Menu

The best bookmaker bet365

Best bookmaker bet365 Bonus

POLÉMICA SOBRE LA FIGURA DE JULIO.A.ROCA

El Presidente Emérito y el Miembro de Honor de nuestro Instituto, Mario "Pacho" O'Donnell y Osvaldo Bayer se encuentran polemizando acerca de la figura de Julio Argentino Roca.

En notas publicadas en el diario Página 12, debaten sobre este controversial personaje de nuestra historia.

Artículo de Pacho O'Donnell publicado el martes 11 de noviembre de 2014

BAYER Y ROCA

Tengo un antiguo y grande respeto por Osvaldo Bayer, sobre todo por sus investigaciones sobre la masacre y sojuzgamiento de pueblos originarios durante la Campaña del Desierto y sobre la matanza de ovejeros en el sur de nuestro país en tiempos de Yrigoyen. Tanto es así que durante mi presidencia en el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico se lo designó Miembro de Honor, distinción sólo alcanzada antes por el inolvidable revisionista histórico y luchador por los derechos humanos Eduardo Luis Duhalde.

Pero la historia argentina no debe ser analizada y juzgada desde un único ojo patagónico, debe haber una visión ampliada no oscurecida por las pasiones ni las tomas de partido excesivas aunque estén explicadas por el vacilante concepto de lo “moral”.

Mi artículo sobre Roca que él critica se hubiera entendido mejor si el diario en que fue publicado hubiera respetado mi título “Contribución al debate sobre Roca” pues de eso se trata, de reflejar opiniones de preclaros revisionistas que unánimemente y sin discusión han expresado su crítica a la Campaña del Desierto. Yo también lo he hecho en no pocas de mis publicaciones, por lo que no considero insistir en una posición ya conocida. Le recuerdo a Bayer que mi primera biografía histórica fue la de Juana Azurduy, en la que reivindiqué la participación indígena en nuestras guerras de la Independencia y también la de la mujer, tan oscurecida en la historia oficial, a la que siguieron permanentes referencias a su martirologio, por ejemplo en El Rey Blanco.

No es un recurso aceptable citar parcialmente como hace Bayer en una frase mía en la que dejo clara mi censura por lo despiadado del operativo que asocio “necesario” para la indignante distribución de las inmensas pampas ganadas que fueron a dar a manos de la oligarguía latifundista de entonces, habitués del Círculo de Armas y el Club del Progreso y otros centros de reunión de la elite “dueña del país” donde sus socios se las repartieron con gran generosidad recíproca.

Ceferino Reato y yo tenemos opiniones distintas, por ejemplo en nuestras posiciones sobre el gobierno actual, y ello ha quedado registrado en publicaciones y entrevistas. Achacarnos el mismo andarivel es un reduccionismo inaceptable.

En mi artículo aparecía claro que los más destacados pensadores nacionales del revisionismo, como Jauretche del peronismo y Abelardo Ramos de la izquierda nacional, no tuvieron temor a airadas réplicas –que también las tuvieron– por destacar algunos matices de don Julio Argentino. Y hacerlo no significa estar de acuerdo con el genocidio de pueblos originarios sino ser buenos historiadores de la corriente nacional, popular, federal e iberoamericana.

Recuerdan que Roca y su coterráneo Avellaneda, ambos tucumanos, promovieron la capitalización del país en el interregno entre ambas presidencias que terminó con muchos privilegios del liberalismo despótico, librecambista e industrialista de la provincia de Buenos Aires, lo que llevó a su gobernador Tejedor a desencadenar una guerra civil que produjo más de 3000 muertos y que motivó a los porteños a dar una bienvenida hostil al nuevo mandatario, quien había tenido el apoyo del ejército nacional de raíz provincial y de la poderosa liga de gobernadores del interior, opuestos o al menos diferenciados de los intereses porteños. ¿Podrá acusar de “entusiasta defensor del genocidio” a Arturo Jauretche, como lo hizo conmigo, por opinar que “el roquismo significa una integración nacional porque después de Pavón sólo habían contado los porteños y aporteñados. Ahora el poder estaba en manos de la ‘liga de gobernadores’ y el caudillo del ejército, también provinciano”? ¿También lo sería el Colorado Ramos cuando escribió que la ocupación de la Patagonia reveló en Roca “un concepto territorial de la soberanía” diferente a los liberales porteños, que concebían un país reducido a la pampa húmeda? ¿Y qué decir de Scalabrini Ortiz, queda también descalificado por el liviano apóstrofe de lo “moral” que revolea Bayer por haber elogiado la Ley 1420 de educación gratuita, laica y obligatoria, la doctrina Drago que planteaba que ningún país, léase potencia, tenía derecho de invadir a otro para cobrarse una deuda, la creación de los registros civiles, el conflicto con la Iglesia? ¿De eso no se debe hablar por temor a quedar anatemizado por el “dueño” de la historia trágica de la Patagonia?

Escuché decir a Bayer que Roca fue ascendido a general en la Guerra del Paraguay. El apasionamiento no debe llevar a alterar los datos históricos pues, en este caso, lo fue por su triunfo ante el mitrista Arredondo en la batalla de Santa Rosa en 1874. Y lo de haber terminado con una porción importante del poder de don Bartolomé en la política argentina no es tema a desdeñar, aunque es de reconocer que luego, aliados, con Carlos Pellegrini, condujeron las riendas de la Argentina del fraude y de la represión hasta la asunción de Yrigoyen.

¿Al hacer un informe sobre la criticable Conquista de un Desierto que no lo era porque era feraz y ubérrimo y habitado por seres humanos se puede pasar por alto que la inevitable decisión geopolítica de ocupar la Patagonia se hizo en el mejor momento, cuando Chile estaba enzarzado en su guerra contra Chile y Perú, esquivando así una guerra indeseable contra el país tran-sandino que aún hoy reclama sus derechos al sur argentino? ¿Ignora Bayer que la ocupación patagónica estaba en los planes de Gran Bretaña y que la que consideramos jocosa figura del Rey de la Patagonia evidenció el interés de Francia?

En lo que estoy francamente en desacuerdo con Bayer, a eso me referí con lo de un “revisionismo fundamentalista”, es con lo de tirar abajo los monumentos a Roca. Centrar en él todos los males del país es indultar y desconocer la importancia de otros personajes nefastos. A lo que adhiero, y en eso estoy hace tiempo, es en cambiar nombres de calles, quitar y poner feriados, meter mano en los programas de estudio, sobre la base de una versión nacional, popular, federal e iberoamericana de nuestra Historia, investigada y difundida desde los sectores populares en contraste con la historia oficial dictada por el privilegio liberal, extranjerizante, machista y antipopular.

Artículo de Osvaldo Bayer publicado el sábado 22 de noviembre de 2014

LOS QUE VIVEN Y LOS QUE MANDAN

He leído la nota de Pacho O’Donnell titulada “Bayer y Roca” que publicó este diario en su edición del jueves 11 noviembre. Soy partidario de las polémicas cuando son constructivas y buscan, en este caso, el esclarecimiento de nuestra historia, de hechos casi siempre silenciados o mal interpretados. Siempre he sostenido que la verdadera historia debe ser interpretada a través de la Etica y no de los “éxitos” de ciertos personajes históricos consagrados como próceres.

La contestación de Pacho O’Donnell se refiere a algunos puntos de mi nota pero silencia otros. Vuelvo a insistir, la vida de un “prócer” debe ser juzgada principalmente por la defensa o no de la vida y de la igualdad. En la mal llamada “Campaña del Desierto”, Roca –y su presidente Avellaneda– otorgaron la tierra quitada a los pueblos originarios, a los estancieros de la Sociedad Rural, a otros favorecidos y al propio Roca, con su estancia “La Larga”. Tampoco Pacho O’Donnell nos habla del espíritu represivo de Julio Argentino Roca. No sólo por haber comandado esa vergonzosa campaña del Desierto que finalizó con la muerte de seres humanos y que junto a Avellaneda reinventó la esclavitud de miles de hombres, mujeres y niños prisioneros, sino que también siendo presidente de la Nación –en su segunda época– aprobó la vergonzosa Ley de residencia, redactada por Miguel Cané, la 4144, por la cual se expulsaba a todo extranjero que realizara acciones contra la seguridad nacional. Esto, en la verdadera letra, significó la expulsión de anarquistas y socialistas que difundían las ideologías de igualdad de todos los seres humanos. Por orden de Roca fueron expulsados centenares de españoles, italianos, rusos y de otras nacionalidades. Pero lo más cruel de esta ley es que en el procedimiento se expulsaba solamente al hombre y se dejaba en el país a su mujer y a sus numerosos hijos. Este procedimiento se hacía para que la mujer le dijera a su marido: “no te metas en el sindicalismo porque te van a echar del país, y yo ¿cómo alimento a nuestros pequeños hijos?”. Sí, porque el gobierno argentino a los países de donde venían los inmigrantes les imponía que debían vigilar a los expulsados de la Argentina para que no intentaran volver. Fue así que miles de hogares quedaron separados.

Todo esto debe ser analizado y tenido en cuenta para juzgar a nuestros “próceres con monumento”. Me imagino qué sentirá todo argentino informado y los que tengan sangre de los pueblos originarios cuando pasan frente al monumento a Roca. Por eso, nada mejor que poner allí el monumento a la mujer de los pueblos originarios en cuyo cuerpo se originó no sólo el llamado indio, sino el mestizo, aquel que en gran parte fue denominado “gaucho” y fue soldado esencial de nuestra lucha por la independencia.

Además, no nos olvidemos de aquel 1º de mayo de 1904, cuando los obreros hacen una concentración en La Boca y marchan por sus calles en recuerdo a los Mártires de Chicago y de pronto son enfrentados por la policía que, sin aviso, hace fuego contra las columnas obreras. En este cobarde ataque cae muerto el primer mártir del movimiento obrero argentino, el joven Juan Ocampo. Los obreros rescatan su cuerpo y lo velan en el local de la FORA. A la noche, la policía asalta el local y se lleva el cuerpo del joven asesinado, el cual nunca aparecerá. Sería el primer desaparecido en la historia de los trabajadores argentinos. Tiempos de Roca y sus influencias. Una línea que seguirán después dictadores desaparecedores en la Argentina. En esa Argentina que había tenido a Belgrano, Moreno, Castelli y tantos otros libertarios.

Quien dispuso que el monumento a Roca se pusiese allí, en pleno centro de Buenos Aires, fue su hijo, vicepresidente de la República con la presidencia de Justo, en la llamada “década infame”, después de la dictadura de Uriburu. Fueron electos con el llamado “fraude patriótico”, según ellos se hizo fraude, sí, pero por patriotismo. Verdades argentinas. Se recurrió a “meter la mula” en las elecciones para no perder el poder. “Fraude patriótico”, término muy argentino que en el extranjero nunca pudieron entender.

Pueden pasar años, pero como decimos siempre, al final triunfa la Etica. Y veremos retirar el monumento a ese genocida no sólo del centro de Buenos Aires sino también del centro de Bariloche, que es un insulto constante para los pueblos originarios que allá habitan.

El escultor Zerneri ya tiene lista en la ESMA la estatua a la mujer de los pueblos originarios. Una bella escultura con todos los rasgos nativos. Ojalá pronto salga a respirar los aires porteños del centro de Buenos Aires, allí, a metros nada menos que del Cabildo, donde nació nuestro bello y valiente grito de ¡Libertad!

En vez del rostro cargado de muerte del autor del crimen llamado “Campaña del Desierto”, los argentinos vamos a ver el rostro de una mujer encargada de sembrar vida sobre estas pampas infinitas. Siempre elaborando vida pese a los sinsabores de esclavitud y a ser denominada “india” como si no perteneciera desde siempre a estas tierras ubérrimas.

Cambiar al que trajo la muerte o la esclavitud a toda una población auténtica por quien trajo la vida a miles y miles de los habitantes de nuestras llanuras sin fin es algo noble, legítimo.

Notas relacionadas:
OSVALDO BAYER Y "PACHO" O'DONNELL SOBRE LA FIGURA DE JULIO.A.ROCA

volver arriba

logo footer

Rodríguez Peña 356. CP : 1220. CABA. Argentina
Teléfono: 54 11 4371 6226