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13 de Julio 1807 – Argentina

La escuadra inglesa zarpa del puerto de Buenos Aires conduciendo al ejército de Whitelocke, que había capitulado el 6 de julio. 
Los ingleses, anoticiados de la captura de Buenos Aires en 1806, organizan y envían un contingente militar de refuerzo, sin saber que la invasión del año anterior terminó en un fracaso militar; lo que hizo que esta fuera una nueva y con intentos de lavar la imagen de la corona.
La población de Buenos Aires se entera de la presencia cercana de una importante flota inglesa, al ser invadidas las ciudades de Montevideo y Colonia.
Para fin de Junio de 1807 los ingleses tiran anclas en la Ensenada de Barragán, y el 1° de Julio comienzan a movilizarse hacia la Capital.
Los criollos intentan frenar el avance, pero son derrotados. Sin embargo, y a pesar de la angustiosa situación, los vecinos de Buenos Aires se organizan para la defensa.
Los habitantes de la Buenos Aires colonial, hombres y mujeres, combatieron con sobradas muestras de valentía y decisión. El 07 de Julio de 1807, el Comandante en Jefe de las tropas Inglesas, General Juan Whitelocke, decidió firmar el tratado que ponía fin a la lucha en el Río de la Plata. El 13, zarpa de Buenos Aires.
A su llegada a Inglaterra su desempeño fue interpretado como un gran desfavor a la causa británica en Sudamérica y otras colonias.
Whitelocke fue juzgado en consejo de guerra en Chelsea, cerca de Londres, a partir del 21 de enero de 1808. El fiscal fue Richard Ryder, quien pronunció las siguientes palabras durante el primer día del proceso: “...la expedición al mando de Whitelocke fracasó completamente...lo que ha desvanecido todas las esperanzas que se abrigaban de abrir nuevos mercados a nuestras manufacturas”
Calificó al contraste de calamidad nacional y achacó a Whitelocke toda la responsabilidad. El general Gower, segundo de Whitelocke en la expedición, dijo en el juicio que el comandante jamás formó plan alguno.
Al cuarto día de sesión (en febrero de 1808), el teniente general John Moore declaró que de haber pasado el río el segundo día y atacado Buenos Aires, la habrían tomado.
Entre otros testigos comparece el general Craufurd, quien criticó al acusado por no haber llevado las calderas de campaña que hubiesen permitido hervir trigo para la alimentación, y no haber contratados a criollos enlazadores de ganado para la alimentación de la tropa.
Gower afirmaría además que los jefes principales no hicieron objeción al plan de ataque el día 4 pues todos descontaban el triunfo. Agregaría luego que: “Jamás hubiera creído que fueran tan implacablemente hostiles como por cierto lo eran...No creo que haya habido un solo hombre realmente adicto a la causa británica en la América española”
El testigo Torrens declaró que no se había tomado ninguna medida para la retirada, pues todos estaban seguros que nuestras operaciones serían coronadas por un triunfo completo.
El teniente coronel Duff, expresó: “Con menos de cien hombres estaba en medio de una ciudad donde todos eran enemigos armados, desde el hijo de la vieja España hasta el negro esclavo”.
En su defensa Whitelocke manifestó: “Esperaba encontrar una gran porción de habitantes preparados a secundar nuestras miras. Pero resultó ser un país completamente hostil”.
El testigo Samuel Auchmuty afirmó que las tropas siguieron con las armas sin cargar después de la orden del general para el ataque, y agregó: “La tropa estaba completamente desanimada, hasta el punto de expresarse mucho de los soldados en términos inconvenientes...Quiero decir que la tropa no tenía ninguna confianza en su general”
Ante la pregunta del fiscal de si creía que la expedición hubiese triunfado si hubiese sido dirigida de modo diferente, respondió: “No tengo duda de que la fuerza era más que suficiente para tomar Buenos Aires”.
Whitelocke inició su defensa el día 14 de marzo. Alegó que había considerado estéril entrar a fuego en la ciudad y había preferido una confrontación directa con los soldados españoles. Y reconoce: “Puedo haber errado en adoptar un plan que ha dado malos resultados. Por confiar en él, puedo haber dejado de tomar toda la precaución necesaria, y que habría tomado de prever la resistencia que se nos opuso”.
El general White habló a favor de Whitelocke al elogiar la bravura de su actuación en la campaña de Santo Domingo.
El juicio terminó el 18 de marzo formulándose los siguientes cargos:
Haber exasperado los ánimos de la población porteña al exigir la entrega de empleados civiles en calidad de guerra.
Haber mandado dividir las fuerzas y hacerlas entrar en la ciudad con las armas sin cargar.
No haber socorrido a las divisiones que se hallaban acorraladas en Buenos Aires.
Haber capitulado de manera de perder las posiciones conquistadas en la ciudad y aún la plaza de Montevideo, que se hallaba suficientemente guarnecida y provista contra un ataque.
El tribunal lo declaró culpable de todos los cargos mencionados, con excepción del segundo en la parte que se refiere a la orden de llevar armas sin cargar.
Finalmente dispuso darlo de baja y declararlo inepto e indigno de servir a S.M. en ninguna clase militar.
También ordenó leer la sentencia a todos los regimientos a servicio del Rey e insertarla en los libros de órdenes de regimientos para que: “...sirva de eterno recuerdo de las fatales consecuencias a que se exponen los oficiales revestidos de alto mando que, en el desempeño de los importantes deberes que se les confían, carecen del celo, tino y esfuerzo personal que su soberano y su patria tienen derecho a esperar de ellos.”
Vivió en el retiro hasta su muerte en Hall Barn Park, Beaconsfield, Buckinghamshire el 23 de octubre de 1833.

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