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10 de Julio 1821 - Argentina

Muere, en Río Seco, el caudillo y militar Francisco Ramírez ("Pancho Ramírez"), al que se denominó "el Supremo Entrerriano". Realizó una administración progresista, declaró obligatoria la enseñanza primaria, estableció la primera imprenta de Entre Ríos, suscribió el Tratado del Pilar y proclamó la "República de Entre Ríos". Nació en la Villa de Concepción del Uruguay (provincia de Entre Ríos) el 13 de marzo de 17.
Ramírez había nacido en la Villa del Arroyo de la China (hoy Concepción del Uruguay) como vástago de una familia de holgada posición (Martín Ruiz Moreno: Contribución a la historia de Entre Ríos, 2 vols. Buenos Aires, 1914). Esto lo negará la historia "oficial", llegando a hablar, con palabras del general Rondeau, de "un mozo del pueblo llamado Ramírez, que en tiempos posteriores ha figurado como no era de esperar, pues llegó a ser general y a capitanear ejércitos respetables" (General José Rondeau, Memorias).

Fue uno de los primeros líderes del federalismo provincial contra el unitarismo y la dominación de Buenos Aires.
De una familia prominente. Se incorporó al movimiento patriótico en 1810 al actuar como nexo entre Díaz Vélez y Rondeau. En 1811 se unió a Ricardo López Jordán (padre) para apoyar al líder uruguayo J. G. Artigas en su lucha contra los españoles en el Uruguay y en Entre Ríos y contra la invasión portuguesa desde el Brasil de 1816.
Durante los siguientes años, hubo un equilibrio inestable, en las provincias ribereñas, entre Santa Fe, dirigida por Estanislao López, y Entre Ríos, bajo Ramírez. Ambas opuestas a la dominación de Buenos Aires. El Director Supremo, Pueyrredón, intentó una política conciliatoria, mientras tanto, para proteger su objetivo principal: apoyar a San Martín en su proyecto continental de independencia respecto de España.
En 1819 la situación cambió dramáticamente cuando José Miguel Carrera, ex presidente chileno, regresó de su exilio en los Estados Unidos y Pueyrredón le impidió que fuera a Chile, recientemente liberado por San Martín. Carrera se alió con Carlos María de Alvear, que estaba ansioso por recuperar el poder político en Buenos Aires, y convencieron a López y a Ramírez para que se unieran a ellos contra el Directorio.
La guerra estalló cuando Estanislao López tomó por la fuerza una carreta con sus ministros del gobierno que atravesaba Santa Fe a cargo de Marcos Balcarce. Ramírez apoyó al caudillo santafesino aduciendo que peleaban para eliminar la tiranía del gobierno, restablecer la libertad popular y la igualdad de los ciudadanos, es decir, de provincianos y porteños, y para desalojar a los portugueses de la Banda Oriental. Esta guerra de guerrilla de las provincias litorales contra Buenos Aires adquirió tales proporciones que se le ordenó a San Martín que trajera su ejército libertador para defender Buenos Aires pero se rehusó.
Ramírez y López comandaron el ejército federal que derrotó a Rondeau en Cepeda (1° de febrero de 1820) y firmaron poco después el Tratado del Pilar, que señalaba el triunfo de las autonomías provinciales sobre el predominio de Buenos Aires.
La rivalidad entre Ramírez y López por el liderazgo político de las provincias ribereñas, junto con sus propósitos opuestos, finalmente los llevó a un conflicto armado. Ramírez nunca había abandonado la idea de erradicar a los brasileños portugueses de la Banda Oriental y apeló a Buenos Aires para obtener ayuda.
Ese gobierno estaba ocupado combatiendo a los indios del sudoeste de la provincia, incitados por Carrera y no podía enviar sus tropas de inmediato al Uruguay. También había firmado la paz entre Santa Fe y Buenos Aires (tratado de Benegas, 1820) y existía el proyecto de convocatoria de un Congreso Nacional en Córdoba. Tanto Bustos de Córdoba como López de Santa Fe y Martín Rodríguez de Buenos Aires se oponían a Ramírez y lo consideraban un obstáculo para la reorganización nacional.
Ramírez tomó la ofensiva, cruzó el río Paraná hacia Santa Fe, acordó con Carrera intervenir en un movimiento de pinzas contra Córdoba para vencer a sus comunes opositores. Después de un exitoso comienzo, Ramírez y Carrera fueron totalmente derrotados. Huyeron por separado, con algunos de sus seguidores, para recobrar sus fuerzas y renovar la lucha. En julio de 1821, Ramírez fue derrotado por última vez cerca del Río Seco, donde había esperado unirse con Carrera. Escapó con vida pero, al descubrir que su compañera - la famosa Delfina - había caído en manos del enemigo, regresó para rescatarla y fue asesinado. Lo decapitaron y mandaron su cabeza a Estanislao López, quien la exhibió públicamente en el Cabildo.
Francisco Ramírez y el unitarismo
Fuente: idem anterior
Fue muy joven el alcalde de un distrito de campaña y luego oficial de cívicos en las fuerzas creadas por el comandante don José de Urquiza a raíz de la revolución de 1810. Fue de los que hizo la revolución; otros, como Rivadavia, fueron hechos por ella.
El caudillo entrerriano era enérgico y generoso a un tiempo; luego de haber derrotado a los ejércitos porteños comandados por el general Rondeau, en Cepeda, expresó en el parte de guerra: "El resto de enemigos se halla atrincherado en sus carretas, pero todos a pie; pienso no tienen otro remedio sino rendirse a discreción, de lo contrarío, voy a pasar a degüello a todos" (Francisco Ramírez: Parte de guerra de Cepeda. Campo de batalla, 19 de febrero de 1820.)
¿Cómo no iba a utilizar este comunicado la historia oligárquica para certificar la "crueldad de los caudillos"? Pero ocultan que, al mismo tiempo, remitió un mensaje al comandante de las tropas porteñas en fuga, en el que le decía: "Al corazón sensible a la sangre americana que ha hecho derramar el criminal capricho de un gobierno ilegal y tirano, me estímula a decir a V.S. que si en el término de dos horas no se rinde a discreción, será pasado con ese pequeño resto de tropas, a cuchillo; de lo contrario protesto a V.S. bajo mi palabra de honor, que todos los jefes y oficiales que hayan quedado serán tratados con la mayor consideración y auxiliados del mejor modo posible para que se restituyan a sus países o donde gusten, con sus equipajes".
Esta era la pasta de los caudillos: magnánimos en la medida en que lo permitían las circunstancias de la guerra, aun frente a la conocida perfidia de lo que Ramírez llamaba "el Tirano Porteño".
Las intrigas de ese tirano lograron alejarlo de Artigas, entendiendo que en esta forma servía a los planes de la federación.
Persuadido de que el caudillo oriental era el que perturbaba la realización de ese ideal, al que una vez liquidado el foco de la perturbación serviría Buenos Aires, lanzó sus efectivos a la lucha y logró destrozar a las tropas de Artigas, según vimos. El pensamiento que lo inspiró quedó debidamente traducido en el parte que envió al coronel Romualdo García, luego del triunfo de Las Tunas. "Gloria a la patria en Federación, le decía. En este día acabo de escarmentar, con la intrepidez de los Dragones de la Provincia, al tirano Artigas, en este campo, a presencia de ese heroico pueblo que no admite el despotismo de ese monstruo... Artigas debe haber conocido que la ha favorecido nuestras armas. Los entrerrianos no toleran por más tiempo ser subyugados por tiranos. Aman en tanto su libertad que prefieren la muerte antes que perderla. Creo ya la provincia libre de opresores. Sin embargo, sigo mis marchas sobre ese enemigo de los pueblos federados. Este hombre se ha decidido por desolar y aniquilar las provincias. . . Parece que se ha propuesto eternizar la guerra civil, desentendiéndose de la paz y general armonía de las provincias en Federación ..."( Francisco Ramírez: Parte de guerra de Las Tunas. Campo de batalla, 24 de junio de 1820. (Cfr. Calvento: obr. cit ). ¡Pobre e iluso Ramírez!
A partir de ese momento se le consideró el "Supremo Entrerriano"; por bando del 29 de setiembre, expedido en la ciudad de Corrientes, proclamó la "República de Entre Ríos", que comprendía esta provincia, Corrientes y Misiones. Esta creación se debía, según López, a que Ramírez "se había concentrado todo entero en levantar un fuerte imperio guerrero y personal, con el poderoso contingente de las hordas incultas y expansivas del litoral puestas al servicio de su nombre y de su influjo” (V.F.López: Hist. de la Rep. Argentina)
El ambicioso plan del caudillo, siempre según el historiador nombrado, era el de "humillar de nuevo a Buenos Aires" y "organizar en el Arroyo de la China su imperial grandeza". Ya se ve cómo y cuánto le sirvió a Ramírez el haber librado a la oligarquía porteña de su odiado enemigo Artigas. El juicio que antes merecía éste se le aplicaba ahora a aquél: las hordas incultas lo seguían para humillar a Buenos Aires, movido por la "imperial grandeza" de sus sueños bárbaros...
El nuevo conflicto a que lo provocaron los intereses portuarios que veían un peligro en el crecimiento de su figura, terminó trágicamente en Río Seco, provincia de Córdoba, el 10 de julio de 1821, alcanzado por una bala que le disparó el capitán Maldonado. La versión propalada por Mitre y admitida por la escuela histórica liberal, es que el salvaje caudillo perdió la vida por rescatar a su mujer, a la que llamaban despectivamente "la china Delfina". Esto tiene poca importancia; lo que cuenta es que se le cortó la cabeza al cadáver y que don Francisco Bedoya remitió el fúnebre despojo al gobernador de Santa Fe "a instancias de los bravos santafecinos". En Santa Fe se la exhibió dentro de una jaula de hierro "para perpetua memoria y escarmiento de otros que en lo sucesivo, en transporte de sus aspiraciones, intenten oprimir a los heroicos y libres santafecinos" (Oficio de don Francisco Bedoya. Arch. de Gbno. de Santa Fe.)
Las sutiles maniobras porteñas, deslizándose entre las grietas que ofrecía la fluida política de aquellos tiempos, lograron servirse de Ramírez contra Artigas y, un año después, de Bustos y López contra Ramírez. El caudillo entrerriano, a quien López atribuye un poder discrecional y sueños de grandeza, "murió pobre, sin dejar más bienes que una casa y una pequeña estanzuela heredada de sus padres" (Ruiz Moreno: Obr. cit.)

Fuente: www.lagazeta.com.ar

 

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