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17 DE NOVIEMBRE DE 1972: EL PUEBLO DERROTÓ AL ODIO GORILA

Pablo Adrián Vázquez.

–¿Cómo lo veías a Perón en ese momento?
–Enterísimo.
–¿Qué te decía?
– Unas horas antes, al llegar a la habitación,
lo primero que me dice es “Doctor, yo estoy calzado”.

Reportaje de Miguel Bonasso a Juan Manuel Abal Medina del 16 de noviembre de 2003, para Página 12, sobre la llegada de Perón a Ezeiza del 17 de noviembre de 1972.

“Hicimos esta revolución para que el hijo del barrendero siga siendo barrendero!” Con esta honestidad brutal un marino de alta graduación le espetó a un par de dirigentes sindicales, que esperaban ser interrogados a fines de 1955 por los “libertadores”, las verdaderas intenciones de la Revolución Fusiladora..

Desestabilización, bombardeos y acciones armadas desencadenaron el golpe cívico militar de dicho año, terminando con el gobierno constitucional de Perón.

De la supuesta tibieza de Lonardi a las hogueras de Aramburu y Rojas la intensión fue una: exterminar al peronismo.

Planes Quinquenales - con 70.000 obras en 10 años - política exterior independiente, pleno empleo, distribución de la riqueza y dignidad en un pueblo feliz no podían dejarse de lado. Ese basamento fue el motor de la lucha por recuperar a Perón como vector de la historia social argentina y significante de un proyecto pleno de liberación.

“Perón cayó por sus aciertos, y no por sus errores”, sostuvo acertadamente Arturo Jauretche cuando criticó las medidas económicas y financieras del Plan Prebich, como nuevo “retorno al coloniaje”.
Por otro lado, la praxis del movimiento obrero organizado y del peronismo todo posibilito la toma de conciencia en los años de plomo posteriores, soportando una andanada de acciones impulsadas por el desamor y la revancha.

Secuestro y profanación del cuerpo de Evita; Decreto 4161 - prohibiendo todo lo referente a Evita y Perón -; encarcelamiento y torturas de dirigentes sindicales y políticos; reapertura del Panela de Ushuaia, fusilamientos a Valle y a los participantes del Movimiento de Recuperación Nacional; Plan CONINTES; intentos de asesinato a Perón es su exilio venezolano; represión a huelgas y actos en plazas; anulación de las elecciones donde triunfó Framini; obstrucción de las listas con candidatos peronistas; interrupción del viaje de Perón en 1964 desde Brasil; la Noche de los Bastones Largos; el Cordobazo; El Gran Acuerdo Nacional y la masacre de Trelew, entre muchos hechos represivos, con la consabida respuesta del Pueblo.

Acciones desesperadas desde el odio para anular al peronismo, atacando su base social e identitaria.
Pero cuanto más fue hostigado, más se fortaleció!

“Los yanquis, los rusos y las potencias reconocen a la libertadora. Villa Manuelita no!”. Quizás el hecho cultural que inició la Resistencia Peronista, la epopeya que marcó, como mito fundante, la conciencia de nuevas generaciones que repensaron su destino y miraron con mejores ojos a las masas que se identificaban con Perón.
Rumores, caños improvisados, pintadas nocturnas, grupos armados y atentados culturales con libros incendiarios de Hernández Arregui, Rosa, Chávez, Ramos, Scalabrini y Jauretche. La matriz de dependencia sería esmerilada por textos como molotov al centro de las dictaduras y por la organización d estudiantes y trabajadores.

Perón - desde su exilio en Paraguay, Venezuela, Panamá, República Dominicana y España - inició la batalla política desde la comunicación con cientos de cartas, cintas, discos, reportajes y documentales, como un proto Facebook y Twitter. Cual webmaster buscó organizar a sus seguidores e implementar una comunicación alternativa a la superestructura cultural hegemónica.

Una guerrilla comunicacional adelantada décadas a la proclamada por Hugo Chávez.

Perón sostuvo: “Está implícito el deseo de realizar una unión a base de una solidaridad que impulsa a todos los dirigentes, tanto sindicales como políticos, hacia una grandeza y desprendimiento que permita asegurar una subordinación absoluta a las conveniencias del conjunto por el sacrificio de pasiones o intereses individuales. No se trata que gane o pierdan otros, sino de que el Movimiento pueda cumplir sus fines, porque de lo contrario, ningún peronista debe soñar en realizarse en un Movimiento que no se realice. (25 de septiembre de 1968).
A ello se le sumó la incorporación de sectores juveniles y universitarios que entendieron el camino sin retorno que propuso la dictadura del onganiato y reinterpretaron los logros justicialistas, planteándose un proceso de “peronización” del estudiantado antes refractario a la figura de Perón.

Fui sorprendido en mi adolescencia con un texto de Horacio Cerrutti Guldberg, Filosofía de Liberación Latinoamericana, quien afirmó: “la filosofía de liberación se expresa con gran fuerza en uno de los momentos claves de la historia de uno de los pueblos de esta América, el que representará el regreso del general Juan Domingo Perón a la Argentina. Más que el triunfo del propio Perón, lo es del peronismo. Olvidada la primera etapa de gobierno de Perón, el peronismo se ha transformado en una gran esperanza. La esperanza de todo un pueblo que se consideró ya ligado a la historia de otros pueblos del continente, inclusive, con pueblos más allá de este continente, junto con los cuales ha de luchar por cambiar una situación que les ha sido impuesta…”.
El impacto de esa afirmación poderosa se conectó en la consideración peroniana de una “unidad de concepción para la unidad de acción”, la cual guió a miles que posibilitaron que un 17 de noviembre de 1972, superando miedos y represión, se acercaran a Ezeiza a estar cerca con su Jefe.

Alejandro Lanusse apuntó someramente que: “el 27 de julio de 1972 hablé, en el Colegio Militar de la Nación, sobre diversos temas de actualidad nacional. Pero una frase hizo trascender, a través de tiempo, el contenido de ese discurso: una profecía mía, supuestamente errada, según la cual Perón no volvería al país “porque no le daba el cuero”. Esa afirmación por supuesto, fue utilizada agobiadoramente como propaganda por los peronistas de línea revolucionaria, el 17 de noviembre de 1972, cuando Perón apareció en Ezeiza (“¡Peronismo Montonero! – Por eso le dio el cuero”) y por sectores ultraderechistas (sic), incapaces de comprender nada sobre política, para quienes interesaba retener que yo me había equivocado.”

Dejando de lado las excusas del dictador se le suman las alternativas del viaje fueron relatadas por Juan Manuel Abal Medina padre de la siguiente forma: “Dos días antes había partido a Roma el famoso charter, encabezado por el doctor Cámpora, donde iban las principales figuras del peronismo, así como varios famosos: actores, hombres de la cultura, deportistas. Entonces, yo quedo a cargo del Movimiento y Rucci queda a cargo de todo el dispositivo sindical. En representación del doctor Cámpora había quedado su hijo, Héctor. Y esta era un poco la conducción de hecho de esos últimos tres días en los cuales los contactos con el gobierno son múltiples, son permanentes. Creo que son los que llevan a este “Día Blanco” ¿no?, a pesar de todo. Allí se negocia finalmente. Yo tengo discusiones muy duras, donde Rucci se comporta muy bien. En realidad él hacía de malo y yo de bueno. El todo el tiempo amenazaba con el paro general activo y este tipo de cosas”.

Relató Miguel Ángel Barrau, en su obra Historia del regreso – quizás la más completa de todas por su exactitud de protagonista – que ante el pronto aterrizaje en dicho trascendental día se le informó: “Señor general, señora, señores pasajeros: en estos momentos comenzamos a sobrevolar territorio argentino.” A ello el General respondió: “Yo les pido a los compañeros que comparten este trascendental momento que de ahora en adelante y cuando aterricemos en el suelo de la patria, no se entone otra canción que no sea el Himno Nacional.”
Barrau reafirmó: “El pedido de Juan Perón fue respetado.”

Del charter con representantes de la política y la cultura emergió el Líder bajo el paraguas de Rucci y el amparo de su pueblo.


“Arriba Doña Rosa, Arriba Don Pascual, nos vamos a Ezeiza a ver al General”. Fue uno de los cánticos que acompañaron la marcha popular y la hermandad del río Matanza, en su cruce a nado transformado en epopeya para miles de compañeros y compañeras partícipes de dicha jornada.

Sobre la icónica imagen Abal Medina aseveró: “A la mañana siguiente muy temprano salimos camino para Ezeiza, cada uno por la suya, para que al menos Rucci o yo estuviéramos al pie de la escalerilla cuando el General bajara. O sea, más allá del folklore del paraguas, el tema era que el General nos viera de inmediato en la pista. Si nosotros no aparecíamos sanos y salvos en Ezeiza, él podía sospechar que había ocurrido un desastre… La foto es un episodio posterior. Nosotros recibimos al General en la escalerilla, lo acompañamos al general hasta su auto, se subió con la señora Isabel y el doctor Cámpora y nosotros nos subimos al auto de atrás, (Rucci y yo). Paramos frente al corralito donde estaban los 300 habilitados y ahí se bajó el General a saludar. Ahí Rucci lo cubre con el paraguas y yo estoy al lado y esa es la foto famosa.

Una vez en Ezeiza, en el hotel internacional, Perón y su comitiva se encuentra en situación de cautiverio. Julián Licastro rememoró: “Esa mañana lluviosa, cuando llego a Ezeiza, se me presentan uno de estos oficiales de aviación y me dice que ellos habían sido enviados allí para reforzar el aeropuerto. Justo habían enviado como 40 oficiales que eran amigos, cercanos al peronismo y dispuestos a jugarse por Perón. Me dijeron que estaban para cualquier cosa, que podían tomar el aeropuerto. Yo, que conocía la idea de Perón de llegar como prenda de paz en un marco de reconciliación, les dije que ni locos debían producir un acto de violencia, excepto que la violencia fuere hincada por la fuerza de represión.

Los oficiales de Aeronáutica fueron a la habitación de Perón en el hotel del aeropuerto, y le dijeron: “Respondemos al teniente primero Julián Licastro, venimos a para custodiarlo y defenderlo”. A continuación le entregaron al General un par de pistolas, una de las cuales Perón se puso en la cintura. Realmente un momento de audacia en medio de miles de soldados que habían rodeado Ezeiza”.

Sus dichos fueron corroborados por Abal Medina: “… hacemos un intento de salida del hotel, que es cuando un pobre comisario ahí saca un arma, un boludo... lo podíamos cortar en pedacitos ahí, y Lorenzo Miguel se pone en medio, entre el General y ese tipo. Y les digo a los periodistas que está muy claro que el General está preso… Unas horas antes, al llegar a la habitación, lo primero que me dice es “Doctor, yo estoy calzado”. Pero más allá de esa anécdota era evidente que había tomado el control de las operaciones. Ahí ya Cámpora, Rucci y yo éramos sus soldaditos. “Vayan, hagan esto, hagan aquello”. Y así ordenó: “Nos vamos de una vez y si no... intentemos salir para que quede claro que no nos quieren dejar salir”.

Los sucesos de 1972 fueron plasmados en una variedad de obras y relatos, destacándose: Nomeolvides: memorias de la Resistencia Peronista 1955 – 1972, de Liliana Carulli, Liliana Caraballo, Noemi Charlier y Mercedes Cafiero; La clase obrera peronista (2 volúmenes), La memoria de los de abajo, Lo que el viento (no) se llevo y la serie de Documentos 1955 – 1970 (2 tomos) y 1970 – 1973, entre muchos otros, de Roberto Baschetti; Lo pasado pensado. Entrevistas con la historia argentina (1955 – 1983), de Felipe Pigna; El enigma peronista, de Hugo Chumbita; Galimberti. De Perón a Susana. De Montoneros a la CIA, de Marcelo Larraquy y Roberto Caballero; La vida es Perón. Historia del Encuadramiento de la Juventud Peronista, de Carlos Gianella, Susana Shanahan y Alfredo Manson; La Trama de Madrid, del inefable “Tata” Jofre; Manual del Peronista, de Pablo Vázquez; Breve historia argentina. De la conquista a los Kirchner, de Pacho O’ Donnell; Perón vuelve. Intrigas en el exilio y traiciones en el regreso, de Román Letjman, y El otro 17. De la resistencia a la victoria. La historia del regreso de Perón, de Hernán Brienza. En cuanto a testimonios de sus protagonistas se encuentran: Mi testimonio, del dictador Alejandro Lanusse; Mi encuentro con Perón. Memorias e Ideales, de Julián Licastro; Historia del regreso, de Miguel Angel Barrau; Medio siglo de política y diplomacia (memorias), de Benito Llambí; El presidente que no fue y Diario de un clandestino, de Miguel Bonasso; Así se hizo Guardia de Hierro. Historia objetiva de una pasión, de Alejandro “Gallego” Alvarez; Memorias De Roberto “Pajarito” Grabois. De Alfredo palacios a Juan perón (1955 – 1974), de Roberto Grabois; y Militancia sin tiempo. Mi vida en el peronismo, de Antonio Cafiero.

Finalmente se encuentran los textos y discursos de la época de Juan Perón, editados por el Instituto Nacional Juan Domingo Perón de Estudios e Investigaciones Históricas, Sociales y Políticas.
La lucha de 17 años tuvo su razón: el sentir del pueblo quebró el odio gorila.

El día de la militancia aún nos marca un sendero de gloria por el ejemplo de nuestros mártires.
De una hermosa tarde de sol del 17 al lluvioso mediodía del “otro” 17 se gestó una historia que aún tiene final abierto, pero que nos dio la certeza que por una vez los poderosos fueron los sectores populares que aman la vida…

PD: Como anexo incluyo la cronología de sucesos que decantaron en el “día de la militancia” y los integrantes del charter que acompañaron al líder justicialista, tal como relevó el Instituto Nacional Juan Domingo Perón.
13 de marzo de 1972 – Llega a Madrid Arturo Frondizi y se entrevista con Perón. A partir de ese momento quedan sentadas las bases de un acuerdo entre el justicialismo, el MID, el conservadorismo y otras fuerzas menores que dan lugar, en el mes de mayo, al nacimiento del FRECILINA. El Frente Cívico de Liberación Nacional intenta obtener la normalización institucional a través de elecciones libres.

7 de julio de 1972 – Durante una cena de camaradería de las Fuerzas Armadas, el presidente de facto, Alejandro A. Lanusse, asegura que el 25 de mayo de 1973 habrá elecciones y que su gobierno no proscribirá al ex presidente Juan D. Perón.

Entre las condiciones que regirán para los candidatos establece que todo ciudadano que aspire a un cargo electivo, deberá estar presente en el país antes del 25 de agosto de 1972.

27 de julio de 1972 – En el Colegio Militar, mientras habla a los presentes, Lanusse dice: "...no voy a admitir que corran más a ningún argentino diciendo que Perón no viene porque no puede. Permitiré que digan: porque no quiere. Pero en mi fuero íntimo diré: porque no le da el cuero para venir".

15 de agosto de 1972 – Desde Madrid, Héctor J. Cámpora, delegado personal de Perón, anuncia que el General volverá a la Argentina antes de fin de año.

29 de septiembre de 1972 – Cámpora hace llegar al gobierno un documento redactado por Perón con las "Bases Mínimas para el Acuerdo de Reconstrucción Nacional" en el que plantea, entre otras cosas, la modificación de la política económico-social conforme al programa acordado entre la CGT y la CGE, la determinación del rol de las Fuerzas Armadas cumpliendo con el texto constitucional, la designación de un militar en el Ministerio del Interior para garantizar la neutralidad en los próximos comicios y el levantamiento del estado de sitio.

7 de noviembre de 1972 – Cámpora anuncia que Perón regresará al país el 17 del mes en curso.

Simultáneamente, el Líder publica en todos los diarios del país una solicitada dirigida "A los compañeros peronistas" en la que dice: "Antes de que noticias malintencionadas puedan llegar al pueblo argentino, deseo ser yo quien les informe sobre mi proyectado viaje a la patria (...) El gobierno ha manifestado por boca de su presidente, que está dispuesto al diálogo y que yo puedo regresar al país cuando y como lo desee, con todas las garantías. Ello me ha impulsado a retornar a la patria después de dieciocho años de ostracismo, por si mi presencia allí puede ser prenda de paz y entendimiento, factores que, según veo, no existen en la actualidad. Ya van a ser casi treinta años en que me encuentro empeñado en alcanzar tales soluciones y anhelo, si ello es posible, prestar quizás mi último servicio a la patria y a mis conciudadanos. Por eso, a pesar de mis años, un mandato interior de mi conciencia me impulsa a tomar la decisión de volver, con la mejor buena voluntad, sin rencores que en mí no han sido habituales y con la firme decisión de servir, si ello es posible.

(...) Espero, Dios mediante, estar con ustedes el día 17 de noviembre próximo. Hasta entonces, un gran abrazo sobre mi corazón".

14 de noviembre de 1972 – Parte desde Ezeiza el vuelo de Alitalia que transporta a los miembros de la comitiva que acompañarán a Perón en su Retorno a la Argentina.

Perón se traslada a Roma en donde es recibido por el Primer Ministro del gobierno italiano, Giulio Andreotti.
15 de noviembre de 1972 – Desde Roma Perón dirige un nuevo mensaje al pueblo argentino, en la certeza de la expectativa que genera su llegada, diciendo: "También, como en los viejos tiempos, quiero pedir a todos los compañeros de antes y de ahora, que dando el mejor ejemplo de cordura y madurez política, nos mantengamos todos dentro del mayor orden y tranquilidad. Mi misión es de paz y no de guerra".

A la mañana siguiente, en la Catedral de San Pedro, la comitiva ofrece, en agradecimiento, una misa concelebrada por el Padre Vernazza y el Padre Mugica.

16 de noviembre de 1972 – El gobierno adopta todo tipo de medidas de seguridad desplazando gran cantidad de fuerzas militares en torno al aeropuerto bajo el pretexto de garantizar la seguridad física del ex presidente. A pesar de ello, se hace imposible contener a los miles de militantes que consiguen cruzar el río Matanza, bajo una copiosa llovizna.

En la noche del 16, el DC-8 Giuseppe Verdi de la compañía Alitalia, parte desde Roma, con 154 pasajeros, con destino Roma-Dakar-Buenos Aires.

17 de noviembre de 1972 – 11,20hs. – Quince horas después de la partida, el DC-8 aterriza en suelo argentino y Perón es trasladado al Hotel de Ezeiza en donde lo retienen hasta la madrugada del sábado 18, en la que por fin queda libre y se dirige a la casa de la calle Gaspar Campos, en Vicente López.

La comitiva que se trasladó en el vuelo de Alitalia para acompañar a Juan Domingo Perón en su Retorno del exilio, estuvo integrada por los 22 presidentes provinciales del Partido Justicialista y del distrito de Capital Federal, por miembros en retiro del Ejército, Marina, Fuerza Aérea, empresariado, de la CGT, de las 62 Organizaciones, ex funcionarios, ex legisladores, científicos, artistas, profesionales, sacerdotes y deportistas: Héctor J. Cámpora, Carlos Saúl Menem, José H. Martiarena, Jorge Descotte, Jorge Vernazza, Eduardo P. Zetti, Luis Longhi, Abelardo Arce, José Rodríguez, Casildo Herrera, Estanislao Rosales, Rogelio Coria, Juana Larrauri, Ernesto Fatigatti, Horacio E. Apicella, Arturo Pons Bedoya, Guido Di Tella, Raúl Matera, Miguel Angel Barrau, Bruno Porta, Ludovico Lavia, Héctor Sustaita Seeber, Valentín Irigoyen, Miguel Revestido, Horacio Farmache, Oscar Ratti, Irene Román, Carlos Menéndez, Celestino Marini, Oscar R. Bidegain, Enrique Guillamón, Jesús Porto, Florencio Carranza, Antonio S. Castro, Carlos Mugica, Saturnino Funes, Abel Cachazú, Otto Calace, Maximiliano Castillo, Adalberto Wimer, Ernesto Carrasco, Lorenzo Miguel, José F. Sanfilippo, José A. Sánchez Toranzo, Fernando S. González, Enrique Gau, Ricardo F. Anzorena, Julio Quinteiro, Carlos Benítez, Santiago Mele, Alberto Rocamora, Carlos Seeber, Guillermo Solveyra Casares, Pedro J. Bonnani, Jorge Gianola, Juan Carlos Gené, Sra. de Porta, Silvana Roth, Sra. de Campano, Nélida de Miguel, Emilio F. Mignone, Vicente Solano Lima, Jorge Taiana, Rodolfo Desperbasques, Rodolfo A. Ponce, Antonio Cafiero, Benito Llambí, Alfredo Gómez Morales, Juan D’Alesio, Miguel E. Bellizi, Ángel Robledo, Leopoldo Frenkel, Eduardo Duhalde, Rodolfo Ortega Peña, José María Rosa, Marta Lynch, José Muñoz Azpiri, José María Castiñeira de Dios, Hugo del Carril, Oscar Alonso, Leonardo Favio, Aníbal Demarco, Alberto Fonrouge, Nilda Garré de Copello, Marilina Ross, Juan M. de Anchorena, Angel Miel Asquía, Roberto Pettinato, Julio Palarea, Enrique Basualdo, Carlos M. Lascano, Eduardo J. Forteza, Orlando Santos, Jorge Morganti, María M. de Puig, Hugo Baldi, Enrique A. Svrsek, Rodolfo O. Vittar, Horacio Pietraglia, Emilia Poll de Aruj, Julio Romero, Carlos Caro, Vicente Saadi, Jesús Otero, Carlos Snopek, Buenaventura Vai, Antonio Campos, Raúl Lastiri, Chunchuna Villafañe, René E. Bustos, Jorge Waisman, Alejandro Abiati, Eloy Camus, Ramón Moreno, Pedro Maratea, Enrique Cresto, Aquiles Regazzoli, Mario Franco, Armando Juri, Sra. de Lastiri, Guillermo Amarilla, Fidel G. Peralta, Ricardo Obregón Cano, Elías Adre, Pedro Cámpora, Deolindo Bittel, Antenor Gauna, Miguel Vinardelli, Jorge Cepernic y Esther de Sobrino.

 

(Fuentes: Miguel Ángel Barrau, José María Rosa, Enrique Pavón Pereyra)

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