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"El revisionismo debe ser la historia oficial del pueblo"

Entrevista a Víctor Ramos, vicepresidente del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano "Manuel Dorrego"

"El revisionismo debe ser la historia oficial del pueblo"

Por Enrique Quarleri.

Hijo de Abelardo Ramos, no heredó su color de pelo pero sí su sueño político de emancipación latinoamericana, aunque advierte que "hace 30 años era un disparate". Reivindica a su padre, a Jauretche y a Pacho O'Donnel, y también la visión histórica de la presidenta.

Víctor Ramos abre las ventanas del caserón donde funciona el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego y el sol del mediodía ilumina la oficina llena de documentos y libros de historia latinoamericana. Ese edificio perteneció a los jesuitas y esa oficina es eje de una discusión con el director del instituto, Pacho O’Donnel: él sostiene que esa fue la que ocupó el Papa Francisco cuando siendo todavía Jorge Bergoglio era titular de la orden. Pacho sostiene que la oficina que ocupaba el Pontífice es otra. La de él.
En un costado se observa un cuadro imponente. El hombre retratado parece querer salir del marco. Su cabellera colorada es inconfundible. Es Jorge Abelardo Ramos, fundador de Izquierda Nacional.
Víctor no heredó el color de pelo de su padre, pero si su sueño: el de ver a la Argentina y al resto de América Latina unidas bajo la bandera de la Patria Grande que soñaron San Martín y Bolívar.
A casi 30 años de la vuelta de la democracia, ese sueño, que estaba casi extinto, está más cerca y en una ciudad como Buenos Aires, que tradicionalmente mira a Europa, el punto de entrada de la cultura latinoamericana esta en el lugar menos pensado: las villas. Ya lo dijo el padre Pepe: "Que la Villa no sea el patio trasero, sino la puerta de entrada a la Ciudad."

–¿Cómo ve estos 30 años de la democracia argentina?
–El balance es extraordinario en cuanto al resultante. Yo estaba bastante descreído de que por medios democráticos pudiéramos lograr lo que estamos logrando hoy, que es acercarnos a la revolución nacional y a la unidad de América Latina. Ni bien arrancó Alfonsín fue una gran decepción, por eso la llamábamos la "democracia colonial". La democracia para nosotros, me refiero a los que venimos de la Izquierda Nacional, no es sinónimo de liberación. Por el contrario, en algunos casos es un medio que usan también los imperios, a través de los medios de comunicación, como un juego de pinzas para mantener y continuar su dominación. La tesis central es que hay una diferencia sustancial entre los países opresores y los países oprimidos, a los cuales pertenecemos y que son países divididos, partes de una nación inconstituida. Eso hace que nuestros poderes en la democracia y en la república sean muy débiles.
–¿Por qué piensa que le costó tanto a nuestro país lograr este período democrático?
–Por la inestabilidad de nuestros sistemas. Porque no tenemos un sistema constituido. Nosotros partimos de que se logró la independencia, pero a costa de la división. Es contradictorio que los grandes héroes de nuestra independencia como San Martín, Artigas, Bolívar, Morazán, que triunfaron contra el imperio español, murieron en el exilio. Abandonados, derrotados, repudiados, absolutamente difamados: la Gaceta de Buenos Aires acusaba a San Martín de narcotraficante, de opiómano y de cornudo, se burlaban de él. No tuvimos nuestra revolución nacional, nuestra revolución de unidad nacional, como si la tuvieron Francia, Inglaterra o Estados Unidos. Nosotros aún hoy somos algo inconstituido, eso explica la inestabilidad de nuestras instituciones.
–Tiene una larga trayectoria de militancia en las villas porteñas ¿Qué ha cambiado en ellas en estos 30 años de democracia?
–Hoy hay una revalorización de lo que es la militancia en las villas. Las villas siempre fueron marginadas, no solo por el sistema capitalista y el discurso oligárquico, reaccionario o pequeño burgués de la sociedad. Sino también por la izquierda. Para el marxismo ortodoxo, el análisis de los villeros es un análisis en el que los consideran como lúmpenes, lumpemproletarios: un ser deleznable que termina siempre atado a la cola de la burguesía. El que replantea la situación es Mujica. El padre Mujica, desde una posición nacional, que tiene tal vez hoy como continuador al padre Pepe, con el cual me identifico, plantea barrios obreros. Hay que plantear las villas como barrios obreros. En la Ciudad de Buenos Aires la hipocresía llega hasta tal punto que la clase media denigra a los villeros, pero los utiliza como personal de servicio y obreros, con cama adentro. Como la Ciudad es tan pequeña tiene en la villa 31, en la villa 21 y en el resto de los barrios personal que trabaja para ellos cama adentro, no lo tiene en Quilmes, Berazategui, a tres o cuatro horas de tren. Se beneficia de tener villas. Lo que ha cambiado es que hay una reconsideración de parte de los sectores más revolucionarios de que las villas son un lugar central o no menos importante que el movimiento obrero.
–¿Qué rol cumple la cultura en la inclusión de esos sectores?
–Lo que hay que lograr es la inclusión de las clases medias a la cultura latinoamericana, nacional y popular. No hay que incluir a los inmigrantes y a los villeros en la cultura reaccionaria que se promueve desde el Gobierno de la Ciudad, de las escuelas y desde la educación en general. Tenemos que hacer un esfuerzo para incluir a los porteños en criterios más nacionales y latinoamericanistas. Citándolo al padre Pepe: "Las villas tienen que ser la puerta de entrada para la ciudad." La cultura de las tradiciones, nacional, latinoamericana, indoamericana, tiene que ser la punta de lanza de un cambio profundo que se debe dar en la ciudad de Buenos Aires.
–Siguiendo el tema de las villas, ¿Cuál es la función de un medio como Mundo Villa?
–Tiene dos funciones. Una para adentro, que es para los jóvenes que lo hacen, para los chicos de las villas que son periodistas. A través de la actividad gráfica, radial y audiovisual notamos que los chicos recuperan la autoestima muy rápidamente. En una sociedad tan mediática, estar en un medio de comunicación es exitoso. Para los chicos que se ven tan discriminados, escribir en un medio, firmar una nota, salir en una foto, publicar un video, contrarrestan el "no existís". Como barrio, como villa y como persona. El objetivo de los medios de comunicación, en un sentido, es fortalecer un grupo que es tan golpeado cotidianamente. Por el otro lado, se busca hacer ver al resto de la sociedad el potencial que tienen los barrios más humildes de la ciudad. Que no es como lo plantean Crónica TV, Clarín y La Nación, los medios sensacionalistas. Puede haber otra mirada, mostrar las actividades sociales, culturales y artísticas que nunca son noticia.
–En ese contexto, la inauguración de un espacio como la Casa de la Cultura de la villa 21 es un logro importante.
–Hace 30 años que yo comencé a hacer mi trabajo político en la 21, siempre desde el aspecto cultural. En el año 82, después de la Guerra de Malvinas, y en el 83, antes de las elecciones, yo iba con el televisor y una videocasetera a la casa de Rogelio del Puerto, un muchacho que ya murió, a pasar películas y a debatirlas con los vecinos. Se venía la democracia y había que afiliar para presentarse a las elecciones, y el FIP me mandó a la 21 a afiliar. Lo afilie a Rogelio, cuya afiliación no servía, porque era paraguayo, pero fue un militante muy destacado. Que el secretario de cultura haya decidido mudar la secretaría de Recoleta a la Avenida Iriarte, en donde se divide la villa en dos, es realmente una gran satisfacción. Jorge Coscia comprende los valores culturales que tienen los inmigrantes paraguayos, bolivianos y provincianos que viven en el barrio y que desde ahí se van a multiplicar. Sentado en la villa 21, que es como estar en otro país o en otra ciudad, creo que el secretario de cultura tiene una visión más federal, más latinoamericana.
–Siendo hijo de uno de los representantes más destacados del revisionismo, ¿Cuál es el objetivo del revisionismo hoy, después de 30 años de democracia? ¿Por qué es tan combatido?
–Porque es la primera vez que tenemos una presidenta que es revisionista histórica. El peronismo, tradicionalmente, incluso Perón, tenía otras prioridades naturalmente, pero Cristina, que también tiene otras prioridades, no ha descuidado el tema histórico. Es una profunda conocedora y lectora de los textos del revisionismo. Mitre, de manera inteligente, dejó para cuidar sus espaldas el diario La Nación. Desde ahí, además, conspira contra toda iniciativa popular. Conspiró en el golpe del '30, el del '55 y el del '76, siempre en el campo antinacional. Tenemos una presidenta que al conocer toda esa trama histórica, quiso poner la versión que ya había triunfado en el gran debate entre la historiografía mitrista y la revisionista. El revisionismo tiene que pasar a ser la historia oficial del pueblo. Esta la historia oficial de la oligarquía y la historia oficial del pueblo que es la que han escrito hombres como Ramos, Jauretche y también Pacho O’Donnel. Las dos historias son legítimas, las dos tienen que estar, el problema es que había una que era de segunda. A mimeógrafo, que se repartía clandestinamente. La historia prohibida.
–¿Cómo se explica esa historia a las generaciones nacidas en democracia?
–Va a costar más, porque lo prohibido es más tentador para los jóvenes. Cuando estaba en la secundaria y venía el profesor de historia todos me codeaban y me decían "dale, dale". Los profesores se referían a Perón como la segunda tiranía y a Rosas como la primera. Pero había compañeros que cuestionaban a la historiografía oficial. Les encantaba debatir con el profesor, no sólo para interrumpir la clase (risas), sino para poder oír algo distinto. Pero ahora la resistencia que está generando el diario La Nación, con Beatriz Sarlo, Romero y compañía, está dando un sabor picante de debate.
–La Patria Grande fue una gran inquietud de su padre en su obra ¿Era posible una nación latinoamericana hace 30 años?
–Hace 30 años era un disparate, inimaginable. Hace 30 años nunca se habían reunido los presidentes latinoamericanos. El primer intento fue de Simón Bolívar en el Congreso Anfictiónico, que fracasó. Después nunca se pudieron reunir solos. Siempre hubo reuniones con Estados Unidos y los presidentes latinoamericanos, ni siquiera con España únicamente. La primera reunión iberoamericana fue en Guadalajara, en la que participó mi padre, en 1991. Pero siempre fue con la tutela norteamericana o inglesa. El primer encuentro de los presidentes latinoamericanos sin la presencia norteamericana fue en la Celac en Caracas, con Chávez, donde lee el libro Historia de la Nación Latinoamericana." Eso fue algo increíble. Hace 30 años era inimaginable. La presencia del imperialismo era muy grande y el período alfonsinista al comienzo fue como una continuidad de la dictadura en muchos aspectos y después la llegada de Menem lo fue en otros aspectos, salvo un punto crucial: la firma del tratado de Asunción, que es el nacimiento del Mercosur. La creación del Mercosur fue una luz en la noche oscura. «


Por qué Víctor Ramos
Porque plantea una forma más amplia de ver nuestra historia y la posición de nuestro país en el concierto de las naciones latinoamericanas. Periodista, documentalista, militante, historiador. La visión de Ramos no es sólo una continuación de la obra imprescindible de su padre, Jorge Abelardo Ramos. Desde 1982 realiza una labor de integración en las villas de la Ciudad de Buenos Aires, con la cultura y el periodismo como medios para lograr la integración de los sectores marginales y con ellos construir la Patria Grande.


La conformación de la Celac y la del Alba
Víctor Ramos se toma su tiempo su tiempo para elegir un hecho que sintetice estos 30 años de democracia. “Es difícil”, reconoce y no logra quedarse con uno.
“Para mí los hechos más importantes, no de estos últimos 30 años, sino de los últimos 200 años después de la Guerra de Independencia es la firma del Mercosur, la conformación de la Celac y la del Alba. Son tres hechos trascendentales de la historia Argentina y latinoamericana”, sostiene.
“Mi padre estuvo en una reunión con Fidel Castro y la conclusión a la que llegaron sobre qué es ser revolucionario o no en esta época es que revolucionario es el que está por la unidad”, explica.
“Cuando me reúno en el Cabildo les digo a quienes me acompañan: ‘Señores acá estuvieron sentados Moreno, Saavedra, Belgrano, luchando y pensando por las mismas cosas que estamos pensando nosotros, que es la integración latinoamericana’. De eso hablaba Fidel Castro, que algo sabe de revoluciones y algo sabe de aislamiento y de debilidades”, comenta.
“A mi parecer, los momentos más importantes de estos últimos 30 años fueron esos tres hechos. Es la deuda pendiente que nos quedó de la Independencia. Lo que nos queda para la revolución nacional es la unidad. Todo lo que sirva para la unidad es revolucionario”, concluye.

Publicada en el diario Tiempo Argentino, 13 de noviembre de 2013

Ramos, Víctor

Director de cine. Escritor

Vicepresidente segundo del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano "Manuel Dorrego"

Director del Museo Nacional del Cabildo y de la Revolución de Mayo

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