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7 de Septiembre 1920 - Argentina

La Compañía de Blanca Podestá estrenó en el "Marconi", el sainete de Enrique Santos Discépolo: “Día feriado”. Se trata de una de las tres primeras obras teatrales que escribió en 1918. Se suma a ellas: El señor cura, El hombre solo y Día feriado. 

Por: Osvaldo Vergara Bertiche, Miembro de Número del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano `Manuel Dorrego´

I) Vida y Obra de Enrique Santos Discépolo.
Hablar o escribir sobre la vida y obra de Enrique Santos Discépolo, es hacerlo sobre el más "maldito" entre los malditos de la historia argentina.
¿Por qué "maldito"? Porque con este nombre, Don Arturo Jauretche designó a aquellos argentinos "condenados al silencio y al olvido por la superestructura cultural"; superestructura manejada por la clase dominante y productora de "zonzos en serie".
"Malditos"... porque fueron quijotes que tuvieron la osadía, el coraje, la valentía de elevar sus voces contra los "mitos consagrados".
"Malditos"... porque se negaron a la complicidad con intelectuales que lograban fama por "lamer las propias cadenas que los esclavizaban".
"Malditos"... porque nunca participaron de los ilustres cenáculos de la época, a pesar de tener más luces que muchos otros mediocres que ocupaban el escenario.
"Malditos"... porque todo se les negó para impedir que con sus ideas concurriesen a construir una cultura nacional que cuestionara aquella otra cultura, la antinacional, implementada como reaseguro del coloniaje económico y político imperante.
Pero fueron "malditos", porque el pueblo argentino en su incesante descubrimiento de la realidad nacional, paso a paso, fue derrumbando esa cultura oscurantista y reconoció a los que abrieron picadas en la maraña de la confusión organizada.
Enrique Santos Discépolo fue uno de esos "malditos" que escapó, como escapan lo juglares, y sus letras se hicieron presente en las conversaciones de las esquinas, en las radios camioneras de la madrugada, en el tarareo del transeúnte preocupado y en el silbido compañero del que está solo y espera.
Un "maldito" que escribió ensayos filosóficos en tiempo de tango y para todos los tiempos. Es, Discépolo, el mayor filósofo popular argentino del Siglo XX.
Plumíferos, o escribas, (al decir de Sarmiento - utilizando un vocablo inserto en el diccionario castellano - los "cagatinta") pretendieron expurgar su nombre de las antologías.
No lograron silenciarlo, y entonces utilizaron otra técnica: la deformación, con el fin de esterilizar su nombre. Un Discépolo torturado, desencantado y anodino.
Así, se ha pretendido "arrinconarlo en la mitología de la noche, meterlo de prepo en algún santuario intelectual para que algunos le recen una lacrimógena oración tanguera".
Trampa... trampa que es lo que acostumbran a tender para confundirnos en el campo de las ideas.
Trampa... porque Discépolo al igual que Homero Manzi, no fueron "hombres de letras"... hicieron "letras para los hombres".

Discépolo hizo letras que expresaron el dolor, la frustración y la protesta de multitudes.
Discépolo percibió e interpretó las emociones colectivas
Ese Discépolo que nos quieren robar o desfigurar dijo:
"Me di de corazón a un pueblo, porque los pueblos no engañan nunca y devuelven, como la tierra, un millón de flores por una semilla seca.
Y mi pueblo me ha devuelto exageradamente la ternura que le di sin esperar su premio.
En el largo y penoso diálogo de mi vida, no he tenido más interlocutor que el pueblo. Siempre estuve con él... afortunadamente con él".
Este es el verdadero Discépolo. Y es por ello, simplemente por ello, que nos lo quieren robar o desfigurar...
Es Piero, en una de sus canciones que dice "al Pueblo lo que es del Pueblo, porque el Pueblo se lo ganó". Discépolo comprendió cabalmente al Pueblo, y ese pueblo lo reconoció por siempre.
Discépolo se convirtió en el gran ideal del poeta español, reposado y profundo, Antonio Machado, cuando sentencia: "La felicidad de un poeta está en que se convierta en copla. Que la repita el Pueblo". Sin duda, Discépolo, que junto a Manzi, "se fue al cielo de la noche" es feliz.
Se iniciaba el Siglo XX, y allá, un 27 de Marzo de 1901, nacía Enrique Santos. A los cinco años muere su padre, y cuando tenía siete años, muere su madre.
Recordando esos tiempos dijo: "Mi timidez se volvió miedo y mi tristeza... desventura".
Su primera escuela fue religiosa, luego una del Estado.
"Nunca entendía la división de quebrados... numerador... denominador... ¡qué lío!... nunca fui bueno para los números. Y por culpa de las matemáticas me hice la primera rabona. Pero lo que dejé de aprender en el colegio, lo recuperé en la calle... en la vida".
Y en esos años de escuela, entre rabona y rabona, comenzando a andar por la vida, recordó que entre sus útiles tenía un globo terráqueo que "lo cubrí con un paño negro y no volví a destaparlo. Me parecía que el mundo debía quedar así, para siempre, vestido de luto".
Eran los años de la Primera Guerra Mundial (1914 - 1919); de la Revolución Bolchevique en la Rusia Zarista (1917); eran años que "conmovieron al mundo" en las primeras décadas del Siglo XX.
En su juventud visitó Europa. En las tabernas de Madrid y París, y "en esas mesas que nunca preguntan" observó un denominador común con aquellas otras de Buenos Aires y de tantas ciudades argentinas: el hombre que está solo.
Y dijo: "Me impresionó la soledad internacional del hombre frente a sus problemas".
Conoció de la bohemia de los artistas, pero también conoció de los sueños de redención social de los humildes y postergados.
Conoció la obra de Francisco de Goya (1746 - 1828) y fue su admirador. Admirador del célebre pintor, legítima gloria de España, y de sus "aguafuertes", conocidos como "caprichos", en los que se ve lo maravilloso de su potencia pictórica.
Goya fijó en colores la vida misma y representó con todo el poder de su genio dos terribles momentos de la Guerra de la Independencia Española: los fusilamientos del 2 de Marzo de 1808.
Discépolo, justamente, reconocía el valor ético y estético de Goya, al que algunos le colocaron el epíteto de "loco".
Ese "loco" en uno de sus "caprichos" escribió: "Los sueños de la razón producen monstruos".
En 1939, en la letra del tango "Tormento", Enrique Santos Discépolo acompaña el pensamiento de Goya, diciendo:
"Yo siento que mi fe se tambalea
que la gente mala vive... ¡Dios!
mejor que yo".
Es que los monstruos, los malos... se seguían reproduciendo.
Discépolo escribe su primer tango en 1926: sólo tenía 25 años, y lo tituló "Que vachaché". Dijo: "Con mi primer tango comenzaron mis problemas".
A éste debemos agregar: "Yira - Yira" (1930), "¡Qué sapa... Señor!" (1931) y esa denuncia universal que es "Cambalache" en 1935.
Estos cuatro temas son la piedra angular del pensamiento discepoliano.
Le he llamado "Discepolismo" porque sin duda alguna representa una corriente filosófica, universal, humanista y trascendente.
Estamos hablando de temas escritos entre 1926 y 1935.
¿Qué pasaba en el mundo en esos años?
l centro del mundo era Europa. Se produce en esos tiempos la crisis del pensamiento europeo, la bancarrota de un sistema fijo del universo que daba sentido y significado a la vida humana. Se manifiesta esa crisis en la declinación de los valores religiosos tradicionales. El humanismo racionalista creía que bastaba la ilustración para alcanzar la civilización, el progreso definitivo y la paz fundamental. El correr de los años demostró que no era así.
De la última confrontación, la Guerra Franco-Prusiana de 1870, ya nadie se acordaba.
Y en 1912 estalla la Guerra de los Balcanes; en 1914, comienza la Primera Guerra Mundial; en 1919 se produce la Revolución Bolchevique que da fin a la hegemonía capitalista por sólo 73 años; en 1929 estalla la Bolsa neoyorquina y comienza la Gran Depresión; en 1931 se proclama la República en España y el Borbón Alfonso XIII abdica el trono y en 1933, en Alemania, Hitler toma el poder.
La hambruna y el terror se paseaban por doquier.
Y Discépolo exclama: "La tierra está maldita / el amor con gripe en cama / La gente en guerra grita, / bulle, mata, rompe y brama".
¿Por qué pasaba lo que pasaba?. Discépolo da respuesta a este interrogante a través de un planteo de corte netamente filosófico:
"Al hombre lo ha marea’o
el humo al incendiar
y ahora entrevera’o... no sabe dónde va.
Voltea lo que ve... por gusto de voltear
pero sin convicción, ni fe.
Es que el hombre anda sin cueva
voltió la casa vieja
antes de construir la nueva
Creyó que era cuestión de alzarse
y nada más
romper lo consagra’o... cortar lo que adoró"
¡Sin convicción ni fe! Sin principios y sin creencias. Sin ideología, sin trascendencia, porque lo trascendente era relegado para dar paso al que me importa de la belle epoque; como diríamos hoy... por cuatro días locos...
También debe reconocerse que las ideologías de entonces eran totalizadoras y totalitarias.
"Romper lo consagra’o
cortar lo que adoró..."
Y refiriéndose, justamente, a Alfonso XIII, le pregunta a Dios:
"¡Qué sapa Señor!
que los reyes temblando
remueven el mazo,
buscando un yobaca
para disparar".
¿Qué sapa señor?... que lo que parecía eterno, permanente... se derrumbaba.
Y agrega algo que, quizás, fue escrito para todos los tiempos:
"¡Qué sapa señor!
que en medio del caos
que horroriza y espanta
la paz está en yanta
y el peso ha baja’o".
A ese mundo conflictivo al que Discépolo diseca con el bisturí de la creatividad, de la imaginación y de la indignación, y a ese hombre que hizo abandono de preceptos elementales, le dice:
"No hay nada más teatral, más divino, más hermoso, más complejo, más pintoresco, más serio y más cómico que la vida misma".
Queda claro que Discépolo nunca fue un poeta torturado, ni un filósofo del desencanto. No fue un poeta de la angustia existencial, ni fue un filósofo de la hecatombe.
Quién dice: "Yo veo el dolor en todos los que tengo delante, me posesiono de su situación, comprendo cuáles son sus problemas y en seguida me pongo en su lugar, y siento como sienten ellos mismos, percibo, como si fuera mío, el sufrimiento ajeno" es alguien que entrecruza la preocupación metafísica con la crítica social.
Discépolo es el filósofo de la comunidad quebrada, es el cronista del realismo universal.
¿Y qué pasaba en nuestro país, por aquellos años, entre 1926 y 1935?
Debemos, para entender lo sucedido en ese tiempo, remontarnos a 1880; hace su aparición una generación ilustrada, a la que pertenecieron Miguel Cané, José María Ramos Mejía y otros; terminan los tiempos de Alsina y finaliza la "Gran Aldea"; comienza la construcción de la Argentina Moderna y gobierna el Partido Autonomista Nacional.
A partir de allí se estructura el estado. Y en 1890 el sistema imperante sufre su primer descalabro: la "Revolución del Parque", dando nacimiento a la Unión Cívica, que un año después se llamaría Unión Cívica Radical, liderada por Leandro N. Alem.
En 1891 el radicalismo se lanza a una campaña electoral con Bernardo de Irigoyen como candidato. En 1893 se suceden revoluciones radicales por todo el país.
En 1905 se sanciona la Ley de Residencia y la Ley de Defensa Social. El régimen comienza a adquirir un carácter represivo.
En 1910 se celebra el Centenario de la Revolución de Mayo con toda pompa. Se mostraba, así, al mundo, los éxitos de un país apoyado en un régimen ganadero-pastoril y agroexportador.
En 1912 se sanciona la Ley Saenz Peña, importante logro que definió el instrumento legal que permite la inserción en la política de los sectores medios en la elección de 1816 y que consagra Presidente de la Nación a Don Hipólito Irigoyen.
Entre 1880 a 1912 se puso en marcha operativa la ideología de Juan Bautista Alberdi expresada en la frase "Gobernar es poblar" y comienza la inmigración más importante que haya tenido un país de habla hispana.
Españoles, italianos, suizos, alemanes, polacos, rusos y judíos, entre tantas otras nacionalidades, ingresan al país.
También y junto con ellos, se introducen las ideas anarquistas y socialistas, y consecuentemente aparecen las primeras organizaciones obreras.
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Esos treinta y dos años que transcurren entre 1880 y 1912 fueron fundamentales en la construcción, justamente, de la Argentina Moderna.
Todos de una manera u otra, somos herederos de esa época. Los majestuosos edificios públicos en todo el país, que hasta hoy se conservan, los grandes parques y la afirmación de las Instituciones, son simples ejemplos de lo logrado en esos años.
La educación en todos sus niveles fue hija de aquel régimen, que tuvo buen olfato para descubrir el papel que la Argentina debía cumplir en el mundo, pero que comete un gran pecado: condena a la marginalidad a los sectores sociales del trabajo, sufriendo un duro proceso de explotación.
Muchos se mueren de hambre... y punto. Ni indemnizaciones ni leyes sociales. Y así Alfredo Palacios se convierte en el Primer Diputado Socialista de América.
En 1912 estalla en el sur santafesino la rebelión campesina conocida como el "Grito de Alcorta". De 1920 a 1922 huelgas ferroviarias y portuarias. La sublevación sureña conocida como "La Patagonia Trágica". Las balas policíacas contra los obreros de Vasena.
En este último punto hay que hacer un paréntesis. El nombre real de la fabrica era la de sus dueños: "Kriegger Vasena"; la historia oficial saco el "Kriegger" para que en los años en que estos fueron ministros, secretarios de estado y asesores de gobiernos de facto, no se los reconociera como herederos de aquella masacre ejecutada en defensa de sus intereses expoliadores.
El 6 de setiembre de 1930 se produce el Golpe de estado y comienza la "Década Infame".
El asesinato de Enzo Bordabehere en el Senado de la Nación.
Las largas "colas" en la ollas populares. El desempleo, el hambre.
Discépolo por entonces dice: "Cuando manyés que a tu lado / se prueban la ropa / que vas a dejar"
"Cuando no tengas ni fe
ni yerba de ayer
secándose al sol...".
Es que por entonces, ante la mirada atenta de Discépolo, desfilan la angustia, los hombres de ropa raída, los hambrientos, los desocupados, las mujeres de la vida, los que "por un pan cambiaste como yo / tus ambiciones de honradez".
También la que gritaba: "No puedo más pasarla sin comida
Lo que hace falta es empacar mucha moneda,
vender el alma, rifar el corazón,
tirar la poca decencia que te queda...
Plata, plata, plata y plata otra vez...
Así es posible que morfés todos los días,
tengas amigos, casa, nombre... y lo que quieras vos.
El verdadero amor se ahogó en la sopa:
la panza es reina y el dinero Dios.
...
Dame puchero, guardate la decencia...
¡Plata, plata y plata! ¡Yo quiero vivir!"
Y con esa suerte de pensamiento anarquista, propio de los verdaderos y auténticos intelectuales de aquella época, ganados por las ideas de la equidad social, dice:
"¿Pero no ves, gilito embanderado,
que la razón la tiene el de más guita?
¿Que la honradez la venden al contado
y a la moral la dan por moneditas?
¿Que no hay ninguna verdad que se resista
frente a dos pesos moneda nacional?
Vos resultás, - haciendo el moralista -,
un disfrazao... sin carnaval..."
Señala también con énfasis: "¡Si aquí, ni Dios rescata lo perdido!".
Agregando: "¿Qué vachaché? Hoy ya murió el criterio! / Vale Jesús lo mismo que el ladrón...".
Enrique Santos Discépolo vio como nadie el país oculto.
Es evidente que en esos años de desolación y de miseria de los sectores populares, se produce la ruptura de la trama social de la solidaridad.
"cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao;
...
cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar...
la indiferencia del mundo
- que es sordo y es mudo -
recién sentirás
...
Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor".
Él mismo nos explica esta conducta, esta forma de actuar del hombre frente a su semejante: "Las ciudades grandes no tienen tiempo para mirar el cielo... el hombre de las ciudades se hace cruel. Caza mariposas de chico... de grande no. Las pisa... no las ve... no lo conmueve..."

Y luego y como culminación de sus proclamas filosóficas-literarias-tangueras señala sin titubeos: "Que el mundo fue y sera una porquería", señalando dos fechas el 506 y el 2000.
Alrededor del 506, Teodorico "El Grande" Rey de los Ostrogodos, bárbaros que invadieron el Imperio Romano, luchó contra Odoraco, lo hace prisionero, lo asesina en Roma y se apodera de toda Italia. También asesinó a Anicio Maulio Severino, filósofo romano, el primero de los escolásticos.
Son años de invasión, dominación y muerte.
Y el 2000, no nos cabe duda... nos iba a encontrar "unidos o dominados". Pero en esto Discépolo se equivocó, más allá del 2000, seguimos quedando en situación de postración y marginalidad.
Discépolo fue premonitorio. Cambalache es una denuncia universal, y el eje central, la columna vertebral en esta denuncia es el trastocamiento de los valores. Primero nos cuenta que desde que el mundo es mundo "... siempre ha habido chorros, / maquiavelos y estafaos, / contentos y amargaos, / valores y dubles...", pero el Siglo XX depara algo más lamentable: "es un despliegue de maldad insolente / ya no hay quien lo niegue; / vivimos revolcaos en un merengue / y en un mismo lodo todos manoseaos".
¿Qué es vivir revolcados y manoseados? Es vivir en un mundo de trastocamiento de los valores.
Los valores son cualidades ideales de las cosas, pertenecientes a objetos que no poseen ser, sino que pertenecen a la esfera del valer, situadas por lo tanto fuera del tiempo y del espacio.
Las características fundamentales de los valores son su polaridad - cada valor positivo cuenta con el correspondiente negativo: amor/odio - y su jerarquización que permite clasificarlos.
Los modernos axiólogos (filósofos que estudian los valores) señalan además que los valores son independientes de los sujetos, y que se los puede clasificar en "valores útiles" (lo adecuado, lo conveniente), "valores vitales" (lo fuerte, lo sano), "valores lógicos" (lo verdadero), "valores estéticos" (lo bello), "valores éticos" (lo justo, lo bueno) y "valores religiosos" (lo santo). Podemos, así, con estos datos, construir una escala de valores y por ende de disvalores.
En la base de esa escala, los "valores útiles", lo cotidiano, lo elemental, que es lo adecuado, lo conveniente, lo que necesitamos: la comida, la ropa, la higiene, la educación, la distracción, el dinero para adquirir bienes materiales y necesarios como por ejemplo... el calefón.
Así ascendemos en la escala hasta llegar a los "valores religiosos" (lo santo). Para los creyentes, en primer lugar Dios, El Verbo, La Palabra... La Biblia.
Es aquí donde Discépolo sintetiza este trastocamiento de los valores, porque "igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches, se ha mezclado la vida y herida por un sable sin remache, ves llorar la Biblia contra un calefón".
La base de la escala de valores se equiparó con su peldaño más alto. La asignatura aún está pendiente: no hemos rescatado la Biblia.
Es a partir de esto, que podemos llamar sinrazón, que se abre el camino para que hoy resulte que:
"...es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro,
generoso, estafador.
Todo es igual; nada es mejor;
lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón;
los inmorales nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que si es cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón.
Que falta de respeto,
que atropello a la razón;
cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón.
Mezclaos con Stavisky,
van Don Bosco y la Mignon,
don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín.
Vivir en un "cambalache" hace sufrir, pero también hace pensar... y este sufrir y ese pensar es lo que Discépolo convirtió en poesía. Poesía de ruptura, rara, incómoda para algunos... y por tanto condenada.
"¿Es el tango Cambalache, - se pregunta Sergio A. Pujol - como muchos creen, el verdadero Himno Nacional Argentino? Así lo sugirió el poeta Leónidas Lamborghini hace unos años. También podría considerarse a Cambalache un anti-himno, bien lejos de la demanda patriótica.
Continúa Pujol: "Sus mordaces compases siguen sonando con énfasis de marcha. ¿Quién no reconoce inmediatamente, más allá de toda valla generacional, esos acordes mayores del comienzo? ¿Quién no se ha visto tentado de citar alguna vez esa letra que puntea la totalidad del mundo y la Historia con retórica sardónica? Si se sigue escuchando y cantando Cambalache con sentido de actualidad, como vehículo de protesta popular, es por la sencilla razón de que ninguna otra canción logró identificarse con el sentido común de la gente de manera tan estrecha y cómplice. Aquello de: Ves llorar la Biblia contra un calefón... contiene una parte sustancial del país que desciende de la inmigración.
Aunque es pertinente hacerlo, tal vez no baste con identificar aquella condena moral del mundo (disfrazada de amargo cinismo) con el ánimo nacional. Al fin y al cabo, en Cambalache hay escasas referencias argentinas: su poderosa letra hace hincapié en el siglo XX mundial (el de la... maldá insolente), situándolo en un primer plano excluyente. Su descreimiento ideológico, que en los años ‘70 fue entendido por algunos como reaccionario, encaja perfectamente (tristemente, en verdad) con la visión posmoderna del mundo".
Los pilares en los que se apoya la filosofía de Discépolo son tres: la vida, la soledad y lo trascendente.

Quizás en el tema de la vida, Discépolo, al igual que Cátulo Castillo, pensara que "la vida es una herida absurda", pero con un aditamento importante: absurda por culpa de la injusticia.
Dice, lo que confirma la apreciación precedente: "El hombre nace para vivir y la vida es un premio. Pero la vida hace del hombre una víctima sencilla. Se llena de obligaciones que lo empequeñecen para la lucha y lo entristece para la ambición. Y se va negando, deshaciendo... enfriando.
Hay un hambre que es tan grande como el hambre de pan. Es el hambre de la injusticia, de la incomprensión.
Y así como la variante de un número cambia la suma, la vida del hombre moderno, hermosa y trágica, es un juego de ilusiones y de agonías que desgastan la esperanza... lo sabido... lo deseado... lo querido".
La vida en el concepto discepoliano tiene que vivirse. Vivirse en plenitud porque "la felicidad no tiene normas, ni puede definirse" pero está enmarcada en la dignidad. La vida es para vivirla dignamente.
La soledad es abordada por Discépolo al igual que Raúl Scalabrini Ortíz en su libro "El hombre que está solo y espera". El autor, entre otras obras, de la "Historia de los Ferrocarriles Argentinos", dice: "Soltero o casado, el hombre está desnudo y solo en el interior de su baluarte verbal. Está solo entre millones de hombres solos".
Discépolo en "Martirio" (1940), dice: "Solo... increíblemente solo / vivo el drama de esperarte / Hoy... mañana... siempre igual... Pavorosamente solo / como están los que se mueren / los que sueñan... los que quieren".
Con este poema podemos decir que el tango trascendió el mundo que le dio origen. Trascendió también el sentimentalismo frustrado del que fue abandonado por una percanta y se fue a refugiar en la santa viejecita.
Con Discépolo se incursiona en una problemática universal.
Jean Paul Sartre, el Padre del Existencialismo, que dijo aquello de que "la vida es un paréntesis entre dos nada" no pudo sintetizar el drama de la soledad, y la angustia que ocasiona, como Enrique Santos Discépolo.
Lo trascendente en Discépolo merecería un capítulo especial.
Alguna vez reflexionó así: "Siempre he conversado con Dios. Y de Dios aprendí a sentir, como si fuese un dolor mío, el hambre de los otros, la injusticia de los postergados y la tragedia infinita de vivir en la tierra que lo ofrece todo, para que los más no tengan nada... esa injusticia que orilla por las calles de los pobres... y que termina por agitar la razón del que es honrado.
Grité el dolor de muchos, no porque el dolor de los demás me haga feliz, sino porque de esa manera estoy más cerca de ellos... y traduzco ese silencio de angustia que adivino".
Dios está presente en los temas de Discépolo. Está presente como la necesaria redención del hombre... de todos los hombres. No sólo por antonomasia la redención de Jesús por medio de su Pasión y Muerte, sino la redención de todos por el amor, por entrega al prójimo.
Leemos estas expresiones en sus tangos: "dónde estaba Dios cuando te fuiste / dónde estaba el sol que no te vio"; y como parafraseando a Job exclama: "¡Aullando entre relámpagos, / perdido en la tormenta / de mi noche interminable, / ¡Dios! busco tu nombre..." agregando "Y entonces de rodillas, / hecho sangre en los guijarros / moriré con vos, ¡Feliz, Señor!"
La problemática metafísica queda expresada cuando en 1941dice: "Soy una canción desesperada".
Antes, en 1928, en "Desencanto":
"Que desencanto más hondo
que desconsuelo brutal
que ganas de echarme en el suelo
y ponerme a llorar"
Y sostiene, a contrapelo de las letras de tango hasta entonces conocidas, que oye a su madre aún "engañándome / porque la vida me negó / las esperanzas que en la cuna me cantó".
En "Condena": "Yo quisiera saber que destino brutal / me condena al horror / de este infierno en que estoy". Y en 1935 en "Alma de bandoneón": "igual que vos soñé / igual que vos viví / sin alcanzar mi ambición".
En "Infamia": "La gente que es brutal cuando se ensaña / la gente que es feroz cuando hace un mal... La gente es brutal / y odia siempre al que sueña / lo burla y con risas despeña / su intento mejor".
Desesperanza, descontento, horror, llanto, burla, ensañamiento, maldad, odio, infierno, brutalidad, ferocidad.., y ante estas adjetivizaciones se pregunta sobre: "lo peor... lo bestial / de este drama sin fin" y se contesta a sí mismo: "Uno busca lleno de esperanzas / el camino que los sueños / prometieron a sus ansias".
Y dice algo de profundo significado: "Yo hubiera dado mi vida / para salvar la ilusión".
¿Qué ilusión?... La ilusión de un mundo mejor.
"Uno busca lleno de esperanzas
el camino que los sueños prometieron a sus ansias".
Todos buscamos ese camino, aunque nos arrastremos entre espinas.
Discépolo buscó ese camino, luchó por encontrarlo y ayudó a que otros lo encontraran. Sabía que "la lucha es cruel y es mucha", pero el optimismo lo instala firmemente ya que "se lucha y se desangra por la fe que lo empecina".
Y es tanta su porfía que "sin pensar que ya es muy tarde" asume el compromiso de la adhesión militante. primero gremial y luego política. Junto a Homero Manzi funda la Sociedad Argentina de Autores y Compositores y lucha denodadamente por lo que será la Ley 11.723 de Propiedad Intelectual.
Y luego, habiendo presenciado "el dolor que muerde las carnes", el que sintió en su propia carne, adhiere al Movimiento que nace por la acción del "subsuelo de la patria sublevado", maravillosa expresión de Leopoldo Marechal para aquel 17 de Octubre de 1945.
II) MORDISQUITO
Una de las facetas fundamentales del universo de Enrique Santos Discépolo (27 de marzo de 1901 - 23 de diciembre de 1951) fue su comprometida militancia peronista. Y uno de los factores que provocaron su depresión y un final divorciado de la elite intelectual fue, justamente, este aspecto esencial, amén de su propuesta poética vinculada al conflicto social.
Discépolo murió distanciado de varios viejos amigos y criticado por sus pares, que le hicieron un vacío a raíz de su ideología. Defendió con convicción, ironía y vehemencia lo que él entendía un enorme avance en el desarrollo político y social del pueblo argentino, el gobierno del General Perón.
La radio iba a ser el vehículo para difundir su ideario, en su famoso y fulminante micro-programa: "¿A mí me la vas a contar?".
El último texto leído por Discépolo el 10 de noviembre de 1951, un día antes de las elecciones que concluyeron con el triunfo arrollador de Perón dijo:
"Mordisquito ¿A mí me la vas a contar?
Bueno, mirá, lo digo de una vez. Yo no lo inventé a Perón. Te lo digo de una vez, así termino con esta pulseada de buena voluntad que estoy llevando a cabo en un afán mío de liberarte un poco de tanto macaneo. La verdad: yo no lo inventé a Perón, ni a Eva Perón, la milagrosa. Ellos nacieron como una reacción a los malos gobiernos. Yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón ni a su doctrina. Los trajo, en su defensa, un pueblo a quien vos y los tuyos habían enterrado de un largo camino de miseria.
Nacieron de vos, por vos y para vos. Esa es la verdad. Porque yo no lo inventé a Perón, ni a Eva Perón. Los trajo esta lucha salvaje de gobernar creando miseria, los trajo la ausencia total de leyes sociales que estuvieran en consonancia con la época. Los trajo tu tremendo desprecio por las clases pobres a las que masacraste, desde Santa Cruz hasta lo de Vasena, (se refiere a la Patagonia Rebelde y a la Semana Trágica) porque pedían un mínimo respeto a su dignidad de hombres y un salario que les permitiera salvar a los suyos del hambre. Sí, el hambre y de la terrible promiscuidad de sus viviendas en las que tenían que hacinar lo mismo sus ansias que su asco.
No. Yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón. ¡Vos los creaste! Con tu intolerancia. Con tu crueldad. Con la misma crueldad aquella del candidato a presidente que mataba peones en su ingenio porque le pisaban un poco fuerte las piedritas del camino a la hora de la siesta (se refiere a Robustiano Patrón Costas, cuya postulación en la fórmula con Ramón Castillo se malogró con el golpe del 4 de junio de 1943).
Sí, yo sé que te fastidia que te lo recuerde. Es claro, pero vamos a terminarla de una vez. Porque yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón. Los trajo la injusticia que presidía el país. Porque a fuerza de hacer un estilo de tanto desmán, terminó por parecerte correcto lo más infame. Claro, a vos no te alcanzaba esa injusticia. Tendrías, como un señor que yo conocía y que iba todos los meses a cobrarlo, un puesto de ama de cría para cubrir sus gastos, que se lo pagaban oficialmente, y un sueldo para salir con el clan.
Yo me acuerdo del clan. Y vos también. Aquella mafia siniestra que salía sólo para aterrorizar gente y mataba una vez a gomazos, otra vez a tiros y a veces con el camión para hacerlo más divertido. No, si la memoria fastidia. Pero yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón. Los trajo la injusticia que manejaba el país. Mirá, si vos hubieras estado en la Semana Trágica como yo y como tantos, en Cochabamba y Barcala, y hubieras visto morir primero a aquellos cinco, luego a cientos, y hubieras visto masacrar judíos por una gloriosa institución que nos llenó de vergüenza, no hubieras formado nunca más parte de ese partido que integrás por amor propio y quizá por ignorancia de tantos hechos delictuosos que son los que empezaron a preparar la llegada de Perón y Eva Perón.
En un país milagroso de rico, arriba y abajo del suelo, la gente muerta de hambre. Los maestros sirviendo de burla en lugar de hacer llorar porque estaban sin cobrar un año entero. ¡No! ¡Y todo vendido! ¡Y todo entregado! Yo sé que te da rabia que te lo repitan tantas veces, pero es que entristece también pensar que no lo querés oír. El otro día, en un discurso oí que decías refiriéndote a un gobierno de 1918: Ya por ese entonces los obreros gozaban.... ¿De qué gozaban? ¡Los gozaban!, que no es lo mismo. Y, sí, Mordisquito, ¡los gozaban!
La nuestra es una historia de civismo llena de desilusiones. Cualquiera fuese el color político que nos gobernó, siempre la vimos negra. Aspiramos a gozar y al final nos gozaron. ¡Todos! ¡Siempre! Una curiosa adoración, la que vos sentís por los pajarones, hizo que el país retrocediese cien años. Porque vos tenés la mística de los pajarones y practicás su culto como una religión. Cuanto más pajarón él, más torpe y más crédulo vos. Te gusta oír hablar a la gente que no le entendés nada; la que te habla claro te parece vulgar.
Yo también entré como vos y, ¿por qué no confesarlo?, me sentía más conmovido frente a un pajarón que frente a un hombre de talento. El pajarón tiene presencia, tiene historia larga, la que casi siempre empieza con un tatarabuelo que era pirata. Yo también me sentía dominado por los pajarones cuando era chico. Ahora, ¡no! Cuando era chico, sí. ¡Pero no ahora, Mordisquito! Salvate de los pajarones. El fracaso - por no decir la infamia - de los pajarones fue lo que trajo como una defensa a Perón y Eva Perón. Pero no fui yo quien los inventó.
A Perón lo trajo el fraude, la injusticia y el dolor de un pueblo que se ahogaba de harina blanca y una vez tuvo que inventar un pan radical de harina negra para no morirse de hambre. Tampoco te lo acordabas. ¡Ay, Mordisquito, qué desmemoriado te vuelve el amor propio!.
Te dejo. Con tu conciencia. ¡Perón es tuyo! ¡Vos lo trajiste! ¡Y a Eva Perón también! Por tu inconducta. A mí lo único que me resta es agradecerte el bien enorme que sin querer le hiciste al país. Gracias te doy por él y por ella, por la patria que los esperaba para iniciar su verdadera marcha hacia el porvenir que se merece.
¡A mí ya no me la podés contar, Mordisquito! Hasta otra vez, sí. Hasta otra vez".
En una de sus apariciones radiales anteriores dijo: "... a mí no me duele que vos tengas más... me duele que los demás no tengan nada. ¿Te has olvidado que la vida de los otros vale tanto como la tuya? Por eso me escribís diciendo que este gobierno ha desatado una tormenta de clases. ¡Qué error el tuyo! Lo que ha desatado este gobierno no es una tormenta de clases, sino que ha desatado a un montón de clases que vivían en la tormenta... sin paraguas, sin comida, sin más sueños que los que dan el cansancio y la miseria. De gente como vos. Como vos, que sos capaz de llorar a gritos con una película de esclavos, y los has estado viendo morir de tristeza al lado tuyo durante tu vida, sin comprender cuál era tu destino generoso frente a ellos...".
Enrique Santos Discépolo asumió, como Leopoldo Marechal, aquello que "El hombre por el solo hecho de nacer está comprometido, y el no compromiso es una manera de comprometerse...".
Así sus críticas y denuncias son proféticas. Se convirtieron en su legado; es la voz de aquellos que oprimidos por el dolor o la injusticia no gritan... callan.
Dice Sergio Pujol "A diferencia de otros creadores populares que desplegaron su talento de modo instintivo y un tanto naif, para luego ser reivindicados por futuros exégetas, Discépolo fue siempre consciente de sus aportes. Podría incluso asegurarse que toda su producción artística está articulada por estilo común, un cierto aire o espíritu discepoliano que la gente reconoce inmediatamente, con afecto y admiración, como si su obra - más de una vez definida como profética - expresara el sentido común de los argentinos. La singularidad de Discépolo sigue inquietando, tanto dentro como fuera del universo del tango. Mientras la mayoría de sus coetáneos hoy suena extraña para las nuevas generaciones, el hombre que escribió y compuso Cambalache persiste, está vigente. O para decirlo con una de sus imágenes preferidas: sigue mordiendo".
El Poeta Nicolás Olivari quien mantiene "el compromiso verbal con la problemática humana existente" nos señala de Enrique Santos Discépolo que "todo en él era bondad instantánea, veloz, escudada en el humorismo sarcástico del porteño de ley que no despinta su sentimiento y lo esconde con pudores de varón, para que no se le vea la punta acuosa de la lágrima. Por eso solía decir en su camarín, al cambiarse la ropa: ¡No me mirés que me doy lástima! (...) Frase que desleía desde su vibrátil nariz ciranesca y su acento preciso, matemático... (...) ...del que tironeaba en escena para traducir, como nadie lo podría hacer jamás, su arte instintivo y definitivo. (...) ...había sido el perno del humorismo porteño, engrasado por la angustia. ¡Qué lastima que Carlitos Chaplin no lo conoció!".
Discépolo fue un acertado traductor de las causas y consecuencias que provocan los sentimientos.
Su óptica, siempre aguda, áspera y mordaz, se centró en el dramatismo y la tristeza de la condición humana.
No parece aventurado, entonces, afirmar que la ideología pasional de Discépolo proviene de esa escisión que lo desgarra: la cicatriz ajena.
III) "Siempre tuve más años que kilos..."
Enrique Santos Discépolo, que alguna vez lo dijo, se enfermó por la amargura de sentirse desplazado por su actuación política, y se fue a su casa a morir.
El 23 de Diciembre de 1951, con sólo 50 años, no soportó la soledad, producto de la incomprensión, del fanatismo, del rencor político, y hasta del odio de algunos.
Homero Manzi, desde su genio de poeta, hace que a Enrique Santos Discépolo lo tengamos siempre presente, cuando en su homenaje desde Discepolín, dice:
Conozco de tu largo aburrimiento
y comprendo lo que cuesta ser feliz,
y al son de cada tango te presiento
con tu talento enorme y tu nariz.
Con tu lágrima amargada y escondida,
con tu careta pálida de clown
y con esa sonrisa entristecida
que florece en verso y en canción.
Fue actor y director, tanto de teatro como de cine, letrista... filósofo.
Y cuando a uno de sus personajes le hace decir:
"¡Piantá de aquí! ¡Te creés que al mundo lo vas a arreglar vos!"
Quizás, Discèpolo, tangueramente, le respondería:
¡No chabón! ¡No!... al mundo no lo arreglás vos...!
Al mundo lo arreglamos entre todos, y entonces ese día, Enrique Santos Discépolo archivará "Cambalache", enterrará "¡Qué vachaché!" y no se preguntará más "¡Qué sapa Señor?".
Se autoriza la reproducción mencionando la fuente.

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