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5 de Julio

1683 - Argentina
Fernando de Mendoza y Mate de Luna, funda San Fernando del Valle de Catamarca, “Catamarca” proviene del quechua: "fortaleza en la sierra". El gobernador dispuso que la ciudad tuviese nueve cuadras de largo y nueve cuadras de ancho.

Fernando de Mendoza y Mate de Luna, nació en Cádiz, Gobernador y Capitán General de la Isla de Margarita la cual estuvo bajo su tutela hasta 1654. Gobernador de Tucumán 1681-86, autorizó el traslado de la ciudad de Tucumán que concretó el teniente de gobernador don Miguel de Salas y Valdés, en 1685. La capital tucumana quedo establecida desde entonces en el lugar que ocupa en nuestros días. Luego alcalde de Santiago de Chile hasta su muerte en 1692.

En 1668, el alcalde ordinario de San Miguel de Tucumán, don Pedro Ramirez de Velazco, fundó una población en San Isidro (Valle Viejo) que se llamó sencillamente Población del Valle. Fuera de Córdoba, ninguna ciudad aventajaba el progreso poblacional del Valle de Catamarca en esos años.

Para cumplir con el anhelo de los vecinos de la Población del Valle, es decir la creación de la Provincia de Catamarca, había que desmembrar en parte las ciudades vecinas a San Miguel de Tucumán a La Rioja y a Santiago del Estero. El Consejo de Indias con fecha 9 de Mayo de 1678, resolvió favorablemente el pedido, y el 16 de Agosto de ese mismo año, se expidió la Cédula Real, que es el acta de creación de la Provincia de Catamarca.
La Cédula Real tardó en llegar a Tucumán dos años; y el gobernador don Fernando de Mendoza Mate de Luna, demoró otros dos para dar cumplimiento a la misma. El 16 de Junio, el gobernador reunió a 22 de los principales vecinos de Las Chacras, para pedirles su opinión con respecto a la ubicación de la nueva ciudad, pero divergían con respecto al lugar preciso. Mendoza Mate de Luna, sin inclinarse por uno ni por otro lugar, resolvió entre el 21 y 22 de Junio de 1683, fundar la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca.

1807 - Argentina
Se produce la Defensa de Buenos Aires ante las invasiones inglesas, donde las fuerzas de John Whitelocke son derrotadas. Whitelocke dio la orden de ingresar a la ciudad en 12 columnas, que se dirigirían separadamente hacia el fuerte y Retiro por distintas calles. Según cuenta la tradición popular. Liniers y Álzaga habían logrado reunir un ejército de 9.000 milicianos, apostados en distintos puntos de la ciudad. 

Ya antes de 1800, los ingleses, siempre ávidos no sólo de gloria sino de los bienes ajenos, habían incursionado por el Río de la Plata. Montevideo fue fundada en 1726, en el siglo XVIII. Inglaterra en el Siglo XVI no era una potencia a nivel de España y recién estaba comenzando a desarrollar su marina. Los que actuaban mayormente eran los piratas como Drake (que asolaba las costas americanas), Cavendish y otros. Lo que hizo Inglaterra durante los siglos XVI y XVII fue hostigar a España en el mar y en los puertos americanos desarrollando una especie de guerra de guerrillas marítimas a través de "empresarios" privados. También a Portugal y Holanda.
Así fue como en 1760 colaboraron con los portugueses en el ataque a la Colonia del Sacramento.

Después fue la expedición “privada” del Almirante MacNamara, que salió de Gran Bretaña con escala en Río de Janeiro, con nueve buques de guerra y 3.000 soldados, que atacaron Colonia como paso previo a invadir Buenos Aires. Pero fracasaron y murió en el intento.
En 1765 hacen un paso fugaz por las Islas Malvinas, reclamando soberanía y creando las bases “ilegales” para en 1833 ocuparlas definitivamente, echando a sus pobladores, a los colonos y a los presos del Río de la Plata, que redimían su pena con la sociedad.

Desde entonces sólo se dedicaron al contrabando de mercaderías y a la venta de esclavos negros en las colonias.
El 12 de diciembre de 1804, el inglés Almirante Cochrane ataca y apresa cuatro fragatas españolas que, desde Montevideo, transportaban un tesoro español que se debía entregar a Francia, hecho que motivó la declaración de guerra por parte de España a Inglaterra.

En estas naves viajaba a España la familia del ex-gobernador de las Misiones Jesuíticas Cnl Diego de Alvear, falleciendo en el ataque su mujer y uno de sus hijos, mientras Don Diego y su hijo Carlos salvan la vida, por encontrarse en otra nave, “CLARA”. La carga es apresada y todos son llevados a Londres, donde con el tiempo Don Diego vuelve a casarse, y recibiendo su hijo Carlos su educación en institutos ingleses. Y posteriormente ingresará al Ejército de España.

El lunes 21 de octubre de 1805 los ingleses derrotan en Trafalgar a las flotas aliadas de España y Francia. Como consecuencia quedan con el dominio naval sobre los mares. Después de la gran batalla naval, España todavía entregaba fuertes sumas a su “aliado” Napoleón, que obtenía de los “tesoros” extraídos de sus colonias americanas.

A principios de 1806 se instaló una estación naval británica en África del Sud, desde donde habían comenzado la ocupación de ese territorio, echando a los colonos holandeses hacia el interior del país. La tropa estaba ociosa y el Contralmirante Home Riggs Popham fue sugestionado por un tal White, comerciante yanqui establecido en Buenos Aires desde hacía unos años, con la idea de robar el tesoro que se estaba acumulando en las colonias españolas del Río de la Plata. Si bien en los planes de Gran Bretaña figuraba la invasión a varios lugares del continente americano, por otras prioridades había encarpetado los mismos. Así la misión que comenzó a gestarse, puede definirse como una especie de “empresa privada”, y sin órdenes expresas de SM Británica.
Convencido Popham de las riquezas que habría en Buenos Aires y de la indefensión de la misma, amén del apoyo según White, que le prestaría la población, se convierte en el “jefe” del emprendimiento. Convence al comandante de la base de El Cabo, el General David Baird, y este le “presta” 1.600 hombres, a cambio de una “comisión” en el botín. Y además nombra al General William Carr Béresford de su entera confianza, como Jefe de expedición.
Al producirse la Invasión Inglesa, las órdenes que imparte el Virrey Sobremonte, dejan al descubierto que la Monarquía española en América se había organizado unicamente para extraer y acumular “tesoros”, marginando la política gubernamental, social y la defensa militar de sus provincias.
Sobremonte sin armas y sin fuerzas militares, ordena a último momento armar las milicias, y ejerce una débil defensa de la ciudad. Pero lo que si tenía muy bien organizado, era una rápida evacuación de los fondos acumulados en lingotes y monedas de oro y plata, enviándolos a la ciudad de Córdoba con un tren volante, con tropas de caballería, más su familia y amigos. Dejando a la capital del Virreynato en manos de sus segundos para que negociaran la capitulación.

La ciudad fue ocupada bajo la lluvia, en la noche del 27 de junio de 1806. Los Ingleses Gobernaban Buenos Aires.
El General Béresford recién concedió las condiciones de la rendición de Buenos Aires, el día 2 de julio. Sólo después de tener en su poder, los caudales del virreynato que habían estado reuniendo en la ciudad para ser enviados a España, y que Sobremonte al conocer ésta invasión, sacara en forma urgente para ocultarlos en la ciudad de Córdoba, con una fuerte custodia.
Los caudales consistían en la suma de un millón doscientos noventa y un mil trescientos veintitrés pesos plata ($ 1.291.323,00), de los que se enviaron a Inglaterra sólo un millón, distribuyéndose el resto entre la tropa, después de tomar para sí abultadas cantidades, los jefes de la expedición saqueadora, conforme al régimen de presas vigente en la época.

El reparto del botín robado se realizó de la siguiente manera:
- al gobernador del Cabo Gral David Baird, que facilitó las tropas a cambió de una buena paga, la suma de veintitrés mil novecientos noventa libras (Libras 23.990,00).
- al General Béresford once mil ciento noventa y cinco libras (Libras 11.195,00).
- al Contralmirante Popham siete mil libras (Libras 7.000,00).
- los Jefes de tierra o Capitanes siete mil libras (Libras 7.000,00).
- Capitanes y Tenientes de marina setecientos cincuenta libras (Libras 750,00).
- Tenientes de tierra o Alféreces de marina quinientas libras (Libras 500,00).
- para los sargentos o suboficiales ciento setenta libras (Libras 170,00).
- para cada soldado y marinero treinta libras (Libras 30,00).-
Esa fue la verdadera finalidad del Asalto militar a Buenos Aires.

Los informes del espía inglés William Pío White desde Buenos Aires eran acertados. Sobre el “tesoro” que se estaba reuniendo en la capital del Virreynato para enviar a España, que era una fortuna en lingotes y monedas de oro y plata y además toda la información sobre la poca defensa militar de la ciudad, que era casi nula. Y esta oportunidad no fue desaprovechada.

No perdió su tiempo el General Béresford. Su propio ayudante el Capitán Arbuthnot del Regimiento 20 de Dragones Ligero, fue inmediatamente designado para perseguir y obtener los caudales en camino a Córdoba. Con el apoyo de los Tenientes Graham y Murray, acompañados por el espía William White y una escolta de 30 soldados del hasta entonces invencible Regimiento 71 “Highlanders”. Los caudales fueron localizados en la Villa de Luján, oficiando de guía para el trayecto el criollo Francisco González (quién recibió de manos de Béresford el pago en efectivo por los servicios prestados).

El Jefe de las Fuerzas Navales inglesas contralmirante Popham, era partidario de embarcar inmediatamente el “botín apresado” una vez que fuera obtenido, y levando anclas alejarse prontamente con la misión cumplida, previo bombardeo de la ciudad.

La Fragata Narcissus al mando del capitán Donelly, que recibió cinco mil quinientas libras en concepto de flete, más lo que le correspondiera del Botín, desembarcó en Portsmouth el 12 de setiembre de 1806, en medio del júbilo popular. Conocida la noticia en Londres, estalla la euforia. Al día siguiente el diario TIMES daba a conocer la noticia: “…Buenos Aires en este momento forma parte del Imperio Británico…”

El 17 de setiembre el capitán Donelly desembarcó el Tesoro que cargó en ocho carros. Cada uno con seis caballos de tiro adornados con banderas, penachos y cintas azules, que trasladaban una carga de un total de cinco toneladas de pesos plata. En Portsmuth la caravana fue acompañada por la banda militar del apostadero naval y una escuadra de marineros de Popham, con uniformes rojos y el capitán sentado sonriente en uno de los carros. El 20 de setiembre llegaron a las afueras de Londres. El “Tesoro” desfiló por las calles de la ciudad. Los “Voluntarios Leales Británicos” a órdenes del Cnl Prescot, escoltaron el tesoro y sobre las banderas estaba escrita la palabra “TESORO”. Cerraban la columna los “Voluntarios de Clapham. Una excelente Banda Británica tocaba “Dios Salve al Rey” y “Rule Britannia” . Pararon en la casa del Cnl Davidson cuya señora ofreció dos cintas con letras de oro que decía: “Buenos Aires – Popham – Beresford – Victoria” .- El Tesoro llegó al Banco de Londres donde más de dos millones de dólares de esos tiempos, fueron depositados.

El botín, se repartió entre el Gobierno británico y todos los intervinientes, incluso la tropa. Con cantidades muy importantes para Baird, Beresford (comandante de tierra) y Popham. El gobierno inglés, dado el éxito de la expedición, la autoriza post facto y sus bucaneros son aplaudidos como héroes del imperio.
Tal política tuvo que ser cambiada rápidamente, no sólo al saberse la reconquista de Buenos Aires, sino por la necesidad del apoyo de España para combatir a Napoleón.

Fue la primera vez en la Historia que España derrotara a los ingleses, no sólo eso, en la segunda Invasión enviada al año siguiente, Gran Bretaña envió “oficialmente” un ejército poderoso de más de 16.000 hombres, y una gran flota naval con sus más conspicuos Generales y Almirantes. Y también fueron derrotados y rendidos incondicionalmente.
Todo el mérito se lo lleva Buenos Aires y su pueblo. Que sin las autoridades nombradas por España porque huyeron, designó nuevas autoridades, y formó un ejército de la nada, designando a sus Jefes militares. Y es de destacar la colaboración inclaudicable de la población, fundamentalmente de los jóvenes, de los gauchos, de los negros y de nuestros indios tehuelches (los pampas), que ayudaron y ofrendaron sus vidas incondicionalmente.
El 12 de agosto de 1806, se rindieron en Buenos Aires las Fuerzas Inglesas de la Primera Invasión al mando del Gral William Carr Beresford, ante el comandante de las Fuerzas Patriotas el Capitán de Navío Santiago Liniers y Brémond. Fueron un poco más de 1500 oficiales, suboficiales y soldados, además unas 60 mujeres y niños que acompañaban la expedición. Entre ellos 1 General, varios Jefes de Regimiento, oficiales antiguos y de rango, músicos, banderas, banderolas de Regimiento y guiones.

La Flota naval inglesa al comando del Contralmirante Sir Home Riggs Popham se retiró de Ensenada sin combatir, abandonando a su suerte a los derrotados soldados ingleses ya “Prisioneros de Guerra”.
Ya prisioneros los oficiales y tropa reciben sus sueldos, pagados por las autoridades de Buenos Aires y durante los primeros tiempos que viven en la ciudad de Buenos Aires, se alojaban en el Fuerte, en la “Ranchería” fuera del Fuerte, y en los cuarteles abandonados de la ciudad, mientras que los oficiales se alojaban en casas de familias importantes, comiendo en las posadas y cantinas de la ciudad.

Los heridos ingleses, algunos se encontraban alojados en “casas de familia” bajo atención médica y los más en el Hospital de Belén (creado para estos fines), donde llegaron a estar hospitalizados 37 ingleses. Bajo la dirección de Fray José Vicente (de San Nicolás), el enfermero mayor Fray Blas (de los Dolores) y como secretario y ayudante Fray José (del Carmen).

Ante las noticias previas y posteriormente la nueva Invasión Inglesa a Maldonado y Montevideo (en la Provincia Oriental del Uruguay), el Cabildo de Buenos Aires le ordena a Liniers el traslado y la Internación de la totalidad de los prisioneros. Muchos de ellos ya se encontraban “detenidos” en los Fortines de la Campaña como la Guardia del Salto, Rojas, San Antonio de Areco, la Villa de Luján y otros fortines más.

Se decide internar bajo fuerte custodia, a 500 prisioneros a los fortines del Oeste del País, a 500 presos al Norte y a otros 500 prisioneros al Litoral y las Misiones, a cargo de los Húsares de Pueyrredón.
Los principales Jefes de la Primera Invasión, que ya se encontraban internados en la Villa de Luján, con amplias facilidades y consideraciones; fueron destinados a Catamarca en forma “urgente”, al recibir los integrantes del Cabildo el informe que “Montevideo estaba en manos inglesas”.

El 10 de febrero de 1807, se inicia la marcha a caballo desde la Villa de Luján de los siguientes prisioneros ingleses:
- el Gral Williams Carr Beresford., Comandante de la Fuerzas Invasoras,
- el Jefe del Regimiento 71 “Highlanders”, Coronel Dennis Pack,
- el Cap y asistente Robert Williams Patrick , del Cuartel Maestre General,
- el My de Brigada Alexander Forbes,
- el Capitán de Dragones y Edecán del Gral Beresford, Roberth Arbuthnot, del Regimiento 20 de Dragones Ligeros,
- el Teniente Alexander Mac Donald , de la Real Artillería,
- el Teniente Edgard L´Estrange, del Regimiento 71 “Highlanders”,el Cirujano Santiago Evans , del Regimiento 71 “Highlanders”.

A cargo de la custodia, es designado el Capitán de Blandengues Manuel Luciano Martínez de Fontes, destinado en el Fuerte de Rojas, quién debió presentarse en Luján 2 días antes y allí le fue impuesta la misión por el oidor del Cabildo de Buenos Aires Juan Bazo y Berry acompañado por el Tcnl de Infantería Pedro Andrés García, trasladados de urgencia a la Villa de Luján a los efectos de “dar las órdenes del traslado de los Prisioneros”.
Integran la custodia: de la frontera de Salto 1 cabo y 7 blandengues de la frontera, de la frontera de Rojas, 1 sargento mayor y 7 blandengues, y además de 1 blandengue de la novena compañía. Total 18 hombres incluido el Jefe. Además se le asignaba el “tropero” Manuel Álvarez a órdenes directas, quién debería proveer de carne a la escolta y a los prisioneros. Llevarían consigo una sopanda en que iría el general inglés.

Esta custodia debía cesar en el paraje llamado “La Encrucijada”, donde comenzaba el camino que conducía hacia Catamarca, destino final de los ingleses; donde la seguridad debía entregar los prisioneros ingleses a una escolta enviada especialmente desde Córdoba, para su cuidado y vigilancia hasta Catamarca. El Capitán Martínez de Fontes requeriría al oficial a cargo de la nueva custodia desde “La Encrucijada”, la entrega de un recibo, con la cantidad de prisioneros y el nombre de cada uno de ellos.

El 12 de febrero de 1807 los baqueanos en su marcha, eligen para acampar la Estancia Grande de los Padres Betlemitas, próxima a Arrecifes, y a unas cuarenta leguas de Buenos Aires. Desde allí Martínez de Fontes oficia al Gobernador de Córdoba Victorino Rodríguez, con tiempo suficiente, para que prepare todo lo atinente para que los prisioneros ingleses continúen su camino a Catamarca. En el oficio explicaba que el equipaje de los ingleses iba en siete carretas con sus peones, otra con galleta y además una sopanda con cajones y para uso del general inglés. Señalaba que los oficiales ingleses prisioneros eran ocho, acompañados por cuatro mujeres, con dos niños y quince criados.

Debemos mencionar que el día 6 de febrero, Saturnino José Rodríguez Peña secretario, ayudante y confidente de Santiago de Liniers (Comandante de las Fuerzas militares), mantuvo una entrevista con Juan de Dios Dozo, capitán de la Primera Compañía del Cuerpo de Voluntarios Patriotas de la Unión, al que ambos pertenecían, siendo Dozo secretario y de la íntima confianza de Martín de Álzaga. Rodríguez Peña inicia el diálogo expresando que la situación de Buenos Aires era lamentable y que sería imposible derrotar a los ingleses, dueños ya de Montevideo, y que no podrían defenderse de los nuevos invasores. Agregó que lo conveniente era cambiar de medios y de partido para salvaguardar sus vidas, la de sus familias, y “preservar sus patrimonios”. Que ya había mantenido charlas con el Gral Beresford en varias oportunidades y que esperaba que éste los ayudase a independizarse de España. Rodríguez Peña pretendía obtener el apoyo del partido español en Buenos Aires, que dirigía Álzaga.
La reunión entre Martín de Álzaga y Saturnino José Rodríguez Peña se realizó en la noche del 7 de febrero.
El 16 de febrero Saturnino J. Rodríguez Peña y Manuel Aniceto Padilla, llegaron a la Estancia Grande de los Hermanos Betlemitas. Acompañados por los soldados Machuca y Medina del Batallón de los Cuatro Reinos de Andalucía participantes de la Reconquista de Buenos Aires, a revienta caballos desde la Ciudad.

Cabe acotar que la hermana de Manuel Luciano Martinez de Fontes, María Magdalena estaba casada con Juan Ignacio Rodríguez Peña, hermano de los mencionados Saturnino J. y Nicolás Rodríguez Peña. Este vínculo familiar estaba acrecentado porque Manuel Luciano se había casado con María de la Concepción Amores, hermana de Gertrudis Amores, quien se había casado a su vez con Saturnino José Rodríguez Peña.

Al llegar manifestaron que debían entregar una carta de Liniers al Gral Beresford y que le tenía que transmitir una orden verbal impartida por Liniers y por el Cabildo de Buenos Aires que decía “que debía entregar bajo su custodia al general inglés y a otro oficial prisionero”, con la finalidad de trasladarlos a Buenos Aires, que así lo exigían “razones del servicio, el bien del monarca español y los intereses de la Patria”.

Comunicado esto último el general inglés eligió para que lo acompañase a su amigo y futuro cuñado, el Coronel Dennis Pack. (El Cnel inglés contrajo matrimonio con Lady Isabel Luisa Beresford, en 1816).

Se le informó que debía esperar en la Estancia de Fontezuelas durante seis días, y que recibiría órdenes. A los seis días Martinez de Fontes, recibió una carta de Saturnino José Rodríguez Peña, en la que se le avisaba que al llegar a Buenos Aires, encontraron tan mal la situación, que debieron viajar con los oficiales ingleses a Montevideo. Entonces advirtió Martínez de Fontes el engaño que había sido víctima.

Martínez de Fontes se presentó detenido el día 8 de marzo ante el teniente Mariano Gazcón. Quién lo condujo arrestado a sus órdenes hasta Buenos Aires, donde fué entregado a las autoridades.

Al enterarse de la “fuga y traición”, la clase media y baja que fueron el núcleo de las fuerzas que reconquistaron Buenos Aires, se encontraba totalmente irritada y contrariada con los dos Oficiales ingleses que se fugaron de Buenos Aires. Ellos habían dado su palabra de honor de NO escaparse, ni volver a tomar las armas contra la ciudad, el virreynato del Plata y de España, Se les habían dado todo tipo de facilidades y libertades, bajo “su palabra de honor y de caballeros que eran”.

Beresford, cumplió parcialmente su palabra No queriendo tomar el mando de la “nueva Invasión”, y regresando de inmediato a Londres. Pero No cumplió su palabra cuando en 1816, el Reino de Portugal lo “contrata” cómo asesor del Jefe del Estado Mayor, para que organice la invasión y destrucción de los Pueblos Jesuitas de Corrientes y Misiones, la invasión y ocupación permanente de los Pueblos Jesuitas orientales del Río Uruguay hasta el océano Atlántico (los actuales Estados de Paraná, Santa Catarina y Río Grande del Sur), y además con la excusa de atacar al Caudillo Artigas, a la Provincia Oriental del Uruguay, que invade y ocupa al mando del portugués Gral LECOR, toda la Banda Oriental incorporándola después de Tacuarembó (en 1820) como la “Provincia Cisplatina” del Reino de Portugal y Algarves. Bajo la mirada distraída de los “centralistas porteños”, posteriormente llamadas “unitarios”.

El Coronel Dennis Pack, Jefe del “temido” Regimiento 71 “Highlanders”, que se había rendido incondicionalmente en la reconquista de la primera ocupación, con gran número de bajas y con “todo“ el Regimiento prisionero, al llegar a Montevideo toma nuevamente las armas contra los criollos del Plata. Y en la segunda invasión cae nuevamente prisionero bajo rendición incondicional en la Iglesia de Santo Domingo, donde se había refugiado, pidiendo clemencia por su vida. Cuentan que los soldados y el pueblo lo quería fusilar “allí mismo”, por su “falta de honor y hombría de buen”, pero que fue salvado por el Párroco y Jefes prestigiosos como Liniers y Belgrano.
Mientras tanto los dos ingleses y sus cómplices en la fuga, llegaron a Buenos Aires y se escondieron en la casa del Celador del Cabildo Francisco González, quien dejó la casa vacía llevando a su familia a la quinta de Mercedes Bayo, prima de su señora, próxima a la ciudad, donde también se encontraba Mariano Moreno, que era el abogado representante de los hacendados ingleses instalados en el Plata. El veinte de febrero cruzaron la ciudad de noche, pero en la desembocadura del Riachuelo, ninguna tripulación los quiso llevar, regresando a la casa de González. Al día siguiente 21 de febrero, hicieron el mismo camino donde los esperaba un lanchón de la balandra portuguesa “Flor del Cabo”, cuyo patrón era Antonio Luis de Lima. Pagaron por anticipado al doble de lo estipulado y los marineros los llevaron hasta Ensenada. A las ocho de la mañana atracaron contra la corbeta de la marina de guerra inglesa “Charwell”, quién se hizo a la vela de inmediato.

Llegaron a Colonia del Sacramento y por tierra se dirigieron a Montevideo, donde llegaron el 25 de febrero.
En el Memorial elevado a Wellesley (Primer Ministro Inglés) el 8 de abril de 1808 por el criollo Manuel Aniceto Padilla, desde Londres donde se había instalado, mencionaba como partícipes en la fuga del General Beresford a: Nicolás Rodríguez Peña hermano menor de Saturnino, Juan José Castelli, Hipólito Vieytes, Antonio Luis Berutti, y prestando su consentimiento miembros de las clases altas de Buenos Aires.
Posteriormente el general inglés Beresford, en señal de agradecimiento, obsequió un “juego de mesa de loza del Cabo” a Juan J. Castelli.
El 21 de marzo de 1807, la Real Audiencia dictó un decreto iniciando juicio a los imputados del delito de “independencia y fuga de William Carr Beresford”. Se resolvió remitir a los imputados con escolta y la seguridad del caso a la Capitanía de Chile, para mantenerlos arrestados hasta que fuese posible su retorno a Buenos Aires, para continuar las causas y el trámite debido. Los presos eran los siguientes: Pedro José Zabala, Antonio Luis Lima y su criado Cleto, Francisco González, Antonio de Olavaria (Jefe de Frontera), Manuel Luciano Martínez de Fontes, José Presas y Marull, Felipe Sentenach, y el sargento Juan de Vent.

El Juicio concluyó el 7 de octubre de 1808, se había sobreseído de la causa a don Antonio de Olavaria y a don Manuel L. Martínez Fontes, a Francisco González, Antonio Luis Lima y José Zabala. Ordenando su libertad, y levantando el embargo sobre sus bienes, los que serían devueltos.

El proceso final a los verdaderos culpables, lo inicia el Fiscal Caspe el 6 de diciembre de 1808, encontrándose algunos de ellos prófugos. Queda en la duda, si la orden que transmitió Saturnino J. Rodríguez Peña al Capitán Martínez de Fontes fue una orden falsa o verdadera, dado los intachables antecedentes del Secretario privado de Liniers, Saturnino J. Rodríguez Peña y del Secretario privado de Martín de Álzaga, Juan de Dios Dozo.
Los tres principales involucrados fueron embarcados el 8 de setiembre de 1807 desde Montevideo hacia Río de Janeiro, en un navío de guerra inglés enviado por el inglés Alte Murray a tal fin.

En premio por la organización y fuga del Gral Beresford y el Cnl Dennis Pack, y por su actitud a favor de Gran Bretaña, Saturnino José Rodríguez Peña, Manuel Aniceto Padilla y Antonio Luis de Lima (patrón de la balandra portuguesa “Flor del Cabo”), fueron gratificados con una pensión de trescientas libras anuales hasta su muerte.
El Alcalde de Primer voto Martín de Álzaga recibe desde Montevideo una carta de Beresford fechada el 26 de febrero de 1807 informándole “...estoy por irme a Europa: pero a pesar de cuanto me ha ocurrido, me siento interesado por la gente de Buenos Aires...”.

El mismo Santiago de Liniers, recibe otra carta desde Montevideo enviada por Beresford, donde le informa “ … que se había evadido con la esperanza de poder hacer algo útil para ambas partes y evitar en lo posible los horrores de la guerra” y le aseguraba “… que no obstante todo lo sucedido, trabajaría para el bien de Buenos Aires...”.

1864 – Argentina
Fallecimiento del coronel Antonio Toll y Bernadet (1864)
Vino muy joven al Río de la Plata y embarcado como segundo piloto en el bergantín español “Belén” tomó parte en el bombardeo que efectuó sobre Buenos Aires la escuadrilla del capitán Michelena la noche del 15 de julio de 1811. El fuego duró tres horas, siendo el buque donde servía Toll el que arrojó la mayor parte de los proyectiles (obuses reales de 9 pulgadas). 

Antonio Toll y Bernadet, nació en San Andrés de Llavaneras, principado de Cataluña, el 26 de febrero de 1790. Fueron sus padres, Esteban Toll y Catalina Bernadet.

Según expresa el propio coronel Toll en una exposición de sus servicios escrita de su puño y letra en Buenos Aires, el 29 de julio de 1832 y agregada al expediente de pensión de sus descendientes archivado en la Contaduría General de la Nación; hallándose embarcado en el “Belén”, se ocultó el día que la escuadra de Michelena iba a hacerse a la vela para efectuar un nuevo bombardeo sobre Buenos Aires. Ajustado el armisticio con Elío, el 23 de octubre de 1811 pidió permiso para pasar a Buenos Aires, lo que le fue concedido por Vigodet (en el legajo 268 del XII-IV-5-4-1806/16 del Archivo General de la Nación, un documento sobre la concesión de la mencionada licencia a Toll, dice que éste servía en el Cuerpo de Miñones).

En 1814 se embarcó voluntariamente en la “Hércules” y fue uno de los que más trabajaron para sublevar la tripulación de la corbeta “Mercurio”, en Montevideo, valiéndose de sus relaciones; y el coronel de Pinedo dice, en el expediente mencionado, que asegurado de que el capitán de navío Miguel Sierra ya estaba vendido a los patriotas “y que para abandonar con más facilidad en el combate que era de esperarse con los buques de la Patria, había ya trasladado su corneta al queche “Hiena”, que era sumamente velera”.

“Que tal estratagema influyó poderosamente para coronar el espléndido triunfo alcanzado –prosigue de Pinedo- casi sin efusión ninguna de sangre, sobre esa poderosa escuadra en aguas de Montevideo, la noche del 17 de mayo de 1814”. (Informe del coronel José María de Pinedo, fechado el 5 de setiembre de 1872).
Este servicio hizo que Brown recomendase a Toll al ministro Larrea, cuando tres meses después proyectó armar uno de los buques capturados, el bergantín “Palomo”, para confiarlo a un oficial experimentado, que izando el pabellón argentino, fuese a mostrarlo a los mares de la India, con el objeto de destruir el comercio español, llevar la noticia de la derrota sufrida por los enemigos en Martín García y Montevideo, “Y encendiendo el fuego de la revolución por aquellas posesiones españolas –prosigue de Pinedo-, de donde reclutaban sus mejores marineros, alejar en su persecución los cruceros españoles del Atlántico”.

“Lo desempeñó Toll -dice Pinedo- mandando el bergantín “Primero” (que así se llamó el “Palomo”), tan a satisfacción, que siempre le oí encomiar al almirante Brown las raras cualidades de aquel oficial, siendo el depositario de toda su confianza y su secretario en la guerra con el Brasil”.

En efecto, el 10 de setiembre de 1814, Toll salió de Buenos Aires con el bergantín nacional “Primero” (a) “Palomo”, armado con 14 cañones y tripulado por 78 hombres, con destino a llevar la guerra de corso por los mares lejanos; fue el primer buque que hizo tremolar la bandera argentina en las costas de Asia, presentándose a su armador Miguel de Escuti, el 19 de setiembre de 1815, después de haber llegado hasta Calcuta, en la India.
Toll solicitó el 3 de junio de 1818 carta de ciudadanía, la que le fue concedida, previo juramento ante el Secretario de Estado, Dr. Tagle, el 22 del mes siguiente.

El 22 de marzo de 1821 fue dado de alta como “oficial aventurero”, zarpando el 18 de abril del mismo para expedicionar sobre Entre Ríos con la escuadrilla de Zapiola, en calidad de 3er oficial del bergantín de guerra “Chacabuco”; campaña emprendida contra el caudillo Francisco Ramírez. El 3 de junio fue nombrado oficial del Detall del mencionado buque. El 25 del mes anterior asistió al cañoneo que se produjo al forzar el pasaje de Punta Gorda. Se batió en Colastiné a las órdenes de Zapiola contra Monteverde.

El 10 de octubre de 1821 fue designado comandante del Lanchón Nº 3, y el 22 del mismo mes bajó a Buenos Aires conduciendo pliegos importantes. El 13 de noviembre de igual año se le nombró segundo del bergantín “Belén”.

El 9 de enero de 1822 fue nombrado ayudante interino de la capitanía y el 6 del mes siguiente pasó como segundo al bergantín “Aranzazu”. El 20 de marzo de dicho año pasó agregado a la capitanía del puerto por desarme general de los buques.

El 16 de octubre de 1823 obtuvo despachos de subteniente, siendo nombrado el mismo día segundo del bergantín “Aranzazu”, situado en el Canal Exterior. El 12 de setiembre de 1824 pasó con igual cargo al bergantín “General Belgrano”; buque con el que se dio a la vela el 28 del mismo mes, en comisión a la Costa del Sur, regresando en el mes de noviembre a Buenos Aires.

El 6 de enero de 1825 zarparon con “pliego cerrado” y recorrieron Bahía Blanca, Península de San José, Puerto Deseado y Puerto San Julián; regresando a esta Capital el 15 de abril. El 2 de agosto del mismo año fue nombrado comandante de la cañonera del Estado y encargado de su carena, aparejo y armamento.

Habiendo estallado la guerra con el Brasil, el 14 de enero de 1826 salió con la escuadrilla al mando del almirante Brown. El 20 del mismo mes, Toll fue nombrado para levantar un inventario facultativo en la fragata “25 de Mayo”. El 7 de febrero pasó como 2º comandante de la goleta de guerra “Sarandí”, con la cual asistió a la acción del día 9 del mismo mes, en el Canal Exterior. El 20 de febrero fue designado ayudante de órdenes y secretario del general Brown, pasando de dotación a la corbeta insignia. En tal carácter estuvo presente en el frustrado ataque a la Colonia, el día 26 del mismo mes, así como también en el del día 1º de marzo, y en los que se realizaron todos los días siguientes hasta el 13 de este último mes.

El 11 de abril de 1826 se halló en la acción librada en Montevideo con la “Nitheroy” y cinco goletas. Intervino en el ataque nocturno llevado por Brown contra la fragata brasileña “Emperatriz”, en la noche del 26 al 27 de abril, en el fondeadero del puerto de Montevideo, acción en la cual murió el comandante de aquella unidad, capitán de fragata Luis Barroso Pereira. En el Banco Ortiz, el 2 de mayo, se halló en la acción librada por la “25 de Mayo” contra 20 buques enemigos. También se encontró en los cañoneos sostenidos en el Canal Exterior los días 23 y 25 del último mes mencionado. Asistió al memorable combate de Los Pozos, el domingo 11 de junio de 1826, en el que Brown se enfrentó contra 33 buques brasileños.

Se halló en la acción de la noche del 29 de julio, en el Canal Exterior, y al día siguiente, donde quedó destruida la fragata “25 de Mayo”. Fue en este memorable combate, que el valiente almirante, en la toldilla de su averiado buque, encargaba el mayor cuidado a su práctico de confianza, Juan Lee, en la conducción de la nave, y aproximándose a su ayudante Toll, quien de riguroso uniforme y con el código de señales en la mano, aguardaba órdenes, le indica la formación de la línea brasileña en buen orden de batalla, y combinando un mensaje breve y preciso, le dijo con vehemencia: “Señor Teniente, dirija Ud. esta señal a la escuadra antes que el humo nos oculte a su vista: Es preferible irse a pique que rendir el pabellón”. La nave capitana “25 de de Mayo”, quedó fuera de combate después de las graves averías recibidas en aquella cruenta jornada. Toll fue promovido a teniente el 21 de marzo de 1826, y a capitán graduado, el 9 de agosto del mismo año.

El 10 de agosto de 1826, por la destrucción de la “25 de Mayo” y la salida por tierra del general Brown a la costa del Sud, pasó Toll de ayudante de órdenes del Jefe de Bahía. El 26 del mes siguiente pasó a comandar la goleta “Maldonado”, y el 7 de octubre se le designó para igual cargo en la goleta “Guanaco”. El 27 de este mismo mes se encontró en una acción sobre la Punta de Jesús María, habiendo sido destinado el día anterior a la “Sarandí” como ayudante de órdenes y secretario del general Brown, para irse a reunir con la escuadra que llegaba de Chile y cruzar en las costas del Brasil, zarpando el mismo día. El 29 se encontraban con la “Chacabuco”, procedente de Chile, frente a Cabo Corrientes.

En el crucero de referencia, el 18 de noviembre sostuvieron un cañoneo en la Isla de San Sebastián contra el castillo Santa Cruz. El 9 de diciembre se embarcó como capitán de la presa, la sumaca “María de la Gloria”, sobre Río Grande; y el 26 del mismo mes, por la noche, dirigiéndose a las balizas del puerto de Buenos Aires, Toll se halló cortado por los enemigos y se vio precisado a embicar al otro lado del Riachuelo.

El 5 de enero de 1827 fue a incorporarse a la escuadrilla que se hallaba en el Uruguay, y el día 8 bajó a Buenos Aires en comisión secreta del Gobierno, regresando al Uruguay el 12 de enero. Al día siguiente bajó nuevamente en comisión cerca del Gobierno, y a tomar el mando de la goleta “Sarandí”, para conducirla a Martín García. El 16 se reunió con Brown, que lo despachó al día siguiente en comisión cerca del Gobierno. El 9 de febrero regresó al Uruguay con dos botes y 30 marineros para refuerzo de la escuadrilla, en el momento en que ésta se batía con la enemiga en el Juncal.

El 13 de febrero de 1827 tomó el mando de la goleta “11 de Junio” y el 24 de este mes bajó con toda la escuadra al puerto de Buenos Aires. El 24 del mismo mes se halló en una acción frente a la Capital. El 15 de marzo fue comisionado para conducir 10 jefes a Martín Chico; comisión que repitió el día 24. El 15 de abril tomó el mando de la goleta “Maldonado” y transportó el 3er batallón. El día 18 se halló en una acción frente a Quilmes, a la noche y el 19 a la mañana. El 1º de mayo salió de armadilla a Martín García, regresando a Buenos Aires de aquella Isla el 30 de junio. El 15 de julio salió nuevamente para Martín García, punto desde el cual zarparon el día 20 para Montevideo con 5 buques, al mando del general Brown. El 24 sostuvieron un cañoneo frente a Montevideo y el 25 frente a la Colonia. El 1º de agosto regresaron a la Isla de Martín García.

El 5 de setiembre de 1827 zarpó de Martín García con el buque de su mando sobre Pavón y dos barcos más a las órdenes de Brown. El 20 del mismo mes efectuaron la tercera salida de la isla sobre la Colonia y Quilmes; hallándose en una acción frente a la Colonia contra las cañoneras y en seguida contra toda la escuadra. El 11 de octubre estaban de regreso en el puerto de Buenos Aires. El 1º de noviembre entró a Barracas a reconocer y montar otro cañón, saliendo listo el día 5 de diciembre. El 10 de este mes marchó voluntario a la Ensenada a proteger el “Congreso”. El 18 de setiembre de 1827 recibió la efectividad de capitán, y el 6 de diciembre de este mismo año fue dado de baja “con goce de uniforme”.

El 22 de marzo de 1828 fue nombrado segundo y encargado de la derrota del bergantín-goleta “8 de Febrero”, para marchar con Espora de jefe, a una comisión secreta del Gobierno sobre Santa Teresa y Río Grande; marchando en escuadrilla con aquel buque, la goleta “Unión”. El 7 de abril, la escuadrilla se hizo a la vela, y el día 10, a la altura del Cabo Santa María, se encontraron con la fragata “Carioca”, que les dio caza por espacio de 16 horas, después de haber cambiado un corto cañoneo. El 20 de abril, frente al Río Grande, sostuvieron un breve cañoneo con el bergantín “Caboclo” (o “Piraja”). Continuó Espora barajando las costas uruguayas, frente a Santa Teresa, entre Castillos y el Chuy, donde debía encontrarse el coronel Leonardo Olivera, que actuaba en combinación con las fuerzas que al mando del general Paz, habían salido del campamento del Cerro Largo, para operar sobre el Río Grande, y que la sorpresa sufrida en Las Cañas el 15 de abril, por la vanguardia de Lavalleja, había hecho retroceder a Paz, abandonándose la operación combinada que se había proyectado. El “8 de Febrero” (La “Unión” había sido apresada al querer forzar el bloqueo del Río de la Plata, por la división de Senna Pereyra) se mantuvo frente a aquellas costas hasta el 4 de mayo, en que hicieron rumbo a Río Grande, donde el 9 capturaron un bergantín brasileño, que fue conducido a la base del Salado. El “8 de Febrero” se mantuvo en la zona del golfo de Santa Catalina, de donde iniciaron el regreso, y estando el 25 de mayo a la altura de Santa Teresa, resolvió Espora regresar al Sud en demanda del Salado. El 29 estaba en aguas de Samborombón, donde a causa de la niebla, dieron con la división bloqueadora del comodoro Juan Francisco de Oliveira Botas; el combate que se trabó contra 10 unidades imperiales, es conocido con el nombre de “Bajíos de Arregui”, y terminó con la rendición de los argentinos, quedando Espora y Toll prisioneros, que habían arriado el pabellón el día 30, después de haber evacuado durante la noche a tierra toda la tripulación, con excepción de 4 heridos graves y los asistentes de aquellos jefes.

El 11 de junio, el almirante Pinto Guedes, admirado del valor de Espora y Toll, devolvió éstos en un canje de prisioneros que inició, enviando a aquellos jefes en la goleta “Liberal”, la que penetró en la Rada Interior con bandera de parlamento, donde fondeó. El 17 del mismo mes, Toll pasó en comisión al Río Salado, y el 27 de julio regresó y tomó el mando de la goleta “Maldonado”.

El 24 de setiembre de 1828 fue nombrado edecán del almirante Brown para la ratificación de la paz. El 17 de octubre fue designado “para una comisión facultativa de las científicas, representando al Señor Comandante General”. El 12 de noviembre del mismo año se le nombró jefe de la expedición que condujo a Buenos Aires a la 1ra División del ejército de operaciones, al mando del general Martínez. El 4 de diciembre fue nombrado capitán del puerto interino, en reemplazo del teniente coronel Francisco Lynch; cargo del que se recibió Toll el día 5. Había sido promovido a sargento mayor el 22 de marzo de 1828, y recibió el grado de teniente coronel el 2 de enero de 1829, cuya efectividad se le otorgó el 27 de julio de igual año.

El 6 de enero de 1829 tomó el mando del bergantín “Rondeau” y salió para Montevideo a buscar la División del coronel Suárez, con dos buques más que llevaba a sus órdenes. El 10 de febrero de aquel año llevó al general San Martín a Montevideo y regresó con el resto del ejército. El 26 del mismo mes tuvo a su bordo en clase de arrestados y condujo a diferentes puertos a los generales Balcarce y Martínez, al coronel Iriarte y a otros once ciudadanos. El 9 de marzo salió en comisión para Bahía Blanca y Patagones. Junto con el teniente coronel Francisco Seguí, fue comisionado por el Gobierno para recibir los barcos argentinos que habían sido capturados la noche del 21 de mayo de 1829 por el jefe de la escuadra francesa surta en Balizas, vizconde Venacourt.
El 20 de agosto del mismo año fue a conducir víveres a Bahía Blanca, y el 9 de setiembre fue en comisión al mismo punto y a Patagones, regresando a Buenos Aires. El 11 de noviembre quedó en guardia en el Canal Exterior. El 15 de febrero de 1830 fue vendido el buque de su mando y Toll quedó agregado al Departamento de Marina; pasando el 6 del mes siguiente a la P. M. I., donde revistó hasta el 1º de junio de 1832, en que se le destinó a la P. M. del Ejército Permanente, con la jerarquía de teniente coronel de infantería. En 1834 intervino en el balizamiento de Punta Lara y entrada a la Ensenada de Barragán, y levantó el plano de este puerto (Ensenada) con el profesor náutico Zacarías Aispurúa.

Después de revistar en la P. M. del Ejército el 21 de octubre de 1834 (desde el comienzo del año había figurado en comisión en la marina), Toll pasó al Departamento de Marina.

A fines de 1837 mandó la escuadrilla que operó en el río Uruguay, y que apoyó a la guarnición de Paysandú mandada por el coronel Eugenio Garzón contra los riveristas, que atacaban la plaza por tierra. Toll era coronel graduado, jerarquía cuya efectividad se le otorgó el 4 de agosto de 1838.

A la caída de Oribe, Toll regresó a Buenos Aires con su escuadrilla, donde a fines de 1840 se le confió la organización de la fuerza naval cuyo comando iba a tomar Brown para combatir la escuadra riverista de Coe. Toll alistó activamente en el Riachuelo la formación de aquella fuerza, teniendo el mando de ésta hasta el 3 de febrero de 1841, en que lo reemplazó Brown, quedando el primero de comandante del bergantín “Belgrano”, de 24 cañones, puesto que sólo ejerció hasta el 17 de marzo del mismo año, en que pasó a ocuparlo Bathurst, por haberse producido una grave desinteligencia entre Toll y el almirante Brown.

A principios de agosto de 1844 fue designado para reemplazar a Brown, que estaba enfermo, en el comando interino de la escuadra. Se hizo cargo de su comando el 29 de setiembre, fecha en que enarboló su insignia en el “Echagüe” y que partió a la línea bloqueadora de Montevideo. Permaneció en el comando interino de la escuadra hasta el 2 de diciembre de 1844, en que Brown regresó a la línea de bloqueo mencionada a bordo del nuevo buque llamado “San Martín”, arriando su insignia el coronel Toll.

En 1842 fue nombrado edecán del gobernador Rosas, puesto que desempeñó hasta el 3 de febrero de 1852. Junto con el coronel Francisco Seguí, Toll tomó parte en la revolución de Pirán y Madariaga, el 11 de setiembre ed 1852. Fue nombrado en seguida miembro de la Comisión de Marina, cargo que ejerció hasta su fallecimiento, ocurrido en Buenos Aires el 5 de julio de 1864. Pronunció el elogio fúnebre el Dr. Ángel Justiniano Carranza.
El coronel Toll, que en la época de su fallecimiento estaba sumamente enfermo, fue uno de los firmantes del acta levantada con motivo de la colocación de la piedra fundamental de la muralla de la Alameda (Paseo de Julio), el 18 de enero de 1847, acto presidido por el Dr. Manuel Insiarte, ministro de Hacienda, y que presenció Manuelita Rosas como madrina.

Toll se casó en primeras nupcias con Rafaela Benlteol y fallecida ésta, contrajo segundo matrimonio en la Catedral, el 2 de enero de 1857 con Natalia Cueli, hija de Gabino Cueli y de Mónica de la Cuesta; la que le sobrevivió.
El general Zapiola, en informe evacuado al Inspector General de Armas el 10 de setiembre de 1872, confirmó en todas sus partes el del coronel de Pinedo, arriba citado, y agregó: “Le es grato, asimismo, hacer presente, que el coronel Toll fue un patriota honrado y distinguido, dando prueba de ello cuando la República se vio en los mayores peligros por hallarse amenazada su independencia por los ejércitos españoles”.

1864 – Argentina
Petitorio Americanista. Nace en Buenos Aires la Sociedad “Unión Americana”, que reunió a destacadas figuras de la generación del pos-Caseros, aparte de los militares de la Independencia. Dieron a conocer, un importante documento bajo el título “Petición al Congreso”.

El coronel Felipe Varela encarnó la “Unión Americana”. Del mismo modo, la encarnaban los veteranos federales del Litoral que, en julio y diciembre de 1865, provocaron “la revolución de Basualdo y Toledo”, como llamó al desbande Francisquillo Fernández. Y los que pasaron a la otra banda del Uruguay, antes de Paysandú, para dar testimonio de su sentir republicano y americanista, encabezados por el general Saá y por el capitán Rafael Hernández. Y la encarnaban, en mayor medida que Varela, los veteranos de la Independencia que, a mediados de 1864, se pronunciaron en Buenos Aires contra las agresiones europeas que se venían materializando.
El 5 de junio de 1864, la Plaza del Retiro fue escenario de una gran manifestación popular de protesta por la acción de la escuadra española en las islas Chinchas. En esa oportunidad, rodearon la estatua de San Martín guerreros de la Independencia, entre los que se contaron, Iriarte, Olazábal, Y Alvaro Barros. Surgió de allí una comisión, bajo la presidencia de José Matías Zapiola y la vicepresidencia del general Enrique Martínez.

Posteriormente, el 12 de junio, se realizó en el Teatro Colón una nueva reunión americanista, en la que hablaron diversas figuras políticas e intelectuales, entre ellas, el poeta Juan Chassaing y el doctor Aurelio Palacios, padre del doctor Alfredo L. Palacios.

Fue así como nació en Buenos Aires la Sociedad “Unión Americana”, que reunió a destacadas figuras de la generación del pos-Caseros, aparte de los militares de la Independencia. El diario El Pueblo, que dirigía Chassaing, dio a conocer, bajo el título de “La petición al Congreso”, un importante documento de la Sociedad Unión Americana.

En su edición del día 5 de julio de 1864, aparece publicado el texto del petitorio, precedido por la introducción que sigue:
“Los argentinos quedan convocados por la Sociedad Unión Americana para firmar la petición que debe elevarse al Congreso y que publicamos a continuación. Creemos inútil el manifestar de nuevo la urgente necesidad de que la democracia americana proceda a uniformarse para aceptar la guerra encendida contra su existencia por las testas coronadas.

Los fines que se propone conseguir la Sociedad Unión Americana son los únicos que pueden salvar a la América republicana del terrible cataclismo que le preparan los reyes. El indeferentismo matará a la República y una política cautelosa la expone al escarnio de los pueblos sin librarla de las garras del poder extranjero. He aquí la petición. Ya que media docena de inmigrantes desagradecidos son ya bastante poderosos para privar al pueblo bonaerense del derecho de reunirse en un local a una gracia del gobierno de la provincia, concurra al menos ese pueblo a cubrir de firmas la presente petición, que dirigen los guerreros de la independencia”.

El llamado a la firma tuvo pleno éxito. A los pocos días, el petitorio americanista había reunido unos 1.500 firmantes y las adhesiones de destacamentos militares del interior del país, entre ellos, los jefes y oficiales del Fuerte Las Tunas.

El diario El Pueblo, de los Chassaing, de Francisco López Torres y de Ovidio Lagos, continuó siendo vocero del movimiento, con la colaboración de Navarro Viola, Aurelio Palacios y Carlos Guido Spano, que se fue a pelear a Paysandú y después a Montevideo. Bajo el título de “Un corazón americano”, el diario El Plata, de la capital oriental elogiaría, en febrero del 65, a Guido Spano, diciendo de él: “El escritor ardiente, el hombre de creencias y de corazón se muestra en la hora suprema; y Guido, dejando los encantos de su hogar para compartir nuestras fatigas, viniendo cuando muchos se van, se muestra digno del nombre que lleva”.

Es que toda una generación de argentinos encarnó los ideales republicanos y populares que fueron momentáneamente abatidos en Paysandú, en Pozo de Vargas y en Ñaembé.

Petitorio de la Unión Americana al Congreso: “Los abajos firmados, ciudadanos argentinos, reunidos con el objeto de manifestar sus fraternales simpatías hacia el Perú, y demás Repúblicas agredidas de América, en la circunstancia de haber sido violado del modo más atentatorio e inaudito el territorio de aquel Estado por los agentes de la España y participando de la general y justa alarma de la Nación, tanto por las declaraciones de estos agentes, de las que se deduciría, que consideran en suspenso la Santa guerra de la Independencia, cuanto por la repetición de hechos gravísimos contra la soberanía de algunas repúblicas de este continente, han resuelto dirigirse a V. E. en uso del derecho que la Constitución les acuerda, solicitando, como lo hacen, la adopción de aquellas medidas, conformes a la gravedad de los sucesos, que de algún tiempo a esta parte tienen a la América en la mayor agitación y zozobra.

Considerando los firmantes como un deber y una salvaguardia de futuros peligros, la conveniencia de declarar del modo más solemne la solidaridad de la República Argentina con otra República Americana, cuya Independencia se halle amenazada por los poderosos europeos, declaración que solicitan del ilustrado patriotismo del Congreso.
Como una consecuencia de esta declaración, y para hacerla fructuosa a los intereses generales de la democracia, ante la actitud de algunos de aquellos poderes en la cuestión de Méjico, Santo Domingo, en el Perú, piden los abajos firmados que el Soberano Congreso se pronuncie, adhiriéndose al gran pensamiento de la reunión de un gran Congreso Americano, sin perjuicio de incitar al ejecutivo, mientras esto no se realiza, a negociar tratados de alianza con los Estados Americanos.

A fin de que la República Argentina se halle convenientemente preparada a entrar en esta especie de pactos, así como, por la imperiosa necesidad a que obligan los manejos de la política usurpadora y reaccionaria, que han despertado los más fundados recelos en todo el vasto territorio de América, los abajos firmados creen que, estando a todo evento, deben adoptarse todas aquellas resoluciones precautorias que aconseja la prudencia a vista de tan extraordinarios sucesos, redoblando la vigilancia del gobierno, extendiendo sus relaciones políticas en el continente, y preparando en el país, y en el ejército, los elementos bélicos necesarios en previsión de los acontecimientos ulteriores, lo cual igualmente solicitan de V. E. los ciudadanos firmantes: José M. Zapiola, Tomás Guido, Enrique Martínez, Lucio Mansilla, Gervasio Espinosa, Tomás Iriarte, Blas José Pico, Ramón Rodríguez, Manuel Olazábal, Rufino Guido, José Cirilo Lucero, Isidro Quesada, Jorge Velasco, Dionisio Quesada, Domingo Sosa, Francisco Seguí, Gerónimo Espejo, Benito José Nazar, Ramón Díaz, José María Albariño, Manuel Escalada, Pedro Ramos, Angel Pacheco, Goyena, Gregorio Paz, Antonio Moll, Mariano Espinosa, N. Jorge”.

1881 – Venezuela
Día de la Independencia de Venezuela. El 5 de Julio de 1811, los representantes de los patriotas reunidos en una magna asamblea, entre los que figuraban Simón Bolívar, Francisco de Miranda, Juan Germán Roscio y otros, firmaron la Acta de la Independencia. 

La independencia de Venezuela fue el proceso emancipador desarrollado entre 1810 y 1823 con el fin de romper los lazos coloniales que existían entre la Capitanía General de Venezuela y el Imperio español. Este proceso se unió y extendió al ser llevado a cabo en otros países de América, que alcanzaron también su independencia. Entre los factores más influyentes se suele destacar el deseo de poder de los grupos criollos que poseían el estatus social y económico pero no político, la introducción de las ideas del Enciclopedismo, la Ilustración y la declaración de Independencia de los Estados Unidos, la Revolución francesa y el reinado de José I de España. Es importante resaltar que la última batalla que libró la independencia de Venezuela fue el 24 de julio de 1823, con la Batalla Naval del Lago de Maracaibo al mando del Almirante José Prudencio Padilla y no la Batalla de Carabobo el 24 de junio de 1821.

El 19 de abril de 1810, después de la invasión napoleónica en España, los miembros del Cabildo de Caracas deponen al entonces Capitán General de Venezuela, Vicente Emparan. Alegan que actúan en nombre de Fernando VII, rey depuesto de España, y en desobediencia de José I Bonaparte. Se establece una Junta de Gobierno Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII) que toma varias iniciativas como establecer juntas similares en las provincias de Cumaná, Margarita, Barinas, Barcelona, Trujillo y Mérida y enviar delegaciones diplomáticas a los países que podían apoyar la insurrección: el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, Estados Unidos y Nueva Granada.

Con la firma de la declaración de la independencia y las campañas emprendidas por los republicanos se inicia la Guerra de Independencia. Venezuela fue el primer país de América Latina que declaró su independencia y el tercero del continente americano después de Los Estados Unidos y Haití.

En medio de la guerra de la Independencia, en 1819, se concretó la idea de la unión de la Gran Colombia, decretado en el Congreso de Angostura estado que comprendía las antiguas colonias españolas de la Capitanía General de Venezuela, el Virreinato de Nueva Granada y la Real Audiencia de Quito. Con el inicio de ésta lucha, en plena puerta de entrada al continente y con la erradicación del último bastión realista en el Perú a manos del ejército libertador, los territorios americanos patrimonio de la Monarquía española se organizaron en estados independientes.

Tras la Batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821, que dio oficialmente la independencia de Venezuela, y luego de la liberación de Caracas, Cartagena de Indias, Popayán y Santa Marta, el 18 de julio se reanudó con mayor ímpetu los trabajos de constitucionales en Cúcuta para incluir las regiones recién emancipadas. El 24 de mayo de 1822 Quito sella su independencia en la Batalla de Pichincha y el 9 de diciembre de 1824 se sella la de Perú y Bolivia en la Batalla de Ayacucho. Perú y Bolivia nunca llegaron a formar parte de la Gran Colombia pero comparten con Colombia, Ecuador y Venezuela el título de Países bolivarianos.

La independencia de Venezuela fue finalmente reconocida por España y firmada en un Tratado de Paz y Amistad entre Venezuela y España el 30 de marzo de 1845, por los gobiernos de la reina Isabel II de España y el presidente venezolano Carlos Soublette.

El Acta de la Declaración de Independencia de Venezuela es un documento en el cual siete provincias españolas, pertenecientes a la Capitanía General de Venezuela en Sudamérica, declararon su independencia del Reino de España y explicaron sus razones para esta acción. Fue redactada principalmente por Juan Germán Roscio y firmada el 5 de julio de 1811 en la Capilla Santa Rosa Lima de Caracas. Los representantes de las provincias, que venían autogobernándose desde los sucesos del 19 de abril de 1810, se constituyeron en la "Confederación Americana de Venezuela".

Con la firma de la Declaración de independencia, siendo Venezuela el primer país de América Latina que la declaró, y las campañas emprendidas por los republicanos, se inició la "Guerra de Independencia". Entre los Párrafos más importantes de la Declaración, destaca el siguiente donde resalta claramente una causa de la Independencia:
"Cuantos Borbones concurrieron a las inválidas estipulaciones de Bayona, abandonando el territorio español, contra la voluntad de los pueblos, faltaron, despreciaron y hollaron el deber sagrado que contrajeron con los españoles de ambos mundos, cuando, con su sangre y sus tesoros, los colocaron en el bono a despecho de la Casa de Austria; por esta conducta quedaron inhábiles e incapaces de gobernar a un pueblo libre, a quien entregaron como un rebaño de esclavos."

El aniversario de la firma se celebra como el "Día de la Independencia de Venezuela". El Libro de Actas original del primer Congreso de Venezuela se encuentra en el Palacio Federal Legislativo en Caracas.

1860 – Argentina
Fallecimiento del Gral. Hilario Lagos. Militar federal, comandante de Juan Manuel de Rosas. Después de Caseros, condujo la rebelión de quienes en Buenos Aires querían unirse a la Confederación de Urquiza. 

Nacido en Buenos Aires, Hilario Lagos se unió a los húsares de esa ciudad en 1824 y dedicó la mayor parte del resto de su vida a la carrera militar; durante la década de 1830 luchó en diversas campañas contra los indios del sur de la provincia de Buenos Aires; en 1840 fue incorporado al ejército de Rosas bajo Oribe para luchar contra las invasiones unitarias conducidas por el general Juan Lavalle; se distinguió igualmente por su coraje en la batalla como en su caballerosidad desplegada luego de sus victorias en Quebracho Herrado y Famaillá; después de su regreso a Buenos Aires, se lo asignó, con una división, al ejército de Urquiza en Entre Ríos, donde permaneció hasta que este último se pronunció contra Rosas.

Renuente a la idea de volverse contra Rosas, el coronel Lagos obtuvo un permiso de Urquiza para regresar a Buenos Aires; en Caseros comandó una división de caballería del ejército de Rosas; fue uno de los últimos en abandonar el campo de batalla.

Desaparecido Rosas, Lagos apoyó a Urquiza y a su idea de una organización nacional verdaderamente federal de las provincias; calificado de "auténtico federal", fue uno de los conductores del grupo "chupandinos", compuesto por ciudadanos de Buenos Aires que deseaban unir sus provincias hermanas en la Confederación; a fines de 1852, cuando la provincia de Buenos Aires rehusó aceptar el Acuerdo de San Nicolás y cooperar en el congreso constituyente reunido en Santa Fe, estalló un conflicto entre los provinciales de Buenos Aires y los porteños de la ciudad; asumiendo el liderazgo de este movimiento, Lagos intentó usar esta fuerza para introducir a Buenos Aires en la Confederación; mediante un golpe de Estado provocó la renuncia de Valentín Alsina como gobernador (tanto por razones políticas como personales) y luego presentó el movimiento a Urquiza, invitándolo a hacer uso de estas fuerzas para incorporar a la provincia de Buenos Aires a la Confederación con las otras trece provincias.

Urquiza que esperaba utilizar la diplomacia y la negociación antes que la fuerza se sintió sumamente molesto por esta situación; sin embargo, la ciudad de Buenos Aires fue sitiada por Lagos durante siete meses; luego las fuerzas sitiadoras se disolvieron cuando la ciudad, haciendo uso de su arma defensiva más poderosa -el dinero- sobornó al comodoro John Halsted Coe, marino mercenario norteamericano que había comandado las fuerzas navales del bloqueo de Urquiza en el Río de La Plata, y posiblemente a algunos de los sitiadores de tierra; muchos de los soldados de Lagos manifestaron resentimiento hacia la federación de Buenos Aires.

El Congreso exigía que la paz fuera negociada y los diplomáticos británicos y norteamericanos ofrecieron sus servicios para el arreglo de esta situación; se concedieron algunas amnistías, pero muchos de los dirigentes más recalcitrantes fueron exiliados; también lo fue el coronel Lagos, que despojado de su rango militar y privado de sus propiedades fue a Santa Fe; en 1857 el gobierno de Buenos Aires ofreció restituirle su rango, así como la totalidad de sus privilegios militares si se avenía a cooperar en la lucha contra las crecientes depredaciones indias en el sur; rechazó este ofrecimiento prefiriendo compartir la suerte de sus compañeros de exilio; más tarde regresó a su ciudad natal, donde murió en 1860.

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