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LA MASACRE DE EZEIZA

Por Felipe Pigna

El 25 de mayo de 1973, asumía la presidencia del país el médico odontólogo Héctor J. Cámpora, quien había ganado como candidato del Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) las primeras elecciones sin proscripciones desde 1955. Un mes más tarde, el 20 de junio de 1973, Perón retornaba a la Argentina desde Madrid tras 18 años de exilio. En los bosques de Ezeiza se había preparado un palco y unas dos millones de personas aguardaban la llegada del líder. El lugar estaba custodiado por el coronel retirado Jorge Manuel Osinde quien tenía la orden de impedir el acercamiento de la izquierda peronista. Cuando las columnas de la FAR y Montoneros intentaron ingresar, fueron sorpresivamente atacadas a tiros desde el palco por los hombres de Osinde. Hubo 13 muertos y 365 heridos. Del libro Lo pasado pensado, hemos seleccionado algunos extractos de los protagonistas de la jornada que fueron entrevistados por Felipe Pigna.

Horacio Verbitsky: Un hecho que a mi juicio resulta fundamental para todo lo que vino después fue el enfrentamiento que se produjo en Ezeiza un mes después de que Cámpora asumiera la presidencia. Hay para el regreso de Perón una concentración en Ezeiza, en donde todo el aparato sindical y político antiguo del peronismo armó una emboscada. Se montó un verdadero arsenal de armas en el palco y, cuando se acercaban las columnas de Montoneros y de la juventud peronista, fueron baleados desde el palco. Eso distorsionó el sistema político, el equilibrio interno de fuerzas dentro del peronismo y se produjo un fenómeno incontrolable para todas las partes involucradas.

Martín Caparrós: Los montoneros ese día pecaron por ingenuos. Pensaron que con esa movilización de cientos de miles de personas alcanzaba, y la derecha los esperaba con unos cientos de ametralladoras y la logística militar bastante mejor establecida, y los corrieron a balazos. Al día siguiente, Perón los condenó como autores de ese enfrentamiento, cosa que no fueron. De los montoneros, algunos pocos iban armados, pero infinitamente menos que la derecha. Me parece que a partir de ese día todo empezó a degradarse; por un lado había como una justificación clara para aquellos que decían que las armas eran más útiles. Los sectores más militaristas, más fierreros, como se decía de los Montoneros, tuvieron un argumento muy difícil de contrarrestar. Y creo que ahí, el día del supuesto apogeo, todo empezó a degradarse.

Eduardo Duhalde: De ese día tengo memoria muy fragmentaria. Había corridas, había que ayudar porque había mucha gente que estaba lastimada, herida y nos metimos en unas ambulancias que habíamos llevado nosotros de la municipalidad. Nadie sabía bien cómo había sucedido. Después nos fuimos enterando.

Mario Firmenich: Nos fuimos realmente de Ezeiza sin saber qué había pasado, porque todo ocurrió atrás del palco. Lo que recuerdo de aquel acto es la desazón más increíble del acto más grande que haya visto en la Argentina y fuera de la Argentina, sin orador, sin nada. Una multitud de gente. Millones, muchísima gente, hasta el horizonte de gente. Y la gente se fue con una tristeza y una desazón que no olvidaré jamás.

Miguel Bonasso: No hubo una confrontación en Ezeiza, como ha dicho toda la prensa canalla de la República Argentina. Nuestra gente fue desarmada. No hubo confrontación, hubo asesinato, hubo masacre.

¿Qué querían mostrarle a Perón?

Mario Firmenich: Nuestra decisión política era mostrarle a Perón un poderío de masas, de opinión pública, para decirle: “Vea, General, el proceso va por acá. No va por la vieja burocracia sindical. El proceso político argentino, éste que lo ha traído a usted, viene por esta base de masas, que es esta juventud que opina esto, que se organiza de esta forma y que tiene esta bandera”. Y por eso llevamos enormes banderas de 50 metros de largo que decían Montoneros. Era un hecho histórico y nosotros teníamos la voluntad política de dejar constancia de que había una dirección transformadora del proceso que estaban marcando las nuevas generaciones. Por eso movilizamos a toda la gente que pudimos del interior y de Buenos Aires. Hicimos el máximo esfuerzo de movilización con banderas claras. No había consignas. Simplemente la presencia. Yo creo que esto también sorprendió a los organizadores del acto. A veces pienso que la masacre no estaba premeditada. A lo mejor, así como para nosotros era absurdo pensar que hubiera una banda de mercenarios enquistada en el palco dispuesta a tirar, también para ellos habrá sido absurdo pensar que estos jovencitos pudieran copar el acto más grande de la historia argentina. Lo copamos. El acto más grande de la historia argentina fue un acto, no digo montonero, un acto peronista dominado políticamente por al expresión de los montoneros.

Usted habla de triunfo pero Perón en su discurso fue muy duro con ustedes.
Mario Firmenich: Sí, fue muy claro. Nos echó la culpa. Perón abandonó el discurso del Socialismo Nacional. Concretamente, separó en silabas la palabra justicialista: “Somos jus-ti-cia-lis-tas. Y los viejos peronistas saben lo que estoy diciendo”. Ahí marcó un cambio de rumbo. Eso está muy claro.


Adaptación del libro Lo pasado pensado, de Felipe Pigna, Buenos Aires, Editorial Planeta, 2005.

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