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24 de Julio 1783 -. Venezuela

Nace en Caracas, actual República de Venezuela, el general Simón Bolívar.

En 1810 se unió a la revolución independentista que estalló en Venezuela dirigida por Miranda (aprovechando que la metrópoli se hallaba ocupada por el ejército francés). El fracaso de aquella intentona obligó a Bolívar a huir del país en 1812; tomó entonces las riendas del movimiento, lanzando desde Cartagena de Indias un manifiesto que incitaba de nuevo a la rebelión, corrigiendo los errores cometidos en el pasado (1812).

En 1813 lanzó una segunda revolución, que entró triunfante en Caracas (de ese momento data la concesión por el Ayuntamiento del título de Libertador). Aún hubo una nueva reacción realista, bajo la dirección de Morillo y Bobes, que reconquistaron el país para la Corona española, expulsando a Bolívar a Jamaica (1814-15); pero éste realizó una tercera revolución entre 1816 y 1819, que le daría el control del país.

Bolívar soñaba con formar una gran confederación que uniera a todas las antiguas colonias españolas de América, inspirada en el modelo de Estados Unidos. Por ello, no satisfecho con la liberación de Venezuela, cruzó los Andes y venció a las tropas realistas españolas en la batalla de Boyacá (1819), que dio la independencia al Virreinato de Nueva Granada (la actual Colombia). Reunió entonces un Congreso en Angostura (1819), que elaboró una Constitución para la nueva República de Colombia, que englobaba lo que hoy son Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá; el mismo Simón Bolívar fue elegido presidente de esta «Gran Colombia». Luego liberó la Audiencia Quito (actual Ecuador) en unión de Sucre, tras imponerse en la batalla de Pichincha (1822).

En aquel mismo año Simón Bolívar se reunió en Guayaquil con el otro gran caudillo del movimiento independentista, San Martín, que había liberado Argentina y Chile, para ver la forma de cooperar en la liberación del Perú; ambos dirigentes chocaron en sus ambiciones y en sus apreciaciones políticas (pues San Martín se inclinaba por crear regímenes monárquicos encabezados por príncipes europeos), desistiendo San Martín de entablar una lucha por el poder y dejando el campo libre a Bolívar (poco después se marcharía a Europa).

Bolívar pudo entonces ponerse al frente de la insurrección del Perú, último bastión del continente en el que resistían los españoles, aprovechando las disensiones internas de los rebeldes del país (1823). En 1824 obtuvo la más decisiva de sus victorias en la batalla de Ayacucho, que determinó el fin de la presencia española en Perú y en toda Sudamérica. Los últimos focos realistas del Alto Perú fueron liquidados en 1825, creándose allí la República de Bolívar (actual Bolivia). Bolívar, presidente ya de Colombia (1819-30), lo fue también de Perú (1824-26) y de Bolivia (1825-26), implantando en estas dos últimas Repúblicas un modelo constitucional llamado «monocrático», con un presidente vitalicio y hereditario.

Sin embargo, los éxitos militares de Bolívar no fueron acompañados por logros políticos comparables. Su tendencia a ejercer el poder de forma dictatorial despertó muchas reticencias; y el proyecto de una gran Hispanoamérica unida chocó con los sentimientos particularistas de los antiguos virreinatos, audiencias y capitanías generales del imperio español, cuyas oligarquías locales acabaron buscando la independencia política por separado.

Por Osvaldo Vergara Bertiche

“LO QUE ÉL NO DEJÓ HECHO, SIN HACER ESTÁ HOY”

Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios y Blanco, es conocido, simple, emotiva e históricamente como el Libertador Simón Bolívar.

José Martí, un revolucionario incansable en el arte y en la política, “El Apóstol” para los cubanos, decía el 28 de octubre de 1893, al pronunciar un discurso en la Sociedad Libertaria Hispanoamericana en honor de Simón Bolívar:

“¡Oh, no! En calma no se puede hablar de aquel que no vivió jamás en ella.

¡De Bolívar se puede hablar con una montaña por tribuna, o entre relámpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libres en el puño, y la tiranía descabezada a los pies...!.

¡Pero así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así está él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hoy; porque Bolívar tiene que hacer en América todavía!.

La independencia de América venía de un siglo atrás sangrando. ¡Ni de Rousseau ni de Washington viene nuestra América, sino de sí misma!”.

Bolívar es el paradigma y símbolo de la identidad y soberanía de los pueblos indo-hispanoamericanos.

Un recuento de su obra no encuentra similar en la historia de América.

Participó en 427 combates, entre grandes y pequeños; dirigió 37 campañas, donde obtuvo 27 victorias, 8 fracasos y un resultado incierto.

Recorrió a caballo, a mula o a pie cerca de 90 mil kilómetros, algo así como dos veces y media la vuelta al mundo por el Ecuador.

Escribió cerca de 10 mil cartas, según cálculo de su mejor estudioso, Vicente Lecuna; de ellas, se conocen 2939 publicadas en los 13 tomos de los Escritos del Libertador; su correspondencia está incluida en los 34 tomos de las Memorias del General Florencio O'Leary; escribió 189 proclamas, 21 mensajes, 14 manifiestos, 18 discursos y una breve biografía, la del general Sucre.

Bajo su inspiración, se redactaron cuatro Constituciones: la Ley Fundamental creadora de Colombia (Angostura); la Constitución de Cúcuta (1821); el proyecto de Constitución para Bolivia (1825); y el Decreto Orgánico de la Dictadura (1828).

No tuvo tiempo para completar su obra magna: la unidad política de Latinoamérica, la liberación de Cuba y Puerto Rico, el apoyo a Argentina contra el imperio brasileño, la Confederación Andina (1825) y la ayuda a la propia España para liberarse de los monárquicos (1826).

No pudo lograr el establecimiento de una sociedad donde se logre, como pregonaba, “la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política”.

Simón Bolívar, José de San Martín, José Gervasio Artigas, Francisco José de Paula Santander y Omaña, Miguel Hidalgo y Costilla, José María Teclo Morelos y Pavón, Bernardo O´Higgins, Antonio José de Sucre, todos grandes héroes nacionales, fueron derrotados en los proyectos históricos de conformación de la Patria Grande.

San Martín y Artigas mueren exiliados, Bolívar muere camino del exilio, Hidalgo y Morelos son asesinados por las oligarquías, como así también Sucre.

Todos ellos fueron avanzados en materia de ideas sobre el derecho de los seres humanos, el rol del ciudadano y la democracia.

Nuestra América Hispana es el primer lugar del mundo donde se plantea la eliminación de la esclavitud y de la servidumbre.

Esas ideas eran demasiadas peligrosas para las clases dominantes, por eso hicieron lo que Arturo Jaureche llamaba “una política de la historia”; se pretendió vaciarlos de sus pensamientos, se los recubrió de bronce y pensaron que así los dejaban inmovilizados para siempre en la nomenclaturas callejeras y en las plazas.

Pero al decir de José Carlos Mariátegui (1895-1930), “Los pueblos de la América española se mueven, en una misma dirección. La solidaridad de sus destinos históricos no es una ilusión de la literatura americanista. Estos pueblos, realmente, no son solo hermanos en la retórica sino también en la historia.

“La generación libertadora sintió intensamente la unidad sudamericana. Opuso a España un frente único continental. Sus caudillos obedecieron no un ideal nacionalista, sino un ideal americanista. Esta actitud correspondía a una necesidad histórica”.

Y así una segunda generación de luchadores por la dignidad y la libertad de los pueblos adhieren a idénticos principios: José Martí, Augusto Cesar Sandino, Emiliano Zapata, “Pancho” Villa y tantos otros.

A Felipe Varela, que desde la cordillera de los Andes, convocaba a la Unión Americana, se le suman el entrerriano Ricardo López Jordán exaltando “la indisoluble y santa confraternidad americana”, Carlos Guido y Spano, defensor del Paraguay destrozado, Eduardo Wilde, sosteniendo que hay “que hacer de Sudamérica una sola nación” y José Hernández designando a la Argentina como “esta sección americana”.

Manuel Ugarte (1875 - 1951) paladín de la Gran Causa de la Unidad, dice:

“Debemos ser altiva y profundamente patriotas ... Si no queremos ser mañana la raza sojuzgada que se inclina medrosamente bajo la voz de mando de un conquistador audaz, tenemos que preservar colectivamente, nacionalmente, continentalmente, el gran conjunto común de ideas, de tradiciones y de vida propia fortificando cada vez más el sentimiento que nos une, para poder realizar en el porvenir ... la democracia total que será la Patria Grande del mañana”.

“Mientras la América Latina esté gobernada por políticos profesionales cuya única función consiste en defender los privilegios abusivos de la oligarquía local y en preservar los intereses absorbentes de los imperialismos extranjeros, ninguna evolución puede ser posible”.

“Ha llegado la hora de realizar la segunda independencia. Nuestra América debe cesar de ser rica para los demás y pobre para sí misma. Iberoamérica pertenece a los iberoamericanos”.

“Y allí donde hay un territorio latinoamericano en peligro, allí está nuestra patria”.

Es que “La América española se presenta prácticamente fraccionada, escindida, balcanizada . Sin embargo, su unidad no es una utopía, no es una abstracción”. (Mariátegui)

Y Augusto Cesar Sandino en el “Plan de Realización del Supremo Sueño de Bolívar” (1929) señala que: “Variadas y diversas son las teorías para lograr, ya sea un acercamiento, ya una alianza, o ya una Federación, que comprendiendo a las veintiún fracciones de nuestra América integren una sola nacionalidad. Pero nunca como hoy se había hecho tan imperativa y necesaria esa unificación unánimemente anhelada por el pueblo latinoamericano, ni se habían presentado las urgencias, tanto como las facilidades que actualmente existen para tan alto fin históricamente prescrito como obra máxima a realizar por los ciudadanos de la América Latina.

(...) “consideramos indispensable, más aún inaplazable, la alianza de nuestros Estados Latinoamericanos para mantener incólume esa independencia frente a las pretensiones del imperialismo de los Estados Unidos de Norteamérica, o frente al de cualquiera otra potencia a cuyos intereses se nos pretenda someter”.

Promoviendo abolir “la Doctrina Monroe y, de consiguiente, anular el vigor que dicha doctrina pretende poseer para inmiscuirse en la política interna y externa de los Estados Latinoamericanos”.

Y hace un vibrante llamado: “Quizás los hombres poseedores de ideas avanzadas y universales, pensarán en que nuestros anhelos encontraron fronteras en la extensión geográfica limitada por el Río Bravo al Norte y el Estrecho de Magallanes en el Sur de nuestra América. Pero mediten ellos en la necesidad vital que tiene nuestra América Latina de realizar una alianza, previa a una confederación de los veintiún Estados que la integran, asegurando de este modo nuestra libertad y nuestra Soberanía interiores amenazadas por el más voraz de los imperialismos, para cumplir seguidamente con el gran destino de la nacionalidad latinoamericana ya culminada, como tierra de promisión para los hombres de todos los pueblos y de todas las razas”.

Desde nuestra Argentina, el General Juan Domingo Perón, en calidad de Presidente de la Nación señalaba, en 1974, ante la Asamblea Legislativa; “Los países han de unirse progresivamente sobre la base de la vecindad geográfica y sin imperialismos locales y pequeños. Esta es la concepción de la Argentina para Latinoamérica: justa, abierta, generosa, y sobre todas las cosas, sincera.

A niveles nacionales, nadie puede realizarse en un país que no se realiza. De la misma manera, a nivel continental, ningún país podrá realizarse en un continente que no se realice.

Queremos trabajar juntos para edificar Iberoamérica dentro del concepto de comunidad organizada. Su triunfo será el nuestro. Hemos de contribuir al proceso con toda la visión, la perseverancia y el tesón que hagan falta. Sólo queremos caminar al ritmo del más rápido. Y teniendo en cuenta que no todos han de pensar de la misma manera, respetuosos de sus decisiones, habremos de unirnos resueltamente con quienes quieran seguir nuestro propio ritmo. Iberoamérica es de los Iberoamérica. Tenemos una historia tras de nosotros. La historia del futuro no nos perdonaría el haber dejado de ser fieles a ella”.

La tradición para construir la Patria Grande sigue vigente.

Evo Morales desde la empobrecida y sufrida Bolivia ha dicho: “Debemos seguir soñando para liberar y construir una patria grande en Latinoamérica”.

Hugo Chávez precisando que “Queremos ser definitivamente libres, cueste lo que cueste y pase lo que pase. Estamos frente a una nueva hora para los pueblos de América Latina, pero dependerá de nosotros que esta hora del cambio sea definitiva”.

Es que necesitamos realizar un proyecto propio que genere una arrolladora dinámica para viabilizar, diseñar y poner en práctica una respuesta: la Comunidad Indo-luso-hispana americana de Naciones.

Hoy, los procesos de integración regionales que están en marcha son un primer paso y confronta con otro inadmisible.

Hay un proyecto puramente economicista y dependiente, la creación de “un supermercado hemisférico” desde Alaska a Tierra del Fuego en el marco de los objetivos y estrategia de los intereses corporativos del imperialismo yanqui.

Es la nueva versión moderna pero más sofisticada del panamericanismo, de la Doctrina Monroe actualizada. Es la integración hegemonizada por el capital, más especialmente por el imperio de las finanzas, de los negocios, del mercantilismo, de la competitividad salvaje, del economicismo materialista de los monopolios globales.

“Es el proyecto que consolidará la primacía de las cosas sobre las gentes, sin ninguna sensibilidad humana ni social. Es el proyecto de una minoría altamente satisfecha pero excluyente de la mayoría de los latinoamericanos y caribeños que en número creciente están siendo hundidos en la pobreza, en la injusticia social, en el basurero de la sociedad. Es un proyecto totalmente desfavorable para los hombres y las mujeres que necesitan trabajar para vivir, para el mundo del trabajo y de los trabajadores, para sus organizaciones representativas”.

En cambio, el objetivo de los pueblos y de muchos gobiernos, es constituir una comunidad de naciones relacionadas y unidas por lazos geográficos, históricos y religiosos.

Unidas por un mismo destino y que deben integrarse sólidamente en el ámbito económico, social, político, cultural, ético y espiritual.

Este proyecto que fuera el sueño de Bolívar y de los principales paladines libertadores y de los líderes nacionales del siglo pasado, debe transformarse en la lucha consecuente por la “segunda y definitiva independencia” que complete, profundice y culmine aquella otra gesta.

El mejor homenaje a Simón Bolívar, es aquél en que se vuelva a escuchar la consigna que el Libertador le escribiera al General Santander, el 23 de Julio de 1820: "La gloria de la patria es vencer o morir"

Vencer con la verdad, combatiendo toda la mediocridad instalada.

Vencer para generar una vida digna.

Y venceremos en la medida que sepamos poner en plena vigencia un pensamiento nacional que nos indique el camino de la liberación. Es un mandato histórico.

Fuente: http://culturaynacion.blogspot.com

DIJO HUGO CHAVEZ DE SIMON BOLIVAR

El ex presidente Hugo Chávez dijo en cadena nacional que Simón Bolívar era “mestizo”. Así lo señaló al revelar el rostro del Libertador, del que dijo que “fue, es y será uno de los más grandes de la humanidad”.

“Bolívar tenía rasgos negroides, afrodescendientes para ser más exactos, y está en su genética”, comentó.

Asimismo, indicó: “No claro, el sobrino octavo no le queda nada de eso (…) por la línea de los sobrinos no le queda ni una gotica de eso, pero bueno, Bolívar era así, mestizo”.

Afirmó que esta información fue confirmada por los científicos que participaron en la comisión presidencial que exhumó los restos del Libertador.

Chávez contó que durante una conversación de este lunes con el ministro de Planificación de la Argentina, Julio de Vido, hablaron sobre los cuadros hechos sobre Bolívar en su época. “En otros cuadros lo pintan casi que catire, ¿eh? ojos azules como a Piar (…) era mestizo Piar, San Martín era indio, lo pintan también blanco y ojos verdes, esa es la manera como la burguesía y sus intelectuales y hasta sus pintores se prestaron para transformar a muchos de nuestros héroes (…) hasta transformarlos físicamente en la memoria histórica”, dijo.

“Por eso es que, bueno”, dijo Chávez volteándose para mirar al cuadro con la cara 3D de Bolívar, “ miren ese rostro”. Aseguró que Bolívar “se reconocía también con sangre africana”.

Insistió: “Mírenlo, allí está (…) una prominente naríz”.

Una de las expertas que participó en la elaboración del cuadro 3D de Bolívar agregó que la nariz de Bolívar “era mestiza con tendencia caucasoide y el prognatismo que se puede observar al nivel del maxilar superior denota el mestizaje”.

OPINION DE KARL MARX SOBRE SIMON BOLIVAR

Las devastadoras opiniones con que Carlos Marx estigmatiza las pulsiones autoritarias de Simón Bolívar constituyen hoy un colosal problema teórico y político para el movimiento marxista internacional que, paradójicamente, en Latinoamérica tiende a expresarse bajo la forma de una corriente anti-imperialista bolivariana.

Charles Dana, director del “New York Daily Tribune”, le reclamaba a Carlos Marx por el “tono prejuicioso” con que el padre del materialismo histórico había escrito un ensayo biográfico sobre Simón Bolívar que, a pedido de Dana, fue redactado para el tomo III del “New American Cyclopaedia”, el cual circuló casi tres décadas después de la muerte del Libertador.

En una carta fechada en Londres el 14 de febrero de 1858, Marx le escribió a Federico Engels comentando los reclamos de Dana y decía: “En lo que toca al estilo prejuiciado, ciertamente me he salido algo del tono enciclopédico. Pero hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón I al canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque".

La sola comparación con el emperador negro Soululouque, el dictador de Haití que surgió de entre los esclavos para cometer fechorías contra su propia gente, pone a Bolívar, desde la mira de Marx, en la posición de un dictadorzuelo oportunista y demagogo que había aprendido con ventajas las mañas de la “viveza criolla” americana.

Aunque omite el hecho de que Bolívar colaboró con Petion para la liberación de los esclavos de Haití a cambio de armamento británico, Marx logra demostrar —para profundo pesar de los adoradores del Libertador— que las campañas castrenses emprendidas por Bolívar durante la Guerra de la Independencia fueron nada más un alarde de mediocridad estratégica financiada por capitalistas ingleses y por la propia corona británica en pos de dominar el vasto mercado americano que se dislocaba del decadente dominio español.

» ¿Un “español americano”?- Marx desmitifica con ruda acuciosidad el aura de genio militar que rodea a Bolívar y lo expone como un general calculador y cobarde al punto de calificarlo como “el Napoleón de las Retiradas” en alusión a recurrentes episodios donde Bolívar huye en plena batalla abandonando a sus soldados, como sucedió en agosto de 1814 durante un combate contra las tropas del militar realista Boves.

Y por si fuera poco, Marx le endilga a Bolívar el título de traidor, acusándole de haber participado en la entrega del independentista Francisco Miranda al tirano español Monteverde. De hecho, el caraqueño había iniciado su carrera militar —como buen hijo de colonos españoles de alta alcurnia— en las filas del ejército realista.

A sus 16 años fue nombrado por el rey de España subteniente de la Sexta Compañía del Batallón de Milicias de Blancos de los Valles de Aragua; es decir comenzó su carrera hacia el poder sirviendo a la Corona española, como una mayoría de aristócratas y criollos que luego encabezaron el proceso independentista apoyados por los propios europeos enemigos del monarca español Fernando VII.

Durante la ruptura con España, atenido al omnímodo poder que le habían conferido las sofisticadas armas inglesas, el dinero de la corona británica y los caudales aportados por las élites de “españoles americanos” que se enfrentaban a los “españoles europeos” (términos usados por el propio Bolívar en varios de sus escritos), el aristócrata Libertador erigió su soberbia y casi divina figura sobre los despojos de los genuinos luchadores populares por la Independencia, indígenas y negros, llegando a incomodarse sin disimulo ante la emergencia de líderes plebeyos como el dirigente mulato Manuel Carlos Piar, prócer de la liberación venezolana, a quien Bolívar mandó fusilar, según Marx, “bajo las falsas imputaciones de haber conspirado contra los blancos, atentando contra la vida de Bolívar y aspirando al poder supremo”.

Marcos Roitman Rosenmann y Sara Martínez Cuadrado, en el epílogo de la última edición española (Sequitur, Madrid, 2001) del ensayo que Aníbal Ponce tradujo en 1936 para su revista “Dialéctica”, aseguran que “no hay uno sólo de los hechos que Marx relata que no hayan sido admitidos por los propios historiadores amigos de Bolívar”. » Pueblos sin historia.- Las devastadoras opiniones con que Marx estigmatiza las pulsiones autoritarias de Bolívar constituyen hoy un colosal problema teórico y político para el movimiento marxista internacional que, paradójicamente, en Latinoamérica tiende a expresarse bajo la forma de un movimiento anti-imperialista “bolivariano”.

Marx criticaba a Simón Bolívar sin tapujos. Lo criticaba por su origen de clase, por su condición de aristócrata europeo, más que criollo, codicioso de la fama y el poder.

Un “pequeño burgués” disoluto y procaz que “tras dejar en funciones al congreso granadino y al general Santander como comandante en jefe… marchó hacia Pamplona, donde pasó más de dos meses en festejos y saraos (...), con un tesoro de unos 2.000.000 de dólares, obtenidos de los habitantes de Nueva Granada mediante contribuciones forzosas, y disponiendo de una fuerza de aproximadamente 9.000 hombres, un tercio de los cuales eran ingleses, irlandeses, hanoverianos y otros extranjeros bien disciplinados”, escribió Marx.

José Aricó ha escrito un esclarecedor estudio sobre el mencionado texto explicando que “fue una evaluación política la que indujo a Marx a interpretar a Bolívar como autoritario y bonapartista y proyectar, como solía hacerlo, su hostilidad política al conjunto de las actividades y hasta a la propia personalidad del libertador, del que se burla encarnizadamente a lo largo de su extenso ensayo”.

Según Aricó, la solidez de la desoladora visión marxista del mito bolivariano se sustenta en uno de los conceptos teóricos fundamentales del socialismo científico para entender los problemas anticoloniales del tercer mundo:

Se trata del concepto de matriz hegeliana sobre los “pueblos sin historia”, según el cual los procesos revolucionarios librados al azar de un mero imperativo positivista personalista, sin la conciencia de una clase hegemónica capaz de imponer su propia racionalidad en el marco de la lucha de clases, devienen en procesos caóticos e irracionales “que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de héroe”.

Marx describe entonces los sucesos históricos protagonizados por Bolívar como una suma de casualidades y de hechos gratuitos o “positivos”, es decir contingentes, por ejemplo, cuando Marx anota que como consecuencia de las sucesivas derrotas derivadas de la manifiesta incapacidad militar de Bolívar, “a una defección seguía la otra, y todo parecía encaminarse a un descalabro total.

En ese momento extremadamente crítico, una conjunción de sucesos afortunados modificó nuevamente el curso de las cosas”.

Entre tales hechos fortuitos, fueron los de mayor peso aquellos que se relacionaban con la descomposición irreversible del régimen monárquico y colonial, pero sobre todo aquellos que tienen que ver con la capacidad política y militar que desarrollan especialmente los movimientos indígenas autónomos de los Andes —quechuas y aymaras— en la lucha por su propia emancipación, que señorítos como Bolívar capitalizarán en su beneficio particular aprovechando el sofisticado aparataje logístico y financiero que le brindan sus aliados británicos.

» El Código Boliviano.- Para sorpresa nuestra, resulta que una de las críticas más duras de Marx contra Bolívar se relaciona con la naciente república de Bolivia y la forma odiosamente bonapartista (en términos marxistas) con que el Libertador diseñaba la estructura del naciente Estado boliviano.

Como es sabido, Bolívar se desplazó a los Andes peruanos tras una exitosa campaña en Ecuador, dejando atrás antiguas rivalidades y animadversiones que sostenía con sus propios correligionarios venezolanos y colombianos. Al fundarse Bolivia, el Libertador redactó su famosa Constitución Vitalicia, conocida por Marx como el “Código Boliviano”.

En este fragmento medular encontramos acaso las únicas referencias sobre Bolivia en la vasta obra de Marx: “Durante las campañas contra los españoles en el Bajo y el Alto Perú (1823-1824) Bolívar ya no consideró necesario representar el papel de comandante en jefe, sino que delegó en el general Sucre la conducción de la cosa militar y restringió sus actividades a las entradas triunfales, los manifiestos y la proclamación de constituciones.

Mediante su guardia de corps colombiana manipuló las decisiones del Congreso de Lima, que el 10 de febrero de 1823 le encomendó la dictadura; gracias a un nuevo simulacro de renuncia, Bolívar se aseguró la reelección como presidente de Colombia.

Mientras tanto su posición se había fortalecido, en parte con el reconocimiento oficial del nuevo Estado por Inglaterra, en parte por la conquista de las provincias altoperuanas por Sucre, quién unificó a las últimas en una república independiente, la de Bolivia.

En este país, sometido a las bayonetas de Sucre, Bolívar dio curso libre a sus tendencias al despotismo y proclamó el Código Boliviano, remedo del Code Napoleón. Proyectaba trasplantar ese código de Bolivia al Perú, y de éste a Colombia, y mantener a raya a los dos primeros estados por medio de tropas colombianas, y al último mediante la legión extranjera y soldados peruanos.

Valiéndose de la violencia, pero también de la intriga, de hecho logró imponer, aunque tan sólo por unas pocas semanas, su código al Perú. Como presidente y libertador de Colombia, protector y dictador del Perú y padrino de Bolivia, había alcanzado la cúspide de su gloria.…”.

Bolívar intentaba construir a partir de la Constitución boliviana tan deplorada por Marx, la idea de una Presidencia Vitalicia para regir los destinos de la Confederación Sudamericana.

En el Discurso del Libertador al Congreso Constituyente de Bolivia, redactado en Lima el 25 de mayo de 1825, Simón Bolívar afirma que la figura de un Presidente Vitalicio —a quien define “como el Sol que, firme en su centro, da vida al Universo”— sería sometido a “los límites constitucionales más estrechos que se conocen” y estaría privado de “todas las influencias” delegando competencias a otras instancias del Estado, siendo el Vicepresidente principal ejecutivo y sucesor vitalicio.

“Por esta providencia se evitan las elecciones” —decía Bolívar— “que producen el grande azote de las repúblicas, la anarquía, que es el lujo de la tiranía y el peligro más inmediato y más terrible de los gobiernos populares”.

Fuente: Google- Ensayo de Karl Marx sobre Simon Bolivar

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