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29 de Agosto 1888 - Argentina

El entonces intendente municipal de la ciudad de Buenos Aires entró en negociaciones con don Gregorio Lezama, para la adquisición de los terrenos del barrio sureste de la capital, conocidos con el nombre de Quinta Lezama. En ese elevado paraje se haría un nuevo paseo público, del que se goza actualmente. 

Según algunos historiadores, el parque estaría situado en el lugar en el que Pedro de Mendoza realizó la primera fundación de Buenos Aires en 1536. Este primitivo asentamiento sería abandonado al año siguiente, luego del asedio de los indígenas locales, y por ello su ubicación ha sido un tema de debate entre arqueólogos e historiadores.
Los terrenos que hoy ocupa el parque fueron repartidos por Juan de Garay en 1580 a Alonso de Vera, y quedaron desde siempre fuera del trazado del casco central de la ciudad. Fueron terrenos deshabitados, cuyo nombre popular era “Punta de Santa Catalina”, por lo menos hasta 1739 cuando los compró María Bazurco, quien luego los loteó y repartió.
Hacia fines del siglo XVIII, parte del actual parque era utilizado por la Compañía de las Filipinas, vendedora de esclavos. En 1802, el predio pasó a manosa Manuel Gallego y Valcárcel. A su muerte, en 1808, fue comprado en un remate público por Daniel Mackinlay en 1812 —quien comenzó la forestación del sitio— y finalmente fue enajenada por sus herederos al inglés Charles Ridgley Horne, en 1846. Éste amplió el terreno original al comprar tierras vecinas, y construyó una mansión sobre la actual calle Defensa, pero en 1852, con la caída de Juan Manuel de Rosas, tuvo que exiliarse en Montevideo. Durante años flameó en la casona el pabellón británico, y así los porteños se acostumbraron a llamarla la Quinta de los Ingleses, como figura en diversos planos urbanos de la época, y se menciona en el célebre relato de Esteban Echeverría El matadero.
El predio fue vendido en 1857 al terrateniente salteño José Gregorio Lezama, quien anexó terrenos hasta la actual calle Brasil. Lezama remodeló la mansión y convirtió el lugar en un importante parque privado diseñado por el paisajista belga Charles Vereecke, ya que era un gran aficionado a la botánica. También en 1858, durante la epidemia de cólera que devoró la ciudad, funcionó allí un lazareto. Luego de la muerte del estanciero en 1889, su viuda Ángela de Álzaga vendió en 1894 el terreno a la Municipalidad de Buenos Aires por un valor simbólico ($1.500.000), con la condición que fuera convertido en un parque público que llevase el nombre de su marido. En la lujosa y ampliada mansión de la calle Defensa fue instalado en 1897 el Museo Histórico Nacional; en sus salas se exhiben más de 50.000 piezas relacionadas con la historia de la Argentina hasta 1950.
El diseño del nuevo parque público fue realizado en 1896 por el paisajista francés Charles Thays, que trabajó intensamente para la Municipalidad por décadas. La Municipalidad adquirió las casas que se abrían tanto hacia la calle Defensa como hacia Brasil, para ampliar el terreno al demolerlas. Estas demoliciones arrojaron gran cantidad de escombros que fueron usados para darle mayor altura al terreno sobre la calle Brasil. En la parte baja del terreno se levantó una escuela, que al principio funcionó en las caballerizas, pero todo fue demolido, incluso el nuevo edificio escolar de dos pisos, antes de 1950.
Hacia 1900 se construyó en Brasil y Balcarce un restaurante con forma de molino. Pero el parque tenía otras construcciones: un tren con estación para niños, un teatro abierto hecho en 1908, una provisional plaza de toros, un lago con góndolas sobre la calle Brasil, un kiosco, un lactario y tambo, una pérgola y rosedal sobre la avenida Martín García, una pista de patinaje, un enorme palco-tribuna para fiestas, un circo, un picadero y varios monumentos levantados durante y a partir de 1936.
En 1914, el lago fue reemplazado por un anfiteatro a cielo abierto que primero tuvo tribunas de madera, luego reemplazadas por instalaciones de cemento revestidas en adoquines. Vale mencionar que frente al hoy anfiteatro, se construyó entre 1898 y 1901 el templo de la Iglesia Ortodoxa Rusa, obra del arquitecto Alejandro Cristophersen.
En 1931, la reja que rodeaba al predio y era herencia de los tiempos de José Lezama, fue demolida por orden del intendente José Guerrico, y así el parque quedó abierto al público de forma permanente. Sin embargo, y hacia fines de 1990 comenzaron nuevas propuestas para volver a cercar el parque, una costumbre que se extendió en Buenos Aires por esos años debido a la falta de seguridad y vandalismo que sufren los espacios públicos porteños de noche.

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