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Crónica sobre el homenaje a Fermín Chávez

Nogoyá es una localidad de 25 mil habitantes, de nuestra hermana provincia de Entre Rios. Un arroyó con su mismo nombre atraviesa el territorio; muchos dicen que en la lengua charrúa, Nogoyá significa “aguas bravas”. Con una actividad principalmente agrícola-ganadera, al llegar a la ciudad el inmenso frigorífico de aves “soychu” recibe a los integrantes del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, que al avistarlo bromean sobre la procedencia de aquel nombre y confirman que ya están, una vez más, en las tierras de Fermín Chávez.

El Intendente Daniel Pavón los recibe con un asado y confiesa que espera poder festejar los 90 años del natalicio de Fermín con la puesta en marcha de un polo industrial de 54 hectáreas, que traerá prosperidad y trabajo a todos los habitantes.

Como ha llovido mucho por la zona, los caminos a “El Pueblito” -sitio donde nación Fermín y donde yacen sus restos- están complicados. Se deberá esperar a que el domingo el clima acompañe y la tierra se afirme para poder emprender la travesía. Mientras tanto, en la Plaza Libertad ya está todo dispuesto para el acto. Pablo Vázquez, toma la palabra recordando los tiempos en que transitando el colegio secundario se topa por fuera de ese ámbito escolar con un escrito de un tal Fermín Chávez; ese fue el puntapié clave para acercarse al pensamiento nacional. Posteriormente, cae en cuenta que en ningún claustro universitario tuvo oportunidad de leer a López Jordán o a Fermín Chávez. Fue sino a través de su militancia política que empezó a conocer quién era Fermín Chávez."Aquel que yo tenía por ahí en un libro, era un militante de fuste, era un hombre profundamente consustanciado con su cultura entrerriana, y sobre todo que había rescatado a figuras del olvido como a López Jordán, Juan Manuel de Rosas, Perón y Evita, entre otros". Recalcó la labor de todos los compañeros presentes que desde el Instituto Dorrego han puesto en valor lo que es la figura de Fermín Chávez, la figura de López Jordán y “toda la heredad política de la provincia de Entre Ríos; la rica historia de esta provincia que muchas veces no llega a Buenos Aires pero que de a poco nosotros vamos redescubriendo.”

Por su parte, Enrique Manson afirmó sentirse un baquiano de Nogoyá, ya que gracias a Fermín, comenzó a visitarla con cierta regularidad: por las gestiones para nombrar “Fermín Chávez” a la biblioteca popular, para presentar libros, para los homenajes, entre otras visitas. En sus palabras, se centró en la importancia de la integración nacional.

Describió a Fermín como un gran admirador de Rosas, ya que cuando sucedió la agresión económica porteña que provocó una desintegración nacional, Rosas fue un personaje clave en la reconstrucción de esos pedazos desarmados de la Argentina. “Fermín no soñaba con una Argentina de republiquitas divididas; Fermín estaba comprometido con el pueblo, con los más necesitados, con los que mejor representaban la identidad de nuestra patria desde su orígenes, sin que esto implicara desvincularse de su identidad entrerriana.” Para finalizar enfatizó la reivindicación de la identidad de los primeros habitantes, la reivindicación de la identidad –como decía Fermín- de los que descienden de conquistadores españoles, de los gringos, de los que descienden de los que hoy mismo se van integrando a nuestra nación. "Esas reivindicaciones particulares no son contradictorias con la afirmación de la totalidad de una Argentina integrada, sobre todo cuando vamos hacia un mundo en que la Argentina no tiene destino posible si no es en la definitiva integración continental. Nuestra patria hoy es el continente suramericano.”

Los miembros del Instituto Dorrego agradecieron a las autoridades presentes, a Cacho Schiavoni –ex Intendente de Nogoyá-, a los vecinos y vecinas por compartir y organizar ese sentido homenaje; un homenaje más de los tantos que se realizarán a fin de poner en valor y dar a conocer la figura de Fermín Chávez.

Ya cuando la tarde se estaba poniendo fresca, los artistas locales, el “Turco” Abdala, Aldo Muñoz, Omar Peltzer y Edgar Monteañares le rindieron homenaje con sus musicalizando sus poemas y compartiendo con el público presente el cancionero jordanista.

La jornada finalizó compartiendo un café en la Biblioteca Popular Fermín Chávez, un micromundo de papeles entre libros, publicaciones, fotografías y obras.

Domingo Peronista

Fermín conoce tan bien a sus compañeros que lo fueron a visitar que les regaló un día bien peronista: cielo azul despejado y sol que calienta la mañana fresca. Las condiciones climáticas permitieron lo que el sábado no. Recorrer 30 km de camino de tierra hasta llegar a “El Pueblito”, un poblado pequeño, campo adentro, salpicado con pequeñas casas de los más diversos materiales. La casa donde vivió Fermín es un rectángulo de ladrillos, habitada hoy por una joven familia en crecimiento. A un costado, un garaje abierto guarda una inmensidad de objetos sin uso, ¿alguno pertenecerá a Fermín? se preguntan los más curiosos. La casa más próxima es la de Manuela Felipa Amarilla, amiga de la infancia de Fermín. Manuela cumplió el 26 de mayo pasados sus 94 años. Ya no camina y las imágenes entre pasado y presente se funden en diálogos cruzados. Su amiga Blanca la cuida, la baña y la tiene bien perfumada. Una imagen de Fermín se posa sobre una mesa de luz que refleja un sincretismo campestre: un crucifijo, flores plástico, cremas, remedios y una foto de Fermín junto a un hombre. No se acuerda quién es el amigo que aparece en la foto, pero sí recuerda como jugaban durante las tardes, las rabias que se agarraba Fermín cuando ella le ganaba a las cartas, y ya de más grande, a un Fermín que no le gustaba bailar tanto como a ella.

A 200 metros de la casa de Manuela, se encuentra la Escuela N°14, tanto Manuela como Fermín poblaron esas aulas allá por los años ‘30. Por entonces, solo se cursaba hasta 3° grado, uno de los motivos por el cual Fermín emigró más adelante a la provincia de Córdoba donde vivía su hermana. Allí asistió al internado del Colegio Apostólico para iniciar su formación sacerdotal. Y allí también conoció a su gran maestro, el Fray Reginaldo de la Cruz Saldaña.

A un costado de la escuela se encuentra la Capilla Nuestra Señora del Rosario. Sencilla, silenciosa, ausente de ribetes dorados y objetos brillantes. En su interior una lápida de mármol gastada por el paso del tiempo deja entrever una inscripción: “Fray Reginaldo de la Cruz Saldaña”. Debido a que no tomo los hábitos, Fermín no pudo ser enterrado dentro de la capilla, sin embargo, descansa en las inmediaciones del predio. Una cruz de madera sobre la tierra, indica la morada de Fermín.

Vecinos, vecinas y miembros del Instituto Dorrego se reunieron alrededor de esa cruz y le rindieron un sentido homenaje, haciendo circular la palabra de boca en boca para reconstruir quién fue Fermín Chávez; compartir el sentir por la ausencia e impregnar en palabras la grandeza de su persona.

Luis Launay, en nombre del Instituto Dorrego y en el de Pacho O’Donnell, manifestó un eterno agradecimiento a Fermín por su existencia y por sus aportes al pensamiento nacional. “No es humildad lo que describe a Fermín, sino modestia, porque él se sabe grande”, destacaba Enrique Manson. Por su parte, Porfidio Calderón y Oscar Denovi, reivindicaron la figura de Fermín como uno de los grandes maestros que tuvo el peronismo; lo describieron como su maestro y como “maestro de muchos, maestro de todos nosotros, un compañero de lucha, de lucha por la patria, y por nuestros ideales”. Fabián D’antonio le agradeció a Fermín por las enseñanzas recibidas y el camino que marcó para las Ediciones Fabro. Jorge Rachid manifestó su emoción por estar con Fermín en tantas batallas y le expresó que “las batallas continúan, porque vos estas al lado nuestro, vas creciendo en tu figura y nosotros vamos creciendo con vos”. Oscar Denovi, del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas, recordó a Fermin, como uno de los grandes maestros que fueron presidente, de ese Instituto. Los miembros del Instituto Dorrego agradecieron a las y los vecinos presentes por compartir, por ser parte de ese momento y por la hospitalidad recibida.

Ya pasado el mediodía, las copas de vino se alzaron y un canto colectivo entonó el feliz cumpleaños. Una mesa llena de lugareños, amigos, compañeros, discípulos, evocaban su nombre, sus recuerdos y su poesía. “Viva Fermín” retumbó en “El Pueblito” hasta que cayó la tarde.

Vea el video del viaje AQUI

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