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15 de Julio 1811 – Argentina

Cinco buques españoles comandados por el capitán Juan Ángel de Michelena bombardean Buenos Aires sin mediar intimación alguna. 
Francisco Javier Elío, al regresar de España convertido en Virrey, persiguió como estrategia el retrotraer la situación a la existente a mediados de 1810. Así, Buenos Aires se retiraría de la Banda Oriental y quitaría su apoyo a los insurgentes a cambio de lo cual Montevideo levantaría su propio bloqueo naval, mientras quedaban a la espera de la resolución definitiva del Consejo de Regencia.
Envió una escuadrilla de ocho buques ligeros al mando del capitán de fragata Juan Ángel Michelena con la orden de bombardear la ciudad sin intimación previa y sólo tras hacerlo, "presentar el convenio, no para discutir, sino para aceptar".
El 15 de julio Michelena arribó a balizas exteriores del puerto de Buenos Aires y tras tomar posiciones en balizas interiores, alrededor de las 22:00 horas inició el bombardeo que duró hasta la una de la mañana del 16
Solo respondió el fuego una lancha cañonera armada, único buque disponible, al mando de Hipólito Bouchard, hasta que salió de servicio por la rotura del eje de cureña. El daño que experimentó la ciudad no fue de consideración en sus edificios y sólo dos personas fueron heridas por las bombas.
En la mañana del 16 Michelena envió el pliego con las condiciones, consistentes en el retiro mutuo de tropas y levantamiento de los bloqueos, amnistía, libre posesión y disponibilidad de bienes, libertad de circulación (pero sólo de Montevideo a Buenos Aires), desmovilización de las tropas destacadas en la Banda Oriental a su regreso. El statu quo sólo se mantendría hasta que cayera España, fuera restaurado Fernando VII o se pronunciara formalmente el Consejo de Regencia.
El contenido y la forma del oficio, la imposibilidad de plantear alternativa alguna y el bombardeo sin aviso previo hacían imposible aceptar la intimación, que hubiera sido violentamente rechazada por la población, la que no sólo no había sido intimidada por el ataque sino que había reaccionado con evidente repulsa y cólera ante semejante agresión a una ciudad abierta, desprovista de obras defensivas y sin intimación o negociación alguna.
Tras el rechazo de la Junta, Michelena retomó las posiciones de ataque, pero aprovechando la noche y contra lo que especificaban sus órdenes, la flota realista se retiró a su base en la Isla Martín García.

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