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24 de Agosto 1879 - Cuba

Estalla en Cuba la llamada “guerra chiquita”, declarada contra la corona española.

Levantamiento armado que duró menos de un año, pero fue una clara indicación que la Paz de Zanjón no era el último capítulo. La manera que terminó la Guerra de los Diez Años, y las consecuencias políticas y económicas de la guerra, dejaron descontento a los que habían luchado heroicamente por la libertad durante diez largos años. Esto resultó en una nueva revolución fomentada por varios Generales de la Revolución, dando inicio a este levantamiento.

El 24 de agosto de 1879, en los campos cubanos volvieron a escucharse los disparos redentores, que pretendían conquistar la verdadera paz con independencia y abolición de la esclavitud, que se había frustrado con el Pacto del Zanjón; comenzaba la Guerra Chiquita, una nueva etapa liberadora del pueblo cubano.
La Guerra Chiquita fue un movimiento armado que no llegó a alcanzar carácter nacional y en la práctica, constituyó la suma de varios alzamientos en determinadas zonas de Oriente y Las Villas, sin un plan único ni vínculos entre sí, y fue liderado por Calixto García.
El trabajo organizativo para llevar nuevamente la lucha armada a Cuba comienza en marzo de 1878, por iniciativa y bajo la dirección de Manuel de la Cruz Beraza, quien convocó en Nueva York a una reunión de cubanos (Convención Popular) en la que se acordó crear una comisión de tres ciudadanos para la preparación de un plan para la acción. Está quedó compuesta por el propio Manuel de la Cruz Beraza, Agustín Muñoz y Feliciano Valdés.
Elaborado por ellos el documento, se efectuó una segunda reunión, en la que se acordó la constitución de un Comité Revolucionario de la Emigración Cubana para apoyar en lo posible a los combatientes que continuaban la lucha armada en Cuba.
Días mas tardes, el 17 de marzo, se lleva a cabo una tercera reunión donde se ratificaba a los miembros del desde entonces llamado Comité de los Cinco, bajo la presidencia de José Francisco Lamadriz, comenzó a realizar sus tareas para tratar de apoyar a los combatientes que se mantenían en armas en Las Villas y Oriente.
Los emigrados de Nueva York y Cayo Hueso, donde eran más fuertes las colonias cubanas de la emigración, dieron de inmediato su contribución a la causa. Si bien esta no fue significativa, manifestaba claramente su espíritu intransigente que contrastaba con el desaliento y confusión imperantes entre los cubanos radicados en Jamaica. Lógicamente, estos últimos fueron factores determinantes en el fracaso de las gestiones de Antonio Maceo en Kingston, a diferencia de los resultados obtenidos al llegar a Nueva York, donde si encontró un ofrecimiento efectivo. Sin embargo, ya era tarde: el 17 de junio de 1878, Maceo informaba a los emigrados cubanos en Nueva York sobre la terminación de la Guerra en Cuba el 29 de mayo y de que, por tanto, cesaban sus trabajos para salvar la Guerra Grande, y regresaba nuevamente a Jamaica, donde radicaría.
El 9 de junio de 1878, había sido puesto en libertad, en virtud de los acuerdos del Zanjón, el mayor general Calixto García Iñiguez, quien se encontraba preso en la península. Inmediatamente después de organizar sus asuntos privados, este se incorporó de lleno a las actividades conspirativas. Algo después, se sumó a las tareas independentistas en Estados Unidos el mayor general Carlos Roloff, quien había dejado una red conspirativa organizada en el occidente de Cuba.
En un gesto de sumo desinterés patriótico, los miembros del Comité de los Cinco declinaros la dirección de la conspiración a favor de Calixto García, y el Comité Revolucionario de la Emigración Cubana pasó a llamarse Comité Revolucionario Cubano, ya que se incluiría en él a los patriotas de Cuba.
Así, a pesar de sus logros organizativos y de sus intentos por crear un movimiento de carácter nacional y un mando militar único –y no obstante su aspiración a la unidad de todos los partidarios de la independencia en la emigración- el Comité no logró superar adecuadamente divisiones tan importantes como las regionales y las raciales ni las que habían tenido su origen en la oposición entre los llamados “militares” y los llamados “civiles” durante la anterior contienda de los Diez Años.
En marzo de 1879, habían sido detenidos y deportados por las autoridades colonialistas Flor Crombet, Pedro Martínez Freire, Mayía Rodríguez y Pablo Beola. Posteriormente, Silverio del Prado había sido hecho prisionero por el antiguo miembro de las fuerzas auxiliares españolas Santos Pérez, que militaba, como doble agente, en las filas patrióticas.
Estas detenciones dieron la alarma a los revolucionarios, que se vieron obligados a comenzar la guerra con los pocos recursos con que contaban. Fue así como los conspiradores, fundamentalmente de Oriente, donde las presiones eran mayores, comenzaron a precipitar los levantamientos.
El 3 de agosto de 1879, Calixto García y Antonio Maceo puntualizaron en Jamaica los preparativos para la expedición de vanguardia que conduciría Maceo y enviaron órdenes concretas sobre el levantamiento a los principales jefes en Cuba; sin embargo, el 5 de septiembre, Calixto volvió a Jamaica, esta vez para comunicar a Maceo que en su lugar la expedición sería conducida por el brigadier Gregorio Benítez (Goyo), a fin de desvirtuar la propaganda sobre la “guerra de razas”.
La expedición de Benítez desembarcó en Cuba el 28 de septiembre, pero no logró cumplir los objetivos planteados, por lo que la lucha armada se sostuvo aislada e incoherente por pequeñas partidas de insurrectos sin ganar estatura de guerra.
El mayor general Calixto García, máximo dirigente de esta contienda, realizó varios intentos para llevar su expedición a Cuba y solo lo logró el 7 de mayo de 1880. Después de sostener encuentros con los españoles, sufrir grandes bajas, no poder hacer contacto con los demás jefes alzados y confrontar serias dificultades de abastecimiento, se vio obligado a aceptar la capitulación el 3 de agosto del propio año y fue conducido prisionero a La Habana y posteriormente a España.
Por otra parte, Maceo también intentó organizar una expedición independiente que lo llevara a Cuba, la cual estuvo a punto de lograr desde Haití en septiembre de 1879, desde Santo Domingo en febrero de 1880 y, finalmente, desde Islas Turcas en Junio de 1880, intentos frustrados debido a la persecución que sobre él ejercían las autoridades españolas, los atentados y las delaciones a que fue sometido.
Los factores adversos condujeron a la deposición de las armas en los diferentes territorios alzados. Fue significativo el Pacto de Confluente, firmado el 29 de mayo de 1880, mediante el cual capitularon el mayor general Guillermón Moncada y el general de brigada José Maceo. Por su parte, el coronel Emilio Núñez permaneció combatiendo hasta el 3 de diciembre de 1880, cuando depuso las armas, con lo que finalizó la Guerra Chiquita.
El movimiento armado fracasó por la influencia de factores adversos, tales como:
Falta de un liderazgo político y militar.
Existencia de prejuicios raciales.
Posición reaccionaria de los partidos políticos burgueses existentes en Cuba.
Efectividad de las acciones políticas y militares desarrolladas por las autoridades coloniales durante su etapa de preparación y realización.
En total se presentaron 5.381 insurrectos y los patriotas sufrieron un total de 170 muertos, 109 heridos y 307 prisioneros en el año que duró la guerra, la cual costó a España 417 bajas y 22.811.516 pesos. Adicionalmente, 1.500 revolucionarios fueron extraditados del país. Las experiencias de los preparativos y el desarrollo de la conspiración, los alzamientos y la Guerra Chiquita, constituyeron una importante enseñanza para todo el proceso de organización de la “guerra necesaria” que sería preparada por José Martí y el Partido Revolucionario Cubano.
La Guerra Chiquita concluyó en diciembre de 1880, pese a su corta duración, constituyó un momento imprescindible de la historia patria, pues demostró la validez del ideal independentista y la inquebrantable decisión del pueblo cubano de obtener su emancipación. Sirvió para descaracterizar el contenido ideológico del autonomismo, cuya campaña racista pretendía desvirtuar los verdaderos principios de la insurrección.
A ello se suma el hecho de que esta contienda, marcó la iniciación de José Martí como dirigente. Desde un pequeño club en La Habana, hasta sustituto de Calixto García en la emigración, la Guerra Chiquita propició que el Maestro adquiriera una vasta experiencia y le allanó el camino para entrar en contacto con las masas populares del exilio, su futura base social para una nueva revolución, que dio continuidad al ideal independentista que llevó a la lucha, a diversas generaciones de cubanos.

Fuente: www.ecured.cu

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