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Festejo de cumpleaños en El Pueblito

Algún compañero tuvo el buen criterio de recordar a Fermín, apartándonos de la costumbre de "festejar" el día de la muerte, y nos juntamos el aniversario del 13 de julio de 1924.

¡Que los cumplas feliz! ¡Que los cumplas, Fermín, que los cumplas feliz!" En su capilla de Nuestra Señora del Rosario, en su paisaje montielero, donde al decir del Maestro "una poblada loma de aromitos está fragante de los áureos ramos", canta la calandria y corean las tacuaritas, cerca de las "perfumadas flores del naranjo", un grupo no muy numeroso de vecinos y de porteños y rosarinos, desafinaban alegremente la canción tradicional, aunque usaban la melodía poco clásica de La Marchita, tantos años prohibida.

Es que algún compañero había tenido el buen criterio de recordar a Fermín Chávez, apartándonos de la costumbre de "festejar" el día de la muerte, y nos juntamos el aniversario del 13 de julio de 1924. Cuando Dios nos regaló con la llegada del historiador, maestro, poeta, dibujante, dramaturgo, pero sobre todo gaucho, amigo y compañero, como bien lo recordara días atrás Norberto Galasso.

Solíamos juntarnos los 28 de mayo, el aniversario de su partida, y ya nos considerábamos vecinos adoptados de Nogoyá y del mismo Pueblito. Por eso, nada costó orientarnos en Agua Brava, la traducción del nombre en lengua Chaná que fundara Rocamora, justamente donde hoy está El Pueblito, y que el cura Fernando Quiroga llevara en 1782 a su ubicación actual.

En la plaza Libertad, rodeada de calles que si no se llaman Urquiza se denominan Caseros, los incorregibles revisionistas del Entre Ríos jordanista y de los institutos Dorrego, Rosas y Eva Perón, llevamos nuestro homenaje y nuestra emoción. Nos juntamos, después, en la biblioteca popular centenaria que desde hace pocos años lleva el nombre de Fermín.

Al día siguiente, invitados por el intendente Pavón, Cacho Sciavoni, y las autoridades del mismísimo Pueblito, nos trasladamos y vivimos lo que relatamos más arriba. En donde descansa, "siesteando bajo una tipa", como se dijera alguna vez, quedaron placas y flores dejadas o enviadas por los institutos, la editorial Fabro y Pacho O'Donnell. Injusto, y poco argentino, sería omitir los dos asados –uno en Nogoyá y otro en el caserío ferminiano– y el delicioso dorado con que nos agasajaron y que culminaron con copas alzadas en homenaje a don Fermín, que tampoco le hacía ascos al vino blanco. ¿Y qué decir del "Turco" Abdala, Aldo Muñoz, Omar Peltzer y Edgar Monteañares que le rindieron homenaje musicalizando sus poemas y compartiendo con el público presente el cancionero jordanista? Y, desde luego, de la visita ritual a su casi centenaria vecina y amiga, Manuela Amarillo, historia viva del Pueblito.

Allí recordamos sus valores humanos, paralelos a su trayectoria y su militancia. Aquellos que hicieron que, alguna vez, Tona, su mujer, aclarara que no era un hombre humilde, sino que su propia grandeza lo hacía modesto. Y los que lo llevaron a que, en lo más sangriento de los años trágicos, no vacilara en facilitar el exilio de un perseguido, solemne desconocido para él hasta ese día, que corría riesgo de vida, lo que lo convertía en un amigo íntimo digno de ayuda.

No creemos que sea el caso de hablar hoy, en la crónica del festejo de su cumpleaños, de debates historiográficos o ideológicos. Cabe, sin embargo, recordar, que si no vaciló alguna vez en escribir en la publicación Nacionalismo marxista o en estudiar los contactos de Ernesto Guevara –un "opositor arrepentido", Guevara dixit– con Juan Perón, no fue por un presunto "revisionismo de izquierda", sino porque lejos de todo macartismo, lo mismo que Pepe Rosa que viajó a Cuba llevado por su amigo John William Cooke, era un patriota cabal que expresaba al pueblo de carne y hueso de toda la historia. En la etapa en la que seguía a Don Juan Manuel contra los cañones gringos de Obligado, del Quebracho, de San Lorenzo, en los que López Jordán se levantaba contra la traición urquicista y contra la guerra de la "Triple Infamia", cuando siguió al "Peludo", contra la oligarquía vacuna y entreguista, y cuando, con Perón, puso a los trabajadores en el protagonismo de la Historia.

No podemos decir que haya muerto feliz. El desencadenamiento de su fin comenzó con la muerte de su hijo Fermín Ricardo. Pero alcanzó a gozar de las mieles del renacer argentino. Como a muchos, la pesadilla del Proceso y el extravío de los '90, lo habían dejado sin ilusiones. Pero pudo vivir los principios del renacer que vino del Sur y del frío.

Publicado en Tiempo Argentino el 17/07/2013
http://tiempo.infonews.com/2013/07/17/editorial-105729-festejo-de-cumpleanos-en-el-pueblito.php

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Manson, Enrique

Historiador.

Vocal de la comisión directiva del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano "Manuel Dorrego".

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