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3 de Julio.1940 – Argentina

Ramón S. Castillo asume la presidencia de la Nación, debido a la licencia que por enfermedad solicitara el doctor Jaime Gerardo Roberto Marcelino María Ortiz. 

A poco estalló el escándalo de la compra de las tierras de El Palomar: el ministro de Guerra, general Carlos D. Márquez, aprobó la compra de una fracción de campo lindante con el Colegio Militar para la ampliación de éste, por un precio sustancialmente mayor que el fijado por los trabajadores oficiales y por la misma parte vendedora
Intermediarios inescrupulosos, con la colaboración del propio presidente de la Cámara de Diputados, legisladores y funcionarios, se hicieron de una masa de dinero de alrededor de un millón de pesos, producto del desfalco, que se repartieron. Descubierto el delito, quedó seriamente comprometido el ministro de Guerra. Sintiéndose afectado de alguna manera, renunció el presidente Roberto M. Ortiz, que estaba en uso de licencia, pero el Congreso rechazó la dimisión. También renunció el ministerio, lo que le permitió a Castillo recomponerlo con personas de su preferencia entre las que descollaban Federico Pinedo, el doctor Julio A. Roca, Miguel Culacciati y el general Juan N. Tonazzi.

Esto ocurría en setiembre de 1940, desde aquí en adelante pudo Castillo imponer dirección propia a las políticas a aplicar, que en lo electoral significó una vuelta a las prácticas fraudulentas, que comenzaron a exteriorizarse en las elecciones de gobernador en Santa Fe (diciembre de 1940) y en enero de 1941, en Mendoza.

El ataque japonés a Pearl Harbour y la consiguiente entrada de los Estados Unidos en la guerra (diciembre de 1941), complicó la política internacional de Castillo, que comenzó a ser presionado por el gobierno norteamericano para que Argentina se alineara con los aliados, postura que el presidente resistió estoicamente, logrando inclusive en la Conferencia de Río de Janeiro de 1942, que un acuerdo para que los pueblos latinoamericanos rompieran sus relaciones con el eje, se transformara en una mera recomendación a tal efecto.

Políticamente Castillo se afirmó con la muerte de Ortiz, que ya había renunciado a su cargo, y de Marcelo Torcuato de Alvear, líder radical, decesos producidos en 1944 y 1942 respectivamente.

Como hombre de vasta influencia, incluso dentro de sectores del ejército, quedaba Justo, con justificadas pretensiones para suceder al hábil y firme catamarqueño, a punto tal que también círculos radicales entraron en conversaciones con él. Pero el 11 de enero de 1943, fallecía Agustín Pedro Justo, y entonces resultó evidente que la influencia del presidente tendría mucho que ver con la designación de su sucesor.

En el campo económico, el ministro Pinedo presentó en el Congreso un proyecto denominado Plan de Reactivación Económica, hacia noviembre de 1940. Se proponía desarrollar la industria dispensando crédito bancario para tal actividad, limitando la importación de mercaderías provenientes de Estados Unidos, fomentando la construcción de casas baratas, estableciendo una zona de libre comercio con las naciones vecinas, etc. Incluía también apoyo a los sectores agropecuarios, y la creación de una Corporación de Ferrocarriles, que fue criticada en cuanto significaba ventajas para los capitales ingleses invertidos en ese medio de transporte. El Plan fue aprobado en el Senado pero rechazado en Diputados.

No obstante, la administración Castillo favoreció el proceso de industrialización que se estaba operando. En 1941 entró a funcionar la Dirección General de Fabricaciones Militares, ente que no solamente nos independizaba parcialmente del exterior en cuanto a la fabricación de armamentos, sino que mucho tuvo que ver con la edificación de las bases del desarrollo metalúrgico nacional. Como lo tuvo que ver la creación de los Altos Hornos de Zapla a principios de 1943. Alma de estas medidas fue el general Manuel Savio. El presidente Castillo afirmaba que: “Los países exclusivamente ganaderos y agrícolas están destinados a la servidumbre; eso ya es cosa del pasado” (6). Se considera a Castillo el creador de la marina mercante nacional hecha sobre la base de la incorporación al patrimonio nacional de buques italianos, daneses, alemanes y franceses. Además, tomó posesión del puerto de Rosario, que seguían explotando capitales franceses a pesar de que la concesión estaba vencida.

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