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OLEGARIO VÍCTOR ANDRADE


En viejos tiempos de escuela primaria, de palotes y tablas de multiplicar y de maestras que uno recuerda con cariño y respeto, aprendíamos, para toda la vida, aquello de:

“Ven para acá, me dijo dulcemente
mi madre cierto día…”

Se nos enseñaba la poesía de Olegario Víctor Andrade. Y entre ellas, las de la erudición patriótica.

Así nos enteramos que:

"No morirá tu nombre
ni dejará de resonar un día
tu grito de batalla
¡mientras haya en los Andes una roca
y un cóndor en su cúspide bravía!"

Y el San Martín de la Independencia, dejó entonces, de ser un acontecimiento de calendario, para perdurar en la memoria colectiva como el verdadero paradigma de todos los argentinos.

Nacido en 1839, más precisamente el 6 de marzo, según algunos en Gualeguaychú, según otros, en Río Grande do Sul, Andrade militó toda su vida en el federalismo. Fallece el 30 de Octubre de 1882.

Recordemos no sólo al consagrado bardo, de pluma heroica y lírica, sino también su calidad de periodista y literato, su gran espíritu federal, su oposición a la política de Mitre y su mordacidad contra Sarmiento.

“Crítico de Rivadavia, abominaba de Mitre y ponía sus esperanzas en que Urquiza llegara a constituirse en el representante de los reclamos y proyectos de todo el federalismo del interior”.

Cuando Buenos Aires se separa de la Confederación, en aquel nefasto golpe porteño y oligárquico del 11 de septiembre de 1852, que la clase dominante festejó a través de nominar “Once” y “Barrio de Once” a una estación ferrocarrilera y a un sector urbano de Buenos Aires, Andrade denuncia en un poema titulado "Once de septiembre", el carácter reaccionario y antipopular del golpe antiurquicista.

Este poema no aparece en los textos escolares.

Tampoco aquel otro en el que condena a los “civilizadores” que asesinaron y degollaron al caudillo riojano en Olta. Dice Andrade en “Al General Ángel Peñaloza”
¡Mártir del pueblo! tu gigante talla
Más grande y majestuosa se levanta
Que entre el solemne horror de la batalla,
Cuando de fierro la sangrienta valla
Servía de pedestal para tu planta.
¡Mártir del pueblo! víctima expiatoria
Inmolada en el ara de una idea,
te has dormido en los brazos de la historia
Con la inmortal diadema de la gloria
Que del genio un relámpago clarea.
¡Mártir del pueblo! apóstol del derecho,
Tu sangre es lluvia de fecundo riego,
y el postrimer aliento de tu pecho,
que era a la fe de tu creencia estrecho,
será más tarde un vendaval de fuego.
¡Mártir del pueblo! tu cadáver yerto,
Como el ombú que el huracán desgaja,
Tiene su tumba digna en el desierto,
Sus grandes armonías por concierto
Y el cielo de la patria por mortaja.
¿Qué importa que en las sombras de occidente,
Del desencanto el doloroso emblema,
Como una virgen, que morir se siente,
Incline el sol la enardecida frente,
De los mundos magnífica diadema?
¿Qué importa que se melle en las gargantas
El cuchillo del déspota porteño,
Y ponga de escabel, bajo sus plantas,
Del patriotismo las enseñas santas
Con que iba un héroe a perturbar su sueño?
¿Qué importa que sucumban los campeones
Y caigan los aceros de sus manos,
Si no muere la fe en sus corazones,
Y del pendón del libre, los jirones
Sirven para amarrar a los tiranos?
¿Qué importa, si esa sangre que gotea
En principio de vida se convierte,
Y el humo funeral de la pelea
Lleva sobre sus alas una idea
Que triunfa de la saña de la muerte?
¿Qué importa que la tierra dolorida
Solloce con las fuentes y las brisas,
Si no ha de ser eterna la partida,
Si con nuevo vigor, con nueva vida,
Más grande ha de brotar de sus cenizas?
¡Mártir! Al borde de la tumba helada
La gloria velará tu polvo inerte,
Y, al resplandor rojizo de tu espada,
Caerá de hinojos esa turba airada
Que disputa sus presas a la muerte.
Y cuando tiña el horizonte oscuro,
Del porvenir la llamarada inmensa
Y se desplome el carcomido muro,
Que tiembla como el álamo inseguro
Ante las nubes que el dolor condensa,
Entonces los proscriptos, los hermanos,
Irán ante tu fosa, reverentes,
A orar a Dios, con suplicantes manos,
Para saber domar a los tiranos,
O morir como mueren los valientes.

No sólo se ocultó esta laudatoria pieza, sino que en algunas antologías basadas en Billiken, se la hace aparecer como una apología a la muerte del General Juan Lavalle.

Andrade es uno más entre tantos otros “malditos de la historia argentina”. “Han sido excluidos del merecido reconocimiento. Así se “revela de qué modo se ha discriminado, cómo se han silenciado y mutilado tantas vidas y obras, para impedir que floreciese en estas tierras un auténtico pensamiento transformador”.

”En la literatura y en la política, en la cinematografía y en la plástica, en la historiografía y en la economía, en la ciencia e inclusive en el gremialismo y la historia eclesiástica, se operó un vaciamiento de personas y obras, reduciéndolos al silencio, no por insignificantes sino por demasiado significantes, no por plagiarios sino por demasiado originales”.

“Arturo Jauretche inventó, para ellos, el nombre de "Malditos" porque la maldición de los grandes poderes internos y externos los marginó de los medios de comunicación y de todo el aparato del prestigio, ya fuese condenándolos a una muerte civil o cercenando lo más importante de su lucha o de su obra, hasta inclusive forzando erróneas interpretaciones para licuar sus acusaciones o diluir sus enseñanzas”.

Manuel Ugarte afirmó desde su exilio: "En otros países se fusila, es más noble...".

Y una de las víctimas de ese aparato de la “colonización pedagógica” manejado por la clase dominante es, justamente, Olegario Víctor Andrade.

Y más escondido aún mantuvieron el folleto "Las dos políticas", de 1866, “donde Andrade resume la lucha política de las últimas décadas como oposición entre los intereses oligárquicos porteños y el proyecto nacional de las provincias interiores”.

Como ensayista político Andrade sostiene que Rivadavia y Mitre expresan lo mismo.

Explica que "Hemos visto una cuestión política donde sólo había una cuestión económica"...

“Buenos Aires se erigió a partir de 1810 en Metrópoli territorial, reemplazando a España, como lo sostiene Alberdi, monopolizando en nombre de la República, el comercio, la navegación y el gobierno general del país”.

”En cambio, el caudillaje representa a la resistencia de los pueblos a ese ascendiente usurpado, a la codicia sórdida de la política centralista (es decir unitaria) de Buenos Aires... el reclamo de las provincias destituidas de un gobierno propio, privadas de sus rentas, de su comercio y de sus vías fluviales de navegación".

Y denuncia que "ese partido localista y porteño (...), ese partido que dio el golpe del 11 de septiembre lo hizo para enfrentar la política del General Urquiza que devolvió a las provincias el gobierno y la renta que usufructuaba indebidamente Buenos Aires".

Cuando en 1865 la perfidia mitrista, con los colorados uruguayos y el Imperio esclavizante del Brasil destruyen la ciudad de Paysandú, como preludio de la guerra de la Triple Alianza, Andrade levanta su voz de poeta y dice:

¡Sombra de Paysandú!
¡Sombra gigante
que velas los despojos de la gloria!
Urna de las reliquias del martirio,
¡espectro vengador!
¡sombra de Paysandú!
¡Lecho de muerte,
donde la libertad cayó violada!
¡Altar de los supremos sacrificios,
Santuario del valor!

¡Sombra de Paysandú!
¡Muda y airada
como en las horas del sublime trance,
cuando azotaban con sañudo embate,
tu soberbia cerviz!
¡Cuando formaban tu
esplendente aureola
las calientes señales del suplicio,
rojizos rastros de fecunda sangre
de la ancha cicatriz!

Entre 1863 y 1868 se expresa desde los periódicos "El Porvenir" y "La América".

En algunos artículos señala que:

”... Vuelve la prensa que se apellida libre, ilustrada, poseedora del testamento de los principios que regeneran la vida de los pueblos, a pedir la mordaza para la palabra, la cárcel para la idea, el socorro de la fuerza bruta para ahogar la expansión del sentimiento ingenuo de un partido político...

"¡A la cárcel!" con los escritores oscuros de Entre Ríos que osan evocar la imagen del honor patrio contra la Alianza concebida por Rivadavia en medio del estruendo del alborozo de un triunfo y realizada por Mitre en medio del clamoreo de una contienda civil...

”Estos son los gritos hidalgos de la prensa libre, de la prensa civilizada, de La Tribuna, de La Nación Argentina, de los diarios grandes de Buenos Aires...”

”Que purguemos en un calabozo el delito de no pensar como ellos...”

”¡Déspotas raquíticos que jugáis con la buena fe del pueblo argentino: nosotros desafiamos vuestra cólera impotente!...”

”¿Qué os dijo La América para poner pavor hasta en los tuétanos de vuestros huesos corroídos?”.

”Os dijo que los traidores a la libertad, los tránsfugas de la república debían tener siempre en perspectiva el cadalso de Iturbide!...”

”Os dijo que habíais vendido la suerte y el decoro de una nación joven en años, pero vieja en glorias, a la influencia monárquica, antiliberal, jesuítica de la Europa retrógrada, de la Europa de los siervos, del feudalismo, de las teocracias, de los Papas infalibles, de los gobiernos omnipotentes, de la Europa dispersa y repartida entre príncipes lacayos de reyes y entre reyes lacayos de emperadores, según la expresión del maestro; de la Europa cuyo espía astuto y rapaz es el Imperio americano, encarnación de todos los latrocinios y de todos los escándalos, de ese Imperio levantado sobre la espalda de 4 millones de esclavos que lleva la frente salpicada con la sangre imborrable del homicidio de un pueblo!...”

”Os dijo a vosotros áulicos cobardes de nuestros sátrapas orientales, os dijo a vuestros palaciegos serviles, congresales alquilones que habéis abdicado la libertad del pensamiento sobre el ara de los cofres nacionales, dijo que estáis esperando un nuevo Cronwell qué os cruce el rostro con su látigo y diga con profundo desdén: "¡Salid fuera, el amo no necesita de vosotros!"

”¿Os dijo todo eso?”

”¡Pues nosotros os lo volvemos a decir, os lo arrojamos al rostro como una nueva maldición!...”

”¡Ay de vosotros, renegados de un culto santo, apóstatas de una causa generosa! ¡Ay de vosotros, idólatras del becerro de oro, mercaderes de la sangre de los pueblos, que traficáis con su nombre y especuláis con sus grandiosos destinos!...”

”Vosotros sois la acción que ha levantado sobre la patria a un partido ignorante, ávido de riqueza y predominio, a un partido nacido como un hormiguero de gusanos de la sangre putrefacta de un fratricidio!...”

”¡Ay de vosotros, sacrílegos despojadores de los santos fueros del pueblo, que no contentos con matar los hombres queréis matar las ideas!...”

”Los verdugos de la República están de parabienes... “

”La prensa prostituida tiene el monopolio de la palabra, el privilegio exclusivo de la degradación...”

”¡Sólo va a sentirse el cuchicheo de los traidores que partan en secreto la venta de la patria!...”

”¡Váis a estar solos! Los buhos de la desolación necesitan el silencio de las tinieblas...”

En cuanto a la Triple Alianza señala:

”Los verdugos están de parabienes mientras la República cae envuelta en un sudario de llamas; mientras su camino queda cubierto de pavesas apagadas con ríos de sangre; mientras el alma entumecida del pueblo se siente acosada de horribles presentimientos... “

”Los que han vendido al oro extranjero las antiguas virtudes y las antiguas glorias de la patria; los que han inmolado dos generaciones argentinas en provecho de una estúpida ambición, esos impostores del liberalismo, esas repugnantes secreciones de la prostitución política, van a estar de plácemes y de felicitaciones porque ya no tendrán por delante el ceño austero de la prensa independiente, porque ya el profeta de la expiación no irá a turbar el regocijo de sus festines con el anuncio fatídico de la aproximación de Ciro, mensajero de las sentencias de la justicia divina.

”¡Triste destino el que pesa sobre el pueblo argentino! La soledad y la miseria se sientan en sus umbrales. No van quedando más que extranjeros que desdeñosamente sonríen al oír la algazara de nuestros escándalos!...”

Agregando: “La República del Paraguay ha perdido millares y millares de sus bizarros hijos”.

Marcelino Menéndez Pelayo lo caracteriza mediante la siguiente expresión:

“Andrade era un poeta efectista, que escribió para ser leído en alta y resonante voz, y para ser aplaudido a cañonazos. Pero en esta poesía, toda boato y pompa, toda estrépito, tempestades, volcanes y cataclismos, hay un fondo de sinceridad y de grandeza lírica que triunfa de lo exuberante y barroco de la forma”.

¡Sí! Escribió para ser leído en alta y resonante voz, y para ser aplaudido a cañonazos.

¡Sí! Porque hoy los "malditos" vuelven para dar pelea.

Emergiendo desde la memoria, todos ellos vuelven para decir, primero a los sectores reaccionarios: "los muertos que vos matáis, gozan de buena salud" y en segundo lugar, a las nuevas generaciones, que vuelven para sumarse a las luchas, luchas que debemos sostener para conquistar las cuestiones irresueltas y lograr definitivamente la grandeza de la Patria y el bienestar del Pueblo.

Loa y Honor a Olegario Víctor Andrade.
Él... también tiene “el cielo de la Patria por mortaja”.

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