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“HOY EXISTEN RESPUESTAS QUE MUCHOS DE NOSOTROS NO PENSÁBAMOS VIVIR”

Entrevista a Jorge Rachid (*) realizada por Luis Launay.

Hoy existen esas respuestas, en un tiempo histórico que muchos de nosotros no pensábamos vivir, que nos ha llenado de vida nuestros otoños militantes.

La entrevista transcurrió en una oficina del Ministerio de Defensa de la Nación, donde el Dr. Jorge Rachid, médico, se ocupa en estos tiempos de los aspectos relativos a la puesta en marcha de los Laboratorios Conjuntos de las FFAA, para incorporarlos a la nueva ANLAP Agencia Nacional de Producción Pública de Medicamentos, que en conjunto con otras normas, pone en marcha la ley 26.688 referida al tema.

Sin embargo, las actividades del Dr. Rachid son múltiples, docente, especialista en Medicina del Trabajo y Seguridad Social, escritor y colaborador del revisionismo histórico. De ahí su actividad militante política, primero estudiantil, fundando el FEN en Medicina ( 1966), en el ámbito gremial , en los ’60-’70 la CGT de los Argentinos y el MTA desde la década de los ’90, en especial en el tema Accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, fue candidato a Gobernador por Neuquén por el PJ siendo su presidente, y secretario de estado de la Nación , por 6 meses, en el ’89, y como docente profesor en la UNLZ en Ciencias Sociales, desde hace 18 años. Miembro adjunto del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego y Presidente de Iideart Ideario Artiguista, además de autor de varios libros: El peronismo pendiente (1995), El genocidio social neoliberal (2006), La revolución nacional….una sinfonía inconclusa, además de otros compartidos con otros autores, como Malvinización, con compilación de Fernando Del Corro; Historias del Bicentenario, del Instituto Jauretche, conducido por el profesor Marco Roselli, entre otras publicaciones, siendo columnista en la revista Transformarg. Completan las publicaciones el libro Accidentes de trabajo y enfermedades profesionales (2012) editorial Juris, ya en el ámbito profesional.

–Rachid, ¿usted sigue siendo médico entre tantas actividades?

–Ser médico, docente, comunicador, militante peronista es un tema sistémico, totalizador, porque es en definitiva un proyecto de vida, aunque le debo decir que ser médico en especial, atender a los pacientes, encontrar los problemas que lo traen a la consulta, indagar su vida, sus problemas es algo que me sigue entusiasmando como el primer día que entré en una guardia hospitalaria, cuando estaba ingresando a mi cuarto año de carrera, ahí decidí ser cirujano y médico del trabajo, porque ya militaba en el peronismo y había decidido ese camino en mi vida, como proyecto, como utopía que me permitía apuntalar todos los caminos que había elegido transitar.

Hoy, desde la producción pública de medicamentos(PPM), que impulsamos hace años, un proyecto estratégico anticipado por Carrillo en los ’50, siento que mi compromiso médico se ha redoblado, ya en lo sanitario, habiendo creado la Relap (Red de Laboratorios Públicos) en el 2007, junto a los otros compañeros de laboratorios estatales, que se incorporó al Ministerio de Salud, y luego con el avance de la ley que auspició Cristina la 26.688 de PPM, que nos tuvo como protagonistas en las audiencias públicas. Eso, más las reflexiones sobre los desafíos sanitarios de las próximas décadas, desarmando el modelo estructural neoliberal, me hacen partícipe activo del complejo panorama de determinantes sociales y sanitarios de la salud como paradigma, desplazando la lógica de la cronificación y la atención de la enfermedad, como elementos de lucro de la industria farmacéutica y la sobreoferta tecnológica, que han desfinanciado los sistemas solidarios de salud.

–Sin embargo, esa militancia de los ’70 no permitía vislumbrar un futuro profesional claro, estaba todo el escenario convulsionado y difícil, desde el punto de vista político?

–Bueno, creo que nosotros no pensábamos en esas dificultades, tratábamos de superarlas porque teníamos un motor dinamizador de nuestras acciones, que se apuntalaba al calor de la lucha, de los dolores, de las pérdidas, sabiendo lo que poníamos en juego, pero también convencidos de que éramos actores de una historia junto a nuestro pueblo y a nuestro Líder, y no simplemente testigos de ella. Además teníamos una empatía identitaria, nos sabíamos parte de un colectivo, lo vivíamos en cada día, frente a cada desafío y eso que cada uno de nosotros trabajaba, trabajaba para vivir solo como lo hacíamos, para no comprometer ningún afecto familiar. Por eso era una totalidad de responsabilidades, trabajar, militar, estudiar, rendir, luchar, leer fuera de la carrera aquellos textos que nos formaban, en especial Hernández Arregui, con La Formación de la Conciencia Nacional; Ramos, con Revolución y Contrarrevolución en la Argentina o La Nación Latinoamericana; Puiggros, Fermín Chávez, Juan José Real, Trías, entre otros, además de los clásicos de la época de Lenin en El izquierdismo enfermedad infantil del comunismo, hasta Mao en Acerca de la práctica a propósito de la contradicción, pero en especial Perón, todo, más sus cintas grabadas desde España, sus decisiones, su conducción direccionada. Como ves, leíamos todo lo que caía en nuestras manos, lo discutíamos, nos peleábamos, de ahí surgían nuevas síntesis, nos integrábamos a un mundo lleno de trabajadores en lucha, que ya venían desde la resistencia peronista, esa epopeya enorme, poco registrada por la historia.

–Pero sin dudas esa experiencia es parte de la realidad de hoy, una realidad que en muchos aspectos sigue dirimiendo esos conflictos, aunque por suerte en democracia, así que le pregunto si usted siente que esa lucha persiste.

–Mire, es la lucha de la historia de la humanidad, es la idea de liberación frente a la opresión, de la emancipación versus la sumisión, es decir, un conjunto de ideas que lleva a una lucha con determinación estratégica de construcción soberana o aquel conjunto de ideas que establece una adaptación a la realidad existente, es decir, a mantener el status quo establecido, fortaleciendo la hegemonía del poder liberal.

Ni siquiera hablo de revolución, estoy planteando, como en la vida personal o social, tener identidad, firmeza, ser coherente entre lo que uno piensa y lo que hace, perfil personal y carácter de plantarse en defensa de los intereses que uno dice defender, en nuestro caso, los intereses del pueblo argentino, de los sectores más humildes y desprotegidos de la sociedad, razón de ser del peronismo, siempre planteado en un escenario de ruptura con lo “establecido”, de lo “políticamente correcto”.

Porque la política es eso, confrontación, si no sólo es transformarse en ser profesional del funcionariado, que nunca va a jugar su lugar ni va a arriesgar su puesto, sólo acompañará el devenir histórico, con sus injusticias actuales, con los factores de poder con su actual hegemonismo, sin alterar el equilibrio que el establishment ha establecido, consolidando los procesos más espurios de nuestra historia reciente, como las dictaduras militares, el endeudamiento, el genocidio de los crímenes de lesa humanidad sobre nuestros compañeros.

El genocidio social de los ’90 como la mayor ingeniería social del siglo XX después de las tristes experiencias europeas, con el desplazamiento a las banquinas mismas de la historia a más de 12 millones de argentinos, producto de la diáspora social y el saqueo económico, producido por el neoliberalismo, anarcofinanciero extorsivo. Esos argentinos tenían sus proyectos de vida para ellos y sus hijos, sus trabajos, ilusiones de movilidad social ascendente de sus chicos, disfrutar su jubilación el día de mañana, todo evaporado en un minuto, como los depósitos de las capas medias en el 2001, producto de la lógica economicista del Estado ausente, entregado al Mercado darwiniano depredador del neoliberalismo.

–¿Esto que usted desarrolla, lo plantea también en su Cátedra de Minoridad y Familia o en sus Cursos de Salud y Seguridad Social?

–No sólo en esos ámbitos, que por supuesto lo hago, en forma elaborada, con un conjunto de profesores que desde hace 18 años me acompañan en la Cátedra, se han recibido conmigo, me han superado, son mejores personas, comprometidas y luchadoras y lo han transitado con un doble esfuerzo, porque ellos se han criado, desarrollado en una cultura dominante neoliberal. Imagínese que con esa cultura, eligieron una profesión, Minoridad y Familia o Trabajo Social, que son tareas profesionales de compromiso social profundo y que rompen el modelo individualista del neoliberalismo, porque ambas no entregan ni dinero ni prestigio social, los dos Totem endiosados, sobre el cual corre la conducta social insolidaria apuntalada por el “sálvese quien pueda” instalado desde el egoísmo neoliberal.

Un monstruo que aparece en cada una de las conductas sociales como salud, educación o viviendas, como el cuento de la “sábana corta”, donde uno tira aparece la cara indeseable de casi 40 años de dominación cultural colonial, de sumisión, de pérdida de la autoestima nacional, operando siempre en el desánimo y la desvalorización nacionales, esmerilando al trabajador argentino, con estigmatizaciones de vago, no sabe trabajar, inútil, prestigiando otros mundos siempre de afuera, otros lares, lo importado, en ese mercado de fantasía de la adicción consumista, que quita alegría a la vida, que le hace aparecer todo inalcanzable y nada sirve, ni lo que uno hace ni trabaja, sólo si puedo o no puedo acceder a esas categorías que el Dios mercado me ofrece, me impone, me presiona. Pensemos en qué caminos recorre una vida hacia la nada, sin otros afectos que los que brinda un bien, por más importante que sea, al lado de una sociedad solidaria, de puertas abiertas al corazón de los afectos de los nuestros, los que son cercanos, lo que no lo son, es hermoso vivir otra vida, sin pulsiones permanentes, que nos llevan a desatender nuestro entorno.

–Esa expresión de deseos tiene pocos antecedentes históricos, pocas sociedades construyeron un modelo solidario como el que usted propone, y los que lo hicieron duraron poco, ¿como piensa que se puede sostener semejante planteo?

Se lo pongo en una pregunta a modo de respuesta; si yo hace 10 años le preguntaba a usted, ¿estará unida América latina?, ¿habrá crecimiento con inclusión social en 10 años?, ¿los trabajadores podrán recuperar su andamiaje de leyes laborales arrasadas? ¿Podremos repatriar los científicos argentinos que echamos en décadas nefastas?, ¿podremos poner un satélite propio en órbita?, ¿habrá trabajo y seguridad social?, ¿ existirán los jubilados?, ¿juzgaremos algún día a los criminales y sus cómplices de los delitos de lesa humanidad?, ¿terminaremos con las AFJP?, ¿existirá la Argentina ?.

Nos hubiesen tildados de locos irrecuperables, delirantes crónicos.

Hoy existen esas respuestas, en un tiempo histórico que muchos de nosotros no pensábamos vivir, que nos ha llenado de vida nuestros otoños militantes.

Eran todas utopías, esperanzas sin fundamento, provenientes en todo caso del optimismo histórico que tenemos los militantes peronistas, después de tantas luchas, con más derrotas que victorias, sin dudas, pero también con más convicciones producto sin dudas de esas experiencias, ¿Cómo no ser optimistas después de haber visto regresar a Perón por la larga lucha popular desde 1955, de haber presenciado otra vez el pueblo en marcha, compartir el dolor del parto del 2001 derrotando en lo político al modelo de opresión financiero neoliberal? Derrota que no fue en el terreno estructural, aún vigente en muchos ámbitos, en especial financiero y de apropiación de las empresas del Estado, que aún nos falta recuperar, más un marco internacional especialmente duro con nuestro país y con nuestro gobierno peronista.

Sin embargo frente a la pregunta, debo decir que los patriotas, padres fundadores de la Patria Grande, tenían un pensamiento similar, se manejaron con esos mismos códigos, organizaron en su tiempo con un pensamiento abarcador, totalizador de las subjetividades diferentes de los negros libertos, los zambos, los pueblos originarios, los españoles republicanos. Así procedieron San Martín, Artigas y Bolívar, esos inmensos representantes de la voluntad política y del compromiso con los pueblos, que ni siquiera pensaban en términos de país, planteaban esa Patria Grande, que ahora 200 años después asoma en el horizonte, con toda la fuerza de una tierra que fue sometida al colonialismo en sus etapas de conquista y luego a la dependencia económica, pero que no lograron humillar, porque esa conciencia colectiva, siempre les hizo frente y ahora en esta incipiente construcción de unidad, Unasur y Celac, más Mercosur y el ALBA, sumado al Brics extrarregional, ha conseguido lo que el Congreso Anfictiónico de Bolívar no consiguió por la traición de su vicepresidente Santander. ¿Nos suena familiar a la historia reciente de nosotros los argentinos?

–Bueno, usted lo vivió de cerca en 1989, siendo funcionario, ¿cómo se sintió en esa oportunidad?

–Por un lado, como un orgullo peronista, ser parte de un proyecto que venía a transformar el país, por el cual había dejado mi Neuquén adoptivo, y encima trabajar en el despacho de Perón y el Balcón del 17 de octubre, estaba eufórico. Pero pronto, demasiado pronto experimenté lo peor de la militancia que es la traición a los sueños más queridos. El tráfico ideológico en nombre del peronismo, la corrupción y la inmoralidad de algunos personajes, que aún siguen dando vueltas con poder, el primer indulto, fueron demasiado para mí, por lo que decidí alejarme del gabinete nacional, no acepté una embajada que me ofrecían para que me fuera y a los pocos días, estaba haciendo guardias médicas en una clínica de Luis Guillón del conurbano bonaerense, de ahí a seguir luchando.

–Usted me habló de las diferencias generacionales entre la militancia de ayer y de hoy, unas influidas por las épicas de la revolución peronista, cubana, vietnamitas, del colonialismo argelino, el congolés, el mayo francés, y otras, creciendo bajo la influencia de esta democracia o las dictaduras militares desde el ’76, ¿cuáles son las diferencias en cuanto a su compromiso político?

–Bueno, esa es una larga y gran discusión, porque nosotros luchábamos contra un enemigo bien identificado, la dictadura militar, o contra el gobierno ilegal producto de la proscripción política del peronismo, o sea, teníamos el enemigo ahí visible, palpable, sabíamos dónde embestíamos, además, con la convicción de la década feliz muy cerca en la memoria colectiva y con un Líder vivo, que debíamos traer, luchando junto al pueblo, los trabajadores, los barrios organizados, teníamos alfombrado de certezas el camino de la lucha.

Ahora es otro escenario, con la democracia limitada instalada por el Consenso de Washington, donde el pueblo vota, pero el patrón Mercado decide, se hace un escenario más confuso para nuestros jóvenes. Algunos de mi generación dicen: pero nosotros arriesgábamos la vida y estos pibes que militan son funcionarios. Gracias a Dios que lo son, tienen un país mejor, tienen tiempo de estudiar, perfeccionarse y equivocarse como nos equivocamos nosotros, pero han vuelto a la política que fue uno de los blancos predilectos de la ofensiva neoliberal. Recuerden sino El fin de la historia, de Francis Fukuyama, el Capitalismo renano, de Michel Albert, y tantos otros presagiando la derrota de las ideologías, como Guy Sorman y otros liberales brindando por el final de los “populismos”.

Y han vuelto los jóvenes a la política, porque el proceso iniciado en el 2003 permitió reconstruir la memoria histórica del peronismo, identitaria, nuestra matriz de pensamiento, enterrada por la claudicación neoliberal del tráfico ideológico de los ’90. Ese kirchnerismo emergente es la mejor expresión del peronismo en los grandes desafíos que concretó en estos años, no es kirchnerismo versus peronismo como pretenden plantear algunos desplazados del poder, después de haber sido abonados a cuanto proceso político pasó desde el ’76, se trata de la necesaria puesta en marcha de la reconstrucción del movimiento nacional y popular en la Argentina, que desde el peronismo como política, doctrina e ideología hoy tiene para ofrecerle al mundo una opción superadora de la crisis provocada por un sistema capitalista colapsado por la lógica financiera que ha reducido los márgenes de acción de las naciones y ha clausurado los destinos nacionales, como hoy los sufre Europa e incluso Estados Unidos.

Crearon el monstruo y ahora no lo pueden controlar.

El peronismo, desde su creación planteó la opción superadora de la Tercera Posición, en plena guerra fría, que no es equidistante entre capitalismo de estado y el liberal, es la versión humanizada hombre-céntrica, es la construcción de los modelos sociales solidarios, con la economía con los círculos virtuosos que alimenten las expectativas e intereses del pueblo, que consoliden las soberanías de las naciones e instalen un marco de justicia social.

Tan sencillo como eso, pero tan difícil en un mundo que ha inventado categorías inhumanas y perversas, como forma de autodestrucción.

Contra ello deberán luchar nuestros jóvenes, desde la profundización o desde la resistencia, pero ya nada será igual, porque han sido protagonistas de otra etapa, otra década de construcción política, donde el Estado fue recuperado como ordenador social, desplazando al Mercado y la política volvió a emerger como la única herramienta de construcción del modelo argentino para un proyecto nacional, que nos legó Perón el primero de mayo de 1974, en el Modelo Argentino para un Proyecto Nacional, dos meses antes de morir, y que nuestros jóvenes han asumido como propio, en un escenario internacional difícil, con nuevos actores, multifacético, pero con América latina de pié.

–¿Usted cree, Rachid, que el revisionismo histórico aporta en esta etapa, en medio de una confrontación electoral, para consolidar un proceso político como el que describe?

–Claro, porque sería impensable en otro contexto histórico poder completar la historia nacional, sesgada, mitrista, sarmientina, que también son parte de ella, pero que han amputado con su relato, a los protagonistas que antagonizaron, desde posiciones nacionales, esos derroteros de sumisión y coloniaje que fueron ejes de la construcción liberal de la Patria. Historia que comenzaron a “deconstruir” por etapas, los diferentes procesos populares del siglo XX, que fueron consolidando una conciencia que la Argentina anglófila caracterizó como “populismo”, término peyorativo de lo popular, como antes en forma maniquea plantaron “civilización o barbarie”, “puerto versus interior”, unitarios y federales, en donde hicieron fuerte los acontecimientos, en el relato histórico que aún hoy inunda nuestros pupitres escolares, que favorecían ese contexto cultural, cimentado a lo largo de los años de dominación económica, de país dependiente y una cultura colonizada.

Fue Perón el de la batalla política contra esas estructuras, modificando el cuadro de situación nacional desde una perspectiva internacional, independiente de los centros de poder imperial. Eso permitió una lucha de décadas que aún continúa y que nadie podrá negar, recién ha sido recuperada, desde la derrota que produjo el pueblo al estado ausente neoliberal del 2001 y consolidada desde el 2003, con la recuperación identitaria peronista del gobierno actual, primero de Néstor y ahora con Cristina.

Sólo en ese marco pudo darse esa recuperación de nuestros héroes enterrados del imaginario colectivo, desde Artigas, uno de los Padres Fundadores de la Patria Grande, junto a San Martín y Bolívar, hasta el Comandante Andresito, recientemente elevado a la categoría de General de la Nación, como reconocimiento a los pueblos originarios por su aporte a la lucha de la emancipación nacional. Lo mismo con los caudillos federales, esmerilados por la historia liberal –que fueron escondidos y maltratados– y que estamos recuperando, para completar esa historia amputada. Es una emoción ver en el salón de las Mujeres a Juana Azurduy con su uniforme de generala, a Felipe Varela que sólo era recordado en la zamba de Vargas como asesino, siendo un gran patriota Latinoamericano, lo mismo que la Vuelta de Obligado, Quebracho y Tonelero, con Mansilla y Rosas a quien el Libertador legó su sable por esa acción frente a la OTAN de entonces, las flotas inglesas y francesas, entre otras épicas nacionales enterradas por el pudor, sumiso y colonial, de la anglofilia dependiente del liberalismo.

Como ve, sin un proceso político popular, nacional, emancipador es imposible de rescatar una historia totalizadora, del ser nacional.

Lo mismo que la profundización del Pensamiento Nacional, negado por los intelectuales del establishment, por lo cual enterraron al Congreso de Filosofía de Mendoza de 1949 con cientos de intelectuales argentinos y del exterior, el segundo congreso de esa especialidad en el mundo del siglo XX, coronado por Perón y su Comunidad Organizada. Siguieron con Kush, De La Riega, Russel, Astrada, Fermín Chávez, Arturo Sampay, arquitecto ni más ni menos de la primera prueba de constitucionalismo social de América, con la Constitución Nacional del ’49, el mismo maestro Ramón Carrillo creador de la concepción de la Medicina Social, culminado con un libro sobre filosofía producto de sus profundas reflexiones sociales. Lo hicieron con los escritores Marechal, Artl, Homero Manzi, Scalabrini Ortiz, José María Rosa, Jauretche, Discépolo y tantos otros artistas desde Nelly Omar a Hugo del Carril.

–¿Si esa historia era parcial, amputada como usted dice y se completa con el revisionismo, como impacta eso hacia delante, en la historia a construir?

–Es que piensan que lo que no viene enlatado del pensamiento eurocéntrico, no es pensamiento genuino, no creen en sí mismos, son incapaces de pensarse desde nosotros, desde “los negros del sur”, de los que “dijeron barco”, ellos piensan desde los que “dijeron tierra”, desde la colonización que ejercieron durante siglos y que les dejó la impronta de dar las espaldas a América, mirar Europa o Estados Unidos como patrones de imitación. Desconocieron los Martí, los Rubén Darío, Morazán, Gaitan, Ugarte, los patriotas haitianos, primera democracia en América latina, la revolución triunfante del los esclavos, única en el mundo que corona en el poder, con el General Alexandre Petión, quien ayudó, amparó y armó a Miranda y Bolívar para volver a la Gran Colombia a combatir por la revolución, después de la Revolución Boba, fracasada tras el terremoto de Venezuela con miles de muertos y una iglesia que llamaba a no ofender a Dios, rompiendo con la Corona española, haciendo teñir las campanas en medio de la catástrofe, desmovilizando las fuerzas patriotas en medio del dolor.

Todas esas epopeyas fueron enterradas, nunca quisieron que los chicos se viesen a sí mismos como posibles Libertadores, los pusieron en el bronce, le sacaron humanidad, los congelaron como impolutos y sólo relataron sus historias de victorias, como si las derrotas no nos hicieran crecer como conciencia colectiva.

Eso lo demostró el peronismo, nos ganaron batallas, pero no pudieron derrotarnos y casi ’70 años después seguimos cambiando la historia, con nuestro gobierno defendiendo el patrimonio nacional y los intereses del pueblo argentino y el enemigo cargado de odio.

Como decía Jauretche, “los que odian son aquellos que pierden los privilegios, cuando un gobierno nacional y popular está en el poder, los pueblos viven con alegría sus conquistas”. Yo agrego, por último, que debemos transitar sin rencor y con humildad esta etapa hermosa de ampliación de derechos sociales, de defensa del patrimonio nacional, de inserción en nuestra región Sudamericana, poniendo de pie a la Argentina en el contexto internacional, no el de los Mercados, ni el financiero, el de los pueblos y la solidaridad.

(*) Médico. Escritor. Asesor Académico del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano "Manuel Dorrego"

Entrevista publicada en el suplemento Claves de la Historia - Miradas al Sur
10.10.14

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