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19 de Agosto 2005 – Cuba

El cubano Antón Arrufat Marat gana el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2005. 
Nace en Santiago de Cuba, el 14 de agosto de 1935. Poeta, narrador y dramaturgo cubano.
Mención de Teatro por El vivo al pollo y de Poesía por Repaso final en Casa de las Américas y Premio de Teatro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba por Los siete contra Tebas.

Ha sido jurado en los concursos más importantes del país. Recibió la Medalla "Alejo Carpentier" 2000.
Premio de la Crítica Literaria por La caja está cerrada -1984
Lirios sobre un fondo de espadas-1995 La tierra permanente-1987.

Premios Otorgados
-2000-Premio Nacional de Literatura
-2000-Medalla "Alejo Carpentier"

El Antón de la literatura cubana

Por Sonia Sánchez

Nació bajo el signo de Leo, pero atestigua ser "la negación viviente de tal afirmación zodiacal".

Quienes siguen de cerca, o simplemente, se interesan por tan intensa vida, casi podrían asegurar que esa aseveración del narrador, poeta, dramaturgo y ensayista cubano Antón Arrufat Mrad es otra de las obstinaciones características de ese rostro del zodiaco. Tanto como cuando afirma también que sus obras no se parecen a él…

El 14 de agosto de 1935 protestó por primera vez cuando abrió sus ojos a la vida, con una mezcla de sangre española y árabe, en su natal Santiago de Cuba. No obstante, dice que su verdadero nacimiento ocurrió cuando un clérigo del colegio jesuita de Dolores, en el que cursó su primera enseñanza descubrió que era miope y la familia lo ignoraba: "No veía con claridad las letras en el pizarrón del colegio, y me creyeron tardo, torpe y morón".

De sus padres, que fallecieron cuando era aún un niño, no heredó esa vocación innata por la creación literaria que ya a escasos años lo condujo a escribir poemas, breves piezas teatrales y una novela que no pudo conservar.

Del terruño fue "arrancado", sin permiso, a los 11 años para partir hacia La Habana. Aún rezonga por ese acto autoritario que lo condujo a terminar estudios de bachillerato en la capital y finalizar "tras largos abandonos", la Licenciatura en Filología en la Universidad de La Habana.

Hubiera querido permanecer más tiempo en su Santiago, pero hoy hay que agradecerle a la ventura el rumbo tomado por una vida que ha legado una obra sólida —que lo hizo merecedor del Premio Nacional de Literatura en el 2000— con títulos como En claro (1962, su primer libro en el cual se recogen los poemas de adolescente); El vivo al pollo (mención de teatro Casa de las Américas, 1961); Los siete contra Tebas, (premio de teatro UNEAC, 1968); La caja está cerrada (1984, novela); Lirios sobre un fondo de espadas (1995, poesía); La tierra permanente (1987, teatro),); La noche del aguafiestas (premio Alejo Carpentier, 2000, novela); y El hombre discursivo (2005, ensayo).

Títulos traducidos a diversos idiomas, en especial sus piezas teatrales llevadas al polaco, inglés y francés y estrenadas en Estados Unidos, Venezuela, México, Puerto Rico y Varsovia.

Su existir, más intenso aún que esa mirada que tiene siempre en perfecta armonía con los bordes casi cínicos de los labios, lo llevó a residir en los Estados Unidos, Londres y París, viajar por gran parte de Europa y otras latitudes y publicar en medios culturales de la Isla como Ciclón; Lunes de Revolución; Cuba en la UNESCO; Unión; La Gaceta de Cuba, por solo citar algunos, y otros extranjeros, entre estos Europe, L'Arc, Les Lettres, Quimera, Siempre, Ever green. Fundó y dirigió durante cinco años la revista Casa de las Américas.

Hoy, junto a la doctora Graziella Pogolotti (París, 1931) recibirá merecido homenaje en la XVII Feria Internacional del Libro Cuba 2008, dedicada a estos dos autores. Un momento más en que se pone a prueba su popularidad: amigos no faltarán, pero de seguro añorará la presencia de dos entrañables: Virgilio Piñera, de quien escribiera un significativo testimonio sobre los últimos años de este gran dramaturgo en Cuba con el título Virgilio Piñera: entre él y yo, Ediciones Unión, La Habana 1994; y Lezama Lima.

"Es tremendo Antón saber que me voy a morir sin saber si yo soy o no un gran escritor", le escuché comentar a Arrufat en una tertulia en el habanero Centro Cultural Dulce María Loynaz, refiriéndose a palabras dichas por Virgilio. "Estas pretensiones son un poco de la generación de él y mía", afirmó.

"No creo —sostuvo— que los jóvenes escritores en el mundo estén interesados en la grandeza de un escritor siendo ya víctimas de las editoriales, de los premios, el dinero, de la ley del mercado".

De Lezama Lima rememoró la humedad, la pobreza, lo reducido y ruidoso de su hogar en el municipio de Centro Habana. "Lezama tenía que esperar la madrugada para sentarse en la última habitación de su casa, en la cual yo estuve muchas veces. Era contigua a la cocina, un cuarto horrible para estar. Allí cogía esa especie de campechana que tenía, ponía una tabla, un papel y un lápiz y ahí redactó las 900 páginas de Paradiso y todas las cientos que escribió casi siempre jadeando de asma. Y para que las escribió, porque quiso, él no había hecho contrato con ninguna editorial, ni tenía adelanto económico y eso creo que ocurre ahora poco."

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