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“EL PERONISMO SEGUIRÁ SIENDO UNA FUENTE DE ESTUDIO INAGOTABLE PARA LA HISTORIA...”

Entrevista realizada por el Miembro de nuestro Instituto, Pablo Vázquez al historiador de Claudio Panella.

“El peronismo seguirá siendo por mucho tiempo una fuente de estudio inagotable para la historia argentina”

En este reportaje concedido a Claves de la Historia, el historiador platense Claudio Panella nos cuenta de su trayectoria y reflexiona sobre el peronismo y su permanente presencia como objeto de estudio en el campo de las ciencias sociales.
Está próximo a llegar a las librerías su último trabajo, Revistas culturales y políticas del peronismo (1946–1955), realizado con Guillermo Korn, un estudio sobre las revistas políticas y literarias que se editaron entre 1946 y 1955.
–¿Cómo fueron tus comienzos en el campo de la Historia?
–Estudié Profesorado de Historia en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, en donde me recibí en 1986. Luego, a la par que dictaba clases en colegios secundarios de la ciudad de Magdalena, comencé el Doctorado en Historia en la misma facultad. Obtuve el título varios años después con la tesis “La ley de Aduana de 1835 y su incidencia en las provincias”, dirigido por el Dr. Fernando Barba.
–¿Se relacionó este estudio con la polémica entre proteccionismo y librecambio, uno de los temas más debatidos de la historiografía económica del siglo XIX?
–Sí, claro. En realidad indagué acerca de las motivaciones políticas y económicas que tuvo Rosas para dictar la ley. Esta, al estipular altos aranceles a los productos importados e inclusive prohibir la entrada de algunos de ellos, tuvo un carácter proteccionista que dio respuesta a los permanentes reclamos de las provincias del interior, que desde la apertura comercial posterior a la Revolución de Mayo pero sobre todo a partir de 1820, veían perjudicadas sus industrias artesanales por la competencia extranjera, sobre todo inglesa. De allí que los gobiernos provinciales valoraron la iniciativa porteña –algunos de ellos sancionaron leyes similares–, que permitió cierta reactivación de sus producciones y que recuperaran parte del mercado porteño, abastecido por artículos importados. Pero esas favorables repercusiones económicas y comerciales iniciales se vieron trastrocadas por el establecimiento del bloqueo francés del puerto de Buenos Aires, por la reanudación de las guerras civiles, y por cierta incapacidad de producir los artículos que se requerían, que obligaron a Rosas a modificar su contenido. Así y todo, la ley fue la iniciativa más seria efectuada por Buenos Aires desde 1810 en pos de conciliar sus intereses comerciales con los del resto de las provincias.
–Tus aportes sin embargo fueron sobre historia argentina del siglo XX, más precisamente del peronismo.
–Sí. Desde que ingresé como docente e investigador a la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de La Plata me orienté al estudio de la relación entre el primer peronismo y los medios de comunicación escritos. Con el equipo de trabajo de la cátedra de Historia Argentina Contemporánea publicamos, a través de la facultad, el proceso que derivó en la expropiación del diario La Prensa por parte del gobierno, en 1951, mediante una ley del Congreso.
–Perón tuvo una difícil relación con los medios de prensa.
–Desde su inicio en la vida pública como secretario de Trabajo y Previsión, casi todos los medios de prensa de entonces, desde los conservadores como La Prensa y La Nación, hasta los de izquierda como La Vanguardia y La Hora (órganos de los partidos socialista y comunista, respectivamente), se posicionaron en su contra, lo que llegó a su máxima expresión cuando la campaña electoral que lo consagró presidente de la Nación. Allí se lo criticó con malicia, a él y a sus seguidores, dejando de lado toda ética periodística, acompañando con fervor a la Unión Democrática, tratando de incidir decisivamente en la opinión pública. Es decir, actuando cada periódico como “actor político” en la definición de Raúl Borrat. De ese modo se dio efectivamente una conflictiva relación entre el peronismo, como movimiento popular que llevó adelante una política de redistribución de ingresos en favor de los sectores populares y una verdadera tarea democratización de las relaciones políticas y sociales, con los medios de prensa que, por razones comerciales, económicas o ideológicas se oponían férreamente a ellas.
En el caso concreto de La Prensa, diario antiperonista emblemático, es sumamente ilustrativo el debate parlamentario que culminó con su expropiación, donde se destacaron los conceptos vertidos por John W. Cooke, quien planteó una diferencia sustantiva entre libertad de prensa y libertad de empresa. Para éste, la libertad de empresa, en la medida en que permitía la concentración monopólica de medios poderosos en detrimento de los pequeños –él ejemplificó lo que en ese sentido sucedía en los Estados Unidos– se afectaba enormemente la libertad de prensa. Es que para Cooke la cuestión iba más allá del tema específico del diario La Prensa, pues entendía que la prédica libreempresista de periódicos de este tipo, y no solamente en nuestro país, conspiraba contra las aspiraciones emancipatorias de los pueblos.
–El actual gobierno también tiene una relación conflictiva con los medios hegemónicos.
–Es que en el fondo toda corporación es resistente a cualquier acción tendiente a democratizar prácticas y redistribuir renta, de allí la estrecha coincidencia ideológica y de intereses que se produjo –lo doy como ejemplo– entre los medios de prensa hegemónicos y los productores sojeros en el pasado conflicto con el campo. Lo que llama la atención, sin embargo, es la postura que tomaron allí algunas fuerzas políticas opositoras, y no solo las de perfil conservador, que quedaron subordinadas al discurso y accionar de aquellos. Y lo mismo ocurrió respecto de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que tiene una clara orientación democratizadora y antimonopólica del espectro radial y televisivo, ratificada además por la Corte de Justicia de la Nación. Su discusión en estos años puso sobre el tapete el tema de la relación poder mediático/poder político, lo que no deja de ser un hecho positivo.
–Este gobierno también avanzó en postular una decidida mirada sobre el pasado nacional ¿Qué opinás de ello?
–Entiendo que todo gobierno tiene el derecho de fijar su posición respecto del pasado nacional, de sus hombres y mujeres, de los procesos políticos y de las corrientes ideológicas que lo han nutrido. Y también plasmarla en instituciones acordes. El actual gobierno tiene una mirada revisionista de la historia liberal, yo diría mayor y más abarcativa aún que la del primer peronismo. Varias acciones llevó adelante al respecto, como restablecer el 20 de Noviembre como Día de la Soberanía Nacional en reivindicación de la gesta de la Vuelta de Obligado, reemplazar el monumento a Colón ubicado detrás de la Casa Rosada por el de Juana Azurduy, que está en marcha, o inaugurar una obra recordatoria de las víctimas del bombardeo de la Plaza de Mayo de junio de 1955. Y también la creación del Instituto Dorrego.
–Que provocó reacciones en los defensores de la historia oficial.
–Toda discusión intelectual la entiendo como positiva, entre ellas la que despertó la creación del Instituto Dorrego. Pero es curioso que los que se dicen defensores de la República, de la libertad y del diálogo no acepten una postura diferente a la de ellos, no toleren ideas sobre nuestro pasado que no concuerden con las suyas, que acusen al gobierno por institucionalizar dicha mirada. Si en su momento fueron creados por distintos gobiernos el Museo Mitre, el Museo Sarmiento o el Museo Roca, todas ellas actuales dependencias estatales, ¿por qué sorprende que se les hayan sumado en estos años de democracia el Museo Evita, el Instituto Perón o el Instituto Dorrego? Y lo mismo puede decirse de la Secretaría de Pensamiento Nacional a cargo de Ricardo Forster, recientemente creada.
–Volviendo a tu labor historiográfica, has incursionado en la historia del peronismo de la provincia de Buenos Aires...
–Efectivamente, cuando ejercí la dirección del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires nos propusimos con el equipo de historiadores del mismo abordar el estudio de las gestiones gubernativas del siglo XX, entre ellas la de Domingo Mercante, que fue el primer gobernador peronista de la provincia. En realidad fue tan rica esa experiencia de gestión que nos llevó a especializarnos en ese período.
–¿Estudiaron el origen y desa­rrollo del peronismo a través de una mirada “extracéntrica”?
–Claro. Las primeras investigaciones sobre el origen, naturaleza y desarrollo del peronismo se encararon a partir de una óptica nacional, sin fijarse demasiado en las experiencias ocurridas en las provincias o los territorios nacionales. Hubo interpretaciones ortodoxas y heterodoxas, definiciones del nuevo movimiento –fascismo, bonapartismo, populismo–, el rol que les cupo a los trabajadores, los militares, los industriales, el papel del Estado, las políticas sociales y económicas llevadas adelante, todo ello siempre –o casi siempre– analizados desde una óptica nacional. Pero desde hace unos años a esta parte se vino a sumar a aquella amplia bibliografía otra de carácter “extracéntrico” como bien señalás. Fueron y son objeto de estudio la conformación inicial de estos peronismos provinciales, donde hubo aportes de corrientes políticas laboristas, radicales y nacionalistas en distinto grado, las gestiones gubernativas de los mandatarios y la trama política y gremial tanto regional como local. En esa línea contribuimos al mejor conocimiento del primer peronismo bonaerense, sumándonos a lo que ya habían comenzado a estudiar colegas en distintas universidades del país sobre otras provincias. El Archivo editó varios volúmenes conteniendo artículos de investigadores sobre diversos aspectos de la gestión gubernativa de Mercante, el primero de ellos del año 2005 si mal no recuerdo.
–En los últimos años has publicado varios libros en conjunto con Raanan Rein. ¿Cómo ha sido esa experiencia?
–Muy buena, por cierto. Raanan es actualmente vicerrector de la Universidad de Tel Aviv y uno de los historiadores extranjeros que se ha especializado en historia del peronismo, por lo que sus libros son de obligada referencia. Nuestros trabajos son de compilación y tienen una doble característica: son obras colectivas donde participan colegas de trayectoria que se han especializado en los temas de peronismo para lo cual se los convoca; y dan por resultado miradas plurales, diversas, lo que enriquece los resultados de la investigación. Contribuyen al mejor conocimiento de temas que hacen a la historia del peronismo y por ende de la Argentina.
–Anteriormente hicimos referencia a La Prensa. ¿Ustedes también estudiaron a ese diario cuando fue administrado por la CGT verdad?
–Sí, en el libro Cultura para todos, que editó el año pasado la Biblioteca Nacional. Analizamos allí los cuatro años en que La Prensa fue vocera institucional de la CGT (1951-1955), donde brindó apoyo incondicional a Perón, a Evita y al gobierno. Pero sobre todo se estudió el Suplemento Cultural del diario, que aparecía los domingos, que fue dirigido por César Tiempo, un intelectual injustamente olvidado. El Suplemento fue una rica experiencia, original y alejado de cierta uniformidad partidista, en el que escribieron autores que simpatizaban con el gobierno con otros que no o que militaban en veredas opuestas, como Pablo Neruda o Amaro Villanueva, que había sido candidato a gobernador de Entre Ríos por el Partido Comunista. O de reconocimiento internacional como Gabriela Mistral, Pío Baroja, Camilo J. Cela o Ramón Gómez de la Serna.
–El contenido del Suplemento vino a demostrar que el de los gobiernos peronistas lejos estuvo de considerarse como un período de “oscuridad cultural”, como han manifestado sus detractores.
–Cuando el peronismo irrumpió en el escenario político provocó el rechazo del “establishment cultural” de la época. La mayoría de los intelectuales, de derecha a izquierda, se mostraron adversos al nuevo movimiento político, al que entendieron como autoritario y por ello contrario a los valores culturales establecidos. Esta idea, compartida por los sectores medios y altos de la sociedad argentina, se tradujo en el slogan “alpargatas sí, libros no”, con lo cual se lo caracterizó, tanto como a sus seguidores, en una derivación directa de la dicotomía sarmientina de “civilización o barbarie”.
–Pero hubo destacados intelectuales que brindaron su adhesión al peronismo aportando prestigio personal y trayectoria intelectual, y que luego de 1955 sufrieron por ello.
–Claro, allí tenés a Leopoldo Marechal, Homero Manzi, Carlos Astrada, Elías Castelnuovo, María Granata, Julia Prilutzky Farny, Fermín Chávez, Enrique S. Discépolo, José M. Castiñeira de Dios, Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Jorge A. Ramos y el propio César Tiempo entre ellos. No propongo contraponer estos nombres a los de Victoria Ocampo, Borges, Bioy Casares, Romero, Martínez Estrada, Mujica Láinez o José L. Romero para comparar cualidades literarias, contribuciones intelectuales o renombre, sino sólo mostrar que el peronismo recibió un apoyo nada desdeñable por parte de hombres y mujeres de la cultura.
–La dicotomía peronismo/antiperonismo en el campo cultural.
–Es que se pueden comprender mejor ciertos aspectos del peronismo si también nos abocamos al estudio del antiperonismo, como varios colegas ya lo están haciendo con interesantes conclusiones. Es que el antiperonismo, que nació con el propio peronismo para combatirlo, se ha nutrido de tradiciones políticas, sociales y culturales diversas; además, ha tenido desde siempre una fuerte presencia en la universidad, en los medios de comunicación, en las manifestaciones culturales. En la medida en que se ha presentado como la contracara del peronismo es tan singular como éste. Quiero decir, no alcanza con calificar a no pocas de las acciones del antiperonismo visceral como violentas y antidemocráticas, que lo fueron –sin ir más lejos el bombardeo de la Plaza de Mayo–, sino avanzar en el estudio de un objeto tal vez tan complejo como el propio peronismo.
–El último libro que han publicado incursiona en el tema de las “segundas líneas” de acción gubernativa. ¿De qué se trata ello?
–Efectivamente, desde un comienzo las investigaciones sobre el peronismo subrayaban la existencia de un lazo directo forjado entre el líder carismático y las masas, lo cual si no ignoraba por lo menos soslayaba las función mediadora de personalidades provenientes de diversos sectores sociales y políticos que brindaron su apoyo a Perón, contribuyeron a su ascenso, a la consolidación de su liderazgo y también a modelar al justicialismo. Es decir que hubo “intermediarios” que conformaron lo que hoy llamamos “segunda línea” de liderazgo peronista, que ofrecieron ideas, experiencia, capacidad de gobierno, vinculaciones con el mundo político, gremial y empresario y, por supuesto, habilidad para promover apoyos a Perón.
–¿De quienes estamos hablando concretamente?
–De hombres provenientes de las Fuerzas Armadas, como Domingo Mercante, Carlos Aloé, Juan Pistarini, Filomeno Velazco o Alberto Teisaire; de la actividad política, como Atilio Bramuglia, Héctor Cámpora, John W. Cooke o Delia Parodi; del empresariado, como Miguel Miranda y José Gelbard; del movimiento obrero, como José Espejo o Ángel Borlenghi; o de la burocracia estatal como Ramón Carrillo, José Figuerola o Roberto Pettinato. Como podrás observar el elenco es heterogéneo, aunque todos se su­bordinaron al liderazgo de Perón.
–¿De qué modo contribuyeron a dar cuerpo al justicialismo?
–Cada uno contribuyó desde las funciones que le tocó cumplir: fueron ministros, legisladores, directores de agencias estatales, dirigentes partidarios y gremiales. Podría uno preguntarse si el apotegma “Perón cumple, Evita dignifica” se hubiese materializado sin que existiese esta intermediación entre los líderes y sus seguidores. Es más, las tensiones, rivalidades y luchas por espacios de poder entre ellos dan por tierra con esa idea que por mucho tiempo se aceptó de que el peronismo constituía un régimen monolítico y sin fisuras.
–Actualmente está trabajando en el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Eva Perón.
–Sí, efectivamente. Hace unos años me convocó su presidenta, la arquitecta Cristina Álvarez Rodríguez, quien generosamente me ofreció el área de investigación del Instituto. Allí estoy con un entusiasta grupo de trabajo en una institución pujante en todas sus áreas. Estamos elaborando un libro sobre la Fundación Eva Perón con documentación y fotografías iné­ditas. Es llamativo, pero el paso del tiempo no hace disminuir el interés historiográfico por Eva y su participación en ese peronismo clásico sino todo lo contrario, tal como lo demuestran la constante aparición de investigaciones sobre su vida y su obra. No descubro nada diciendo que fue una mujer fuera de serie.
–El peronismo como objeto de estudio es una fuente inagotable de temas para la historia argentina.
–Por cierto que sí. Y va a seguir siéndolo por mucho tiempo más.

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