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28 de Agosto 1907 - Argentina

Nace en la plata el doctor en filosofía y medicina Eugenio Pucciarelli.

Eugenio Pucciarelli (1907 -1995)

Por Juan Carlos Torchia Estrada
Potomac, Maryland, abril de 1995
Fuente: http://bdigital.uncu.edu.ar

La vida intelectual de Eugenio Pucciarelli se extendió entre los comienzos de la filosofía profesional argentina, en la década de los años treinta, y su profusa situación actual, ya en los confines del siglo. De ese proceso fue testigo y acompañante, y a su construcción aportó los materiales de una dedicación inalterada, que caminó sobre las aguas de las múltiples tormentas que azotaron al país durante los últimos sesenta años. Si, como enseñaron los viejos existencialistas, vivir es optar, Don Eugenio optó por prescindir de todo lo que no fuera conducente a su proyecto de enriquecer el potencial filosófico del país. Es como si hubiera querido decimos que para crear en la inestabilidad el único método es no apartar la vista de las manos que modelan la arcilla. No es la única actitud posible, pero es una actitud que merece respeto en un medio donde cada diez años se destruye todo lo penosamente construido, para empezar de nuevo.
Su presencia en la filosofía argentina se caracterizó por una actitud abierta a los cambios y un esfuerzo de constante renovación del saber, lo que daba gran amplitud a su plataforma filosófica y le permitía cumplir mejor la función pedagógica y formativa. Hay trabajadores de la filosofía de foco amplio. La simpatía comprensiva predomina en ellos sobre la diferencia y la exclusión. Su mayor inclinación hermenéutica los lleva a considerar la diversidad de filosofías más como pluralismo filosófico que como lo que Dilthey llamaba la anarquía de los sistemas. El ejercicio del propio filosofar puede desarrollarse en ellos estrechamente ligado a la exégesis del pensamiento de otros -una exégesis, claro, filosófica, y no meramente erudita. Resignándose a los límites de toda simplificación, no parece difícil aceptar que Pucciarelli pertenecía a esa estirpe de filósofos. Tal vez estas características hicieron que fuera, entre los maestros del siglo, el que tuvo más posibilidad de diálogo con los grupos y tendencias diversas.
Con esto se vincula otra nota de su obra y de su estilo: Pucciarelli fue el tipo de filósofo-profesor. No nos referimos solamente a la vocación magistral, que otros en su vecindad también tuvieron, sino al hecho de que en él la tarea filosófica misma se desdoblaba insensiblemente en genuina búsqueda del pensamiento y en exposición clarificadora. Atacar un problema era para él investigarlo, por supuesto, pero también presentarlo en su conjunto, verlo en el contexto del estado de la situación. Los trabajos de Pucciarelli tienen esa doble dimensión, al punto de que 'lo que tienen de originales puede quedar, si no oculto, por lo menos disimulado en lo que tienen de reveladores, ordenados y globalmente expositivos.
Esto nos conduce a otro rasgo suyo: la pulcritud de la expresión escrita. No era solamente claridad de forma como método pedagógico. Era, ante todo, resultado de la claridad del pensamiento, porque no existe tal cosa como forma clara de pensamiento oscuro, ni oscuridades de formas que provengan solamente del vehículo expresivo. Pero era también, hasta cierto punto, conciencia de forma, algo que estaba en el ambiente de su formación, igual en sus maestros que en sus compañeros de grupo: nombres como los de
Alejandro Korn, Pedro Henríquez Ureña, Francisco Romero, Aníbal Sánchez Reulet, Enrique Anderson Imbert. Para él la filosofía no era saber de salvación, ni apoyo para un sentimiento trascendente, ni arma de combate, ni versión racionalizada de una visión interior del mundo y de la vida. Era pensamiento de problemas teóricos (aun si tuvieran que ver con la praxis), en la clásica tradición que viene de los griegos, y con una sólida noción de todo lo que ocurrió después en la historia de la filosofía, hasta sus más recientes manifestaciones. Por eso fue un riguroso artesano de problemas: el tiempo, la razón, la técnica, la concepción misma de la filosofía. A la manera en que trató esos problemas y a los resultados que obtuvo habrá que volver, a la hora del balance de su posición en la filosofía argentina.
Y aquí debe expresarse una perplejidad: por qué Pucciarelli rehuyó el libro sistemático o, simplemente, el libro; por qué dejó sus publicaciones dispersas, cuando es natural en cualquier autor caer en la ilusión de que poner las cosas entre dos tapas corporiza lo escrito y lo preserva del desgaste del tiempo. ¿Tenía una vivencia muy aguda de la fragilidad de las filosofías, y encontraba que ningún expediente práctico cambiaría ese destino? ¿Influiría la amplitud de su horizonte problemático y la falta de voluntad de sistema»? Tal vez no lo sabremos nunca; pero, como quiera que sea, la apreciación de su obra se beneficiaría de, por lo menos, una reunión selectiva de sus principales escritos. Para realizar esa tarea no puede faltar, en su país, ni la oportunidad ni la competencia.
Su acción, su enseñanza, su promoción de grupos de estudio, su labor en instituciones, su cuidado de revistas filosóficas, y aun su crítica social se originan en su medio y tenían a éste como destinatario; pero en el campo del pensamiento se sentía ciudadano filosófico del mundo. Esto último no era negación de su raíz argentina y latinoamericana; era, al contrario, elevarla, reconocerle valor para dar su aporte al diálogo filosófico más allá de nuestras fronteras. Era concederle palabra en el ámbito occidental, al cual un filósofo latinoamericano no puede sentirse ajeno, no importa cuánto genuinamente se diferencie. Era, en todo caso, evitar su folclorización.
Por lo mucho que supo y el esfuerzo permanente de mantenerse actualizado en su saber; por lo que trasmitió, no sólo en conocimiento, sino sobre todo en seriedad intelectual y exigencia académica; y por una obra filosófica que combina la rigurosidad del pensamiento con una particular aptitud para la clarificación de problemas y la precisión expresiva, Eugenio Pucciarelli merece el reconocimiento de la comunidad cultural argentina, la justicia de ser recordado y el homenaje de que se lo cuente entre los más sólidos puntos de apoyo para continuar una empresa con la cual él identificó por completo su vida.

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