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MANUEL DORREGO: INFORME DE INVESTIGACIÓN

Compartimos aqui informe de avance de la investigación del Miembro de nuestro Instituto Fernando del Corro y equipo, sobre la figura de Manuel Dorrego, que se realiza en el marco del Instituto de Investigaciones de Políticas y Proyectos Públicos del Circulo de Ministros, Secretarios y Subsecretarios del Poder Ejecutivo Nacional.

Manuel Dorrego: informe de avance

Manuel Críspulo Bernabé Dorrego (nacido el 11 de junio de 1787 en la Ciudad de Buenos Aires y asesinado en Navarro, Provincia de Buenos Aires, el 13 de diciembre de 1828) fue uno de esos patriotas a los que la historia oficial se encargó de minimizar para lo cual apeló, básicamente, al ocultamiento de sus ideas y de gran parte de sus acciones, reduciendo éstas a los aspectos militares, como sucediera, de manera similar, con Manuel Belgrano, a quién se lo redujo a su condición de creador de la bandera nacional, con el agregado de ser un mal militar, ignorándoselo como gran economista, educador y demás.
En el caso de Dorrego se recurrió a una práctica similar. Para esa misma historia oficial elaborada a partir del ex presidente Bartolomé Mitre y sus seguidores, Manuel Dorrego también fue un militar y caudillo de poca monta que formó parte del partido federal y que fue “ajusticiado” por Juan Lavalle en razón de su postura desintegradora de la “unidad nacional” del modo que pretendía el poder económico instalado en la entonces Provincia de Buenos Aires que incluía lo que hoy es la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Así es como ante mi propuesta, la Comisión Directiva del “Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego”, por entonces presidido por el polifacético amigo Mario “Pacho” O’Donnell, impulsó la investigación, inicialmente, de los aspectos económicos del pensamiento de nuestro epónimo lo que, luego, ya en la tarea concreta, se fue expandiendo a otros rubros como sus ideas constitucionalistas, su labor como legislador y sus relaciones con otros líderes provinciales de la época como, particularmente, en el caso del gobernador santafesino Estanislao López.
El equipo de investigadores, con algunas altas y bajas a lo largo del tiempo, está integrado en la actualidad por Bianca Casagrande, Alejandro García Poultier, Alejandro Heredia y Carla Mariela Iantorno con la perspectiva de sumar algunos otros que se han mostrado interesados en ello. Cada uno de ellos ha realizado aportes significativos que, incluso, en un par de casos, ya han trascendido las fronteras de nuestro edificio y del conocimiento de miembros de nuestro propio Instituto. Al respecto, a continuación, se va a ir explicitando cada uno de los trabajos realizados por los antes mencionados con el aporte de las colaboraciones de quienes participaron, durante algunos momentos, en esta investigación.
El Himno a Dorrego
A partir de sus trabajos de investigación, y como suele acontecer a menudo en estos casos, Alejandro Heredia, vice-chozno del homónimo ex gobernador tucumano y autor de una biografía de ese antepasado que fuese presentada en nuestro Instituto, se topó, accidentalmente con la letra y la música de un himno a Manuel Dorrego, impresa según todas las características de toda obra musical.
El aporte de nuestro Alejandro Heredia le fue entregado al actual presidente del Instituto, Luis Omar Launay quién, a su vez, tomó contacto con las autoridades de la Banda de Música del Ejército Nacional. Estas, con el mayor entusiasmo, recibieron nuestro aporte y encararon los ensayos correspondientes con vistas a sus presentaciones públicas.
En tal sentido ya se nos hizo saber que, en breve, dicho himno será presentado en público en diferentes plazas de la CABA e incluso en otras de poblaciones de la Provincia de Buenos Aires y más tarde del resto del país. El propio presidente Luis Launay es quién se mantiene en contacto con las autoridades de la Banda para concretar dichas presentaciones.
Si fuera posible sería muy interesante que la primera de las mismas pudiese tener lugar el próximo 13 de diciembre al conmemorarse 186 años del asesinato de Dorrego en Navarro por orden de Juan Galo de Lavalle, aquél a quién se lo calificara como “la espada sin cabeza” a raíz del poema “Avellaneda” de Esteban Echeverría.
El canal de Mendoza
Cuando en la Argentina se habla de la deuda externa la referencia obligada, como punto de arranque, es el conocido como “Préstamo de la Baring Brothers” contratado en 1824 a instancias de Bernardino de la Trinidad Rivadavia, el gran prócer del liberalismo argentino, y cuyo nombre identifica a la avenida más larga del mundo.
Sin embargo se olvida que el propio Bernardino Rivadavia realizó un nuevo intento de endeudamiento. No solamente la historia oficial lo pasa por alto sino que tampoco aparece considerado en los trabajos revisionistas. Casi la única excepción es la del historiador Luis Conde que hizo mención al propósito rivadaviano de obtener un nuevo préstamo a los efectos de cavar un canal desde Mendoza hasta Buenos Aires apto para la navegación entre la región andina y la costa atlántica.
Ese tema había comenzado a ser investigado por la entonces colaboradora Elsa González la que luego desistió a raíz de los problemas de salud de su madre los que la obligaron a concentrarse en ese tema. Dada la importancia de la cuestión la misma pasó a manos de Alejandro Heredia y Bianca Casagrande. Esta última, guionista y docente, también se encarga de los aspectos administrativos del grupo como la convocatoria a las reuniones que, habitualmente, se realizan los jueves a las 17.30 en el Salón de Reuniones del primer piso del edificio del Instituto, en Rodríguez Peña 356.
Heredia, antropólogo e historiador, y Casagrande han estado tratando de avanzar en los aspectos relacionados con ese nuevo intento rivadaviano de endeudamiento que fuera frustrado, precisamente, por la intervención de Manuel Dorrego en la legislatura bonaerense. Se trata de un tema particularmente importante ya que, por un lado, ratifica la postura de Bernardino Rivadavia como agente de los intereses financieros de la city londinense y, por otro, deja en claro que Dorrego tenía claros diferentes aspectos que excedían, largamente, lo relacionado con lo militar para adentrarse en lo que hacía a la organización del estado entendiendo los problemas de índole económico-financiera. De todas maneras aún resta bastante para poder publicar este tema.
Lo que sí está en claro es lo disparatado de la propuesta que sólo podía entenderse como un negociado público ya que no existía posibilidad alguna de hacer que la excavación que se realizase pudiese devenir en un canal navegable ya que, en primer lugar, no existían ni existen las fuentes hídricas que abastezcan a la zanja planteada del agua indispensable para el desplazamiento del transporte fluvial.
Acerca de la organización del país
No todos los federales coincidían en lo que debía ser la organización nacional. Tampoco los unitarios. Dentro de ambos marcos genéricos de denominación existían puntos de vista encontrados. Así como Mariano Fragueiro, gran economista de concepción unitaria, tenía una cosmovisión más popular y nacional que más de un federal, también entre éstos existían propuestas diferenciadas y, en eso, está clara la postura dorreguista, a la larga derrotada, de avanzar hacia formas confederales con menos estructuras políticas locales y más eficiencia en el desarrollo de las estructuras económicas y sociales.
Sobre ese particular es importante el trabajo concretado por nuestro investigador Alejandro García Poultier sobre la “Participación de Manuel Dorrego en la Asamblea Constituyente de 1826. Sobre la forma de Gobierno”. Ese trabajo ya fue publicado en el Boletín Informativo del Instituto del Círculo de Ministros, Secretarios y Subsecretarios de la Nación (Icimiss) con crédito a nuestro propio Instituto Dorrego y más tarde fue reproducido en el portal de este último. De hecho, la idea es la de ir avanzando en las investigaciones y, pari passu, a medida que las mismas resulten satisfactorias, darles difusión pública anticipatoria de alguna futura recopilación en un libro cuando se alcance la dimensión e importancia suficientes.
Como aporte a este informe se agrega el primer párrafo de dicha investigación en la que queda claramente reflejada esa idea confederal que luego retomó Juan Manuel de Rosas cuando el 14 de diciembre de 1834 le escribiese al gobernador riojano Juan Facundo Quiroga la “Carta de la Hacienda de Figueroa” y en la cual, prácticamente, reitera no sólo los criterios sino también los propios ejemplos puntualizados por Manuel Dorrego en la Asamblea Constituyente de 1826.
“El análisis sobre la palabra y la postura de Manuel Dorrego en la Asamblea Constituyente de 1826 nos permitirá comprender porqué se lo consideró “el tribuno del federalismo” y de qué manera con su discurso buscó rebatir las ideas que el partido unitario intentó y logró imponer para desgracia de la patria. Se repetía la historia de 1819 con sus trágicas consecuencias de guerras civiles, y de esas consecuencias aprendió Dorrego, quien dice en su primera alocución en el debate sobre la Constitución nacional: “En la época de la Constitución del año 19, su promulgación fue lo que empeoró la situación del estado y lo que dio margen a las escenas de desolación y de sangre...”1 Los intentos monarquizantes de 1819 volvían en el espíritu unitario, las similitudes entre un proyecto y otro eran evidentes ahora bajo un republicanismo centralizante. Conjugando su formación teórica en su destierro en Baltimore, donde se interiorizó en primera persona del funcionamiento del federalismo en los Estados Unidos, con su acabado conocimiento de la situación política y económica de las provincias y sus caudillos (las relaciones entre ese pueblo y sus líderes) procedió a dar una batalla que ya sabía estaba perdida de antemano. Pero a partir de esa batalla de ideas la palabra federalismo pasó a tener un peso específico propio, un contenido, no sólo carga simbólica y declamativa, a partir de sus intervenciones”.
Tras desarrollar un arduo combate contra la mayoría unitaria de esa Asamblea Constituyente, es importante transcribir lo que se señala en el último párrafo de ese trabajo ya dado a conocer. Así como en el primero, de apertura, se habla de los propósitos que lo motivaron en sus exposiciones y la realidad de la predominancia unitaria por aquel entonces, el cierre muestra a un Dorrego cuantitativamente derrotado en la votación pero triunfador en cuanto a sentar las bases doctrinarias de un federalismo que, aunque con variantes significativas, terminó imponiéndose, a la larga, en la estructuración del país.
“Finalmente se cierra la discusión sobre la forma de gobierno:“ ...a juicio del que habla, no sólo en conformidad de la provincia que representa, sino de todas, el sistema federal es el único adaptable en las circunstancias porque es aquél que una mayoría excesiva parece que designa y pide. Así, pues, mi voto es por el sistema federal”. La mayoría unitaria cumplió con su propósito y el día 24 de Diciembre sancionó la Constitución, Manuel Dorrego dio la batalla desde el plano de las ideas definiendo al federalismo, prosiguió, en cierta forma, con la labor de José Gervasio de Artigas, en el sentido de darle al federalismo un contenido doctrinario, dotarlo de un contenido y de un mayor grado de sistematización de las ideas que encerraba. Nuevamente Dellepiane escribe, que sobre el cierre del debate: “Dorrego, convertido ya, por gravitación natural, en heraldo y paladín del federalismo, multiplica sus recursos y medios de acción, en la prensa y en el Congreso, para impedir este cúmulo de despropósitos, cuyos efectos desastrosos analiza con sapiencia de sociólogo y profetiza con clarividencia de estadista”. Las palabras federalismo y unitarismo adquirieron su contenido en el seno de esto debates, ya sea por la calidad de los expositores como por la claridad con que se definieron los intereses representados por cada uno de los partidos. Su plan para organizar el país incorporaba a las mayorías, a partir de incluir a los caudillos, a su influencia política en las provincias, Dorrego comprendió que la única forma de organizarse constitucionalmente era reconociendo su poder político; que conserven autonomía sus provincias para así establecer una confederación que respete sus intereses. Era lo que el pueblo deseaba, y pocos hombres como Dorrego supieron interpretar esos deseos”.
Como acotación cabe señalar que en esta síntesis del trabajo de Alejandro García Poultier se han omitido las citas bibliográficas incluidas en el texto pero que están disponibles en ambos boletines ya mencionados.
Dorrego y Estanislao López
Carla Iantorno, profesora de Historia graduada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, también se encuentra avanzando en las visiones constitucionales de Manuel Dorrego mediante un trabajo ya pronto a ser presentado y mediante el cual se darán a conocer algunas ideas trascedentes relacionadas con el pensamiento de Dorrego que afirman lo ya expuesto en el trabajo desarrollado por Alejandro García Poultier.
Nuestra joven investigadora hace hincapié, en el capítulo al que se encuentra abocada, a las vinculaciones, no solamente de carácter personal, sino también ideológicas, entre Dorrego y el santafesino Estanislao López. Allí queda de manifiesto que la Constitución de la Provincia de Santa Fe, sancionada por dicho gobernador el 26 de agosto de 1819, constituye el punto de partida del federalismo argentino llevado al papel bajo formas jurídicas frente a la constitución unitaria elaborada por el Congreso de Tucumán, por entonces trasladado a Buenos Aires, un trimestre antes, el 25 de mayo del mismo 1819.
Eran muy pocas las constituciones escritas por entonces. Después de la constitución vikinga de Islandia, la primera que se conoce, y la iroquesa, en América del Norte, la segunda, para la época en que se trabajaron estos temas en la Argentina sólo existían muy pocas constituciones en el mundo como la de los Estados Unidos de América, sancionada el 17 de septiembre de 1787, y a la que siguieron la de Francia en 1791 y la de España en 1812. La Constitución Santafesina de 1819 tiene algunas características muy particulares que unen ciertas ideas de Estanislao López con las de Manuel Dorrego sobre las que trabaja Carla Iantorno.
Una de las cuestiones relevantes, vinculadas con el concepto de la “Patria Grande”, que Dorrego compartiera con el gran-colombiano Simón José Antonio Bolívar, reflejadas en la referida Constitución Santafesina de 1819 es la de conceder el carácter de “ciudadano” de esa provincia a todo aquél que hubiese nacido en cualquier país del continente. Un chileno, un boliviano, un mexicano o un cubano eran tan ciudadanos de Santa Fe como alguien que fuera engendrado en Rosario, por ejemplo. “Todo americano es ciudadano”, reza el artículo tercero de dicha Constitución.
El trabajo apunta a que ese acercamiento entre López y Dorrego que pudo haber salvado a éste de su asesinato a manos de Juan Lavalle no solamente era producto de una alianza militar circunstancial sino, básicamente, de un acuerdo ideológico estratégico, como se verá cuando, en breve, se publique esa investigación.
Un punto interesante, aún en análisis, y motivo de otra investigación futura, es la perspectiva de un entronque de esas ideas federalistas con la Constitución de Filadelfia (la de los EUA de 1787) y, a través de ésta, con la de los antiguos iroqueses, cuya norma de 117 artículos, sirviera a Benjamin Franklin, para sentar los principios de aquella en sus aspectos democráticos, federales y participativos. Todo ello vinculado, esencialmente, con la estancia de Dorrego en Baltimore durante la cual quedan por investigar algunos aspectos hasta el momento no documentados como la posible ayuda financiera que el luego gobernador argentino asesinado diese a Simón Bolívar para la postrera y triunfal campaña de éste mediante la recolección de fondos en los EUA.
Dorrego y la participación popular
Una cuestión importante en la visión de Dorrego se relacionaba con la cuestión de la ciudadanía, ya mencionada en el caso de Estanislao López en la Constitución Santafesina de 1819. En el trabajo que están desarrollando Bianca Casagrande y Alejandro Heredia se muestra también una clara apertura en la materia aunque mucho más restringida que esa declaración de “ciudadano” para cualquier americano sin distinciones.
Para Dorrego eran “ciudadanos” argentinos todos aquellos nacidos en el territorio nacional más los extranjeros que habían combatido en los ejércitos nacionales, los españoles que habitaban el país desde antes de la Declaración de la Independencia en 1816, y todo extranjero arraigado y casado en el país, o sin estar arraigado ni casado pero con ocho años de residencia. Como se observa no era extremadamente restrictivo pero carecía de la amplitud de lo establecido por la referida Constitución avanzada del santafesino Estanislao López, por entonces abrevante en el pensamiento del oriental José Gervasio de Artigas.
Es interesante observar, sin embargo, como Dorrego tenía ideas de promover la inmigración extranjera para poblar el territorio nacional siempre sobre la base de lo que había observado en los EUA. Incluso recordando que este país había instrumentado una compañía para facilitar la emigración europea hacia ese destino hasta pagando el transporte y poniendo como ejemplo que ya en 1818 habían llegado entre 25.000 y 30.000 desde el llamado Viejo Continente subvencionados, incluso mediante el reparto de tierras y la entrega de bienes de labranza.
De hecho Manuel Dorrego era partidario de políticas semejantes y no de las políticas de formación de una gran oligarquía como la surgida de la enfiteusis de Bernardino Rivadavia contra la cual ya se habían expresado Juan José Paso y Juan José Viamonte. Esas ideas de promover una fuerte inmigración recién van a ser receptadas décadas más tarde pero de una manera mucho más limitada cuando la expansión del ciclo lanar hizo necesaria la captación de mano de obra calificada. Pero esos inmigrantes no tuvieron el respaldo público que reclamaba Dorrego quién, incluso, consideraba importante establecer un sistema de libertad de conciencia que favoreciera la llegada de familias de diferentes orígenes geográficos, culturales y religiosos.
“Lo primero que se fije el extranjero al transplantarse a otro país es la seguridad individual y la libertad de conciencia; y los pobres en los medios de adquirir su subsistencia; y todo lo demás son teorías”, fue el esquema planteado por Dorrego para la captación de población. De haberse aplicado sus criterios no existiría, seguramente, hoy en la Argentina una oligarquía, tradicional o moderna, que durante más de un siglo fue el asiento del poder político, social y económico.
Dentro de estos esquemas las investigaciones de Casagrande y Heredia también están apuntando a los aspectos políticos de la participación popular como el derecho al voto abierto a todos los sectores sociales sin discriminación de ocupaciones y niveles de riqueza. Todo ello está claramente especificado así como otras cuestiones que se podrán ver en breve con la difusión de los trabajos.
Otras perspectivas
Además de la necesaria profundización de la actuación política, militar y social de Manuel Dorrego en la Argentina corresponde tener en cuenta algunas otras cuestiones que, progresivamente, serán tomadas en cuenta. Una de ellas, ya trabajada por el historiador chileno Pedro Godoy, es la relacionada por su paso como estudiante universitario en ese país y su rol en las primeras etapas del proceso revolucionario trasandino en el que tuvo una actuación destacada como dirigente juvenil. De esa participación logró que varios centenares de chilenos lo acompañasen en su regreso a la Argentina para participar en las luchas independentistas de este país.
Aunque aún sin haber puesto demasiados esfuerzos en la materia también corresponde hacer un chequeo de los reconocimientos que se han dado a su figura en la toponimia argentina y en la designación de instituciones como nuestro Instituto. Al respecto nos hemos demorado en razón de que las personas que estaban a cargo de esa tarea desertaron de sus investigaciones por problemas ajenos a las mismas. De todos modos la cuestión sigue en pie.
También merecen un análisis sus artículos periodísticos, entre ellos los correspondientes a su período como exiliado en Baltimore y su participación en los enfrentamientos, diplomáticos y militares, con el Imperio del Brasil, así como su incitación a la creación de la República de Río Grande do Sul, la luego conocida como la República de los Farrapos (harapientos), la que se concretó el 20 de septiembre de 1835, varios años después de su muerte.
Así como ya se ha dado a conocer el trabajo elaborado por Alejandro García Poultier, quién está encarando otra investigación sobre la historia de Manuel Dorrego, se irá haciendo lo propio con cada uno de los otros en la medida que se considere que están dadas las condiciones aunque cabe consignar que nunca se puede considerar cerrada una cuestión dado que siempre existe la posibilidad de que se encuentren documentos y textos que no se conocían o habían desaparecido como aconteciera con el caso ya referido del himno a Manuel Dorrego. Algunos de los trabajos ya comentados en este informe se darán a publicidad a la brevedad al tiempo que se avanzará en otros que ya son objeto de consideración por parte de los integrantes de este grupo.
En tal sentido es probable que se concrete, progresivamente, la incorporación de más investigadores, sobre todo de algunos jóvenes economistas que fueran alumnos míos en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, algunos de los cuales han asistido como observadores a reuniones del elenco estable que integran los referidos Casagrande, García Poultier, Heredia e Iantorno, cuya conducción me honra y gratifica.

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