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2 de Noviembre 1955 - Argentina

Juan Domingo Perón abandona el Paraguay hacia donde se había dirigido al cabo de su derrocamiento. El 5 de ese mes llega a Caracas y sigue a Panamá. 

Una bomba en América
La estadía de Perón en el Paraguay es una amenaza constante para la canalla dictatorial que intenta el equilibrio de su gobierno. El prestigio del líder es demasiado imponente en latinoamérica como para que la dictadura instaurada en septiembre, deje de ocuparse del tema Perón. La diplomacia Argentina no deja de insinuar al Paraguay un mayor alejamiento del General, preferentemente fuera de América; incluso llega a sugerir la predeterminación del país que debiera asilarlo, algo curioso en materia de política internacional. Las diplomacias inglesa y latinoamericana ven con simpatía la actitud argentina y ponen su grano de arena; el ex presidente es una bomba de tiempo.
Perón es el primero en comprender la maniobra y no admite semejante presión para quienes lo han recibido con los brazos abiertos en su momento de infortunio, por tanto, decide dejar el territorio guaraní.
En las primeras horas del 2 de noviembre, Perón, parte con un reducido grupo de tripulantes en un DC-4, facilitado por su amigo Stroessner hacia un rumbo que sólo él conoce. Sabe que quieren eliminarlo -habrá intentos como ya vimos- por tanto sus armas son el factor sorpresa y la desorientación permanente sobre su itinerario.
El Douglas aterriza en El Galeao, cerca de Río de Janeiro, para realizar ajustes y reaprovisionarse de combustible. El general rehúsa descansar en las instalaciones de la base aérea, y la misma actitud toma el resto de la tripulación. Tiempo después el avión aterriza en San Salvador de Bahía y una oleada de periodistas lo asedian. Las preguntas más insólitas se le formulan, producto de la campaña de desprestigio que ha comenzado en Buenos Aires. Cuando lo interrogaron sobre la supuesta gran fortuna que tiene dice: "Si la tuviera, hubiese podido comprar a todos los que me traicionaron".
A las 7 de la mañana del 3 de noviembre el Douglas levanta vuelo para descender tiempo después en Amapa, cerca de las Guayanas Holandesas. En ruta nuevamente, el avión se dirige en un principio a la República Dominicana gobernada por Trujillo, pero sorpresiva y estratégicamente vira hacia Venezuela. Estos cambios que llegan a sorprender a la misma tripulación obedecen a la plena conciencia que el General tiene de un atentado.
Al aterrizar en Maiquetía, Caracas, el periodismo lo asedia nuevamente. Las respuestas son siempre información parcializada y desorientadora: "Sólo deseo trabajar en paz y en quietud. Escribiré durante diez horas diarias para dar forma al libro que preparo, LA FUERZA ES EL DERECHO DE LAS BESTIAS.
Se trata de un estudio crítico de nuestra política; algo periodístico, sin pretensiones, como los trabajos que encaré con el seudónimo Descartes". En realidad en su mente esta la reorganización del Movimiento Nacional en una nueva etapa: la resistencia.
El sábado 5 se entrevista con el presidente Marcos Pérez Jiménez quien le ofrece "la hospitalidad que se debe a los hombres que honran la causa de América". Perón sólo le solicita facilidades para sus compatriotas exiliados: trabajo y seguridad. Pronto en Caracas se organizará El Comando Estratégico de resistencia.
Prólogo en Panamá
En las primeras horas del domingo el DC-4, despega rumbo a Panamá. Exceptuando el General, nadie sabe que esta nación será durante casi nueve meses el cuartel general del Comando Superior Peronista. El Douglas conducido siempre por Leo Nowak toca tierra panameña a las 8.55 del domingo 6. Minutos después el periodismo rodea nuevamente a Perón quien declara que al irse de la Argentina evitó lo que hubiese sido un derramamiento de sangre y una masacre nacional.
Cerca de las 11 de la mañana el General se aloja en el Hotel El Panamá, en la suite presidencial, en calidad de huésped del gobierno. Allí descansará sólo unas pocas horas, después de casi cinco días de viajes permanentemente tensos.
Alrededor de las 19 horas realiza una conferencia de prensa. Al lado suyo esta su ahijada, Eva Argentina, hija del locutor Ramón Fernández Domenech que había trabajado en un programa radial llamado "La voz del Justicialismo" que desarrolló una campaña de esclarecimiento sobre la realidad argentina.
Las ráfagas de preguntas parecen no inmutar a Perón; se lo ve tranquilo y sonriente cuando declara: "Soy un católico doctrinario. "He peleado por los humildes, por el pueblo, que la doctrina católica nos enseña a querer y, si tuviese que sacrificarme nuevamente, lo haría gustoso. Estoy satisfecho, a pesar de mi caída, porque he defendido una causa justa".
Al referirse al gobierno de Lonardi recuerda los quince mil presos políticos de la Revolución Libertadora. Al día siguiente después de visitar al presidente Arias Perón declara: "Me gusta tanto Panamá que deseo quedarme aquí."
Las próximas 48 horas están llenas de agasajos, recepciones y almuerzos. Luego se traslada a la Ciudad de Colón, alojándose en el Hotel Washington que si bien está en territorio panameño pertenece a los Estados Unidos; habrá problemas.
En la ciudad de Colón se inicia otra etapa para el líder justicialista. Trabaja durante horas para finalizar "La fuerza es el Derecho de las Bestias". El paisaje es ideal para la reflexión, la meditación y el trabajo. Alquila un pequeño departamento en el Washington por sugerencia del gobierno panameño: será el cuartel general.
La correspondencia, herramienta insustituible para la organización de la resistencia; sus escritos y las visitas de trabajo, darán el marco a la ordenada vida de Perón amenizada por tés, cafés, mate, un rato de siesta, algo de música y la casi perpetua posibilidad de un atentado contra su vida...
Esto último se hace más factible después del 13 de noviembre cuando rueda la cabeza de Lonardi y el ultragorilismo liberal toma el gobierno argentino. Llegan versiones a Panamá y especialmente a Colón que se espera un atentado: se habla de un comando, de un automóvil sospechoso, de cartas amenazantes que llegan al Hotel Washington.
La guardia nacional pone hombres -2 de día y 3 de noche- para custodiar a Perón. Las versiones fueron confirmadas, no eran parte de la guerra psicológica solamente. Hubo intentos para asesinar a Perón en los últimos dos meses de 1955, pero fueron frustrados y deportados los mercenarios.

Fuente: www.villamanuelita.org

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