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HACE 65 AÑOS PERÓN ESTABLECIÓ EL "DIA DEL INMIGRANTE"

Por Fernando Del Corro.

La Argentina conmemoró este 4 de septiembre, por sexagésima quinta vez el "Día del Inmigrante" implementado, vía el Decreto 21.430/1949 por el entonces presidente Juan Domingo Perón en un marco en el que, como hoy, desde sectores "paquetes" de la sociedad se denigraba a los "cabecitas negras", conglomerado social en el que se incluía a los conciudadanos de la Patria Grande.

Perón, que en ese mismo año estableció la gratuidad de la enseñanza universitaria, apeló, para el reconocimiento de esos compatriotas latinoamericanos como de "gallegos" y "tanos" (como se apoda popularmente a españoles e italianos por el alto porcentaje de oriundos de Galicia y Nápoles) y de otros origenes, básicamente japoneses y rusos de origen judío (de donde viene el apelativo de ruso para cualquier judío aunque su origen sea otro), a una antigua norma legal de los primeros tiempos de la Independencia Nacional.

El decreto de Perón desdtacó "la conveniencia de que se rinda un permanente y público homenaje al inmigrante de todas las épocas, que sumó sus esperanzas a la de los argentinos, que regó la tierra con su sudor honrado, que ennobleció las artes, mejoró las industrias...".

El 4 de septiembre de 1812, 202 años atrás, para disgusto de los sectores racialmente elitistas, el Primer Triunvirato sancionó una norma que estableció la total protección para aquellas personas, de cualquier origen, que en forma individual o en grupo familiar, asumieran como residencia el territorio de lo que fuera el Virreinato del Río de la Plata que por entonces incluía a los actuales países de Bolivia y Uruguay y a zonas ahora del Brasil y Chile.

Ese criterio fue modificado parcialmente, con el sentido elitista propiciado por Juan Bautista Alberdi, al establecer en su Artículo 25° que ""El gobierno federal fomentará la inmigración europea y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes".

Ya por entonces, en el marco de la "Era del lanar", el primer gran desarrollo productivo argentino de inserción en la economía mundial, iniciado en tiempos de Juan Manuel de Rosas como consecuencia de la expansión textil en el marco del avance de la Revolución Industrial, se produjo una importante inmigración de trabajadores acostumbrados a manejarse con el ganado ovino, en particular irlandeses y también gallegos.

Siempre en ese contexto, en 1857, se creó en el barrio de Retiro, el Hotel de los Inmigrantes que, un cuarto de siglo más tarde, siendo presidente Julio Argentino Roca fue trasladado a Cerrito 1250, actual sede del Centro Argentino de Ingenieros y de allí, en 1888 al predio que ahora ocupa la estación central del Ferrocarril Nacional Bartolomé Mitre, hasta su desactivación en 1911 y traslado al actual edificio transformado en museo.

Algo más tarde, la "Guerra de la Triple Infamia", a su término, hizo que se iniciara un proceso de inmigración de mujeres paraguayas que se fueron insertando en diversas labores, sobre todo como consecuencia de la devastación de la población masculina que el conflicto había ocasionado en su país donde, al término del mismo, por cada hombre había 17 mujeres (algunas estimaciones hablan de hasta 20).

Hacia 1875, siendo presidente Nicolás Avellaneda, se había sancionado la "Ley General de Inmigración", y aunque en muchos aún subsistía el criterio alberdiano de preferir británicos y germanos, la misma tuvo un criterio amplio al punto de que la oficina central de captación de inmigrantes se estableció en Italia lo que hizo que, con el tiempo, la población argentina contemporánea sea, en más de un 50 por ciento, ítalo-descendiente.

No faltaron políticas anti inmigratorias como la "Ley de Residencia" de 1902 cuyo inspirador fue Miguel Cané por la que se impulsaba la expulsión de extranjeros de ideas de izquierda, la que dio lugar a la deportación de sindicalistas durante el gobierno de José Félix Uriburu en 1931, algunos de ellos italianos enviados a su país de orígen gobernado por Benito Mussolini.

En el ínterin también llegaron quienes tomaron distancia de la "Gran Guerra" europea, incluídos muchos árabes, en particular sirios y libaneses, a los que se les dio el calificativo de "turcos", ya que vinieron con pasaportes del Imperio Otomano, el que hasta 1917 ocupaba el conjunto de la Península Arábiga hasta que fueron derrotados por la campaña encabezada por el príncipe Feisal y Ted Lawrence ("Lawrence de Arabia").
Tampoco faltó la decisión del presidente Roberto Ortiz en 1939 de prohibir el ingreso de judíos, aunque sin utilizar esta connotación religiosa sino apelando a subterfugios varios, y también la de republicanos españoles, con excepción los vascos.

Una década más tarde Perón revirtió la situación hasta la fecha abriendo masivamente las puertas, sin distinción de orígenes, en circunstancias en las que llegaban europeos golpeados por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y de vecinos suramericanos que veían en la prosperidad argentina de entonces un mejor futuro para sí y sus familias.

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