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9 de Julio 1814 – Argentina

Gervasio Antonio de Posadas, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, nombra a Nicolás Rodríguez Peña gobernador de la nueva provincia oriental. Rodríguez Peña nació en Buenos Aires en 1775 y falleció en Santiago de Chile en 1853. Participó como miembro de las milicias contra las Invasiones Inglesas al Río de la Plata (1806 y 1807), y luego de ser promotor y financista, en la Revolución de Mayo, colaboró en la formación de la Primera Junta.
 
Nicolás Rodríguez Peña era amigo de San Martín quien le escribe : -La patria no hará camino por este lado del Norte, como no sea en una guerra puramente defensiva. Ya le he dicho a usted mi secreto. Un ejército pequeño y bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile y acabar allí con los godos, apoyando un gobierno de amigos sólidos para acabar con la anarquía que en todo el país reina. Aliando las fuerzas pasaremos por el mar a tomar Lima. Ese es el camino y no este que ahora se sigue, mi amigo. Convénzase usted de que, hasta que no estemos sobre Lima, la guerra no acabará. ( Jose Francisco de San Martín, Tucumán, 12 de Abril de 1814).

Fue secretario de Juan José Castelli, aunque no compartía todas sus ideas, acompañándolo en la expedición de las tropas libertadoras al Alto Perú y actuando en la Batalla de Suipacha. Ocupó el lugar de Mariano Moreno en la Primera Junta. En 1812 formó parte del Segundo Triunvirato. Se autoexilió en Chile, donde permaneció hasta el día de su muerte.

Fueron sus padres don Alonso Rodríguez de la Peña y doña Damiana Funes.
Se educó en el Real Colegio de San Carlos y, posteriormente, sirvió en el Regimiento Fijo; pero como no tenía vocación para la carrera militar, pronto la abandonó para dedicarse al comercio.

Después de las invasiones inglesas integró los grupos que trabajaban para promover la formación de un gobierno independiente de España, consagrando su inteligencia y parte de su considerable fortuna a la concreción de estos propósitos. Estos grupos solían reunirse en su quinta, ubicada en el solar de la plaza que hoy lleva su nombre, en la Capital Federal, o en la de Hipólíto Vieytes.

A estas reuniones se refería el General Guido al decir que la casa de Rodríguez Peña "fue el templo en que se elevaron al cielo los más solemnes juramentos y el centro de una de las más grandes obras que haya presenciado la América".

Los sucesos de Mayo de 1810 lo mostraron como un activo y decidido patriota. Acompañó al ejército auxiliar del Perú en calidad de secretario de Juan José Castelli y llegó a desempeñar la gobernación de La Paz.

De regreso en Buenos Aires se lo eligió miembro de la Junta en reemplazo de Mariano Moreno, pero a raíz de los sucesos del 5 y 6 de Abril de 1811 fue destituído y desterrado. La revolución de octubre de 1812 lo volvió al poder para integrar el segundo Triunvirato con Juan José Paso y Antonio Alvarez Jonte.

La Asamblea General Constituyente lo designó presidente del consejo de Estado.

En 1815, cuando cayó Alvear - de quien era partidario-, marchó desterrado a San Juan, desde donde cooperó con entusiasmo a la formación del Ejército de los Andes.

Consolidada la Independencia de Chile, Nicolas Rodríguez Peña se radicó en ese país, donde residió 37 años, respetado "como la revolución viva", según la expresión de Las Heras, hasta que falleció en Santiago el 3 de Diciembre de 1853.

Por aquella época en las amplias casas coloniales las reuniones fueron el eje de la vida social. Famosas resultaron las tertulias en la casa de Escalada, de Balbastro, de de Luca, de Sarratea. Allí se reunían los comerciantes para discutir sobre religión, política, e inclusive para jugar a las cartas, al billar o truque, al ajedrez y al chaquete y resolver adivinanzas y acertijos. En general se daban una vez por semana. Después de la charla o los juegos era muy común que se bailara hasta tarde.

Las mujeres por entonces tuvieron gran participación en la vida política, también realizaban tertulias en las casas. Las más activas fueron Casilda Igarzábal de Rodríguez Peña, Melchora Sarratea y Ana Riglos. Además tuvo gran relevancia Ana Perichón de Vandeuil, una mujer que nació en las Islas Maurice, en el Océano Índico, esposa de Tomás O’Gorman. María Guadalupe Cuenca, esposa de Mariano Moreno, sufrida mujer, que sin saber que su marido había muerto en alta mar, siguió enviándole cartas a su destino en Europa, al que nunca llegaría, fue una de las más activas mujeres de la época.

Casilda Igarzábal de Rodríguez Peña, esposa del patriota Rodríguez Peña fue una de las más notables luchadoras durante los días de Mayo. Se reunía con otras damas en su quinta de la actual Av. Callao al 900 o Rivadavia 867, y se cree que fue ella la que más instó a Saavedra a pronunciarse el 25 de Mayo de 1810.

En la casa de la calle Reconquista de Ana Perichón se dice que se armaron las intrigas y los contrabandos más importantes de la época.

A su vuelta en 1810, y ya fusilado Liniers de quien era su amante, se recluyó en su casa y poco participó de las reuniones sociales de entonces. Fue la abuela de Camila O’Gorman.

En una de esas tertulias inmortalizada en la pintura, en la casa de Mariquita S. de Thompson de la calle San José, se cantó por primera vez el Himno Nacional Argentino. Allí ese día estuvieron Vicente López y Planes, Blas Parera, Esteban de Luca, Bernardo de Monteagudo, el tío de Mariquita Domingo Trillo, los Escalada con su hija Remedios, su novio el coronel San Martín, Mercedes Losada de Riglos, Carmen Quintanilla, el coronel Juan Ramón Rojas, Balcarce y Fray Cayetano Rodríguez.

Se supone que ocurrió entre marzo y julio de 1812 ya que estaba San Martín quien llegó a Buenos Aires en marzo, y además la madre de Mariquita, Magdalena Trillo falleció en julio de ese año, por lo tanto por el luto riguroso que en esa época se llevaba no pudo haber una tertulia en la casa después de ese mes.

Según algunas cartas que una de las hijas de Mariquita Thompson, Albina Thompson de Tresserra envió a su hermana Florencia, desde Barcelona la música, del Himno fue escrita por Blas Parera en la casa de su madre ya que éste no tenía piano ni clavicordio. Y que perfeccionó su música en casa de Esteban de Luca.

Años más tarde otro amigo de los Thompson, Juan Pedro Esnaola, hizo el arreglo del Himno. Las visitas a las casas eran de dos tipos, las de amistad y las de etiqueta. La de amistad debía confirmarse enviando a una criada con cierta anterioridad. La visita sabía que una vez servido el chocolate con bizcochos se debía retirar.

La de etiqueta (cumpleaños o Pascua), se hacía por la mañana. A la 11 se servían licores, frutas en aguardiente y vinos añejos. Además de las tertulias en las casas fueron comunes las reuniones en los Cafés como el de Los Catalanes, en la esquina de San Martín y Cangallo, a los fondos de la casa de Mariquita Sánchez, o el Café de la Comedia, donde aprendían a cocinar los negros.

En todos estos lugares se reunieron aquellos que a partir de 1803 gestaron la Independencia de España, como Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Saturnino y Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes, Feliciano Chiclana. En realidad todos ellos trataban de difundir las ideas económicas y culturales del liberalismo.

Buenos Aires a principio del siglo XIX estaba embellecida, había prosperidad comercial y era cosmopolita. Fue muy atractiva para los extranjeros. Llegaron muchos inmigrantes españoles y también ingleses.

Entre los ingleses, además de comerciantes vinieron espías, que intervinieron en las tertulias que se hacían en los cafés y en las casas de las familias más renombradas de la ciudad. Uno de ellos, Santiago Florentino Burke, coronel inglés, inteligente, y seductor se alojó en La Fonda de los Tres Reyes. Llevó una importante vida social. Frecuentó la casa de Liniers, de los O’Gorman e inclusive se hizo muy amigo del virrey Sobremonte.

Al comenzar el año 1810 la agitación revolucionaria había crecido. Una sociedad secreta integrada, entre otros, por Nicolás Rodríguez Peña, Manuel Belgrano, Juan José Paso, Hipólito Vieytes, Agustín Donado, Alberti, Terrada, Darragueira, Chiclana, Castelli, French, Beruti, Viamonte y Guido, organizaba las acciones.
Las reuniones se realizaban en la casa de Vieytes, en la de Rodríguez Peña o en la quinta de Orma.

25 de Mayo: los cabildantes resolvieron la renuncia de la junta presidida por el virrey y le aconsejaron a éste imponerse por la fuerza. Para lograrlo consultaron a los jefes militares quienes negaron su apoyo. Mientras se llevaba a cabo esta reunión un grupo de patriotas entró por los corredores del Cabildo y, luego de dar fuertes golpes en la puerta cerrada de la sala, manifestaron que "querían saber de qué se trataba". El comandante Martín Rodríguez tuvo que contener a los más exaltados.

Ante la presión popular el Cabildo aceptó la renuncia de la Junta. Un grupo de jóvenes encabezado por Beruti se presentó en la sala de Acuerdos y dio a conocer la nómina de las personas que integrarían la nueva Junta Gubernativa. Además se pedía que, una vez establecida debería enviarse una expedición de 500 hombres al interior.

Los cabildantes exigieron la ratificación del petitorio por el pueblo congregado en la plaza.

El síndico Leiva se asomó al balcón y al ver solo a un pequeño grupo de vecinos preguntó: "¿Dónde está el pueblo?", a lo que los patriotas respondieron que se tocase la campana del Cabildo o que se llamara a generala y se abriese los cuarteles. Sin medios para resistir los cabildantes reconocieron la autoridad de la Junta Revolucionaria.

Primer Triunvirato (23-09-1811/08-10-1812)

Las derrotas militares, los conflictos políticos y la agitación pública debilitaron a la Junta Grande que decretó en septiembre de 1811 la creación de un ejecutivo compuesto por tres miembros mientras que la Junta integraría una Junta Conservadora.

Segundo Triunvirato (8-10-1812 / 31-1-1814)

El Segundo Triunvirato fue el órgano ejecutivo de gobierno, que reemplazó al Primer Triunvirato y condujo entre 1812 y 1814 los destinos de la Argentina.

Integrantes del Segundo Triunvirato: Antonio Álvarez Jonte, Juan José Paso y Nicolás Rodríguez Peña.

Duración: Entró en funciones el 8 de octubre de 1812 y fue disuelto en 31 de enero de 1814, al asumir el nuevo Director Supremo.

Origen: Un nuevo alzamiento revolucionario, producido en octubre de 1812, exigió la creación de un Segundo Triunvirato. Desde el 9 de marzo de 1812, con la llegada desde Europa de José de San Martín y otros patriotas, el impulso revolucionario que animó a los hombres de Mayo se fortaleció. El 8 de octubre, San Martín reunió a sus tropas en la plaza principal y forzó la convocatoria de una Asamblea Constituyente para la elección de un nuevo Triunvirato.

El resultado del escrutinio para integrar el Triunvirato fue el siguiente:
Juan José Paso (96 votos a favor - 87 en contra)
Nicolás Rodriguez Peña (172 a favor - 12 en contra)
Antonio Álvarez Jonte (147 a favor - 35 en contra)

Obras: Por decisión del Cabildo del 8 de octubre de 1812, ordenaron el arresto de Bernardino Rivadavia y lo obligaron a alejarse de la capital. También a Juan Martín de Pueyrredón se le ordena retirarse a San Luis y el periodista Vicente Pazos Silva (rival de Bernardo de Monteagudo) es detenido y desterrado. Después de constituirse la asamblea general Rivadavia y Pueyrredón serían juzgados.

El 4 de diciembre de 1812 se estableció una comisión para redactar la Constitución.

El 31 de enero de 1813 se estableció en Buenos Aires la Asamblea General Constituyente, conocida como Asamblea del Año XIII.

El 10 de marzo se creó la Facultad de Medicina bajo la dirección de Cosme Argerich.

El 14 de noviembre se creó la provincia de Cuyo (actuales territorios de Mendoza, San Juan y San Luis.

Desde el inicio, hubo enfrentamientos debido a que Paso, era un moderado; Peña y Jonte eran partidarios de la Logia Lautaro, con lo cual gran parte de las decisiones que tomaba este gobierno se veían influidas por las ideas de esta sociedad secreta.

Si bien tuvo inicios provisionales, con el tiempo aparecieron los problemas: Fernando VII retomó la corona y crecieron las amenazas de una invasión realista.
La suma de dificultades alcanzó su momento de mayor zozobra trás las derrotas de Manuel Belgrano en Vilcapugio y Ayohuma. Fue entonces cuando Carlos María de Alvear, apoyado por la Logia Lautaro, animó a elegir un poder ejecutivo unipersonal.

La crisis culminó con la disolución del Triunvirato y la elección del primer Director Supremo.

Fuente: www.nacionalypopular.com

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