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10 de Noviembre 1834 - Argentina

Nace en la Chacra de los Pueyrredón (San Martín-Buenos Aires), José Hernández (José Rafael Hernández Pueyrredón), poeta, periodista, librero, soldado, legislador. Autor del libro “Martín Fierro”; su primera parte aparece en 1872 como “El gaucho Martín Fierro” y la segunda en 1879 como “La vuelta de Martín Fierro”. Otras obras son “Instrucción del estanciero” y “Vida del Chacho”. En su memoria se ha establecido esta fecha como "Día de la Tradición". 

Por Osvaldo Vergara Bertiche

El poeta por excelencia de todos los argentinos fue irremediablemente fundido, amalgamado, con su personaje: el Gaucho Martín Fierro.
Pero es Ezequiel Martínez Estrada (1895 – 1964) quién señala que «Hernández es cuatro cosas, por la naturaleza de su ser, de su carácter: militar, periodista, político y poeta”.
José Hernández es un combatiente por convicción, por ideales políticos firmes y coherentes. Y lo expresa, justamente, en el Martín Fierro.
Fermín Chávez señala que “...desvincular el Martín Fierro de ese marco original y de la militancia de su autor, resulta una pura invención, aún cuando revista formas seductoras o se presente rodeada de figuras ingeniosas y eruditas”. “... a los doce años de edad, Hernández entra en contacto directo con el gaucho y con sus tareas de todos los días, en una época caracterizada par la intensa actividad de los saladeros. Su hermano Rafael lo dice en una de sus clásicas páginas sobre la juventud de aquél: Allá en Camarones y en Laguna de Los Padres se hizo gaucho, aprendió a jinetear, tomó parte en varias entreveros y presenció aquellos grandes trabajos que su padre ejecutaba y de que hoy no se tiene idea. Esta es la base de los profundos conocimientos de la vida gaucha y amor al paisano que desplegó en todos sus actos» José Hernández, Editorial Plus Ultra, 1973, 2° edición.
“A los 19 años de edad, en 1853, ingresó en las filas del ejército e intervino en la represión del levantamiento del Coronel Hilario Lagos contra el gobierno de Valentín Alsina, estando bajo las órdenes de los coroneles Pedro Rosas y Belgrano y Faustino Velazco y resultó vencido en San Gregorio, el 22 de enero de ese año. A1 año siguiente actuó nuevamente, esta vez como Teniente, contra las fuerzas de Lagos en la batalla de El Tala, donde su bando resultó victorioso.
Después de haberse batido a duelo con otro oficial, por razones políticas, abandonó las filas de la milicia y emigró a Entre Ríos, en 1858. Dos años antes había iniciado su labor periodística en La Reforma Pacífica, órgano del Partido Federal Reformista al que adhirió”
Dice Pagés Larraya de José Hernández que «su vinculación al periódico La Reforma Pacífica, dirigido par Nicolás Calvo, cuando éste sólo contaba 22 años, señala el despertar de su pasión por los problemas espirituales y sociales que agitaban al país”.
Era un periódico que expresaba la tendencia reformista a la que pertenecía Miguel Navarro Viola, Tomás Guido, Ovidio Lagos, los González del Solar, Los Hernández y otros cuyas trayectorias seguirán encontrándose durante muchos años.
“El Nacional Argentino” que apareció en la Ciudad de Paraná el 3 de Octubre de 1852 fue un diario defensor del Gobierno de la Confederación.
“Después de haber tenido en su redacción a Juan María Gutiérrez, Eusebio Ocampo, Alfredo M. du Graty, Ramón Gil Navarro, Benjamín Victorica, Emilio de Alvear, Luis Cáceres, Lucio V. Mansilla, Francisco Bilbao y Juan Francisco Seguí, el diario inició su última etapa de existencia con José Hernández como redactor y publicando dieciocho artículos”.
La edición del día 25 del mismo mes del año 1860 fue la última de «El Nacional Argentino».
El 17 de setiembre de 1861 los ejércitos de la Confederación y del Estado de Buenos Aires se enfrentaban en la batalla de Pavón.
Hernández, con el grado de Capitán, actuó en el bando confederado al mando de Urquiza.
En noviembre del mismo año José y Rafael Hernández participaban en la batalla de Cañada de Gómez, donde también resultaban vencidos por las tropas mitristas.
“Mientras se organizaban focos de resistencia federal en el interior del país, bajo la conducción del General Angel Vicente Peñaloza, el Coronel Felipe Varela, el General Ricardo López Jordán y otros, Derqui presentaba su renuncia y emigraba a Montevideo, Pedernera declaraba acéfalo el gobierno nacional y Mitre era designado presidente provisional”.
En mayo de 1862 fue electo definitivamente presidente por el Congreso que a su vez elegía a Marcos Paz como vicepresidente. Asumen el 12 de Octubre de ese mismo año.
Meses después Hernández funda y redacta «E1 Argentino», periódico que sumaría su esfuerzo a «E1 Litoral», redactado por Carriego, en la defensa del ideal federal provinciano.
Ante la evidencia como señala Arturo Jauretche de las “numerosas falsificaciones de la historia, que nos han privado de sus enseñanzas verdaderas con el propósito malicioso de impedirnos el aprendizaje de la historia a construir...) es necesario recordar en esta fecha que la historiografía mitrista, la historia oficial, la de Grosso y el Billiken, han ocultado celosamente los artículos de José Hernández referidos al asesinato del General Ángel Vicente Peñaloza... el Chacho (1798-1863)
E1 12 de Noviembre “el General Ángel Vicente Peñaloza, que se había rendido a una partida del comandante Ricardo Vera, es asesinado y decapitado y su cabeza es exhibida ante el pueblo en una pica, en una plaza de Olta, La Rioja”.
Y desde “El Argentino” José hernández dice: "Asesinato atroz. El General de la Nación Don. Ángel Vicente Peñaloza ha sido cosido a puñaladas en su lecho, degollado y llevada su cabeza de regalo al asesino de Benavídez, de los Virasoro, Ayes, Rolta, Giménez y demás mártires, en Olta, la noche del 12 del actual.
El general Peñaloza contaba 70 años de edad; encanecido en la carrera militar, jamás tiñó sus manos en sangre y la mitad del partido unitario no tendrá que acusarle un solo acto que venga a empañar el valor de sus hechos, la magnimidad de sus rasgos, la grandeza de su alma, la generosidad de sus sentimientos y la abnegación de sus sacrificios.
La historia tiene para el general Peñaloza el lugar que debe ocupar el caudillo más prestigioso y más humano y el guerrero más infatigable.
El asesinato del general Peñaloza es la obra de los salvajes unitarios; es la prosecución de los crímenes que van señalando sus pasos desde Dorrego hasta hoy.
Que la maldición del cielo caiga sobre sus bárbaros matadores. Los millares de argentinos a quienes el general Peñaloza ha salvado la vida, rogarán por él."
En otra de ellas, titulada «La política del puñal» decía, entre otras cosas: "Los salvajes unitarios están de fiesta. Celebran en estos momentos la muerte de uno de los caudillos más prestigiosos, más generosos y valientes que ha tenido la República Argentina. El partido Federal tiene un nuevo mártir. El partido Unitario tiene un crimen más que escribir en la página de sus horrendos crímenes. El general Peñaloza ha sido degollado. El hombre ennoblecido por su inagotable patriotismo, fuerte por la santidad de su causa, el Viriato Argentino, ante cuyo prestigio se estrellaban las huestes conquistadoras, acaba de ser cosido a puñaladas en su propio lecho, degollado y su cabeza ha sido conducida como prueba del buen desempeño del asesino, al bárbaro Sarmiento". (Nota: Viriato - 180 a 139 antes de Cristo - fue el principal cabecilla de la tribu lusitana que hizo frente a la expansión de Roma)
Asimismo le dice a Urquiza: "No se haga ilusiones el General Urquiza con las amorosas palabras del general Mitre: Represéntese el cadáver del general Peñaloza degollado, revolcado en su propia sangre, en medio de su familia después de haber perdonado la vida a sus enemigos más encarnizados, después de haber librado de la muerte hasta al bárbaro instrumento que los unitarios han empleado para hundirlo en el cuello del caudillo más valiente y más humano que ha tenido el interior del país. ¡En guardia, general Urquiza! el puñal está levantado, el plan de asesinaros preconcebido; la mano que descargue el golpe la comprará el partido Unitario con el oro que arrebata el sudor de los pueblos que esclaviza".
Y agrega: "Los asesinos del general Peñaloza se han espantado de la deformidad de su propio crimen. Quedan dos únicos caminos que pueden salvarlos y los salvajes unitarios, infames como siempre, como siempre traidores, los siguen sin vacilar.
El primero es adormecer al general Urquiza, adularlo, cortejarlo, complacerlo en cuanto desee, mostrarse con él solícitos, afables y cariñosos, a fin de que la bárbara degollación del general Peñaloza no lo haga abandonar un solo instante esa política de contemplaciones y de dulzuras que hace dos años tiene para con los salvajes unitarios. Así lo hicieron cuando asesinaron a Benavídez. Así lo hicieron cuando asesinaron a los Virasoro. Así lo harán ahora que han asesinado a Peñaloza. Pero el general Urquiza no puede dejarse engañar por esas zalamerías de tigres. Benavídez dio por resultado Cepeda. Virasoro dio por resultado Pavón. Un segundo camino de salvación para ellos, es engañar al país y esa es la inicua tarea que han emprendido. Peñaloza no ha sido perseguido. Ni hecho prisionero. Ni fusilado. Ni su muerte ha acaecido el 12 de noviembre. Lo vamos a probar evidentementeme y con los documentos de ellos mismos. Todo eso es un tejido de infamia y mentiras, que cae por tierra al más ligerísimo examen de los documentos oficiales que han publicado sus asesinos. Ha sido cosido a puñaladas en su propio lecho y mientras dormía, por un asesino que se introdujo en su campo en el silencio de la noche..."
Hernández publica una semblanza del «Chacho», en diciembre de 1863, bajo el título «Vida del Chacho. Rasgos Biográficos del General Don. Angel Vicente Peñaloza», que entre otras cosas, decía: "Vamos a escribir, a grandísimos rasgos, la vida de este héroe sencillo y modesto, a bosquejarla con la brevedad con que nos lo permite el carácter y aún el objeto de esta publicación. Pocos habrá, quizá, que conozcan una existencia extraordinaria, como la de este caudillo valiente, generoso y caballeresco, que ha sido actor en las escenas más notables del drama de nuestras luchas civiles y a quien sus perversos enemigos han pintado como el tipo de la ferocidad y encarnación del crimen."
"No creemos necesario detenernos mucho para recordar a nuestros lectores, la resistencia heróica que el general Peñaloza hizo por el espacio de muchos meses al ejército que después de Pavón envió el general Mitre al interior y que fue a ensangrentar el suelo de las provincias. Aún están vivos eses hechos en la memoria de todos y todos saben que ante su prestigio, su actividad y su arrojo, únicos elementos de que podía disponer, fue a estrellarse todo el poder de las huestes invasoras, políticas de ese partido, cuya ambición es su único fin, el asesinato su único medio”.
Y cuando surge la candidatura de Domingo Faustino Sarmiento, (en «El Eco de Corrientes» periódico bimensual en el que Hernández publicó varias editoriales con las iniciales J. H. o con su nombre completo) escribe: «¿Hasta cuándo?». "¿A dónde va ese círculo exaltado de Buenos Aires que ha logrado hacer, aunque pocos, calurosos prosélitos en todos los ámbitos de la República, a dónde va en su afán de dotar al país con un presidente cuyos antecedentes políticos y cuyo carácter personal son una amenaza viva para la paz y la quietud de sus habitantes? ¿Ha escrito acaso en su bandera la palabra de muerte para toda la Nación e intenta convertirla en un vasto cementerio?. Hacen sesenta años no interrumpidos que los hijos de esta tierra, nacen al estruendo de los cañones, se forman en medio del bullicio de las batallas, encallecen sus manos empuñando la lanza y el sable y sienten encanecer sus cabellos entre el humo de los combates. Las legiones argentinas han recorrido el suelo americano en todas direcciones dejando tras de sí regueros de su sangre generosa, apilados los cadáveres de sus hijos y marchando siempre adelante, con el arma al brazo y atento el oído a la voz de los clarines. ¿A dónde van esas masas armadas a prisa, dirigidas por generales más o menos hábiles, vencidos hoy, vencedores mañana, pero sin conquistar jamás para sí un día de reposo? Cada vara de nuestro suelo recuerda un episodio sangriento, se liga a la historia trágica de un combate, cada vara de tierra es una tumba. ¡Hemos de marchar siempre chapaleando sangre separando solícitos los cadáveres de nuestros hermanos que obstruyen nuestro paso y caminando a la ventura en medio de las tinieblas de la anarquía y sin más luz que el resplandor rojizo de los cañones! Los pueblos tienen derecho a la paz, al reposo, al sosiego, después de sesenta años de vida en los campamentos, en que han devorado sinsabores, apurando todas Las amarguras que brinda la desgracia. ¿No se sienten conmovidos los autores de la anarquía en presencia de estas multitudes sacrificadas bárbaramente en holocausto de sus ambiciones bastardas, a la vista de esas hermosas campiñas donde blanquean los huesos de tantos millares de hijos de esta desgraciada República, al contemplar esos pueblos empobrecidos, aniquilados por la guerra civil y sentadas sobres sus escombros las viudas, las madres, los huérfanos como la imagen de la desolación? Aunque tienen serenidad para buscar un rincón donde reunirse tranquilos y tratar de que la destrucción se complete y de que las matanzas sigan. Quince años de lucha sin tregua, fueron necesarios para conquistar un dogma: La Libertad. Veinticinco de combates fueron precisos para fundar un principio: La Ley. Qué se busca ahora? Fundar un Gobierno que haga de la libertad una mentira y de la ley una farza. Remover esas dos grandes conquistas, que son el fruto de una batalla de medio siglo, para sentar en su lugar, el imperio de un círculo, para sustituir a la ley de voluntad de unos cuantos y para hacer que empecemos de nuevo el tan trillado camino de las luchas fraticidas. Pero debemos tener fé en que esas tentativas no han de alcanzar su éxito. El país ha de saber oponerse a esos manejos de los anarquistas y su voluntad ha de ser una valla que ha de contener el ímpetu de sus pasiones tantas veces funestas. Si la anarquía, que intenta levantar de nuevo su cabeza, es vencida en la próxima lucha electoral, desaparecerá de entre nosotros, dando lagar al imperio del orden, de las instituciones y dejando abierto y franco el camino del porvenir. ¡Dios proteja la causa de los Pueblos!
Otro capítulo es el de José Hernández en Rosario.
El Diario La Capital fue fundado en 1867 y es considerado el decano de la prensa argentina, ya que en la actualidad se sigue editando.
Nació un 15 de Noviembre de la mano de Ovidio Lagos para apoyar el proyecto presentado el 1°de julio de ese año por el diputado por Buenos Aires Manuel Quintana para declarar a Rosario capital de la República.
Ovidio Lagos invita a José Hernández a colaborar en el mismo.
En su última colaboración Jose Hernández escribe:
"Es un destino bien amargo el de esta pobre República. Esto se llama ir de mal en peor.
Mitre ha hecho de la República un campamento . Sarmiento va a hacer de ella una escuela.
Con Mitre ha tenido la República que andar con el sable a la cintura.
Con Sarmiento va a verse obligada a aprender de memoria la anagnosia, el método gradual y los anales de Doña Juana Manso. Estas son las grandes figuras que vienen a regir los destinos de la patria de Alvear y San Martín!
Pero, ¿ Consentirá el Congreso, consentirán los hombres influyentes de la República, consentirá el país en que un loco, que ya ha fulminado sus anatemas contra el clero y contra la religión, que ha dicho que va a nombrar una mujer para Ministra de Culto, que es un furioso desatado, venga a sentarse en la silla presidencial, para precipitar al país a la ruina y al desquicio? No lo creemos; esperamos que el patriotismo y la reflexión no nos hayan abandonado del todo y que antes que consentir en semejante escándalo, tendrán bastante energía para decirle al partido de los anarquistas hasta aquí no más, y al loco predilecto de los perturbadores, que se vuelva a su destierro político, a estudiar los diversos métodos de las escuelas americanas”.
A mediados de noviembre de 1869 José Hernández se establece en Buenos Aires. E1 6 de agosto aparece el primer número de «E1 Río de la Plata».
Beatríz Sarlo señala que "En 1869, Hernández fundó en Buenos Aires un periódico, El Río de la Plata. Allí publicó una serie de artículos que constituyen algo así como el cañamazo de ideas que el Martín Fierro elaborará literariamente: el problema de las fronteras con el indio y su defensa, la iniquidad de que ésta repose exclusivamente sobre el habitante pobre de la campaña que es arrancado de su hogar para ser arrojado al fortín, convertido en una suerte de prisionero, desecho por la indigencia y mortificado por la arbitrariedad de las autoridades militares y civiles.
Es el gobierno, afirma Hernández, el que «convierte al gaucho en matrero, en delincuente, en asesino»."
“Porque para los sectores intelectuales y la élite gobernante el vocablo gaucho es justamente sinónimo de delincuente”.
El 26 de noviembre de 1869, José Hernández escribe un artículo titulado «Islas Malvinas. Cuestiones Graves» en el que dice: "Los argentinos, especialmente, no han podido olvidar que se trata de una parte muy importante del territorio nacional, usurpada a merced de circunstancias desfavorables, en una época indecisa, en que la nacionalidad luchaba aún con los escollos opuestos a su definitiva organización”.
Éste José Hernández, mostrado solamente en pocos aspectos, pero profundos, de su carácter de militar, periodista y político es el poeta autor del Martín Fierro.
De su obra dijo el General Perón: «Si nuestros gobernantes hubieran leído el Martín Fierro, en vez de leer autores extranjeros, es probable que hubieran comprendido los problemas argentinos, hasta resolverlos con pasión, amor y carácter.
Martín Fierro es el símbolo de la hora presente. José Hernández cantó las necesidades del pueblo que vive adherido a la tierra. Todavía no se ha cumplido para el pueblo argentino la invocación de grandeza y de justicia que el Martín Fierro enseña”. (Municipalidad de San Isidro: 22/10/1944).
José Hernández dejo enseñanzas de vigencia plena a todos los argentinos; simplemente leamos que:

«HAY HOMBRES QUE DE SU CENCIA /
TIENEN LA CABEZA LLENA /
HAY SABIOS DE TODAS MENAS /
MAS DIGO SIN SER MUY DUCHO /
ES MEJOR QUE APRENDER MUCHO /
EL APRENDER COSAS BUENAS”.

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