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EL REVISIONISMO HISTÓRICO, A 40 AÑOS DE LA MUERTE DE JUAN JOSÉ HERNÁNDEZ ARREGUI

Por Fernando del Corro.

El 22 de septiembre de 1974, 40 años atrás, falleció como consecuencia de un ataque cardíaco, en Mar del Plata, el historiador, político y periodista Juan José Hernández Arregui, autor de obras como Imperialismo y cultura (1957), La formación de la conciencia nacional (1960), ¿Qué es el ser nacional?” (1963), Nacionalismo y liberación (1969) y Peronismo y socialismo (1972).

Viene al caso citar la carta que Perón, exiliado en Madrid, le dirigió al propio Hernández Arregui: “Por todo lo que ustedes hacen allí con la difusión de la verdad tantas veces oculta, yo deseo, como argentino, hacerles llegar junto con mi encomio más entusiasta, mi felicitación más sincera. La causa de la revolución necesita de algunos realizadores, pero no menos de muchos predicadores, que empeñados en la tarea de persuadir, no cejan en el empeño de incendiarlo todo si es preciso”.

Es muy útil una reflexión que formulara el, hasta su fallecimiento hace muy poco, secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde: “Sus esfuerzos por compatibilizar su ideología marxista con la propia realidad de la clase obrera mayoritariamente peronista implicaron un punto de inflexión y ruptura con las formas de aproximación de la izquierda al peronismo”. Con Duhalde, precisamente, su hijo homónimo, Juan José Hernández Arregui pasó a ocupar una tarea importante en dicha Secretaría de Estado.

Tuvo, durante su juventud, grandes formadores como Rodolfo Mondolfo, quien, exiliado en la Argentina, fue docente en las universidades nacionales de Córdoba y Tucumán. Precisamente en Córdoba fue donde alcanzó su graduación dorada en historia con una tesis sobre “Las bases sociológicas de la cultura griega”, en 1944, cuando, desde 1933 ya colaboraba con Amadeo Sabattini. Por ello cuando en 1936 éste se consagró como gobernador de Córdoba, le otorgó funciones en el área universitaria en las que ya estaba vinculado como secretario de la Universidad Popular Víctor Mercante de Villa María, ciudad, en la que se había radicado tras un breve paso por la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

El fallecimiento de su madre fue lo que lo llevó a trasladarse a Villa María. Para entonces ya era afiliado a la UCR y, como tal, se sumó a las huestes sabattinistas, una expresión popular del radicalismo cordobés cuyo líder, en 1946, a raíz de la participación de su partido en la Unión Democrática, se lamentó: “¡Sí que estamos bien. Caminamos codo a codo con los que nos explotaron tantos años, nos metieron en la cárcel y nos balearon en Plaza Mercedes. ¡Y por si fuera poco, nuestro socio es (Spruille) Braden, el embajador norteamericano!”.
La llegada a la presidencia de Perón, en ese mismo 1946, hizo que renunciase a la UCR y se trasladase a La Plata y, de la mano de Arturo Jauretche, fue designado por el gobernador Domingo Mercante como director de Publicaciones y Prensa del Ministerio de Hacienda. A partir de su llegada a la capital bonaerense pasó a destacarse como profesor de Historia en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP, a partir de 1948, y también en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, lo cual, esto último, también me honra el haberlo tenido como lejano, notable y más importante antecesor.

Tras el reemplazo de Mercante por el mayor Carlos Vicente Aloé en el gobierno bonaerense, Hernández Arregui se concentró en la labor universitaria, fundamentalmente como director del Instituto de Historia de la UNLP, mientras practicaba el periodismo en la vieja Radio del Estado, hoy Radio Nacional, con programas culturales. Ya había practicado el periodismo militante en los diarios Debate, Doctrina Radical y La Libertad. Pero en 1955 el golpe gorila lo expulsó de las universidades.

Como exponente de la izquierda peronista siguió su lucha y, en 1964, fue uno de los fundadores de Cóndor y desde allí profundizó los aspectos políticos de su actuación lo cual hizo que, en 1972, su departamento recibiera el impacto de dos kilogramos de gelinita lo que dejó gravemente herida a su esposa. En 1974, durante la última gestión de Perón como presidente, fue reivindicado como profesor emérito de la UBA, aunque el fallecimiento de aquél y el asesinato de Rodolfo Ortega Peña, enterado de que estaba en la nómina de futuras víctimas de la Triple A se radicó en Mar del Plata donde le falló el corazón, pero no sin que antes, en sus 61 años de vida nos haya legado la riqueza de sus ideas y sus luchas, como reclamó Perón en la correspondencia ya citada que le enviase.

Nota publicada en el suplemento Claves de la Historia. Miradas al Sur
28.09.14

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