservador y la crisis del modelo liberal, la penetración del capital monopolista, la oposición parlamentaria durante la década del ´30 y sus insuficiencias, acompañadas de las limitaciones teóricas y políticas de los partidos de izquierda”.

“En el quinto volumen, - El peronismo: sus causas - , estudia los cambios en la estructura social argentina que posibilitaron el ascenso de Perón al poder. El autor describe la incapacidad de los partidos políticos de izquierda para comprender la dimensión del nuevo fenómeno, las nuevas orientaciones de la clase trabajadora y la reconstitución del movimiento popular en torno al eje peronista. Este último volumen de la colección, se cierra con los acontecimientos que culminaron el 17 de octubre de 1945”.

Su obra comprendió unos treinta libros sobre historia argentina, latinoamericana e historia de la filosofía, entre los cuales se destacan “De la colonia a la revolución”, “Rosas el pequeño”, “La época de Mariano Moreno”, “Historia económica del Río de la Plata” y “La España que conquistó el Nuevo Mundo”.

En “Historia y Memoria Nacional en Argentina” Alberto Buela (Filosofo, Vicepresidente del Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos), dice, entre otras cosas:

“Aun cuando se sabe - desde Aristóteles, pasando por Lineo hasta nuestros días- que ninguna clasificación es exhaustiva. No obstante la técnica de la clasificación sigue siendo la posibilidad más adecuada para ofrecer una visión breve y completa sobre el asunto a exponer.

En el tratamiento de la historia argentina pueden distinguirse grosso modo cuatro grandes corrientes historiográficas: la liberal u oficial, la revisionista o rosista, la liberal de izquierda o universitaria y la izquierda nacional o sincretista.

La corriente liberal caracterizada por la línea Mayo-Caseros es la que escribió la historia oficial de la Argentina. Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López son sus fundadores en el último cuarto del siglo XIX y la Academia Nacional de Historia con Ricardo Levene y compañía, ha sido su continuadora hasta nuestros días.

La corriente revisionista, como su nombre lo indica, es la que revisa la historia oficial, transformándose en su contrapartida.

Esta corriente se inicia con la reivindicación de la figura de Juan Manuel de Rosas y tiene como antecedentes a Francisco Bilbao y su Historia de Rosas(1872) y a Adolfo Saldías con Historia de la Confederación Argentina(1892).

Pero el revisionismo como corriente historiográfica nace con el trabajo de Ernesto Quesada, La Epoca de Rosas (1898) que es cuando por primera vez se denunció la necesidad de superar el método lineal-positivista de la historiografía liberal.

Tanto Bilbao como Saldías tienen un propósito reivindicatorio, pero su método histórico es liberal, pues - ninguno de los dos consiguió desaferrarse de la sujeción estricta a la letra escrita -, en cambio Quesada establece, a través de su método, el festina lente, la diferencia entre la explicación liberal-positivista y la comprensión historicista. De modo que el aporte de la corriente revisionista no se agota en lo reivindicativo sino que se extiende a lo metodológico.

Esta corriente se continúa en la enciclopédica Historia Argentina de José María Rosa, en los ocho tomos de Vida política de Rosas a través de su correspondencia de Julio Irazusta, en la didáctica Historia Argentina de Ernesto Palacio y en múltiples historiadores vinculados al Instituto de Investigaciones históricas Juan Manuel de Rosas.

Las corriente liberal de izquierda o progresista nace más recientemente. Aun cuando se incuba antes, tiene su floruit después del golpe de Estado de l955 que derroca a Perón. Sus principales mentores son Tulio Halperín Donghi y Luis Alberto Romero, hijo de quien fuera rector de la Universidad de Buenos Aires con la “revolución libertadora”, quienes se caracterizan ,obviamente, por su marcado antiperonismo.

Sus análisis históricos están signados por una diarquía de origen, pues aplican categorías marxistas pero entendidas sub specie política liberal.

Esta ambigüedad, tildada de demócrata y progresista, le ha permitido reemplazar a la "vieja historia liberal" en todos los programas de enseñanza de historia tanto en la escuela secundaria como en la universidad.

Finalmente tenemos la corriente de izquierda nacional, cuyos principales expositores, a diferencia de la liberal de izquierda, son pro-peronistas.

Posee un marcado tinte economicista en el tratamiento de la historia, propio de su marxismo de origen. Al que debemos sumar un alto contenido como "historia social". Es una corriente de clara y expresa vocación de integración continental iberoamericana. Sus principales exponentes y fundadores han sido Jorge Abelardo Ramos (Historia de la nación latinoamericana), Rodolfo Puiggrós (Historia crítica de los partidos políticos argentinos) y el pensador Juan José Hernández Arregui (La formación de la conciencia nacional).

Existe, en nuestra opinión, un antecedente ilustre de esta corriente en el historiador y sociólogo de principios de siglo don Juan Agustín García con su trabajo sobre la época colonial titulado La Ciudad Indiana (1900).

Ahora bien, ¿qué tienen que ver? y ¿cómo tienen que ver? estas cuatro corrientes historiográficas en la constitución de la memoria nacional de nuestro pueblo.

Estas son las cuestiones que debemos resolver.

Si como se dice, un problema bien planteado está ya medio resuelto. El problema de la existencia de las memorias nacionales se encuentra intrínsecamente vinculado con la existencia de los pueblos. O más precisamente, la existencia de los pueblos es la condición sine qua non de la existencia de las memorias nacionales. Porque el pueblo es el sujeto de esas memorias, en tanto que portador de retenciones no caídas en el olvido.

Claro está, para aquellos que niegan la existencia de los pueblos como sujetos históricos esta meditación carece de sentido. Pero como para nosotros lo tiene, definamos entonces, qué entendemos por pueblo.

Es el conjunto de hombres y mujeres unidos por una conciencia étnico-cultural (lengua y valores), de pertenencia a una comunidad determinada.

A su vez el concepto de nación se expresa en el proyecto político-cultural que un pueblo determinado se da en la historia del mundo. Por su parte, la nación adquiere existencia real, pasa de la potencia al acto, cuando es reconocida por la comunidad internacional. Esto es, cuando se encarna en un Estado, que es el que le ofrece el marco jurídico de su organización.

De lo contrario, queda en potencia, como el caso de la Gran Nación Hispanoamericana soñada por Bolivar, San Martín, Morazán, Melgarejo y tantos otros.

Vemos como el concepto de nación es, primero y antes que nada, una noción político-cultural, que adquiere un status oficial cuando se plasma en un Estado reconocido como tal. De modo, que según esto, la memorias nacionales van más allá de los Estados nacionales. Es por este motivo que nosotros podemos hablar con razón de la memoria nacional del pueblo iberoamericano.

Pero además, así como la idea de nación es anterior a la de Estado porque lo funda. Tiene primacía ontológica porque: Lo hace ser. La idea de pueblo tiene una prioridad histórica, pues el concepto de pueblo es históricamente anterior al concepto de Estado-Nación que es una categoría moderna. Es, sin lugar a dudas, el fruto político más logrado de la modernidad.

Luego de este desbroce de conceptos lo que queda claro es, que la memoria nacional tiene que ver con la memoria de los pueblos, que a su vez va más allá de las historias nacionales particulares, sobretodo en el caso iberoamericano. Ya tenemos, pues, una pauta. Toda corriente limitada a un "nacionalismo de fronteras adentro", de Patria Chica, poco y nada tendrá que ver con la memoria nacional. Ni que decir de aquellas corrientes que "Como nuestros cultos, al decir del poeta Homero Manzi, adscriben a todos los problemas y soluciones extrañas, y cuando intervienen en los nuestros, lo hacen como extranjeros".

Y si esto es así, respondamos, entonces, a las preguntas planteadas:

¿Qué y cómo tienen que ver las corrientes historiográficas argentinas en la memoria de nuestro pueblo?

La historiografía de corte liberal: En nada. Es un producto de la intelligenzia colonial anglo-francesa del siglo pasado que se encuentra en las antípodas valorativas de la memoria nacional de nuestro pueblo. Por otra parte, su propio método historiográfico de "sujeción estricta a la letra escrita" la inhabilita para incorporar ningún aporte de la memoria oral colectiva. Así pues, tanto ideológica como metodológicamente la corriente de corte liberal se encuentra escindida de la memoria nacional del pueblo argentino.

La revisionista se encuentra vinculada en parte a la memoria de nuestro pueblo. Sobretodo en el rescate del tema de nuestra génesis como nación. No nacimos en mayo de 1810 sino tres siglos antes. Y en la determinación de nuestros enemigos históricos: Inglaterra y Francia y la lucha de Rosas contra ellos.

La liberal de izquierda, no sólo nada tiene que ver, sino que además niega expresamente la memoria popular.

En definitiva, es un subproducto no sólo de la vieja corriente liberal a la que se le suma un visceral antiperonismo, que desde la cátedra universitaria, sea argentina, estadounidense o europea no habla ya sobre lo que fuimos sino acerca de lo que debemos ser. Es una visión totalmente ideologizada en favor del ideario del socialismo democrático internacional.

Finalmente la corriente de izquierda nacional, algo tiene que ver con la memoria de nuestro pueblo. Sobretodo con su tarea de rescate histórico de pertenencia de la Argentina a la común Patria Grande hispanoamericana y en la explicitación de los mecanismos de explotación económica de las sociedades dependientes.

Resumiendo vemos que sólo el revisionismo rosista y la izquierda nacional tienen algo en común con la memoria nacional de nuestro pueblo. Sólo en la medida en que rescatan valores que conforman la memoria nacional de los argentinos como son su génesis hispano-criolla y explicitan sus enemigos. Al par que superando el huero nacionalismo del Estado-nación nos insertan en el destino común de la Patria Grande Hispanoamericana y muestran los mecanismos de la dependencia económica.

Ninguna clasificación es exhaustiva. De modo tal que, no escapará al lector atento, que existen un sin número de historiadores que realizan su tarea al margen de las corrientes mencionadas.

Observará, también, que la distinción entre pueblo como sujeto de valores; nación como proyecto político cultural y Estado, es de singular importancia para determinar el emplazamiento de la memoria nacional en el pueblo como portador de retenciones no caídas en el olvido.

Se preguntará, entonces, ¿cómo constituyen los pueblos sus respectivas memorias?. Respondemos que a través de la conservación de sus vivencias y luchas por existir y de sus valores transmitidos de generación en generación. Lo que en buen castellano se denomina tradición. Esto es, la transmisión de algo valioso de una generación a otra

De modo tal que las corrientes historiográficas participan en mayor o menor medida en la memoria nacional de los pueblos, en tanto y cuanto participan en la explicitación de las vivencias y valores que un pueblo retiene como propios”.

La coherencia ideológica de Puiggrós lo hizo estar siempre del lado de la Nación frente a los designios de los centros internacionales de poder; del lado de las mayorías populares frente a los proyectos elitistas; del lado de la realidad frente a los iluminados y mesiánicos; y por estos motivos confrontó con las ideas del nacionalismo conservador, de la izquierda stalinista y del liberalismo.

Luchador incansable del pensamiento, la palabra y la acción, Rodolfo Puiggrós es el intelectual necesario.

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