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29 de julio 1962 - Perú

El presidente, Manuel Prado, tras once días de confinamiento en la isla de San Lorenzo, parte hacia el exilio en París, por imposición de la Junta Militar que preside el general Ricardo Pérez Godoy. 

Manuel Prado asumió la presidencia el 8 de diciembre de 1939. Político hasta entonces casi desconocido, se vaticinaba que no duraría mucho en el cargo, pero desplegó una combinación de astucia táctica, flexibilidad estratégica y encanto personal que le hizo uno de los políticos más eficaces del Perú del siglo XX. Su gobierno continuó en gran parte la obra realizada por el general Benavides y fue de una relativa democracia. Sufrió las consecuencias de la segunda guerra mundial, la cual repercutió fuertemente en el comercio. Las importaciones bajaron notablemente pero los productos de exportación, como azúcar, algodón, metales y caucho aumentaron. La escasez de productos de importación para el consumo nacional hizo surgir nuevas industrias que reemplazaron a los productos extranjeros con buen éxito. La guerra hizo aparecer a numerosos "nuevos ricos".
En el orden internacional, Prado tuvo dos éxitos notables: el primero fue la victoriosa guerra contra el Ecuador y la suscripción del Protocolo de Río de Janeiro garantizado por los Estados Unidos, Brasil, Chile y Argentina, zanjándose el viejo pleito de límites que durante más de un siglo había mantenido la atención de la cancillería peruana, aunque el problema volvería a revivirse tiempo después, a raíz del intento del Ecuador de desconocer arbitrariamente el Protocolo.
El segundo fue la política de solidaridad continental y de apoyo a Estados Unidos y a las democracias enfrentadas a las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón), durante la segunda guerra mundial. El Perú fue el primer país de Latinoamérica en romper relaciones con las potencias del Eje, y durante una reunión extraordinaria de cancilleres realizada en Río de Janeiro, a principios de 1942, fue la actitud peruana la que inclinó a los representantes de los demás países americanos a apoyar a Estados Unidos. Este pronorteamericanismo trajo consigo algunos excesos, como el permitir a los Estados Unidos la instalación de una base aérea en Talara (norte peruano), y la deportación masiva de residentes alemanes y japoneses hacia campos de confinamiento.
En el orden interno, pese a considerarse un gobierno democrático, Prado mantuvo proscrito al Partido Aprista; solo en el último año de su gobierno, con motivo de las elecciones generales, legalizó la participación del APRA, que en esa ocasión formó parte del Frente Democrático Nacional con el nombre de “Partido del pueblo”. En contraparte, muchos comunistas apoyaron a Prado, siguiendo el contexto internacional, pues la Unión Soviética pertenecía al bloque aliado.
Además de la victoriosa guerra contra el Ecuador, con la subsiguiente firma del Protocolo de Río de Janeiro, así como el apoyo a las democracias occidentales en la segunda guerra mundial, en el primer gobierno de Prado se realizaron las siguientes obras:
• Se planificó una política de “sustitución de importaciones” ante la escasez de productos de importación por motivo de la guerra mundial. En ese sentido se dieron avances importantes en el proceso de industrialización del país.
• Se fundó la Corporación Peruana del Amazonas para impulsar la industria del caucho, ante su demanda por motivo de la guerra mundial.
• Se creó la Corporación Peruana de Aviación Comercial (CORPAC), encargada del buen funcionamiento de los aeropuertos. Al efecto, se inauguró el aeropuerto de Limatambo.
• Se firmó el convenio con los Estados Unidos para el desarrollo agrario mediante la intervención del Servicio Cooperativo Interamericano de Producción de Alimentos (SCIPA).
• Se culminó el asfaltado del tramo peruano de la Carretera Panamericana.
• Se culminó la Carretera Central hasta Aguaytia y Pucallpa, en plena selva.
• Se creó el departamento de Tumbes (Ley Nº 9667 de 25 de noviembre de 1942) y el departamento de Pasco (Ley Nº 10.030 de 27 de noviembre de 1944).
• Se realizó el Censo General de 1940, que arrojó una población de 6.207.966 habitantes. En Lima se concentraban unos 577.000 habitantes.
• Se dio la ley orgánica de Educación Pública acompañada por un agresivo plan de alfabetización a nivel nacional, ante el nutrido número de analfabetos que el censo dio a conocer (1943).
• Se dio impulso a la educación técnica, con la mejor implementación y equipamiento de las escuelas de arte y oficios.
• Se inauguró el Hospital Obrero (actual Hospital Guillermo Almenara).
• Se inauguró el Hospital de la Maternidad de Lima.
• Se iniciaron las campañas de vacunación masiva.
• Se construyó el cuarto Barrio Obrero en el Rímac.
• Se continuó el impulso al turismo.
• Se crearon comedores populares, que subsistieron eficientemente por varias décadas.
En este período ocurrieron dos desgracias de magnitud: el Terremoto de Lima y Callao del 24 de mayo de 1940, y el incendio de la Biblioteca Nacional del Perú que ocurrió el 11 de mayo de 1943. La reconstrucción de esta última se encargó al historiador Jorge Basadre.
Convocadas las elecciones generales de 1945, Prado auspició la candidatura del general Eloy Ureta, el vencedor en la guerra contra el Ecuador de 1941. Pero la candidatura que logró mayor popularidad fue la del jurista José Luis Bustamante y Rivero, representando a un frente o alianza de partidos entre los que se contaba el APRA: el Frente Democrático Nacional, el cual resultó triunfador.
Terminado su mandato, Prado viajó y se instaló en París donde poseía una residencia en la elegante Avenida Foch.
Al acercarse las elecciones generales convocadas por la dictadura de Manuel A. Odría para 1956, Prado fue convencido por sus seguidores de postular nuevamente a la presidencia, por lo que regresó al país en 1955. Sus partidarios fundaron el Movimiento Democrático Pradista (MDP), que pronto cambió su denominación por Democrático Peruano, para evitar una connotación personalista, y, además, porque todavía existía la «leyenda negra» con respecto al general Mariano Ignacio Prado, padre de Manuel, de controvertida actuación durante la guerra con Chile. Los pradistas pidieron los votos de los electores utilizando un slogan de campaña muy efectista: «Tú lo conoces, vota por él».
Prado enfrentó a los candidatos Fernando Belaunde Terry y Hernando de Lavalle. Un partido de masas como el APRA se hallaba impedido de participar en las elecciones y por ello los votos de sus militantes serían decisivos en la contienda. Los dirigentes apristas decidieron negociar sus votos, a cambio de la mejor oferta que le hicieran los candidatos. Lavalle ofreció un estatuto de partidos que otorgaría la legalidad al APRA en fecha no determinada, lo que para los apristas no era suficiente. Fue Prado quien tuvo la habilidad de ganarse el apoyo de los apristas, a quienes prometió levantarles la proscripción el primer día que asumiera el poder, derogando la famosa Ley de Seguridad Interior, abominable creación de la dictadura odriísta.
Las elecciones se realizaron el 17 de junio de 1956. Los resultados oficiales fueron los siguientes: Manuel Prado Ugarteche, 568.134 votos (45,5%); Fernando Belaunde Terry, 457.638 votos (36,7%) y Hernando de Lavalle, 222.323 votos (17,8%).
Manuel Prado asumió el gobierno por segunda vez el 28 de julio de 1956. Cumpliendo la promesa hecha a los apristas, derogó la Ley de Seguridad Interior, comprendiendo en la amnistía subsiguiente a todos los presos políticos y a los que se hallaban exiliados. Por ello esta nueva gestión fue llamada el «período de la convivencia», ya que se produjo un entendimiento entre el pradismo y el aprismo, pese a que en su primer gobierno Prado había mantenido fuera de la ley al APRA,
Este gobierno se desarrolló en un clima de agitación motivada por la crisis económica que se presentaba con caracteres cada vez más alarmantes; por la agitación que surgió en el campo a favor de la realización de la reforma agraria y por una enérgica campaña de alcance nacional por la recuperación de los yacimientos petrolíferos de La Brea y Pariñas que ilegalmente seguía explotando la compañía norteamericana International Petroleum Company. El liderazgo de la oposición lo asumió el arquitecto Belaunde, que organizó un nuevo partido de masas: Acción Popular, que fue preparándose para las siguientes elecciones generales, donde tendría protagonismo. Los diarios El Comercio y La Prensa hacían también oposición, que no podía contrarrestar La Crónica, diario de propiedad de la familia Prado, por estar más orientado a temas deportivos y policiales. En el orden económico, el mayor problema era de índole presupuestario, que tenía como origen la recesión producida en Estados Unidos en 1957. Se depreciaron notablemente los productos de exportación y los dólares escasearon, por lo que se devaluó la moneda peruana. Para enfrentar la situación se nombró como ministro de Hacienda y presidente del Consejo de Ministros a Pedro G. Beltrán, el director del diario La Prensa, que pasó entonces a apoyar al gobierno (1959). La misión era poner en orden las finanzas, equilibrar el presupuesto y estabilizar la moneda, lo que se logró, no sin antes adoptar medidas antipopulares como el alza de la gasolina, el recorte de los subsidios a los alimentos y el aumento de la carga tributaria. Era una política de corte liberal.
En esos años se desarrollaron mucho las migraciones de la sierra y se incrementaron las barriadas en torno a Lima, al punto de hablarse del “cinturón de miseria” que empezaba a rodear la capital. En general, Prado no hizo mucho por mejorar la situación y condición de las mayorías nacionales que continuaron viviendo en pésimas condiciones.
Al aproximarse el final del gobierno, el descontento popular era innegable. Menudearon las huelgas y se hicieron protestas bulliciosas y hasta violentas en las calles. Además de la política económica, se criticaba la propia personalidad del presidente, de tendencia pomposa y frívola en momentos difíciles.
En el plano personal, Prado logró en 1958 que la Iglesia Católica anulara su matrimonio con Enriqueta Garland para casarse con la dama limeña Clorinda Málaga, lo que causó no poco escándalo entre el sector conservador de la sociedad limeña. En 1961 fue el primer jefe de estado extranjero en visitar Japón tras la Segunda Guerra Mundial.
Como hechos principales de este gobierno se pueden mencionar los siguientes:
Manuel Prado asumió el gobierno por segunda vez el 28 de julio de 1956. Cumpliendo la promesa hecha a los apristas, derogó la Ley de Seguridad Interior, comprendiendo en la amnistía subsiguiente a todos los presos políticos y a los que se hallaban exiliados. Por ello esta nueva gestión fue llamada el «período de la convivencia», ya que se produjo un entendimiento entre el pradismo y el aprismo, pese a que en su primer gobierno Prado había mantenido fuera de la ley al APRA,
Este gobierno se desarrolló en un clima de agitación motivada por la crisis económica que se presentaba con caracteres cada vez más alarmantes; por la agitación que surgió en el campo a favor de la realización de la reforma agraria y por una enérgica campaña de alcance nacional por la recuperación de los yacimientos petrolíferos de La Brea y Pariñas que ilegalmente seguía explotando la compañía norteamericana International Petroleum Company. El liderazgo de la oposición lo asumió el arquitecto Belaunde, que organizó un nuevo partido de masas: Acción Popular, que fue preparándose para las siguientes elecciones generales, donde tendría protagonismo. Los diarios El Comercio y La Prensa hacían también oposición, que no podía contrarrestar La Crónica, diario de propiedad de la familia Prado, por estar más orientado a temas deportivos y policiales. En el orden económico, el mayor problema era de índole presupuestario, que tenía como origen la recesión producida en Estados Unidos en 1957. Se depreciaron notablemente los productos de exportación y los dólares escasearon, por lo que se devaluó la moneda peruana. Para enfrentar la situación se nombró como ministro de Hacienda y presidente del Consejo de Ministros a Pedro G. Beltrán, el director del diario La Prensa, que pasó entonces a apoyar al gobierno (1959). La misión era poner en orden las finanzas, equilibrar el presupuesto y estabilizar la moneda, lo que se logró, no sin antes adoptar medidas antipopulares como el alza de la gasolina, el recorte de los subsidios a los alimentos y el aumento de la carga tributaria. Era una política de corte liberal.
En esos años se desarrollaron mucho las migraciones de la sierra y se incrementaron las barriadas en torno a Lima, al punto de hablarse del “cinturón de miseria” que empezaba a rodear la capital. En general, Prado no hizo mucho por mejorar la situación y condición de las mayorías nacionales que continuaron viviendo en pésimas condiciones.
Al aproximarse el final del gobierno, el descontento popular era innegable. Menudearon las huelgas y se hicieron protestas bulliciosas y hasta violentas en las calles. Además de la política económica, se criticaba la propia personalidad del presidente, de tendencia pomposa y frívola en momentos difíciles.
En el plano personal, Prado logró en 1958 que la Iglesia Católica anulara su matrimonio con Enriqueta Garland para casarse con la dama limeña Clorinda Málaga, lo que causó no poco escándalo entre el sector conservador de la sociedad limeña. En 1961 fue el primer jefe de estado extranjero en visitar Japón tras la Segunda Guerra Mundial.
Al finalizar su gobierno Prado llamó a elecciones, siendo los principales candidatos los siguientes:
Víctor Raúl Haya de la Torre, por el Partido Aprista.
El arquitecto Fernando Belaunde Terry, por el partido Acción Popular.
El general y ex presidente Manuel A. Odría, por su partido Unión Nacional Odriísta.
Las elecciones se realizaron el 10 de junio de 1962. Al finalizar el escrutinio ningún candidato había obtenido el tercio de votos que exigía la Constitución Política de entonces, teniendo entonces que elegir el Congreso entre los que más votación habían obtenido, que eran los tres arriba mencionados. La situación obligaba a un pacto entre por lo menos dos de estos tres principales contrincantes. Insólitamente para algunos, el pacto se realizó entre los dos enemigos acérrimos, Haya y Odría, acordándose que éste último asumiría la presidencia de la república. Pero se acusó al gobierno de haber cometido fraude en algunos departamentos, por lo que el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas presidido por el general Ricardo Pérez Godoy, exigió al gobierno la anulación de las elecciones.
Al recibir una respuesta negativa, un día después de una recepción en el Club Nacional, los militares depusieron al presidente Prado en la madrugada del 18 de julio de 1962, cuando faltaban solo once días para el final del mandato presidencial. Se conformó una Junta Militar de Gobierno que anuló las elecciones y convocó a otras nuevas. Se ha dicho que el móvil verdadero de este golpe institucional de las Fuerzas Armadas fue el antiaprismo muy arraigado todavía entre los militares, que no deseaban que gobernara el APRA, ni siquiera en cogobierno.
Prado abandonó el Perú y volvió a radicarse en París. Hizo una breve visita a su patria al conmemorarse el centenario del combate del Callao (2 de mayo de 1966), ocasión en que se le rindió un homenaje por ser hijo del presidente Mariano Ignacio Prado, quien condujera al Perú durante la última etapa del conflicto con España de 1865-66. Murió en la capital francesa el año siguiente. Fue enterrado en el Cementerio Presbítero Maestro, junto a su padre.

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