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22 de Julio 1812 – Argentina

El negro Ventura es premiado por el gobierno por su denuncia de conspiración contra Martín de Álzaga y otros ciudadanos. Se le otorgó la libertad, dinero, uniforme y sueldo de soldado. 

Nacido en el señorío de Vizcaya alrededor de 1756 - no se tiene certeza absoluta de la fecha -, vino al Río de la Plata a instancias de su tío, Mateo Ramón de Alzaga. Se dedicó al comercio, consiguiendo en escaso tiempo una fortuna considerable. Empleado en un principio del fuerte comerciante colonias Gaspar de Santa Coloma, fundó más tarde su propia firma bajo el rubro de "Alzaga y Requena", no tardando en instalar sucursales en las principales ciudades de esta parte de América, incluso en Potosí, donde lo representaba un pariente, Blas de Alzaga.
En 1790 es designado Procurador Síndico General y un año más tarde Primer Regidor. Alzaga insistía en la imposibilidad de desempeñar funciones públicas, debido tanto a su precario estado de salud como al tiempo que le demandaban sus negocios; pero el gran ascendiente que tenía en la colonia - llegó a ser, en poco tiempo, el alma del Cabildo - impulsaba a esta corporación a insistir en sucesivos nombramientos, culminados en 1795 con el de Alcalde de Primer Voto, cargo en el que fue ratificado en 1804. Durante la defensa de Buenos Aires, que lo tuvo por protagonista, uniforma y sostiene de su bolsillo parte de los 2.000 hombres que reclutó para el Regimiento Voluntarios Patriotas de la Unión, contribuyendo con 8.000 pesos fuertes. Es Indiscutible que mientras "Liniers fue el héroe de la Reconquista, Alzaga fue el héroe de la Defensa".
No veía con buenos ojos al "francés" Liniers, a quien suponía inclinado a la causa de Napoleón, y pretende formar una Junta en Buenos Aires, similar a la que Elío creara en 1808 en Montevideo y al estilo de las que en España gobernaban a nombre de Fernando VII. Con este fin organiza el movimiento del 19 de Enero de 1809, que se malogra por la enérgica intervención de Cornelio Saavedra y el grupo de criollos que lo rodeaban. Este movimiento originó un largo sumario - conocido como Proceso de la Independencia -, que culminó en 1810 con la absolución de los acusados: Alzaga, Miguel Ezquiaga y Felipe Sentenac o Sentenach.
Sin embargo, en 1812, la suerte no le sería tan propicia al ex alcalde. El 1º de Julio, una vecina denuncia al alcalde de Barracas que se ha enterado por intermedio de uno de sus esclavos - el negro Ventura - de la existencia de un complot realista encabezado por don Martín de Alzaga, listo para estallar esa misma semana en combinación con un desembarco que harían en San Isidro las tropas de Montevideo. Afirma que el español Francisco Lacar, vinculado a Alzaga, es quien ha proporcionado todos esos datos a su esclavo. El alcalde eleva la denuncia a la Intendencia y ésta al Triunvirato, que encomienda la investigación a Chiclana. Ventura ratifica la denuncia y Lacar la niega, pero su hijo de 10 años declara haber oído a su padre comentar con el esclavo los detalles de la conspiración denunciada. Lacar es condenado a muerte por "el crimen de conspiración y coalición" y se ordena la captura de Alzaga y demás comprometidos. Mientras Alzaga escapa, Lacar hace una amplia confesión y da más nombres: entre ellos, el del superior de la orden de los bethlemitas, Fray José de las Animas.
El 3 de Julio, Lacar es fusilado y se cuelga su cadáver en la horca de la Plaza Mayor "para público escarmiento". La alarma y la indignación cunden en la ciudad agitada por las ruidosas manifestaciones de los jóvenes de la Sociedad Patriótica, que exigen castigos ejemplares. A fin de calmar la efervescencia, Rivadavia nombra a algunos de sus miembros - Monteagudo, Pedro José Agrelo, Hipólito Vieytes y Miguel Irigoyen - para que actúen como investigadores junto a Chiclana. Como Alzaga y fray José no aparecen, se detiene a Martín de la Cámara -yerno del primero-, que se niega a dar noticias sobre la conjura: también es fusilado y luego colgado.
El 4, se sabe que Alzaga ha estado oculto en el domicilio de Petrona González, pero ya no se encuentra allí. La dueña de casa confirma la noticia y agrega que salió acompañado por el cura de la Concepción, Nicolás Calvo. Este es apresado y, cuando el deán Zavaleta le allana el fuero eclesiástico, denuncia el paradero de Alzaga. Esta confesión le vale la conmutación de la pena de muerte por la de destierro. El 5 a la noche detienen a Alzaga y la mañana del 6 de Julio lo fusilan y cuelgan su cadáver. Entre los condenados a la pena máxima figuran, además de Fray José de las Animas, el poderoso comerciante Francisco Tallechea, don Felipe Sentenach - profesor de la Escuela de Matemática-, Francisco Neyra, y 28 más.
Entre este cúmulo de hechos poco claros, sólo es posible rescatar como efectivamente cierta la existencia de dos actitudes que involucraban posiciones antagónicas. Por un lado, era innegable que Alzaga y un grupo numeroso de españoles peninsulares , vecinos ricos y poderosos comerciantes algunos de ellos, hubieran visto con satisfacción el avance de las tropas realistas por el norte y el desembarco en Buenos Aires de las fuerzas de Vigodet en una operación combinada cuyo fin sería deponer al gobierno revolucionario. Sin embargo, por lo menos durante el proceso, no se reunieron datos suficientes que probaran la intervención directa de Alzaga y de los demás acusados en ninguno de esos planes. Por otra parte, hay que tener en cuenta el estado de extremo nerviosismo que atravesaba el gobierno, en momentos de aguda crisis política, financiera, social y militar. Era un hecho real la oposición latente en el medio porteño, aun entre los mismos patriotas, y se había probado - a través de denuncias y procesos anteriores - la existencia de mensajeros y espías que llevaban y traían informes entre Goyeneche y Vigodet. A esto se sumaba la campaña de rumores desatada por los grupos de españoles que, más que a detallar los pormenores de un complot, se limitaban a repetir en voz alta lo que en realidad era para ellos sólo una esperanza. En definitiva, sólo puede afirmarse que el Triunvirato, enterado de la indudable existencia de un complot, haya exagerado la historia del negro Ventura para desembarazarse de Alzaga y su peligroso grupo, al mismo tiempo que intentaba atraerse la adhesión de los patriotas más exaltados que rodeaban a Monteagudo.
Beruti, testigo presencial de los sucesos, nos ha dejado en sus Memorias Curiosas el relato minucioso y detallado de la ejecución de Alzaga:
"... salió al suplicio de la cárcel pública con su propia ropa, sin grillos y sin sombrero, advirtiéndosela mucha serenidad, que no parecía iba a morir... Fue su muerte tan aplaudida que, cuando murió, se gritó por el público espectador ¡Viva la Patria!, repetidas veces, y ¡muera el tirano, rompiendo en seguida las músicas militares el toque de la canción patriótica. Fue tal el odio que con este hecho le tomó el pueblo al referido Alzaga, que aun en la horca lo apedrearon y le profería insultos... No ha recibido hombre ninguno de esta capital, después de Liniers, mayor honra por sus hechos que éste; pero tampoco se le ha quitado, en los 300 años de su fundación, la vida a otro alguno, con mayor afrenta e ignominia de su calidad que a él... llegado el contento que recibió el pueblo, luego que fue preso ... y ejecutado su muerte, a poner tres noches iluminación general en la ciudad, en celebridad de haber concluido con el mayor enemigo de la patria ... habiéndose excedido a tal la alegría del público con la justicia que se hizo de este hombre que se tiró públicamente dinero a la gente común en celebridad, en la plaza, por varios individuos. Este hombre (Alzaga), era alto de cuerpo, flaco, seco, muy blanco, muy tieso y sólo sí algo inclinada para adelante la cabeza, cano pues tenía más de 60 años, y da una cara y aspecto respetuoso...".

Fuente: http://www.historiadelpais.com.ar

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