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9 de Julio 1935 – Argentina

Nace en Tucumán, Mercedes Sosa (Haydeé Mercedes Sosa), cantante. En 1963 forma parte del “Nuevo Cancionero”. De la mano de Jorge Cafrune canta y se consagra en Cosquín 1965. 

Entre las interpretaciones con que se ha destacado en el cancionero latinoamericano se encuentran Canción con todos, Alfonsina y el mar, Gracias a la vida, Como la cigarra, Zamba para no morir, La maza, Todo cambia, Duerme negrito y Calle angosta. Entre sus discos se destacaron Canciones con fundamento (1965), Yo no canto por cantar (1966), Mujeres argentinas (1969), Homenaje a Violeta Parra (1971), Cantata sudamericana (1972), Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui (1977), Mercedes Sosa en Argentina (1982), Alta fidelidad (1997) y su interpretación de la Misa criolla (2000). Su último trabajo es Cantora, lanzado poco antes de su muerte, un álbum doble donde interpreta 34 canciones a dúo con destacados cantantes iberoamericanos, y cierra con el Himno nacional argentino.

Descendiente de diaguitas, su padre era un obrero de la industria azucarera que trabajaba en el Ingenio Guzmán, mientras que su madre trabajaba de lavandera para familias más acomodadas. Originariamente sus padres habían acordado nombrarla Marta Mercedes, pero en el registro civil, su padre lo cambió por Haydeé Mercedes. Pese a ello, su madre, su familia y sus seres cercanos nunca utilizaron el nombre legal y siguieron llamándola Marta.
En 1957 se radicó en Mendoza a raíz de su matrimonio con el músico Oscar Matus, con quien tuvo un hijo, Fabián Matus. Matus y Mercedes establecieron una sociedad artística con el poeta y locutor Armando Tejada Gómez que resultaría de gran trascendencia artística y cultural.

Mendoza resultaría uno de los tres lugares entrañables de Mercedes Sosa, junto a Tucumán y Buenos Aires. Allí «se hizo mujer», dijo ella misma, nació su hijo y se formó artísticamente. En su última voluntad pidió que sus cenizas se esparcieran en esos tres lugares. En Mendoza, el lugar elegido fueron los canales de riego de Guaymallén, el mismo lugar donde se arrojaron las cenizas del poeta Armando Tejada Gómez. Junto a esos tres lugares, Mercedes Sosa también destacaba su afecto especial por Montevideo, donde fue tratada por primera vez como una gran cantante, en una serie de actuaciones que realizó en Radio El Espectador y en Canal 12.
Mercedes Sosa comenzó a cantar en una época, en la que el tango de Buenos Aires, que era la música popular por excelencia, estaba siendo alcanzado en popularidad por la música de raíz folklórica, característica de las provincias, en un fenómeno que es conocido como el boom del folklore, producido de la mano de la industrialización del país y la migración de millones de personas del campo a las ciudades y de las provincias hacia Buenos Aires. Este proceso conllevaba transformaciones étnicas y culturales en la población que diferían de las que produjera la inmigración mayoritariamente europea que se produjo entre 1850 y 1930.
Portada original del segundo álbum de Mercedes Sosa, Canciones con fundamento (1965), publicado por el sello independiente El Grillo.

En 1962, Mercedes Sosa lanzó su primer álbum, La voz de la zafra (la zafra es la cosecha de caña de azúcar, principal producción de Tucumán), grabado el año anterior y producido por RCA. El álbum fue grabado debido a la insistencia de Ben Molar, un músico polifacético vinculado a la música popular de Buenos Aires, quien reconoció el talento de la cantante tucumana y convenció a los directivos del sello RCA para realizar el disco, que sin embargo careció de difusión.

El disco está integrado por ocho canciones de Matus-Tejada Gómez: Los hombres del río, La zafrera, El río y tú, Tropero padre, Nocturna, Zamba de los humildes (o La de los humildes), Zamba de la distancia y Selva sola, además de otras cuatro, entre las que se encuentran la guarania Jangadero (del misionero Ramón Ayala, quien escribió también la nota de contratapa), El indio muerto (de Gerardo López, cantante de Los Fronterizos) y dos temas con letra de Ben Molar, a pedido de Mercedes Sosa, Recuerdos del Paraguay y Sin saber por qué. La canción Nocturna tiene una significación especial para Mercedes Sosa porque se trata de la canción que simbolizó el amor a primera vista con Oscar Matus (“Tú, junto al amor que nos separa, llenas mi dulce guitarra de oscura distancia... llevas mi voz en tu voz, triste y suave”). El mismo álbum fue luego reeditado bajo el título de Canta Mercedes Sosa.

El álbum anticipaba una línea estético-cultural que sería expresamente formulada al año siguiente con el lanzamiento del Movimiento del Nuevo Cancionero, y que sería sintetizada con el título de su segundo álbum, Canciones con fundamento (1965), segundo disco del sello independiente El Grillo que intentaba consolidar Matus, compuesto ―al igual que el primero―, sobre la base de las canciones de Matus-Tejada Gómez.

El 11 de febrero de 1963, desde el Círculo de Periodistas de Mendoza, lanzó el Movimiento del Nuevo Cancionero, junto a su esposo (Oscar Matus), Armando Tejada Gómez, Tito Francia y otros artistas, que se manifestaría internacionalmente como el Movimiento de la Nueva Canción. Mercedes Sosa se mantendría fiel a lo largo de toda su carrera a los principios artísticos expuestos en el manifiesto fundacional del movimiento.

Simpatizante de Perón en su juventud, apoyó las causas de izquierda política a lo largo de su vida, afiliándose al Partido Comunista en la década de 1960. Tras el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 fue incluida en las listas negras del régimen militar y sus discos fueron prohibidos.

En 1976, recién instalada la dictadura, lanzó Mercedes Sosa, la mamancy, donde incluye el «Poema nº 15» de Pablo Neruda (“Me gusta cuando callas porque estás como ausente...”, de su famoso libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada) musicalizado por Víctor Jara. También incluye “Duerme negrita”.
Mercedes Sosa trató de permanecer en la Argentina pese a las prohibiciones y las amenazas, hasta que en 1978, en un concierto en La Plata, fue cacheada y detenida en el propio escenario y el público asistente arrestado.
Se exilió en 1979: primero en París y luego en Madrid.

Durante la dictadura militar y mientras se encontraba censurada lanzó varios álbumes, destacándose Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui (1977), uno de sus álbumes más logrados, y Serenata para la tierra de uno (1979), tomando como mensaje la canción del mismo título de María Elena Walsh: «Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy». También en 1977 Mercedes grabó un simple con dos canciones de Milton Nascimento: Cio da terra (con Chico Buarque) y San Vicente (con Fernando Brant). Inició así la costumbre de incluir canciones brasileñas, una costumbre inhabitual en la música hispanoamericana de ese entonces; algunas de ellas se convertirían en clásicos de su cancionero, como María María (también de Nascimento y Brant) que estrenaría al volver a la Argentina en 1982.

En 1981 graba en Francia el álbum A quién doy, con la dirección musical y artística de José Luis Castiñeira de Dios, quien aportó un sonido renovado y un enfoque latinoamericano del repertorio que influiría decisivamente en el canto de Mercedes Sosa desde entonces. El título está tomado de la canción de Julio Lacarra con que se inicia el álbum, referido al exilio (“A quien doy las cuerdas de mi guitarra, para que no suenen tristes a la hora de mi adiós”). El álbum incluye otras canciones llenas de tristeza por el exilio, que permanecerán en su repertorio habitual, como «La flor azul» (“Dile, dile chacarera a esa flor azul, que de noche yo la busco por la Cruz del Sur”, de Mario Arnedo Gallo y A. R. Villar), «Cuando me acuerdo de mi país” (“Cuando me acuerdo de mi país, me escribo de sal, me atraso de bien, me angustio de tren, me agrieto de mar, me enfermo de andén”, del chileno Patricio Manns), y el clásico tango «Los mareados» (“Esta noche amiga mía, el alcohol nos ha embriagado, qué me importa que se rían y nos llamen los mareados”, de Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo, el primer tango grabado por la cantante). A quien doy fue lanzado en Argentina con un repertorio diferente del original publicado en Francia, ya que la censura no admitió que se difundieran «Sueño con serpientes» (del cubano Silvio Rodríguez), «Fuego en Anymaná» (de César Isella y Armando Tejada Gómez), ni «Gente humilde» (de Garoto, Vinicius de Moraes y Chico Buarque).

El exilio fue muy doloroso para Mercedes Sosa. Su segundo esposo, Pocho Mazitelli, había muerto el año anterior, en 1978 y ella ha contado que en ese momento llegó a pensar en suicidarse.
Regresó a Argentina en 1982 y realizó una serie de famosos recitales, pero debió volverse a exiliar cuando se enteró que uno de los genocidas, el almirante Carlos Alberto Lacoste preguntó: “¿Quién dio permiso a Mercedes Sosa para estar en mi país?”. Recién podría volver a radicarse en su país en 1984, una vez que la democracia fuera recuperada.

En los años noventa Mercedes Sosa se consagró como una de las mejores cantantes del mundo y comenzó a ser llamada La Voz de América.

En 1997 integró el grupo de 23 personalidades mundiales que formaron la Comisión de la Carta de la Tierra, en representación de América Latina y el Caribe.

El 18 de septiembre de 2009 ingresó al Sanatorio de la Trinidad, ubicado en el barrio de Palermo en Buenos Aires, debido a una disfunción renal, la cual había evolucionado negativamente hacia una falla cardiorrespiratoria. Padecía desde hacía más de treinta años del mal de Chagas-Mazza, una enfermedad ligada a la pobreza rural, que es endémica en el norte de la Argentina y en gran parte de Sudamérica.

Su estado de salud se volvió crítico el 2 de octubre de 2009; a partir de entonces, el cuadro de salud de la artista de 74 años se había deteriorado, hasta desencadenar su fallecimiento el 4 de octubre de 2009.

Sus restos fueron velados en el Congreso Nacional de la Argentina, personalidades políticas encabezadas por la presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, ministros, religiosos, artistas que tuvieron que ver con ella a lo largo de su vida y una multitud de personas se hicieron presentes ante su féretro ubicado en el Salón de los pasos perdidos.

El lunes siguiente se decretó duelo nacional por tres días, y una multitud acompañó o saludó con flores a su paso al cortejo fúnebre hacia el cementerio de la Chacarita, donde su cuerpo fue cremado según su deseo para esparcir sus cenizas en tres lugares amados por ella: Tucumán, Mendoza, y la ciudad de Buenos Aires.
Perú y Bolivia dispusieron colocar sus banderas a media asta en señal de duelo, Perú comunicó oficialmente que de ese modo buscaba expresar “el dolor del pueblo peruano por la muerte de quien fuera considerada voz del continente y sentimiento de los humildes”.

El presidente de Brasil, Lula da Silva, envió al Ministro de Cultura como su delegado personal para hacerse presente en los funerales, con el siguiente mensaje: “Gracias, Mercedes. Aquella que cantó a la vida permanece en los cuatro lados de nuestra América. Una voz potente que, al demoler fronteras, nos enseñó algo que va más allá de los territorios y banderas. Con Mercedes Sosa aprendimos cuánto tenemos para compartir como pueblos y naciones. Ella nos dio el sentido de lugar, de pertenencia y de una latinidad que nos consagra en belleza y tragedias comunes. Voz y actitud comprometida de la mujer fraterna por el arte iberoamericano. Voz inmortal que continuará en nuestras voces, por haber dado tantas gracias a la vida y para que esta fuese una vida de tiempos mejores, por eso ―y por lo tanto― queda con nosotros su canto… ¡gracias, Mercedes, «que nos ha dado tanto»!
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, publicó una solicitada en el diario Página/12 de Buenos Aires, transcribiendo la carta que le enviara a la presidenta de Argentina, donde dice entre otras cosas: “Mercedes Sosa, la de ustedes, la nuestra, la misma que aprendimos a sentir en toda nuestra América como la voz que nos festejaba aclarándonos el sendero, ha partido para quedarse convertida en memoria sublevada, pan del menesteroso y aliento tenaz de los humildes. Nuestra América toda quedará en eterna deuda con esta extraordinaria mujer que encarnó lo más sublime que puede darle sentido a la existencia: la entrega incondicional a los injustamente olvidados de la tierra. Maestra cantora entre los cantores y las cantoras: Mercedes es encarnación del canto como razón de ser personal y colectiva. Canto como afirmación del espíritu de vida y como combate contra la muerte: luminoso canto de todas y todos. ¡Honor y gloria a Mercedes Sosa!
La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, pidió un aplauso para Mercedes Sosa durante el acto de conmemoración del triunfo del "No" en el plebiscito que llevó al fin de la dictadura de Pinochet diciendo: “Para quien recibió siempre el cariño de su público, en todos los rincones, pido un gran aplauso para decir: ¡Hasta siempre Mercedes Sosa!
El presidente Fernando Lugo de Paraguay también envió una carta de condolencias a la presidenta argentina, destacando "el recuerdo de la gente, que en su pasado más triste, encontró en las músicas de Mercedes Sosa, un consuelo, una esperanza, un abrazo cálido".

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