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09 de enero 1846 - Argentina

Tiene lugar el combate del Paso del Tonelero (al norte de Ramallo) donde el Gral. Lucio Mansilla ataca a la escuadra invasora anglofrancesa produciéndole graves daños. 

Por: Mario ´Pacho´ O´Donnell

El combate de Obligado, la expresión de un conflicto que recorre la historia nacional

Enfrentó las ambiciones de las dirigencias asociadas con las potencias exteriores contra los intereses populares.

El combate de la Vuelta de Obligado es la expresión a cañonazos de un conflicto que recorre la historia argentina: la disputa entre las ambiciones de las dirigencias vendepatrias asociadas con las potencias exteriores del momento, enfrentadas con los intereses de los sectores populares que encontraron la fuerza de su expresión con Rosas, Yrigoyen, Perón y los Kirchner. El combate de la Vuelta de Obligado es, junto al Cruce de los Andes, una de las dos mayores epopeyas de nuestra Patria. Una gesta victoriosa en defensa de nuestra soberanía, que puso a prueba exitosamente el coraje y el patriotismo de argentinas y argentinos, que se pretendió silenciar por la historiografía liberal escrita por la oligarquía porteñista, antipopular y europeizante, vencedora de nuestras guerras civiles del siglo XIX.
Corría 1845. Las dos más grandes potencias económicas, políticas y bélicas de la época, Gran Bretaña y Francia, se unieron para atacar a la Argentina, entonces bajo el mando del gobernador de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas. El pretexto fue una causa humanitaria: terminar con el gobierno supuestamente tiránico de Rosas, que los desafiaba poniendo trabas al libre comercio con medidas aduaneras que protegían a los productos nacionales, y fundando un Banco Nacional que escapaba al dominio de los capitales extranjeros.
Los reales motivos de la intervención en el río de la Plata, como la llamaron los europeos, fueron de índole económica. Deseaban expandir sus mercados a favor del invento de los barcos de guerra a vapor que les permitían internarse en los ríos interiores sin depender de los vientos y así alcanzar nuestras provincias litorales, el Paraguay y el sur del Brasil. Dichas intenciones eran denunciadas por los casi cien barcos mercantes que seguían a las naves de guerra.
Otro objetivo de la gigantesca armada era desnivelar el conflicto armado entre la Argentina y la Banda Oriental (hoy República del Uruguay) a favor de esta, que los franceses consideraban entonces protectorado propio. También independizar Corrientes, Entre Ríos y lo que es hoy Misiones, formando un nuevo país, la República de la Mesopotamia, que empequeñecería y debilitaría a la Argentina y haría del Paraná un río internacional de navegación libre.

Ingleses y unitarios. Los invasores contaron con el antipatriótico apoyo de argentinos enemigos de la Confederación rosista, que se identificaban como unitarios, muchos de ellos emigrados en Montevideo. Fueron ellos los que, vencedores del federalismo popular, escribieron nuestra historia oficial, lo que explica que la epopeya de Obligado haya sido ominosamente ignorada hasta el 20 de noviembre de 2011, cuando la presidenta la reivindicó en un inolvidable acto en el que inauguró un bello monumento y declaró feriado nacional ese día. Ingleses y franceses creyeron que la sola exhibición de sus imponentes naves, sus entrenados marineros y soldados, y su modernísimo armamento bastarían para doblegar a nuestros antepasados, como acababa de suceder con China. Pero no fue así: Rosas, que gobernaba con el apoyo de la mayoría de la población, sobre todo de los sectores populares, decidió hacerles frente.
Encargó al general Lucio N. Mansilla (padre del escritor Lucio Víctor) conducir la defensa. Su estrategia fue la siguiente: dado que se trataba de una operación comercial encubierta, el objetivo era provocarles daños económicos suficientes como para hacerlos desistir de la empresa y lograr así una victoria estratégica que vigorosas negociaciones diplomáticas harían luego contundente.
Mansilla emplazó cuatro baterías en el lugar conocido como Vuelta de Obligado, donde el río se angosta y describe una curva que dificultaba la navegación. Allí nuestros heroicos antepasados tendieron tres gruesas cadenas sostenidas sobre barcazas y de esa manera lograron que durante el tiempo que tardaron en cortarlas, los enemigos sufrieran numerosas bajas en soldados y marineros y devastadores daños en sus barcos de guerra y en los mercantes. El calvario de las armadas europeas y los convoyes mercantes que las seguían continuó durante el viaje de ida y de regreso, siendo ferozmente atacadas desde las baterías de Quebracho, del Tonelero, de San Lorenzo y, otra vez, desde Obligado, por lo que el nombre popularizado de tamaña gesta se refiere en realidad a La Guerra del Paraná.
Lucio N. Mansilla se puso valientemente al frente de sus tropas para rechazar el desembarco de los enemigos y resultó gravemente herido. La estrategia fijada por Rosas y Mansilla tuvo éxito y las grandes potencias de la época finalmente se vieron obligadas a capitular, aceptando las condiciones impuestas por la Argentina y cumpliendo con la cláusula que imponía a ambas armadas, al abandonar el río de la Plata, disparar veintiún cañonazos de homenaje y desagravio al pabellón nacional. Desde su destierro en Francia, don José de San Martín, henchido de orgulloso patriotismo, escribió a su amigo Tomás Guido el 10 de mayo de 1846: "Los interventores habrán visto por este échantillon (muestra, en francés) que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca", y más adelante felicitaría al Restaurador: "La batalla de Obligado es una segunda guerra de la Independencia". Y al morir le legó su sable libertador.
Combates de Obligado. Hemos librado combates de Obligado a lo largo de toda nuestra historia. Algunas veces hemos perdido ante la alianza de los poderosos de afuera con los traidores de adentro: por ejemplo, el endeudamiento venal que hoy permite que en vez de cañonazos como en 1845 intenten doblegarnos con presentaciones de los fondos buitre ante los tribunales norteamericanos. También fuimos derrotados cuando se vendieron empresas estratégicas a precio vil. Pero hemos vencido en algunos enfrentamientos con Yrigoyen, en muchos con Perón, y la última década nos permite enorgullecernos por rotundas victorias en modernos combates de Obligado: la nacionalización de YPF, de Aerolíneas, de los fondos de pensión, la negativa al Alca, la ruptura de la balcanización americana con el estrechamiento de relaciones con las naciones hermanas, la independencia del FMI, los avances científicos y tecnológicos siempre saboteados por los que se arrogan esas armas de dominio con exclusividad, entre otras cosas. Nunca olvidemos que la Guerra del Paraná la ganaron los sectores populares cuando encontraron un líder como Juan Manuel de Rosas.

Tonelero y Punta Quebracho
Luego de la Vuelta de Obligado hubo otro enfrentamiento en la vuelta del Paso de Tonelero, en Ramallo (el 9 de enero de 1846); otro en el mismo sitio el 10 de febrero de 1846 y otro el 5 de abril. Después se atacó a la escuadra anglofrancesa en San Lorenzo, donde se repelió un desembarco (el 16 de enero de 1846); y además, se produjo la batalla de Angostura de Quebracho o Punta Quebracho el 4 de junio de 1846, muy cerca de San Lorenzo.

Fuente: http://www.lacapital.com.ar

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