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PARTICIPACIÓN DE MANUEL DORREGO EN LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE DE 1826

Por Fernando del Corro y Alejandro García Poultier

Sobre la forma de gobierno.

El análisis sobre la palabra y la postura de Manuel Dorrego en la Asamblea Constituyente de 1826 nos permitirá comprender porqué se lo consideró “el tribuno del federalismo” y de qué manera con su discurso buscó rebatir las ideas que el partido unitario intentó y logró imponer para desgracia de la patria. Se repetía la historia de 1819 con sus trágicas consecuencias de guerras civiles, y de esas consecuencias aprendió Dorrego, quien dice en su primera alocución en el debate sobre la Constitución nacional: “En la época de la Constitución del año 19, su promulgación fue lo que empeoró la situación del estado y lo que dió margen a las escenas de desolación y de sangre...”1 Los intentos monarquizantes de 1819 volvían en el espíritu unitario, las similitudes entre un proyecto y otro eran evidentes ahora bajo un republicanismo centralizante. Conjugando su formación teórica en su destierro en Baltimore, donde se interiorizó en primera persona del funcionamiento del federalismo en los Estados Unidos, con su acabado conocimiento de la situación política y económica de las provincias y sus caudillos (las relaciones entre ese pueblo y sus líderes) procedió a dar una batalla que ya sabía estaba perdida de antemano. Pero a partir de esa batalla de ideas la palabra federalismo pasó a tener un peso específico propio, un contenido, no sólo carga simbólica y declamativa, a partir de sus intervenciones.

El día 4 de Junio de 1826 la Comisión de negocios constitucionales de la Asamblea Constituyente presentó el proyecto sobre la forma de gobierno. El tema a tratar se expresó a través de los siguientes interrogantes : “¿Se ha de gobernar bajo la forma de administración federal o de unidad? ¿Se afianzará mejor el orden, la libertad y la prosperidad de la República, dividiéndose en tantos estados como provincias, que, aliados políticamente bajo un gobierno federal para la dirección de los negocios nacionales, se reserven el resto de la soberanía necesaria para su dirección particular; o formando de todas las provincias un estado, consolidado bajo un gobierno central y encargado del régimen interior de todas? ¿Cuál de estas formas será más a propósito para organizar, conservar y hacer feliz a la República Argentina?”2 En las respuestas a estos interrogantes planteados quedará plasmado el espíritu del proyecto, los integrantes de dicha Comisión (Valentín Gómez, Manuel Castro, Francisco Castellanos, Santiago Vásquez y Eduardo Pérez Bulnes) fueron los encargados de la redacción final del proyecto. A medida que avanzamos en la lectura y análisis del mismo las definiciones políticas unitarias se hacen evidentes. El contenido mismo del proyecto tiene fuertes argumentaciones en un sentido: “Las circunstancias morales del país están en más abierta oposición con la forma de gobierno federal”, además de hacer referencia al estado moral del país, plantea: “Es notorio el defecto de ilustración en nuestros pueblos”, “...es imposible que en el estado naciente de instrucción y de fortunas, pueda constituirse en cada una de nuestras provincias una administración interior capaz de garantir la libertad y los derechos de los ciudadanos”3, estos temas (ilustración, población y recursos económicos) serán el cuerpo argumental de la Comisión para pronunciarse y responder a los interrogantes planteados al principio: “El gobierno representativo de la República, consolidado en unidad de régimen, es el único que allana por una parte los inconvenientes ya indicados, y garante por otra de todos los derechos sociales, reuniendo las ventajas de todos los gobiernos libres, y segregando sus abusos o defectos”4. Este será el proyecto de forma de gobierno a debatir.

Previamente a tratar el tema de la forma de gobierno, en la sesión del día 16 de Junio, la discusión en el seno de la Asamblea se relacionó con la forma de consulta a las provincias sobre la forma de gobierno. Este fue un punto crucial. La discusión sobre el tipo de gobierno a adoptar ya estaba presente en la elección de las autoridades de cada provincia y en como éstas podían o no ser las que decidieran sin consultar nuevamente a las Juntas provinciales. Dorrego detectó confusiones e incongruencias sobre la interpretación de la postura de las provincias sobre la forma de gobierno, en alusión a este asunto afirmó: “La provincia de Tucumán, si se ha pronunciado por el sistema de unidad, esto es en el nombre, por cuánto dice que se conserve la junta: la conservación de la Junta es peculiar del sistema federal: de suerte que quiere sistema federal en realidad, y en nombre de la unidad...”5, al plantear la necesidad de que se mantenga la Junta, se estaba planteando que se mantenga una herramienta que es propia del sistema federal, es decir, las provincias pretenden mantener su poder, que se sostenga la unidad del Congreso pero sin ceder su poder de decisión. En referencia a este tema, la representatividad y la interpretación que debe hacerse de la postura de cada uno de los enviados de las provincias, Dorrego planteó: “Lo que el Congreso Nacional ha querido decir es esto, a mi juicio, y este es el verdadero sentido de la ley, y en este sentido la han comprendido las provincias, al menos la que tengo el honor de representar: que está y ha estado en la facultad del Congreso expedir leyes que tengan tendencia a esos objetos generales, más que estas leyes deben ser pasadas a la consideración de las provincias, y después de consideradas las admitirán o no...”6, en esta cita, puntualmente la referencia es al derecho de las provincias a decidir en relación con el proyecto planteado por la Comisión de negocios constitucionales, ya que la aprobación definitiva del mismo, dado que se trata de un asunto de gravedad institucional, debe darse en cada una de las provincias. Esto es, que el congreso tome una decisión que cada representante notifique a las provincias y que éstas a través de sus respectivas Juntas decidan.

En este asunto se adelanta Dorrego a la respuesta que recibirán los enviados del Congreso a las provincias a informar sobre lo aprobado por la Asamblea, que será de un frontal rechazo. Como prueba de la falta de representatividad de los enviados podemos tomar el ejemplo de la provincia de Corrientes, que, según la Comisión de negocios constitucionales había comprometido “absolutamente” su opinión en el voto del Congreso pero que en realidad su posición era otra. En el diario “El Tribuno” (donde colaboraba activamente Manuel Dorrego) se publicó el “Acta de la decisión de la provincia de Corrientes en favor del sistema federal, datada en Arroyo Grande a 8 de Diciembre de 1826”7 (Tal vez la lectura de las provincias fue errónea o sus enviados no respondían a sus intereses) Aquí ya se está discutiendo sobre la forma de gobierno, se está reclamando autonomía para las provincias a la hora de tomar decisiones; no alcanzaba con el voto de sus representantes en Buenos Aires, es el pueblo de cada una de las provincias a través de sus respectivas Juntas quién debía aprobar en última instancia esta clase de asuntos. En el proyecto de la Comisión se fijaron las posturas de cada una de las provincias: “En resultas, se han pronunciado las Juntas provinciales de Córdoba, Mendoza, San Juan y Santiago del Estero por la forma de gobierno representativo republicano federal. Las provincias de Salta, Tucumán y Rioja por el mismo gobierno representativo republicano de unidad. Las de Catamarca, San Luis y Corrientes han comprometido absolutamente su opinión en el voto del Congreso: pero Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Misiones y la Provincia Oriental no se han pronunciado todavía”8 Ya mencionamos el caso de Corrientes. Entre Ríos, que no había fijado postura en ese momento, también rechazó el proyecto: “Comunicación del gobierno de Entre Ríos a sus diputados en el Congreso, transcribiéndoles la resolución de la legislatura provincial sobre su no aceptación de la Constitución sancionada el 24 de Diciembre de 1826 y retirándole sus poderes”9 Los unitarios sabían perfectamente cual sería la respuesta a su Constitución. Una llamativa interpretación realizó la Comisión de los votos de las provincias aunque éstas lo manifestasen claramente: “...si la actual Junta de Santiago del Estero ha opinado por la federación, en los poderes con que se presentaron sus diputados, al instalarse el Congreso, se les facultó para sujetar aquélla provincia a todas las decisiones de la soberanía..., a todo lo que sea conducente a un gobierno liberal análogo a los deseos de la América...”10, ¿cómo interpretar estas palabras?, esto se repite con los casos de las provincias de Buenos Aires y Córdoba. ¿Para que darles un mandato determinado si al fin y al cabo deben sujetarse a la opinión de la Asamblea? La palabra de Dorrego refutó esta falsa interpretación realizada por la Comisión. La obstinación de los unitarios para imponer su proyecto no tuvo límites.

En la sesión del 29 de septiembre, finalmente, se discutió el artículo 7° del proyecto de Constitución, sobre la forma de gobierno: “La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa, republicana, consolidada en unidad de régimen”11. Si bien Dorrego sabía que la batalla estaba perdida dio el debate que tamaña cuestión merecía.

Entre otras cuestiones, en esta sesión se discutió sobre la cuestión de la demarcación de los límites de las provincias. En realidad el tema de fondo era sobre la falta de población, ilustración y recursos para mantener tal orden en un estado federal. En el despacho de Comisión -unitaria- se afirmaba: “¿Y será prudente despedazar la nación en mínimas fracciones, con el nombre de estados, cuando de todas ellas apenas puede formarse una pequeña república de quinientos mil habitantes?”12. Las provincias no pretendían despedazarse en “mínimas fracciones”, lo que reclamaban era no quedar sujetas a otras. De hecho, según la interpretación de Dorrego ( y el mandato que traía de la provincia que representaba, Santiago del Estero): “...era un error decir que las provincias pedían de tal modo la demarcación en que se hallan que de ningún modo admitirían otro. He dicho, pues, que la provincia que represento, que es la que cabalmente lo ha dicho en su instrucción, concurriría a la asociación en términos que había de ser bajo la condición sine qua non de que no se la sujetaría a otra; no ha dicho que concurriría de un modo tal que ella no formaría parte con otra.”13, La discusión se podría haber dado por otros carriles. Claramente en la mayoría dominante de la Asamblea Constituyente nunca primó el deseo de una sincera consulta a las provincias, solo imponer un modelo de gobierno sujeto a sus intereses.

En relación con este tema Dorrego dio un ejemplo de como las provincias pudieran agruparse abiertamente, sostuvo: “...la Banda Oriental podría formar un Estado; Entre Ríos, Misiones y Corrientes otro, de lo que ya hay un ejemplo, en que mandando el Coronel Ramírez formaron una provincia, otro la provincia de Santa Fé con Buenos Aires bajo tal organización que su Capital se fijase en San Nicolás o en el Rosario. La de Córdoba tiene todas su aptitudes por su riqueza y todo lo necesario para ser sola, Rioja y Catamarca otro Estado; la de Santiago del Estero y Tucumán otro; y la de Salta se halla en el mismo caso que Córdoba; la de Cuyo otro”14. Al plantear esta regionalización Dorrego tiene en cuenta las posibilidades reales de cada una de las provincias, de desarrollo económico y social, desde esta postura se dispone a rebatir los argumentos vertidos por la comisión sobre ilustración, población y riqueza; tres temas que son los elementos en los cuáles se basa la Comisión para inclinarse por una determinada forma de gobierno. En un interesante ensayo, Zuccherino resumió los planteos de la Comisión: “Las circunstancias físicas -en especial la despoblación notoria de los Estados integrantes- invalidaban la aplicación del federalismo”, “La escasa ilustración popular en los Estados integrantes invalidaban el sistema federativo e imponían la Unidad de Régimen”, “La imposibilidad de los Estados integrantes de mantener en vigencia la tripartición de poderes por falta de medios de todo orden hacían de cumplimiento imposible al sistema federal”15, alguno de estos puntos, entre otros, Dorrego los irá rebatiendo, demostrando lo infundado de tales afirmaciones. Si bien en esta misma sesión comenzó a responder sobre estas cuestiones, es en la sesión del día 2 de Octubre, en la cuál el tribuno se explayó exponiendo la carencia de justificaciones del dictamen de la Comisión y planteando su clara postura a favor del federalismo.Respecto de la desproporción entre territorio y población realizó interesantes aclaraciones y cuestionamientos: “...¿Cuál es esa zona inmensa que nosotros ocupamos desde aquí a Tarija? Señor, el que haya transitado el territorio sabrá que es una faja sumamente angosta y pequeña, porque a una y otra parte de norte a sur nos oprimen los salvajes”16.

Relativizó la cuestión de las dimensiones, trazó un paralelismo con la situación en los Estados Unidos: “...¿por qué ocupan esa faja sobre la costa del mar? Porque los salvajes lo oprimían; y conforme la población ha ido creciendo han ido adquiriendo ese territorio tan inmenso por compras que han ido haciendo a los salvajes”17, continuó en lo referido a la población: “Conforme ella vaya aumentándose se irá ensanchando y retirando a los salvajes y nos irá sucediendo lo mismo que a los Estados Unidos”. La comparación de situaciones entre un país y otro fue una constante que Dorrego utilizó para comprender distintos escenarios. A partir de que considera a una Nación como exitosa en su forma de organización (los Estados Unidos de América) propuso seguir su ejemplo en algunos asuntos. Pero volviendo al punto de la población y el territorio, aquí Dorrego estableció este criterio: “Señores, no es tan grande nuestro territorio, no es un caso excepcional el nuestro como para que debamos inexorablemente acudir a un poder centralizado”. A continuación de esta última cita añadió: “He aquí como, si nosotros siguiéramos este método (las compras a los aborígenes) , se aumentaría el territorio.”18 El sólo hecho de sugerir esta política frente a los indígenas es algo realmente excepcional, un elemento que demuestra su vocación de llegar a acuerdos y explorar otras formas de crecimiento, el negociar con los indígenas conlleva relacionarse con ellos, reconocerlos de algún modo, aunque más no sea para tenerlos más lejos aún.

Por aquellos años los permanentes embates de los “salvajes” representaban un límite al asentamiento y crecimiento del territorio de la naciente República. Al referirse al tema de la ilustración sostuvo: “Más se objeta falta de ilustración. ¿No es indudable que una porción de jóvenes se están educando en Buenos Aires y en Europa, y que éstos en tiempo muy breve volverán a sus países y serán llamados a organizarse?19 Había en su idea de federalismo un fuerte convencimiento de que su adopción no resuelve las cosas por sí mismo, sino que se adapta mejor a la realidad preexistente y crea los incentivos para el desarrollo de cada una de las áreas que carecen de los mismos. Se trataba de darle un marco constitucional a una realidad para desde allí, cumplir con los objetivos propuestos. Dorrego era un convencido de que a Buenos Aires no necesitaba, ni le convenía, ser sede de la administración central: “... por el contrario, la provincia hace mucho tiempo que desea no tener en sí la administración general y toda la odiosidad que ella lleva consigo y todo ese lujo y boato, que no necesita ni corresponde a un país mercantil. Eso es bueno para aquellos miserables pueblos que desean que haya en ellos un colegio, una universidad para que circule el dinero, como sucedía en Chuquisaca. Buenos Aires nunca ha necesitado de administración general: al contrario, le perjudica y entorpece, y la hace concurrir con mucho más de lo que le corresponde en todas las cargas de numerario y gente”20. Propone mudar la capital a otra provincia, eso traería consigo mayor ilustración y riqueza a otras provincias que verdaderamente lo necesitarían. Cuesta creer que el ser Capital perjudique a la Provincia de Buenos Aires; y aún más, que por esta razón la misma se vuelque por el sistema federal, (lo hará por otras razones). En relación con estos dos puntos, los de la falta de población y de ilustración, los analizó conjuntamente con el aspecto económico, el de los recursos de las provincias para transformarse en Estados y mantener todas las instituciones que eso conlleva. Se buscaba hacer ver a unas provincias carentes de todo tipo de recursos: “¿Por qué presentar al país en un estado de tal pobreza que se diga que no se organiza en sistema federal, porque no tiene medios para sostener a los empleados?21 A continuación describió con acabado conocimiento los recursos con que cuentan cada una de las provincias, demostrando el conocimiento que poseía sobre la situación de las mismas, nos da el ejemplo con Santiago del Estero, la provincia que él representaba en el Congreso: “La provincia, señores, posee un territorio, ya cálido, de tal naturaleza que los frutos más ricos de la región se dan allí. La grana, que es lo que hace la riqueza de Guatemala, se da en excesiva abundancia y podría ser un ramo principal de riqueza de la provincia. El añil, que es otro ramo que hace de la riqueza de un país, se da allí hasta silvestre; la caña también se produce.

Le es fácil el transporte de sus frutos pues tiene tres ríos grandes...”22 Este análisis sobre los recursos económicos de Santiago lo replicará para cada provincia y región del país, demostrando la viabilidad económica del país. Los recursos están, la población irá aumentando al igual que la ilustración, lo que hace falta es una forma de gobierno que incentive el crecimiento y desarrollo de las provincias, por que, aunque algunas de las condiciones objetivas nos lleven a pensar que tal vez la forma de gobierno más apropiada no sea el federalismo, la férrea voluntad de los pueblos a gobernarse a sí mismos integrándose en una Nación reemplaza las posibles carencias antes mencionadas. Dorrego plantea con énfasis el carácter dinámico de las leyes, les otorga un sentido de progresión, las transformaciones en las sociedades, en sus coyunturas, deben ser acompañadas por las modificaciones en la legislación; no son las sociedades las que deben adaptarse a las leyes, afirma el tribuno:“Las leyes no han sido dadas para todos los tiempos; y desde el momento que se conozca son perjudiciales, deben ser reconsideradas...”23 Las realidades de las provincias se transforman, las leyes deben acompañar esas transformaciones, y, en otros casos, incentivar determinados cambios, “La mejor legislación es la acomodada al estado del pueblo que la recibe”24. La claridad de estos concpetos en esos años lo sitúan como un adelantado a su tiempo.


    El contacto con el pueblo, el conocer sus realidades es una constante que atraviesa su exposición en la legislatura, el viaje que realiza para encontrarse con Simón Bolívar se relaciona con los caudillos del centro y norte, se interioriza de las situaciones de esas provincias y comprende que la constitución que desee sancionarse para las mismas debe contemplar sus realidades, sus propias relaciones de poder o estará destinada al fracaso, describe Antonio Dellepiane: “En contacto directo con la realidad viva que palpitaba en las entrañas del país aprendió lo que significaban el federalismo como fenómeno político, el caudillismo con hecho social y la montonera como máquina de guerra.”25Donde otros veían anarquía, Dorrego ve una organización política a la cuál se debe acompañar e incluir en el proceso constitucional.

    Finalmente se cierra la discusión sobre la forma de gobierno:“ ...a juicio del que habla, no sólo en conformidad de la provincia que representa, sino de todas, el sistema federal es el único adaptable en las circunstancias porque es aquél que una mayoría excesiva parece que designa y pide. Así, pues, mi voto es por el sistema federal”26. La mayoría unitaria cumplió con su propósito y el día 24 de Diciembre sancionó la Constitución, Manuel Dorrego dio la batalla desde el plano de las ideas definiendo al federalismo, prosiguió, en cierta forma, con la labor de José Gervasio de Artigas, en el sentido de darle al federalismo un contenido doctrinario, dotarlo de un contenido y de un mayor grado de sistematización de las ideas que encerraba. Nuevamente Dellepiane escribe, que sobre el cierre del debate: “Dorrego, convertido ya, por gravitación natural, en heraldo y paladín del federalismo, multiplica sus recursos y medios de acción, en la prensa y en el Congreso, para impedir este cúmulo de despropósitos, cuyos efectos desastrosos analiza con sapiencia de sociólogo y profetiza con clarividencia de estadista”27. Las palabras federalismo y unitarismo adquirieron su contenido en el seno de esto debates, ya sea por la calidad de los expositores como por la claridad con que se definieron los intereses representados por cada uno de los partidos. Su plan para organizar el país incorporaba a las mayorías, a partir de incluir a los caudillos, a su influencia política en las provincias, Dorrego comprendió que la única forma de organizarse constitucionalmente era reconociendo su poder político; que conserven autonomía sus provincias para así establecer una confederación que respete sus intereses. Era lo que el pueblo deseaba, y pocos hombres como Dorrego supieron interpretar esos deseos.

Investigación auspiciada por el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego.


 
1En Del Solar, Alberto, “Dorrego tribuno y periodista”, Buenos Aires, 1908, pág. 66
2En Ravignani, Emilio, “Asambleas Constituyentes argentinas”, Instituto de investigaciones históricas de la Facultad de Filosofía y letras, Buenos Aires, 1937, pág. 214
3Idem, pág. 215
4Idem, pág. 217
5En Mayochi, Enrique Mario, Manuel Dorrego Diputado del país federal, Círculo de Legisladores de la Nación Argentina,Buenos Aires, 1998, pág. 49
6Idem, pág. 50
7Diario “El Tribuno”, en Antonio Zinny,“Efemeridografía Argirometropolitana hasta la caída del gobierno de Rosas”, Buenos Aires, 1869, pág. 288
8En Ravignani, Emilio, “Asambleas Constituyentes argentinas”, Instituto de investigaciones históricas de la Facultad de Filosofía y letras, Buenos Aires, 1937, pág. 213
9Diario “El Tribuno”, en Antonio Zinny,“Efemeridografía Argirometropolitana hasta la caída del gobierno de Rosas”, Buenos Aires, 1869, pág. 291
10En Ravignani, Emilio, “Asambleas Constituyentes argentinas”, Instituto de investigaciones históricas de la Facultad de Filosofía y letras, Buenos Aires, 1937, pág. 214
11En Mayochi, Enrique Mario, Manuel Dorrego Diputado del país federal, Círculo de Legisladores de la Nación Argentina, Buenos Aires, 1998, pág. 83
12En Ravignani, Emilio, “Asambleas Constituyentes argentinas”, Instituto de investigaciones históricas de la Facultad de Filosofía y letras, Buenos Aires, 1937, pág. 215
13En Mayochi, Enrique Mario, Manuel Dorrego Diputado del país federal, Círculo de Legisladores de la Nación Argentina, Buenos Aires, 1998,pág. 84
14En Mayochi, Enrique Mario, Manuel Dorrego Diputado del país federal, Círculo de Legisladores de la Nación Argentina, Buenos Aires, 1998, pág. 85
15Zuccherino, Ricardo Miguel, “Manuel Dorrego, el repúblico del federalismo”, Buenos Aires, 1997, pág. 57
16En Estrada, Marcos de, “Una semblanza de Manuel Dorrego”, Buenos Aires, 1985, pág. 315
17Idem, pág. 315
18Idem, pág. 315
19Idem, pág. 321
20Idem, pág. 320
21Idem, pág. 323
22Idem, pág. 322
23Idem, pág. 326
24Idem, pág. 326
25Dellepiane Antonio, estudio preliminar en “Apoteosis de Dorrego: homenajes póstumos, el juicio de las nuevas generaciones, el monumento, origen de la iniciativa, su inauguración, su significado histórico y artístico”, Bucich Escobar, Ismael compilador, Buenos Aires, 1928, pág. 11
26En Estrada, Marcos de, “Una semblanza de Manuel Dorrego”, Buenos Aires, 1985, pág. 330
27Dellepiane Antonio, estudio preliminar en “Apoteosis de Dorrego: homenajes póstumos, el juicio de las nuevas generaciones, el monumento, origen de la iniciativa, su inauguración, su significado histórico y artístico”, Bucich Escobar, Ismael compilador, Buenos Aires, 1928, pág. 24

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