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“LOS ARGENTINOS IGNORAN EL APORTE AFRO QUE HAN TENIDO A LO LARGO DE LA HISTORIA”

Entrevista a Francilene Martins(*), realizada por Luis Launay para el suplemento Claves de la Historia.

Francilene Martins es brasileña. Nació en Salvador de Bahía, en el populoso barrio de San Antonio de Alem do Carmo. Desde los 22 años ha militado en movimientos sociales y populares, vinculados sobre todo al tema de salud y vivienda populares. En el 2005, mientras trabajaba en la municipalidad de su ciudad natal, Francilene se vinculó al movimiento reivindicativo afrobrasileño. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación, especializada en periodismo. Desde hace tres años vive en Buenos Aires, mientras realiza una maestría en Antropología Social en la Universidad de San Martín. En noviembre del año pasado organizó, en el Cabildo de Buenos Aires, Noviembre Negro, un encuentro de afro-latinoamericanos, con la participación de hombres y mujeres de Argentina, Uruguay, Brasil, Cuba, Colombia, Bolivia, Senegal y Congo. Durante cuatro días se discutieron diversos temas, que van desde la diversidad religiosa de raíz africana hasta danza, cine y derechos humanos vinculados al reconocimiento y visibilización étnica.

En una entrevista con Claves de la Historia, Francilene nos habló de su experiencia en Brasil y en Argentina.

–¿Cómo ha sido la historia reciente de la lucha contra el racismo en Brasil?

–En los últimos 40 años el movimiento negro unificado se ha organizado bajo las banderas de la lucha contra la discriminación, la xenofobia y el racismo y el derecho a la educación y el reconocimiento cultural.

–¿Qué es esto del reconocimiento cultural?

–Es la valorización de la cultura ancestral: la oralidad, la danza, la comida, la estética afro, la religión de matriz africana. Todo esto ha sido ocultado por las estructuras sociales, políticas y culturales de mi país, pese a la evidencia de la presencia afro en la composición de nuestra población. Ese ocultamiento constituye uno de los últimos legados del esclavismo, que no sólo negó a los africanos su condición humana, sino toda la tradición y herencia cultural originaria.

En los últimos 12 años ha habido un cambio significativo en la presencia negra en la educación superior, en la construcción de políticas públicas para la comunidad negra. Fue el resultado del trabajo, los reclamos, la lucha de la colectividad negra brasileña.

También es muy importante mencionar la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, que se llevó a cabo en la ciudad de Durban, Sudáfrica, entre el 31 de agosto y el 8 de septiembre de 2001. En esa reunión se elaboró un programa de acción orientado a la adopción de medidas a favor de los diferentes grupos o poblaciones afectados por la discriminación e intolerancia, como las comunidades indígenas y afrodescendientes, los migrantes, los refugiados y los desplazados internos, las mujeres y los niños. Brasil fue relator en esa conferencia y después de ella, el Brasil comenzó a implementar las políticas públicas que surgían de aquellas directrices.

–¿Y cómo ve la situación de la Argentina respecto de esta problemática?

–Lo que es más evidente para quien viene de un país como Brasil es que en Argentina la cuestión de los afrodescendientes está invisibilizada. Los argentinos dan la impresión de ignorar el aporte afro que han tenido a lo largo de la historia. Se conforman con el relato de que los negros sufrieron el impacto de la epidemia de fiebre amarilla y desaparecieron. Sumado a los conceptos de figuras como Domingo Faustino Sarmiento y su concepción racista, despreciando a negros, indígenas y gauchos por igual. Pero no es así. Todo el país y su cultura, desde el tango hasta la chacarera, está impregnada de cultura afroamericana y tanto en la ciudad de Buenos Aires, como en el interior del país, es posible rastrear genéticamente la presencia africana, negra, en la población argentina.

–¿Y cómo se sumó Ud. al tema de la afroascendencia en nuestro país?

–Asistí a una charla sobre revisionismo histórico en el Instituto Nacional Manuel Dorrego el 11 de julio de 2011 y faltaban pocos días para la conmemoración del Día de la Mujer Afro Latina y Caribeña, que es el 25 de julio. Propuse, entonces, que la siguiente charla fuese justamente sobre este tema. Esto coincidía con el 26 de julio que es el día del fallecimiento de Eva Perón. De modo que el grupo de mujeres del Instituto Dorrego armó para esa fecha una mesa redonda donde se tocaron ambos temas. Vincularon la memoria de Evita a la de los millones de mujeres afrodescendientes de nuestro continente. Su lucha a favor de los humildes y desamparados, unida a su política por el sufragio femenino y la igualdad política de las mujeres argentinas fue un ejemplo a seguir por miles a través de los años venideros. Su ejemplo de lucha y sacrificio no sólo en Argentina, sino en el continente marcó coincidencias con aquellas luchas llevadas adelante por otras mujeres por su identidad y el respeto de su heredad, en el marco del respeto por los derechos humanos. Y así empecé.

–Pero hoy, como consecuencia del Mercosur y del proceso de globalización, hay en todo el país una presencia africana mucho más evidente.

–Efectivamente, es así y aquí también hay que mirar un poco más en detalle, puesto que cada una de las comunidades afros en el país tiene sus especificidades. Así los senegaleses, que en su mayoría son musulmanes, encuentran en la mezquita de Buenos Aires un lugar de expresión de su religión, cosa que no ocurre con los nigerianos y congoleños que, aunque no constituyen un fenómeno masivo, también viven acá. Otro factor, y que tiene que ver directamente con una política pública de la Argentina, es la presencia de haitianos que vienen atraídos por las posibilidades educativas, sobre todo de nivel terciario que ofrece la Argentina. Lo que hemos querido hacer nosotros con Noviembre Negro es, justamente, generar un punto de convergencia de todas las raíces negras que conviven en Buenos Aires: los afrolatinos colombianos, cubanos, brasileños, uruguayos, bolivianos, peruanos, ecuatorianos, venezolanos, con los aportes de los africanos y africanas.

–Cuénteme un poco sobre esas jornadas que llamaron Noviembre Negro.

–Desde el Museo Afro Argentino de Morón, organizamos, entre el 8 y el 29 de noviembre del año pasado, cuatro jornadas, en el Cabildo de Buenos Aires, abordando justamente este dato de la invisibilidad étnica racial de los afrodescendientes en América Latina y la creación del Mes de la Conciencia Negra en la Argentina. Las jornadas estuvieron dedicadas a distintos temas. Así la primera fue sobre el Día Nacional de los Afro argentinos, que es el 8 de noviembre y ha sido establecido por la Presidenta de la República en conmemoración de María Remedios del Valle, a quien el General Manuel Belgrano le confirió el grado de Capitana por su arrojo y valor en el campo de batalla. María Remedios del Valle fue una de las llamadas “niñas de Ayohúma”, aquellas que asistieron al derrotado ejército de Manuel Belgrano en dicha batalla. Afrodescediente argentina, actuó como auxiliar en las Invasiones Inglesas y tras la Revolución de Mayo acompañó como auxiliar y combatiente al Ejército del Norte durante toda la guerra de Independencia de la Argentina lo que le valió el tratamiento de “capitana” y de “Madre de la Patria” y, al finalizar sus días, durante el gobierno de Rosas obtuvo el reconocimiento de pensión por su rango de sargento mayor del Ejército.

De modo que Cristina nos ha dado un lugar institucional muy importante, que es el resultado de la lucha del movimiento de afrodescendientes en la Argentina.

También tuvimos una mesa sobre Los artistas negros brasileños y su influencia en América latina. Otra jornada fue dedicada a una exposición teórica y práctica de la Capoeira, a cargo de dos maestros brasileños y la proyección de la película Besouro. En Noviembre Negro participaron los colectivos de afrocultura y de lucha contra el racismo, movimientos de mujeres negras, representantes de templos, artistas, bailarines, coreógrafos, escritores, investigadores, productores, educadores populares, fotógrafos, cineastas, periodistas, antropólogos, abogados, sociólogos e historiadores.

Esta actividad y su continuidad han sido presentadas ante el Ministerio de Cultura de la Nación para que sea considerado de Interés Cultural. En este momento, nos encontramos trabajando para la segunda edición de Noviembre Negro que se realizará los días 7, 14, 21 y 28 de noviembre.

–¿Qué es eso del seminario sobre Pertenencia Etnico-Racial que coordinó en el Instituto Nacional Manuel Dorrego?

–El Instituto me ofreció coordinar un seminario donde se expusiese el cruce entre la teoría étnica y los estudios post-coloniales, sobre todo a la luz de algunos procesos históricos de América latina. La intención del seminario es reflexionar en los aportes que la lucha contra el racismo y el concepto de disidencia étnica pueden aportar a la crítica a los procesos sociales del neoliberalismo basados en la noción de identidad y su correlato en la historia, en la cultura y en las políticas públicas. En cuatro jornadas durante el mes de agosto y con una presencia muy grande de alumnos reflexionamos sobre la Revolución Haitiana y la historia de la abolición de la esclavitud en América latina, con la participación del historiador y politólogo Pablo Vázquez, miembro de número y de la comisión directiva del Instituto Nacional Manuel Dorrego. Con la participación del Subsecretario de Promoción de la Igualdad Racial de la Municipalidad de San Pablo, Mauricio Pestana, la doctora Regina Agramonte, profesora de ISA Universidad de las Artes, y la museóloga Lissa Glez Batista, ambas de Cuba, discutimos sobre La Imagen del Negro en la prensa. Y el ciclo concluyó con la representación teatral De Voces, Susurros, Gritos y Silencios de Alejandra Egido y Lea Geler. Esta excelente obra está escrita, dirigida y actuada por mujeres afrolatinoamericanas y es un excelente recurso reflexivo, además de una hermosa pieza teatral.

–¿Y qué datos pudo relevar sobre el tema de los afrodescendientes y la esclavitud en nuestro territorio?

–En el Seminario antes citado desarrollado en el Instituto Nacional Manuel Dorrego se enunció, por parte de Vázquez, que los esclavos africanos se destinaron en el Río de La Plata a labores de agricultura, ganadería, trabajo doméstico y artesanías. En las zonas urbanas, muchos esclavos desarrollaban labores de artesanía para la venta, cuyos réditos percibían sus patrones. Los barrios porteños de San Telmo y Montserrat alojaron a gran cantidad de los mismos, aunque la mayor parte fue a dar al interior. Un censo de 1778 arrojó resultados muy elevados en las provincias de mayor producción agrícola: el 54 % en Santiago del Estero, el 52 % en Catamarca, el 46 % en Salta, el 44 % en Córdoba, el 42 % en Tucumán, el 24 % en Mendoza, el 20 % en La Rioja, el 16 % en San Juan, el 13 % en Jujuy y el 9 % en San Luis.

Tan era su presencia en estas tierras que uno de los barrios bajos de la ciudad de Corrientes lleva hasta hoy el nombre de “Camba Cuá” –del guaraní kamba kua, ‘cueva de los negros’.

En cuanto a la Ciudad de Buenos Aires, el mismo censo cifró en 15.719 la cantidad de españoles, 1.288 la de mestizos e indios, y de 7.268 la de mulatos y negros; en 1810 se contabilizaron 22.793 blancos, 9.615 negros y mulatos, y sólo 150 indígenas. La zona más densamente poblada de negros estaba situada en el barrio de Montserrat, también llamado Barrio del Tambor.

Sé que durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807 se destacaron las tropas de pardos y morenos, lo mismo que en las luchas independentistas, con Belgrano y San Martín. También se afirmó en esa charla que en los tiempos de Juan Manuel de Rosas, los esclavos libertos eran la gran mayoría, y se identificaban con su estilo de gobierno, al que consagraban con sus bailes y fiestas, dándole a la Ciudad de Buenos Aires un tinte popular.
La Población negra en Buenos Aires llegó a un 30%. En 1837 Rosas sanciono una ley que prohibió la compra de esclavos en el territorio nacional, siendo en 1840 esta declaración pública.

Curiosamente, Rosas no tuvo esclavos, y fue uno de los pocos en Buenos Aires que no tenía.
La redención de negros, pardos y mulatos (de los que en la Ciudad había unos 14.000) fue uno de los títulos que Rosas pudo ostentar, al punto que fue tal su preocupación en este sentido que impuso una cláusula alusiva en el tratado de 1839 con Inglaterra.

–Ud. ha publicado un libro llamado Mam’etu. ¿De qué se trata?

–Mam’etu significa Nuestra Madre, un tratamiento que se da a las mujeres de la alta jerarquía religiosa del Candomblé, en idioma kimbundu, el idioma de Angola. Se trata de un libro de fotografías documentando los vestidos que usan en las ceremonias del candomblé, en eventos sociales y en la cotidianeidad las mujeres negras de Angola y de Brasil. El texto y las fotografías dan cuenta de la jerarquía femenina del candomblé y cómo ésta se representa en ropas y accesorios.

Intenté correr un poco la cortina del mundo de las “mães de Nkisi” y de sus hijas, mostrando la tradición matriarcal del candomblé, así como la relación entre ropa y jerarquía que expresan un universo de respeto y valores básicos en las religiones de matriz africana. El poder de estos vestidos no está en la ostentación, sino en una relación con la cultura ancestral, es la preservación de los valores de nuestros antepasados en el culto a Nkisi.

–¿Qué quiere decir Candomblé?

–Candomblé es una palabra de origen bantú, que sigifica pedir. El acto de hacer candomblé constituye entonces un “candombilar”, un “pedir por mí”. El concepto que fue traído por los esclavos y se ha constituido en una religión afrobrasileña, pero también es hoy sinónimo de lucha y resistencia de un culto religioso y educacional que se manifiesta en la danza, en la cocina, en los vestidos y en la sabiduría de los más viejos sobre cómo manejar el presente, comprender el pasado y sembrar el futuro, respetando las enseñanzas de la tradición oral, de la oralidad, básica en la cultura afro latinoamericana.

–Además de su militancia cultural y social, ¿tiene Ud. alguna militancia política?

–Sí, soy militante en la sectorial de mujeres del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil. En este sentido he trabajado en la organización de reuniones y manifestaciones vinculados al 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer. También he sido parte muy activa en la organización de conferencias regionales de mujeres, preparatorias de las conferencias nacionales de la mujer.

–¿Qué implica ser feminista en Brasil?

–Mire, en el 2007, el presidente Lula sancionó la ley 12.501, a la que todo el mundo llama Ley María da Penha. Esta mujer fue víctima de violencia doméstica durante sus 23 años de matrimonio. Su marido intentó asesinarla en dos oportunidades, en la primera con un arma de fuego que la dejó parapléjica. En la segunda oportunidad intentó electrocutarla y asfixiarla. Recién después de esta tentativa María tomó coraje y lo denunció. El marido de esta pobre mujer –la punta del iceberg de un problema muy grande y oculto– fue sentenciado después de 19 años de juicio y sólo estuvo dos años en la cárcel. Así que puede imaginarse lo que implica ser feminista en mi país. Justamente esta ley aumento el rigor de las penas contra los agresores domésticos. Todavía queda mucho por hacer en mi país sobre violencia de género, así como sobre la igualdad de oportunidades para la mujer. En general, este es un tema candente en todo nuestro continente. Las mujeres tenemos por delante todavía una larga lucha.

–¿Cuál es su interés en esta maestría en Antropología que ha venido a realizar a nuestro país?

–El interés fundamental que me ha guiado a esta maestría es el de generar políticas públicas para la comunidad tradicional de religiosidad de matriz africana. Esto implica rastrear la historia del protagonismo de los “terreiros de candomblé” en el proceso de la reforma habitacional y la influencia de estas políticas en mi país.

–¿Qué son los terreiros?

–Se llaman terreiros a los templos religiosos de matriz africana. Es un espacio geográfico de resistencia religioso cultural a la dominación blanca esclavista y remite a un terreno sagrado dedicado al culto de origen africano Orixá. En Bahía, los terreiros han tenido un papel muy importante en la preservación ambiental de los barrios populares y también han jugado el mismo papel en proyectos socio-culturales de distinto tipo, como juveniles, de género, etc.

–Ud. mencionó el Museo Afro Argentino de Morón, ¿de qué se trata?

–El Museo Afro Argentino de Morón forma parte del Instituto de Investigación de las Culturas Negras en Argentina y ha tratado de preservar las distintas manifestaciones culturales y religiosas de raíz africana en nuestro país. Es la obra de Gladys Mallorca, una extraordinaria mujer, ya fallecida, que preservó las enseñanzas de la matriarca Ya Nitinha de Oxum, oriunda de la Casa Branca, uno de los terreiros tradicionales de Bahía. Hoy, su familia continúa con su labor y mantiene su trabajo tanto en lo cultural, con el museo, como espiritual. En este tiempo en Argentina, yo he trabajado voluntariamente en el Instituto como coordinadora general y ha sido el vehículo institucional para muchos de estos emprendimientos.

(*) Lic. en Ciencias de la Comunicación. Militante social.

Nota publicada en Miradas al Sur
14.09.14

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