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Aniversario del fallecimiento del maestro Fermín Chavez

Aniversario del fallecimiento del maestro Fermín Chavez FOTO DE IZQUIERDA A DERECHA: Eduardo Rosa, Francisco Pestanha, El Maestro Fermín Chávez, Víctor Santa María y Luis Launay.

HACE SIETE AÑOS PARTÍA FERMÍN CHÁVEZ

El 28 de mayo de 2006 nos dejó Fermín Chávez.

El 23 de marzo nos había golpeado la noticia del accidente de su hijo Ricardo. Acá Fermín empezó a morirse. "Soy un hombre de fe y eso me sostiene", decía manteniendo esa costumbre gaucha de reservar con pudor sus sentimientos. Pero sabíamos que estaba destrozado. Lo vimos declinar en los almuerzos en lo de Don Héctor, y alguna vez hubo que acompañarlos a él y a Aurora hasta su casa –a dos cuadras- porque apenas se mantenía en pie y su mujer no estaba en condiciones de sostenerlo.

El lunes 22 de mayo supimos que lo había encontrado su hijo Simón sin sentido en el baño de su casa, después de forzar la puerta. Lo llevaron al Hospital Argerich, de ahí a Ciudad Evita, y por fin, pasó al Hospital Méndez de los trabajadores de la ciudad de Buenos Aires. No recuperó el conocimiento. El sábado, el médico informaba lo que era evidente. No había un cuadro clínico irreversible, pero tampoco había voluntad de vivir.

El domingo 28 supimos, a la mañana, que se acababa de morir.

Se murió a las 8,45 en el Méndez. Parecía que lo iban a velar en un salón fúnebre cualquiera. Por una comunicación con Daniel Filmus, el ministro de Educación, se gestionó que fuera en el ministerio. ¡El Palacio Sarmiento, nada menos! Filmus se ocupó, y nos derivó a la legislatura porteña. No en vano era Ciudadano Ilustre de la ciudad en la que no había nacido, pero había pasado la mayor parte de su vida.

La capilla ardiente se instaló en un lugar que llevaba el nombre más apropiado: Salón Juan Domingo Perón. Si el General, como dijo alguna vez, nos había dado de comer toda la vida, justo era que lo cobijara a la hora de la despedida.

Nos quedó cierto sabor amargo por la poca afluencia de funcionarios, aunque algunos mandaron flores. Estuvo presente un viejo compañero del revisionismo histórico: el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, con quien habían coincidido en el añejo debate de los '60 contra Juan Pablo Oliver, sobre la Triple Infamia.

Muchos compañeros, algunos de larga trayectoria como Haydeé Frizzi de Longoni, lo acompañaron en el Salón. Ana Macri, Jorge Rachid, Inés Pérez Suárez, Pacho O'Donnell, Alicia Pierini; Ana Colotti, Alberto Assef, Julián Licastro; Eduardo Amadeo, Horacio Salas, Amalia Podetti, Graciela Maturo, Carlos Campolongo, Eduardo Rosa, Osvaldo Guglielmino, Leandro Pastor, Esther El Kadri, Kelly Olmos, Hugo Caruso, Juan Carlos Cantoni, Ernesto Jauretche y José Luis Castiñeira de Dios.

Sobre sus restos se colocó su pañuelo blanco jordanista, su gorra, sus anteojos y la bandera que Perón había tenido en Madrid y que Isabel regaló a Pepe Rosa durante su visita cuando estaba presa. En su pecho llevaba una medalla religiosa y un emblema de los "héroes de la resistencia peronista". A la hora de buscar un sacerdote, se habló de algún monje predicador, su orden de Novicio, de la cercana Santo Domingo, pero rezó el responso el cura Domingo Bresci, luchador de la opción por los pobres, que tenía su parroquia en el Barrio Perón de la Avenida General Paz. Aquel que había regido alguna vez Hernán Benítez. Bresci recordó su empeño en "la cultura cristiana y los valores del Evangelio, que marcaron los comienzos de nuestra historia".

"Los restos del historiador Fermín Chávez, que murió el 28 de mayo de 2006, serán trasladados este jueves desde el cementerio bonaerense del partido Malvinas Argentina, a la localidad entrerriana El Pueblito, departamento Nogoyá, donde nació", se relataba, con lenguaje formalmente periodístico lo que fue la última aventura del matrero.

Era cierto que su deseo "había sido quedar para siempre en el lugar en que había nacido: un caserío llamado El Pueblito, cerca de Nogoyá, en la provincia de Entre Ríos", y así lo destacaba un comunicado emitido por "sus compañeros, amigos y discípulos".

Trasladado al lugar de su descanso, la banda municipal nogoyaense ejecutó chamarritas, música de la que Fermín era devoto, cantaron payadores de blanco pañuelo jordanista, y los niños de las escuelas de la zona depositaron claveles del mismo color. 

Nos quedó la reflexión de un criollo de poncho blanco: "Ahora podrá siestear a la sombra de una tipa."

Y su amigo y compañero Osvaldo Guglielmino, le dedicó este soneto:

FERMÍN CHÁVEZ, DESPUÉS QUE SE NOS FUE

Fermín Chávez, tal vez con estos versos

Pueda llegar a vos donde arribaste,

A ese mundo distinto, y te olvidaste

De estos afanes nuestros tan diversos.

Ahora andamos, hermano, en universos

Diferentes los dos. Vos te alejaste

Pero igual yo te escribo aunque dejaste

De estar aquí, y andamos muy dispersos.

Más sigues con nosotros todavía

En tus libros de lucha compañera

Del bien, de la Verdad, de la Poesía.

Estás aquí en tu casa justiciera

Por el Pueblo y la Patria y por el día

De ser nosotros según Dios lo quiera.

OSVALDO GUGLIELMINO

Manson, Enrique

Historiador.

Vocal de la comisión directiva del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano "Manuel Dorrego".

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