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28 de Septiembre 1910 – Argentina

Se reglamenta la Ley de Propiedad Literaria Nº 7.092; hasta entonces, los litigios relacionados se resolvían por aplicación de la Constitución Nacional y el Código Civil.
Fue redactada por el director de la Biblioteca Nacional, Paul Groussac, y defendida en el Senado por Joaquín V. González. Estableció que el derecho de propiedad de una obra científica, literaria o artística comprende para su autor la facultad de disponer de ella, de publicarla, ejecutarla, representarla y exponerla en público, de enajenarla, traducirla, adaptarla o de autorizar su traducción y reproducirla en cualquier forma. 
Antecedentes: La República Argentina es una de las naciones del hemisferio americano que con mayor constancia y entusiasmo afirmó la necesidad de proteger jurídicamente las creaciones de la inteligencia humana y más tempranamente se unió al esfuerzo
internacional para crear una sombrilla legal que asegurara la tutela de los derechos de los autores fuera de las fronteras del país de origen de las obras
. Los principios constitucionales de 1853 hablan a las claras de la importancia atribuida por los organizadores de nuestra vida republicana al respeto de la propiedad sobre las creaciones intelectuales abstractas, elevado al rango de garantía ciudadana básica por el art. 17 de la Constitución Nacional: La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundadaen ley... Todo autor o inventor es propietario de su obra, invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley.
Las disposiciones constitucionales: fueron consideradas suficientes por si mismas para dar amparo a productos del ingenio producidos por “autores” y que califican como “obras” en el sentido de la cláusula constitucional. Así lo indica el recuerdo del importante número de casos sobre Derecho de Autor que nuestros tribunales tramitaron en épocas previas al dictado de la primera ley “de propiedad intelectual” N° 7.092 del año 1910, lista que comienza en 1884, siendo su segundo miembro el famoso caso Hernández C. Barbieri que opusiera al creador del Martín Fierro contra quien fuera osado fingidor de una “segunda parte” espuria del poema nacional.
Cuando durante las sesiones de los años 1932 y 1933 una Comisión Especial Bicameral del Congreso se abocó a la tarea de actualizar el régimen de derecho de autor, coherentemente con el principio constitucional puso empeño en asegurar
protección a todos los autores de obras de cualquier género. Es costumbre que las leyes sobre derecho de autor de los países de cultura jurídica latina comiencen con un artículo que describe en términos muy generales el objeto protegido. En el caso
argentino, se consideraron seis modelos de cláusulas con tal objeto, algunos muy parecidos entre sí, resultando finalmente adoptado un texto básicamente proveniente de los proyectos del Senador Sanchez Sorondo y el diputado Noble que, con las
reformas introducidas durante los trabajos de comisión terminó diciendo: “A los efectos de la presente ley, las obras científicas, literarias y artísticas, comprenden los escritos de toda naturaleza y extensión; las obras dramáticas, composiciones musicales, dramático-musicales; las cinematográficas, coreográficas y pantomímicas; las obras de dibujo, pintura, escultura, arquitectura; modelos y obras de arte o ciencia aplicadas al comercio o a la industria; los impresos, planos y mapas; los plásticos, fotografías, grabados y discos fonográficos, en fin; toda producción científica, literaria, artística o didáctica sea cual fuere el procedimiento de reproducción”. En su mensaje de presentación del proyecto de la futura ley 11.723, el senador Sánchez Sorondo, se refería a la función del artículo y a sus fuentes legislativas diciendo que “la enumeración contenida .. es también la misma que se ha consagrado en todos los tratados internacionales y se encuentra enunciada en todas la leyes europeas, incluso en la Ley 7.092 que solamente se reforma en cuanto se amplían los términos de la misma de acuerdo al desarrollo adquirido por los nuevos métodos de publicación y edición...”

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