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6 de Julio

1573 – Argentina
Jerónimo Luis de Cabrera funda la ciudad de Córdoba, a orillas del río Suquía, en un sitio llamado Quizquizacate por los lugareños ("Encuentro de los ríos" en idioma sanavirón). 

Desafiando las órdenes del Virrey del Perú fundó la ciudad de Córdoba en un lugar diferente al sugerido. Esta actitud y otras cuestiones políticas le costarían después la vida.

Jerónimo Luis de Cabrera sirvió al Ejército real español en Perú hasta 1571 cuando fue nombrado gobernador del Tucumán. El virrey Francisco de Toledo le encomendó entonces “poblar y fundar en el valle de Salta en la parte y lugar que e pareciere mejor convenir, un pueblo de españoles para que de estos reinos del Perú se pueda entrar a dichas provincias sin el riesgo y el peligro que hasta aquí, y de ellas salir a estos reinos a contratar y mercadear”.
Cuando Cabrera partió de Potosí en julio de 1572 debió optar entre seguir las directivas del virrey o acatar la voluntad de Francisco de Aguirre (gobernador del Tucumán y fundador de Santiago del Estero) quien lo instaba a proseguir el plan de conquista del sur, Cabrera eligió este último. Aún se desconoce el por qué de esta decisión que implicó en los hechos un acto de rebeldía contra la voluntad suprema del virrey Francisco de Toledo, máximo representante del soberano español en estas tierras sudamericanas.

Ya en Santiago del Estero, Cabrera (que se encontraba junto a su familia) envió una expedición de 48 hombres con el fin de relevar el territorio de la Provincia de Comechingones. La columna principal habría ingresado según algunos investigadores por el norte del territorio provincial a través de lo que es hoy Villa de María del Río Seco. Según otros historiadores, la expedición llegó en cambio por el Valle de Punilla.

En definitiva, el centenar de hombres pisó suelo cordobés el 24 de junio de 1573. Encontraron un río al que Cabrera llamo San Juan (actual Suquía), ya que el 24 de junio es el día de dicho santo.

La ciudad de Córdoba fue fundada el 6 de julio de ese mismo año con el nombre de Córdoba de la Nueva Andalucía posiblemente en homenaje a los ancestros de su esposa, oriundos de la homónima localidad española.
La ceremonia se realizó en la margen izquierda del río en el paraje Quisquisacate, llamado así por los aborígenes por la confluencia de dos ríos, en lo que hoy son las barrancas de barrio Yapeyú.

Acompañaron a Jerónimo Luis de Cabrera en aquella jornada histórica -además de sus hijos mozos Pedro Luis y Gonzalo-, su Teniente Suárez de Figueroa, los veteranos del Tucumán, Hernán Mejía Mirabal, Juan Pérez Moreno, Gonzalo Sánchez Garzón, Juan Rodríguez Juárez, Blas Rosales, Bartolomé Jaimes, Juan de Ludueña, Nicolás Carrizo, Antón Berrú, Miguel de Mojica, Alonso de Contreras y Miguel de Ardiles, entre otros; los conquistadores venidos con él desde el Perú; Tristán de Tejeda, Alonso de la Cámara, Juan de Molina Navarrete, Jerónimo Bustamante, Jerónimo García de la Jara, Luis de Abreu de Albornoz y Damián Osorio; y aquellos que antes habían entrado con Pedro de Arana, como Blas de Peralta.

Cabrera, en el mismo acto hizo labrar el acta fundacional por el escribano Francisco de Torres y determinó el escudo de armas de la ciudad. Con la creación de la nueva ciudad Cabrera buscaba dos objetivos. Uno de ellos era disponer de una salida a «La Mar del Nord», es decir al Océano Atlántico, ya que creyó que la Laguna de Mar Chiquita era una bahía de este océano. El segundo de los objetivos era establecer un asentamiento urbano para proseguir la búsqueda de la famosa Ciudad de los Césares, supuestasmente construida con oro y plata por los aborígenes.

1812 – Argentina
Muere ahorcado Martín de Álzaga, acusado de avariento y codicioso. Secundado por sus amigos José Martínez de Hoz, Gaspar de Santa Coloma y Gastón Elorriaga, entre otros, había sido el líder del llamado Grupo Peninsular. Los empresarios españoles que más dinero habían hecho durante los últimos años de la administración imperial. Eran ricos y poderosos. 

La Revolución de Mayo fue financiada. Quienes lo hicieron eran prósperos hombres de negocios. Criollos e ingleses conformaron la red de nuevos intereses para respaldar económicamente los agitados días de Mayo.
El 25 de Mayo de 1810 Martín de Alzaga suponía ya que lo iban a matar. Pero no se dio por vencido ni aun vencido. Alzaga fue ahorcado en la fría mañana del 6 de julio de 1812, en Buenos Aires.
Obviamente, ellos no querían la revolución, ni las nuevas reglas de juego anti monopólicas que los obligaban a perder sus copiosos botines. En la primera semana de julio de 1812 fueron ejecutados 40 “conspiradores” peninsulares.

Álzaga sostenía una red de negocios extendida desde Potosí a Lima y desde Chile hasta Buenos Aires. Había sido el empresario español más importante del Virreinato. Y, tal vez, el más lúcido y valiente. Junto con el francés Santiago de Liniers habían comandado la resistencia contra el invasor inglés. Pero más tarde, en enero de 1809, anticipando eventuales movimientos contra el pacto colonial, se había levantado en armas contra el propio Liniers, a quien consideraba napoleónico y antiespañol. “El Vasco”, tal como lo llamaban sus amigos, tenía lacayos, dinero y propia tropa como para intentar un golpe de Estado. Pero fue vencido.

Cornelio Saavedra, quien un año después presidiría la Junta revolucionaria de Mayo, enfrentó a Alzaga poniéndose al mando del Regimiento de Patricios y de los criollos que ya no querían ni ver a los peninsulares. Lo capturó y lo envió a la cárcel de Carmen de Patagones. Pero Alzaga, que tenía amigos poderosos en las esferas tribunalicias virreinales, fue absuelto y liberado con sus cómplices, los españoles Miguel de Ezquiaga y Felipe Sentenach.
Rápidamente volvió a conspirar tras la Revolución de Mayo. Fue el financista de la contrarrevolución, junto con los peninsulares y el superior de la orden de los católicos betlemitas, Fray José de las Ánimas. Alzaga apostaba al todo o nada, a la victoria de los ejércitos realistas, a los que destinaba información, logística y dinero. Volvieron a capturarlo y esta vez no tuvieron piedad.

Alzaga y el Grupo Peninsular se enfrentaron con dos enemigos esenciales: los criollos y los ingleses. Esa fue la nueva conjunción, la red de los nuevos intereses creados para el financiamiento de los agitados días de mayo de 1810 y de la guerra revolucionaria posterior. La debacle del paradigma imperial español, atacado en su corazón metropolitano por los ejércitos napoleónicos, se conjugó con los inmensos apetitos comerciales sajones y —a la vez— con el ansia libertaria de los nativos. Tras las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807 se produjo un creciente contrabando de productos de manufactura británica y un simétrico descenso de los ingresos fiscales y aduaneros. Faltaba dinero y las transacciones comerciales se realizaban con bonos, letras de tesorería y vales varios con los que el quebrado Estado virreinal les pagaba a sus proveedores. Los ingresos aduaneros entre 1810 y 1820 fueron, en moneda constante, un 47 por ciento más bajos que los ingresos por la misma vía entre 1800 y 1810. Según una investigación del historiador Samuel Amaral, en 1810 los ingresos estatales fueron de 2.491 millones de pesos, y los gastos, de 3.036 millones. La brecha deficitaria se cubría con la emisión de deuda pública bajo la reiterada fórmula de los bonos.

Sin dinero, el Estado debía financiar una guerra. Los cuerpos militares, sobre todo los de artillería, infantería montada y caballería, se crean por iniciativa de personas privadas como, por ejemplo, Juan Martín de Pueyrredón, fundador, precisamente, de los Húsares de Pueyrredón y de larga trayectoria posterior en las batallas revolucionarias, o Juan José Terrada, masón, anglófilo e integrante activo de la Logia Lautaro, de la que formaría parte también José de San Martín. La perspectiva de la supuesta prosperidad que traería el libre comercio (en detrimento del pacto colonial que obligaba a los vínculos monopólicos con España) parece haber incentivado la inversión de algunos prósperos hombres de negocios en la organización de regimientos varios. Invirtieron en el ejército, comprando armas y pagando sueldos a los oficiales, en función de un nuevo orden económico.
Pueyrredón, tenía un vínculo cercano y activo con James Paroissien, un británico que había llegado al Río de la Plata en 1807 durante las Invasiones Inglesas. Juntos emprendieron una larga marcha en busca de dinero fuerte. Atravesaron la Puna y las montañas (con el ejército criollo cubriendo las espaldas) hasta llegar a Potosí, donde funcionaba la Casa de Moneda virreinal. Allí se alzaron con 44 alforjas llenas de plata, que eran los últimos restos del Tesoro de la colonia. Más tarde, en 1810, Pueyrredón levantó una fábrica de pólvora en Córdoba y en 1812 nombró a Paroissien como director. En abril de 1815 esa fábrica explotó y Paroissien regresó a Buenos Aires para unirse luego al Ejército de los Andes, donde fue uno de los más estrechos colaboradores de San Martín, quien lo nombró consejero de Estado y brigadier general de Perú en 1821. A la vez, una colosal confiscación de los bienes del Grupo Peninsular en su conjunto habría de beneficiar a los primeros “filántropos” de las nacientes milicias coloniales.

Según el investigador Hugo Raúl Galmarini, “durante los años de mayor incertidumbre bélica (…) se concentró la presión fiscal en la disposición de bienes de la propiedad enemiga (…) que rindió, entre 1811 y 1815, 1.270.368,3 pesos…” Pero algunos lograron eludir las confiscaciones. Como recuerda el propio Galmarini, se dispensó un trato más benévolo a José A. Martínez de Hoz, a quien se le concedió una moratoria. Sobre los 38.617 pesos que debía al Fisco, se diseñó un plan de pagos diferidos, debiendo abonar 8.000 pesos al contado y 3.000 por mes por el resto. El servicio fue justificado porque las autoridades consideraron a Martínez de Hoz “Hermano Mayor de la Caridad”.

Pese a algunas dádivas excepcionales, el Grupo Peninsular fue desplazado por lo que podría denominarse el Grupo Sajón. Ex invasores de 1806 o 1807 que se quedaron en el Plata y otros mercaderes o aventureros de distinta laya se capitalizaron raudamente tras la Revolución de Mayo.

Durante 1810 y 1811 el principal proveedor de armas fue Inglaterra, y desde l811 en adelante pasó a ser Estados Unidos. ¿Cómo se pagó la guerra? Abriendo los mercados criollos a los unos y a los otros.
La azarosa vida del norteamericano David de Forest es un ejemplo interesante. Audaz, viajero impenitente, traficante de esclavos, había navegado desde China hasta Cabo Verde y desde allí hasta la Patagonia buscando negocios.

Nombrado cónsul norteamericano en Buenos Aires, ofició como consignatario de mercadería del norte en este país y operó contra los españoles hasta que el virrey Cisneros lo deportó. Volvió a Buenos Aires en 1812, y en 1813 su amigo Juan Larrea lo acercó al corazón del poder durante la época del Directorio encabezado por Gervasio Antonio Posadas. Su tarea, entre otras, era confiscar mercancía del grupo hispano peninsular. De lo confiscado recibía una comisión del 2,5%. Con eso financiaba las tropelías de corsarios ingleses que asaltaban otras embarcaciones. Los navíos británicos o norteamericanos cambiaron sus nombres sajones por otros criollos, como “El Tucumán”, “El Mangoré”, “El Congreso” o “El Túpac Amaru”. Lo capturado era comercializado y De Forest se quedaba con un 10 por ciento, y con parte de esa cifra financiaba a la vez la formación de una escuadra naval de guerra del Río de la Plata.

Los negocios y la guerra se articulaban para expandir los negocios anglonorteamericanos en el Plata. Ya en 1818 operaban en Buenos Aires 55 firmas mercantiles británicas. La ruta Cádiz-Buenos Aires había sido sustituida por la ruta Liverpool-Buenos Aires.

1842 – Argentina
Fallece el coronel Juan Correa Morales. Nació en Buenos Aires en 1794, siendo sus padres Manuel Correa Morales y Pereyra, natural de Guimaraez, Portugal; y Nicolasa de la Rosa y Viera. 

El 10 de abril de 1815, después de haberse hecho la campaña a la Banda Oriental, se incorporó al ejército acampado en Olivos, como subteniente del 2º Batallón, 2ª Compañía, del Regimiento 3º de Infantería. En setiembre del mismo año se ponía en marcha con su cuerpo hacia el Norte, para incorporarse al Ejército Auxiliar; llegando a Jujuy a fines de noviembre, estando el regimiento a las órdenes del coronel Domingo French. Correa Morales pasó el 25 del último mes citado a la 3ª Compañía del cuerpo a que pertenecía.

En febrero de 1816 prestó servicio de vanguardia en la Quebrada de Humahuaca; regresando en marzo a Salta. En agosto de aquel año, todo el ejército llegaba a Las Trancas, de acuerdo con la orden impartida por el Director Pueyrredón, pasando al mes siguiente a Tucumán.

En esta ciudad permaneció de guarnición todo el año 1817, figurando enfermo los meses de setiembre y octubre del mismo año. En enero de 1818 bajó con licencia a Buenos Aires, y el 2 de junio del mismo año pasó a prestar servicios en el 1er Escuadrón del Regimiento de Caballería Cívica de esta ciudad, en clase de ayudante mayor.
Prestó servicios en esta guarnición asistiendo también a las operaciones que tuvieron lugar con motivo de la guerra civil que ensangrentó la provincia de Buenos Aires, en lucha abierta con los caudillos federales del litoral. Por sus merecimientos fue ascendido a sargento mayor del Regimiento de Caballería Nacional, el 7 de marzo de 1821, marchando a la frontera del Salto, a las órdenes del coronel Domingo Sáez. Dicho cuerpo tomó después el nombre de Regimiento 1º de Caballería Patricia.

Se halló en la campaña contra Ramírez, en mayo de 1821, bajo el comando superior del coronel Lamadrid, encontrándose en los hechos de armas que tuvieron lugar el 8 y 26 de aquel mes, donde las armas porteñas fueron derrotadas. Después, marchó al Fuerte Independencia, al mando del coronel Rafael Hortiguera, donde permaneció hasta el 31 de diciembre de 1823, en que se acogió a la Ley de Reforma del 14 de agosto de 1822.
Con motivo del estallido de la guerra del Brasil, el Poder Ejecutivo Nacional por decreto de 25 de enero de 1826, al crear el Regimiento Nº 2 de Caballería, dio de alta al sargento mayor Correa Morales, para comandar uno de los escuadrones del mismo; y al organizarse el cuerpo, en abril del mismo año, pasó a hacerse cargo del 4º Escuadrón. El 13 de noviembre de 1826 se le extendieron despachos de comandante del 3º del mismo Regimiento, con antigüedad al 1º de febrero de igual año. Asistió a la batalla de Ituzaingó, al combate de Camacuá, al de los Potreros del Padre Filiberto e hizo la campaña al Istmo con el general Paz en abril de 1828. Promovido a coronel graduado el 27 de setiembre de este último año, regresó a Buenos Aires a fines de noviembre mandando el 2 de Caballería, desde el ascenso de Paz a coronel mayor.

Coronel efectivo el 9 de febrero de 1830, poco tiempo después el gobernador Juan Manuel de Rosas envió a Correa Morales a Montevideo, para que gestionase ante el general Lavalleja, ciertos asuntos de interés nacional, entre los cuales uno de los más importantes fue la entrega de la goleta de guerra “Sarandí”, que el coronel al servicio de la marina, Rosales, había sublevado en el puerto de Buenos Aires el 16 de setiembre de 1830, conduciéndola al Uruguay; gestión en la que Correa Morales obtuvo el más completo éxito. El 5 de enero de 1830 pasó a revistar en la Plana Mayor del Ejército, en la que revistó hasta el 1º de abril de 1833.

En setiembre de 1832, se hallaba el coronel Correa Morales en Montevideo, en el desempeño de su misión diplomática; cuando después de producida la tentativa revolucionaria del general Lavalleja en julio de aquel año, el presidente Rivera, redujo a prisión al representante argentino, por considerarlo complicado en aquel movimiento. El 28 de octubre del mismo año, Correa Morales se encontraba de regreso en Buenos Aires; y en enero de 1833, fue encargado por el gobierno para efectuar una investigación sobre hechos criminales perpetrados en las Islas Malvinas.

En el sumario producido con motivo de la actuación de Correa Morales, en su calidad de comisionado argentino en el Estado Oriental, puso de manifiesto los tortuosos manejos de que fue víctima aquel coronel.
El 19 de junio de 1833 apareció un decreto relevándolo del cargo de jefe interino de Policía de la Capital, puesto para el cual había sido designado el 1º de abril; relevo determinado por razones de carácter político, pues Correa Morales era de filiación rosista. El 17 de junio de 1833 nuevamente pasó a integrar la Plana Mayor del Ejército, revistando en la cual el 11 de abril de 1835 fue designado a la comandancia del puerto. Continuó en la Plana Mayor Activa hasta la fecha de su fallecimiento.

El general Manuel Oribe fue designado presidente del Estado Oriental, en sustitución del general Rivera, el 1º de marzo de 1835. En abril de 1836 el gobernador Rosas designó nuevamente al coronel Correa Morales como representante en Montevideo, puesto que desempeñó hasta que en octubre de 1838 aquel presidente dimitió de su cargo a raíz de la derrota que le infligiera el general Rivera en los campos de El Palmar, el 15 de junio del mismo año.

El coronel Correa Morales desempeñó más adelante el cargo de capitán del puerto de Buenos Aires, y ejerciendo este puesto fue elegido simultáneamente como diputado de Buenos Aires en la Sala de Representantes.
Se hallaba desempeñando estos dos cargos, cuando se suicidó en la Capital, el 6 de julio de 1842. “La Gaceta Mercantil” ocupándose de su fallecimiento, expresaba: “Las recomendables cualidades que adornaban al coronel Correa Morales le habían adquirido la amistad de personas respetables, la estimación pública y el aprecio del Excmo. Gobernador, nuestro ilustre Restaurador de las Leyes”.

El 10 de agosto del mismo año, la Junta de Representantes enviaba a Petrona Núñez de Correa Morales, viuda del tan distinguido soldado, una conceptuosísima nota de pésame, en la cual se hacían destacar las condiciones notables de su extinto esposo. Esta nota fue publicada en La Gaceta Mercantil del 12 de agosto, correspondiente al Nº 5676.

1866 – Uruguay
Fallece en Montevideo el Coronel Francisco José Oribe. 

Nació en la ciudad de Montevideo el 5 de febrero de 1798, siendo sus padres, el Teniente Coronel del Real Cuerpo de Artillería, Francisco Oribe, natural de Vizcaya, fallecido en agosto de 1821; y Francisca de Viana, nacida en Montevideo, hermana del después general Francisco Xavier de Viana. Era hermano, pues, de los generales Manuel e Ignacio Oribe, que tan destacada actuación tuvieron en la guerra del Brasil y de continua figuración en las luchas civiles de los estados del Plata. Llevó los nombres de Francisco José y fue el undécimo hijo del matrimonio Viana-Oribe.

Francisco Oribe, lo mismo que sus hermanos, recibió esmerada educación y cuando el general Lavalleja inició la cruzada libertadora del territorio Oriental, se enroló en las filas patriotas como teniente del cuerpo de “Húsares Orientales”, hallándose en julio de 1825 en el campo militar de Pintado. Promovido a capitán con fecha 15 de este último mes y año, pasó a formar parte de las fuerzas sitiadoras de la Colonia, en el mes de agosto. Incorporado al cuartel general, asiste a las acciones del Rincón de las Gallinas y de Sarandí, el 24 de setiembre y el 12 de octubre de 1825. Durante el curso del año siguiente actúa en las fuerzas del general Lavalleja y al reorganizarse el Regimiento de Caballería al que le fue asignado el Nº 9 del arma, mandado por su hermano, el coronel Manuel Oribe, revista en el mismo en clase de capitán de la 2ª Compañía del 1er Escuadrón, a partir del 9 de abril de 1827, cuyos despachos le fueron otorgados el 19 de mayo del mismo año. Asiste a los encuentros de Bacacay y El Ombú, y en la batalla de Ituzaingó combate con valor probado, al frente de su compañía, en el cuerpo de “Húsares Orientales”, mereciendo por su intervención en esta última acción, el escudo y cordón de honor discernido por el Soberano Congreso Argentino. Con el Regimiento Nº 9 de Caballería asiste al combate de los Altos de Camacuá, el 23 de abril de 1827, participando en el resto de la campaña con este último cuerpo, batiéndose en los Potreros del Padre Filiberto, el 22 de febrero de 1828. Tomó parte en el combate de Las Cañas, el 15 de abril de igual año.

Al declararse independiente el Estado Oriental, el capitán Francisco Oribe pasó a su servicio. En la larga campaña sostenida por las tropas leales al presidente Manuel Oribe, en los años 1836, 37 y 38, aquel tomó parte. En la batalla del Arroyo de la Carpintería, el 19 de setiembre de 1836, en la que fue derrotado el general Fructuoso Rivera, actuó como capitán-ayudante del general en jefe vencedor, que lo fue su hermano Ignacio Oribe, mereciendo ser citado en el parte.

Intervino en el combate de Yucutujá, el 22 de octubre de 1837, y en el triunfo del Durazno, el 21 de noviembre del mismo año. Participó en la batalla de El Palmar, el 15 de junio de 1838, en la que venció completamente Rivera, hecho de armas que obligó al presidente Oribe a presentar su renuncia el 23 de octubre del mismo año. El mes anterior, Francisco Oribe y el comandante Saura, encabezaron el atentado que un grupo llevó contra la H. Asamblea, para instarla a votar por la continuación de la guerra civil; imponiéndose esta decisión.
Emigró a la República Argentina, acompañando a sus hermanos y pasó a formar parte de la División Oriental que mandaba el general Servando Gómez, incorporada al ejército del general Echagüe, desempeñando el cargo de teniente coronel del cuerpo de Dragones Orientales, a cuyo frente se batió en la célebre batalla de Pago Largo, el 31 de marzo de 1839. El 31 de mayo del mismo año pasó a formar parte de la División Oriental que mandaba su hermano el general Manuel Oribe. En las listas de todo el año 1841 de la “División del Sr. Presidente en Córdoba” revistó como teniente coronel de la 1ª Compañía del Escuadrón Escolta de S. E. con la nota: “A en Buenos Aires”.
Prestó servicios desde julio de 1842 hasta el año 1844 como teniente coronel del Escuadrón “Escolta Restauradora”, en Buenos Aires, pasando después a formar parte de las fuerzas sitiadoras de Montevideo como coronel del Batallón “Defensores de Oribe”, asistiendo a numerosos encuentros contra las tropas de la defensa, entre ellos, el del 24 de abril de 1844, en que combatió en el Paso del Molino. En el mes de abril de 1846, su posición en el ejército sitiador, Paso del Molino, fue atacada por las fuerzas de la plaza, las que fueron rechazadas con fuertes pérdidas. En marzo de 1848 se hallaba a cargo de las tropas en el lugar llamado Arroyo Seco, en la línea sitiadora. Revistó como teniente coronel del Escuadrón “Escolta Restauradora” desde el 28 de enero de 1847 hasta agosto de 1851.

Continuó en las operaciones que tuvieron lugar en torno a la plaza de Montevideo hasta el 8 de octubre de 1851, en que su hermano, lamentablemente, capituló con Urquiza.

1889 – Argentina
Nace en La Plata (Provincia de Buenos Aires) la actriz y productora argentina Blanca Podestá. Fallece en Buenos Aires el 17 de Mayo de 1967. Perteneció a la dinastía familiar de los Hermanos Podestá. LEER MAS …
Era hija de Gerónimo Podestá y hermana de María Podestá; perteneció a la segunda generación de los Podestá, familia dedicada al escenario en el Rio de la Plata.

Era sobrina de Pablo y Pepe Podestá, dramaturgos, mimos, jinetes, guitarristas y cantantes uruguayos.
Era tía de María Esther Podestá de Pomar (Buenos Aires, 1897, nieta de Jerónimo Podestá), quien realizó giras por Bolivia, Chile, Cuba, México y Paraguay, realizando comedias teatrales.

Fue famosa en toda Latinoamérica como intérprete de películas, entre ellas en las que interpretó a figuras históricas como Manuelita Rosas (1925) y Camila O'Gorman (1909).

Desde los años treinta, Blanca Podestá interpretó protagonistas del repertorio europeo, y estrenó a los autores locales. Entre 1943 y 1950, actuó en la Comedia Nacional del Teatro Cervantes. También trabajó en radionovelas.
Según Jacinto Benavente, tuvo el más fuerte temperamento dramático del teatro rioplatense.

Filmografía:
Sendas cruzadas (1942).
Manuelita Rosas (1925), como Manuelita Rosas, la hija del caudillo Juan Manuel de Rosas. Con Miguel Faust Rocha y Nelo Cosimi.
Camila O’Gorman (1910, del cineasta italiano Mario Gallo), con el actor Salvador Rosich.
Podestá hace el papel de la protagonista, Camila O’Gorman, mujer argentina que huyó con el sacerdote católico Ladislao Gutiérrez y fue mandada a fusilar por Rosas.

1961 – Argentina
Fallece Enrique Rodríguez Larreta, escritor argentino, autor de La gloria de don Ramiro, obra altamente representativa del modernismo hispanoamericano. 

Narrador argentino, considerado uno de los más importantes exponentes del modernismo en la prosa de ficción. Proveniente de una acomodada familia uruguaya, estudió derecho y se graduó en 1897 con una tesis titulada Apuntes sobre el estanco de tabaco. Fue un gran viajero, diplomático en París entre 1910 y 1919 y profesor de historia medieval en el Colegio Nacional Buenos Aires. Durante los años que residió en España adquirió piezas de arte y mobiliario para sus casas argentinas.

Se inició en el periodismo en 1896, escribiendo en las páginas de La Nación. Publicó su primer relato, Artemis, de estilo modernista, en la revista La Biblioteca que dirigía Paul Groussac. En 1908, y tras cinco años de viajes y tareas de documentación, dio a conocer en Madrid su obra más célebre, La gloria de don Ramiro, subtitulada Una vida en tiempos de Felipe II. La novela está ambientada en la España del siglo XVI y escrita en una depurada prosa de estilo impresionista; Larreta logra el efecto arcaizante mediante una concienzuda elección del léxico y de las construcciones sintácticas. En 1919 se bautizó con el nombre del escritor a una calle de la ciudad española de Ávila, ya que en ella se inicia la acción de esta novela.

Casi dos décadas estuvo sin publicar otro título, hasta la aparición de Zogoibi (1926), en la que cambia radicalmente la ambientación, pues transcurre en el campo de su tierra natal; el autor combina entonces el dialecto castizo con la lengua coloquial argentina. Su producción no volvió a alcanzar las cimas de su primera obra en Orillas del Ebro (1949) ni en Gerardo o la torre de las damas (1953).

Como dramaturgo, su primera pieza, escrita en francés, se estrenó en París en 1917, La lampe dargile, a la que sucedieron La luciérnaga (1923), El linyera (1932), Santa María del Buen Ayre (1935) considerada la mejor y Tenía que suceder (1943). Recogió su poesía en La calle de la vida y la muerte (1941), mientras que Tiempos iluminados (1939) es un libro de memorias. Fue también autor de guiones cinematográficos y televisivos, recopilados en Tres films (1951). Entre su ensayística cabe citar Las dos fundaciones de Buenos Aires (1933) y La naranja (1947). Miembro correspondiente de la Real Academia Española, integró además la Academia Nacional de Historia en Argentina.

Larreta, el gran prosista del modernismo hispanoamericano, busca a España en Castilla y el espíritu español en los tiempos de Felipe II, y no concibe después el alma y la tierra argentinas sin la presencia o el recuerdo de España. No es un caso aislado en Hispanoamérica en tal sentido; pero sí que es un caso singular en su prosa y en su creación literaria, con Reyles y pocos más, junto a otras figuras más "literalmente" americanas, pero no más literariamente ilustres, como Güiraldes, Rivera, Gallegos, Azuela y algunos otros. Los últimos años de su vida residió en un palacete de la capital argentina, en el cual quedó depositada su biblioteca personal y una importante colección de arte hispánico. En 1962 las autoridades platenses convirtieron la residencia del escritor en el Museo de Arte Español Enrique Larreta. 
Había nacido el 4 de Marzo de 1875.

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