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DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA

Por Enrique Manson.

Cuando Colón llegó a nuestro continente puso en contacto dos de los varios mundos que coexistían en el planeta por entonces.

El Almirante llegaba de Castilla, pero sobre todo, llegaba desde el mundo europeo occidental, el menos civilizado y de patrimonio cultural más pobre, pero el de los pueblos más audaces, aguerridos y ambiciosos. Estos habían vivido en la pobreza, en una pequeña península del continente eurasiático –que eso era Europa–, y asomados al Océano Atlántico.

Fueron los europeos, los españoles, los que conectaros su mundo con el de México y América Central, de aztecas y mayas, y con el gobernado por los incas, en los Andes y en el Altiplano.

Fue el comercio el que impulsó este acercamiento de los diversos mundos. Y no cualquier comercio: el de mercaderías costosas.

Además del comercio del oro, la seda, los esclavos, las especias, el marfil, hubo santos varones que creían que ayudaban a los pueblos “bárbaros” llevándoles lo que consideraban la verdadera fe. La que había predicado Jesús, quince siglos antes, y que esos pueblos desconocían.

Del Día de la Raza al Día del respeto a la Diversidad Cultural.La ocupación de América fue una conquista, y como toda conquista fue cruenta. Cruenta como lo fue la conquista de los pueblos sometidos por los aztecas y como lo fue la de los aónik’enk y los chehuache-kénk, por parte de los mapuches que –al igual que los españoles de Magallanes que los reabautizaron patagones– les cambiaron su nombre por el de tehuelches palabra de la lengua de Calfucurá.

Durante mucho tiempo fue relatada a través de una “leyenda negra”, según la cual los trescientos años del Imperio español fueron épocas de crímenes y aberraciones. Esto fue fomentado por los enemigos de España, ingleses, franceses, holandeses, que no se caracterizaron por el buen trato a los pueblos que ellos mismos conquistaron.

Isabel la católica se preocupó por el trato de los indios desde que Colón regresó de su primer viaje. Luego se desarrolló una abundante legislación protectora, no siempre cumplida, lo que habla de una preocupación inexistente en otras conquistas.

Los españoles no vacilaron en mezclarse con mujeres indígenas. Santa Fe y Buenos Aires fueron fundadas por mestizos que llegaron de Asunción, hoy capital del Paraguay. El mestizaje dio origen a una raza nueva que hoy puebla la mayor parte del continente.

Al racial lo acompañó el cultural. Si España, con su lengua y su religión hizo un fuerte aporte a la identidad americana, los indígenas pusieron la vinculación del hombre con el medio. La tragedia de los esclavos africanos incorporó también lo suyo. Después llegarían otros aportes inmigratorios.

La identidad hispanoamericana fue, así, una identidad mestiza y diversa. Ni europea ni indígena. Una identidad que está en permanente construcción.

Hace algunas décadas apareció una corriente de historiadores, sociólogos y pensadores que descubrieron algo que sabíamos hace tiempo: que los indios son seres humanos. Esa nueva corriente ganó espacio, y no ha faltado algún legislador nacional que propuso declarar algo así como día de luto al 12 de octubre.

La conmemoración de la fecha fue establecida por Hipólito Yrigoyen el 4 de octubre de 1917. La afirmación era una forma de enfrentar al panamericanismo que, con base en la Doctrina Monroe, trataban de instalar los Estados Unidos, ya lanzados a su imposición sobre el hemisferio. Juan Perón, el 12 de octubre de 1947, recordaba que Isabel la Católica se había propuesto  “atraer a los pueblos de Indias y convertirlos al servicio de Dios”. “Traía para ello la buena nueva de la verdad revelada, expresada en el idioma más hermoso de la tierra. Venía para que esos pueblos se organizaran bajo el imperio del derecho y vivieran pacíficamente. No aspiraban a destruir al indio sino a ganarlo para la fe y dignificarlo como ser humano”.

Ambos líderes populares sintetizaban lo que Rubén Darío había escrito en su poema A Roosevelt. En él denunciaba el imperialismo del garrote, nombrando a la “América ingenua que tiene sangre indígena, que aún reza a Jesucristo y aún habla en español”. Hoy es lúcido haber dejado atrás el anacronismo del Día de la Raza para establecer el Día del respeto a la Diversidad Cultural.

Es que somos, y estamos construyendo, una identidad mestiza. En lo biológico y en lo cultural.

Como decía el maestro Fermín Chávez: los indios somos nosotros. Los godos somos nosotros. Los criollos somos nosotros. Los morenos somos nosotros. Los gringos somos nosotros. A la final, ¡nos sobra identidad!.

Artículo publicado en el suplemento Claves de la Historia - Miradas al Sur
10.10.14

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