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PERÓN Y LA POLÍTICA: UN SENTIMIENTO ÉPICO

Por Ernesto Jauretche.

Hay nacimientos y hay muertes que los vivientes habitamos de manera desigual. Perón es el intelectual más negado como tal y sin embargo es el más multicitado en el siglo XX en toda latinoamérica. Sesenta tomos constituyen su obra literaria. Allí está, viva, para que nos valgamos de ella hoy. Rememoramos su desaparición del escenario, pero el Perón que transformó la letra de la política no muere. Nos sigue hablando en OFF.

Bien o mal, con odio o amor, ese hombre vilipendiado o bienamado, acatado o resistido, comprendido o caprichoso, transparente o críptico, a la derecha, la izquierda o el centro, sí que falible, pero jamás ausente, nunca evitado ni ignorado o inadvertido es, indudablemente, el arquitecto más destacado de entre los hacedores de nuestra patria Argentina. Si fue inevitable desde 1945 hasta el ´55, mucho más determinante de los destinos de la Nación fue su comportamiento hasta 1974. Y aun hoy vemos cotidianamente cuál es su peso en las disputas políticas: desde hace 70 años los caminos históricos que recorre el país se disciernen en la interna peronista. Una misma identidad; un sinfín de utopías.

Vamos a recordar la muerte de Perón como la de uno más de los mártires y héroes de la política sudamericana de todos tiempos, que todavía hoy es presente. Por algo será, dicen, que cuando en 1955 Perón fue derrocado, Winston Churchill, entonces premier británico, afirmó: “La caída del tirano Perón en la Argentina es la mejor reparación al orgullo del Imperio y tiene para mí tanta importancia como la victoria en la Segunda Guerra Mundial, y las fuerzas del imperio inglés no le darán tregua, cuartel ni descanso, en vida ni tampoco después de muerto”.

El mismo Perón describió los senderos que transitó para merecer el elogio y la maldición gitana que le dedicó aquel precursor de la Baronesa Thatcher. Y desde esos laureles nos interroga frente a los actuales problemas políticos.

Dijo, en una admirable síntesis histórica, que él ganó las elecciones de 1946 con la clase trabajadora, las del ´52 con las mujeres y las del ´73 con la juventud. Tres veces Presidente constitucional de todos los argentinos.

Claro, con los obreros del 17, con los peones del Estatuto; los nuevos ciudadanos que venían a ocupar su lugar para escribir la historia de las clases subordinadas en la construcción de una Argentina democrática (de la que nunca jamás se irían, a pesar de las proscripciones y crímenes que se cometieron contra ella).

Afirmó, en el mismo sentido, que las elecciones de 1952 las ganó con las mujeres. Sin ese paso justiciero y trascendental ninguna otra conquista de familia hubiera sido posible. Gracias a Evita se promovió una ampliación del aporte civil y una fresca visión de género a la política de la que hoy podemos disfrutar.

También elogió y llevó al triunfo en 1973 a la militancia que él mismo había alentado: “…ha llegado el momento en que la vanguardia de la Patria, representada por su juventud, se una y organice para alcanzar el más alto grado de preparación compatible con su misión y la grave responsabilidad que le incumbe. Para alcanzar tan alta finalidad es indispensable que la unión y solidaridad juvenil se realice en forma indestructible, con un alto sentimiento de Patria, una absoluta determinación de imponer nuestra doctrina y una firme resolución de vencer. Sólo en la fortaleza y decisión de tornarse invencibles, se puede basar la seguridad de la Liberación del Pueblo Argentino”.

Frente a la responsabilidad que hoy nos propone la historia: ¿cuáles son los dirigentes, con qué organización política y con qué potencia social enfrentaremos los combates que se avecinan?

Los peronistas no queremos ser previsibles, inmutables, simpáticos e inocuos interlocutores del enemigo porque ellos, como se dice en el fútbol, quieren hacernos daño y no se conforman con buenas intenciones; además, hablan siempre con el bolsillo y como la torta no se estira, andamos en un permanente tira y afloja. Provenimos de una estirpe de atletas traviesos y revoltosos, jugadores de impensadas gambetas y sorprendentes disparos al arco. Nos anima una historia de goles y victorias, no de arrugues y empates. Somos combatientes por la justicia y la paz, y tenemos por delante una épica de broncas por la igualdad y la soberanía.

Así como en su momento proclamó “BRADEN O PERON” ni un tranco de pollo concedería “el Hombre” a los aspirantes programados por el merchandising colonial; a los que piensan que se gana alimentando los titulares de los medios concentrados; a los que conceden más privilegios a los propietarios de la renta agraria; a los amigos de los fondos buitres.

Profundizar el rumbo y abocarnos a construir una nueva victoria del modelo nacional y popular que desde hace diez años venimos sustentando contra viento y marea será el mayor homenaje que podemos brindar al Líder inmortal. Ni un paso atrás en las conquistas de la década ganada.

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