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29 de Julio 1966 – Argentina

Durante el gobierno de facto del general Juan Carlos Onganía, la policía reprime a estudiantes y profesores de la Universidad de Buenos Aires en lo que se conoce como "la noche de los bastones largos". 

TESTIMONIO 1

Por Horacio González *
"Aquella noche estaba en la ocupación de la Facultad de Filosofía y Letras. Hubo una irrupción de la infantería que, en mi caso, resultó en un golpe en la cabeza que me dejó desmayado en el patio: yo recibí efectivamente la visita de un bastón largo. Y esos minutos de desmayo significaron un cambio muy importante en mi reflexión sobre la universidad y el país... Hacía cuatro años que había entrado en la universidad y vivía de algún modo el encantamiento de la autonomía universitaria. De modo que el chichón en mi cabeza fue un alerta sobre lo que iba a pasar en el país. Una cicatriz que a la luz de lo que fue la siguiente dictadura generaría una suerte de melancolía por los golpes pasados... En aquel momento tomé con un sentimiento de pena muy profundo la renuncia de muchos de nuestros profesores. La irrupción de las armas del Estado en los patios y las aulas de la universidad dio paso también a las medidas de vigilancia: mi fotografía estaría desde entonces en manos del personal de vigilancia y era considerado persona no grata. Lo que tengo dificultad para decir es que aquella irrupción policial me llevó a sumarme a los que creían en la necesidad de construir una realidad que superara a la universidad aislada... En la punta de aquellos bastones había diversas hipótesis de construcción del conocimiento. El palazo hizo vibrar mi cabeza y me llevó a rechazar tanto a aquella irrupción policial como a quienes habían sostenido una universidad cientificista pero idílica. A tientas, fui de los que intentaron construir un realismo nacional y popular, de forma balbuceante intentamos seguir la lucha política en la universidad, ocupando cátedras... Aquel golpe despertó un realismo social militante, una veta política que empezó a llamarse tendencia nacional y popular y que pronto vería con entusiasmo la lucha con las armas, un período que hoy amerita una profunda reflexión... Fue muy importante para mí aquel bastonazo. El desmayo duró muy pocos minutos, pero significó uno de esos hechos que se recuerdan como un quiebre en la vida propia."
* Estudiante de Sociología en 1966, hoy director de la Biblioteca Nacional.

TESTIMONIO 2
Por Eugenia Sacerdote de Lustig *
"Yo era profesora de biología celular en la vieja Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, que estaba en la calle Perú. Todavía no existía Ciudad Universitaria. Me acuerdo que esa noche el doctor Rolando García nos dijo: "Que nadie se vaya a casa porque se va a hacer una reunión de los profesores. Parece que se viene una revolución". Como era de noche, dije: "Voy a llamar a mi casa a mi marido y mis hijos para avisar que llego más tarde". Por suerte, los teléfonos de la facultad no andaban. Y me fui a hablar desde los teléfonos de una confitería. Cuando volví, vi que había una doble fila de policías y que los estaban sacando. Había un celular y estaban empujando a los doctores Manuel Sadosky y García adentro. Y los escuché gritar: "¡Hay más profesores, vayan adentro a buscarlos!". Entre los profesores, estaba yo, pero no me encontraron. Me salvé por milagro. Me salvé por el teléfono que no funcionaba. Me tomé un colectivo enseguida para mi casa. Llegué con un susto terrible y miré si estaba toda la familia. Perdí el cargo de profesora y todo cambió. Yo había sido nombrada por el doctor García después que cayó el peronismo y vino Risieri Frondizi, que me reconoció el título italiano. Yo era de Turín y vine a la Argentina cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, en 1939. Pero después de esa noche, no volví más a la Facultad de Ciencias Exactas.
* Bióloga celular, investigadora emérita del Conicet, 95 años.

TESTIMONIO 3
Por Félix Schuster *
Esa noche estaba en la Facultad de Filosofía y Letras y la noticia no nos sorprendió. Esperábamos con expectativa la intervención y hasta nos parecía raro que, a un mes de asumir, Onganía todavía no hubiese tocado la universidad. Teníamos conciencia de lo que se venía, por entonces yo militaba activamente en el Frente de Izquierda Popular. Trabajaba como jefe de trabajos prácticos de Filosofía de las Ciencias y, al igual que todos mis compañeros, tuve que renunciar, aunque no estaba de acuerdo con esa decisión. Para mí había que quedarse a defender la facultad.
A medida que pasaban las horas, iba llegando gente de Exactas que nos contaba lo que estaba pasando. Era terrible. Hacían formar fila a los profesores, los hacían salir y los golpeaban uno tras otro. Se notaba que no había una planificación por parte de los militares, no eran demasiado hábiles y tampoco tenían mucha información de lo que pasaba en las facultades. Iban al bulto, sin tener un conocimiento puntual de lo que querían combatir. Se hicieron preconceptos y actuaban en función de éstos. Pero sin duda, la noche de los bastones largos fue un anticipo de lo que pasaría en el ‘76. Para mí fue un golpe terrible, desde esa noche casi no pise la facultad hasta el ‘84. Estuve 18 años sin participar de la actividad docente en Argentina.
* Ex decano de la Facultad de Filosofía y Letras.

Fuente: www.elortiba.org

Juan Carlos Onganía (1914 - 1996) - Por Felipe Pigna

Juan Carlos Onganía, el dictador que se proponía gobernar la Argentina por cuarenta años, nació en Marcos Paz, provincia de Buenos Aires el 17 de marzo de 1914. Sus padres se dedicaban a las tareas agrícolas y atendían un pequeño almacen. Cursó la escuela primaria en colegios parroquiales. A los diecisiete años ingresó al Colegio Militar y a los veinte se graduó como teniente.
Fue ocupando diversos destinos y ascendiendo en la carrera militar hasta llegar en 1959, durante el gobierno de Frondizi, al grado de General de Brigada en el arma de caballería.
Atrajo la atención de los medios y la opinión pública en 1962 cuando encabezó el bando azul en los enfrentamientos internos que se produjeron durante el breve gobierno de Guido. La base de la oposición entre azules y colorados se hallaba en su concepción respecto del peronismo. Ambos sectores eran antiperonistas pero en distinta forma. Para los colorados, el peronismo era considerado un movimiento de clase sectario y violento que podría dar lugar al comunismo. Por el contrario, los azules consideraban que pesar de sus excesos y de sus abusos el peronismo era una fuerza nacional y cristiana que permitió a la clase obrera no volcarse hacia el comunismo.
El triunfo de los azules le valió a Onganía su promoción a Comandante en Jefe del Ejército. Políticamente se dió una situación paradójica. Debido a las presiones de los factores de poder, los azules, que acaudillados por Onganía ejercían de hecho el poder durante el débil gobierno de Guido, terminan imponiendo el proyecto de los colorados porque finalmente el gobierno de Guido con su ministro del Interior, el general Villegas - que era un militar azul - termina proscribiendo el peronismo en una situación que nadie esperaba.
En 1963 triunfó el Doctor Arturo Illia de la Unión Cívica Radical del Pueblo con el 25% de los votos en unas elecciones en las que el voto en blanco peronista fue masivo.
El 7 de agosto de 1964, el General Onganía pronuncia en la Academia Militar de West Point, Estados Unidos, durante la Quinta Conferencia de Ejércitos Americanos, un discurso que preanuncia la Doctrina de la seguridad nacional, según la cual, el enemigo estaba ahora fronteras adentro y se encarnaba a los opositores, al sistema de vida "occidental y cristiano", a los que se calificaba genéricamente como comunistas. Dijo en aquella ocasión: "El deber de obediencia al gobierno surgido de la soberanía popular habrá dejado de tener vigencia absoluta si se produce al amparo de ideologías exóticas, un desborde de autoridad que signifique la conculcación de los principios básicos del sistema republicano de gobierno, o un violento trastocamiento en el equilibrio e independencia de poderes. En emergencias de esta índole, las instituciones armadas, al servicio de la Constitución no podrán, ciertamente mantenerse impasibles, so color de una ciega sumisión al poder establecido, que las convertirían en instrumentos de una autoridad no legítima".
En Noviembre de 1965 Onganía decidió pasar a un segundo plano, según versiones, para planificar un futuro golpe de estado, y renuncia a la Comandancia del ejército y es reemplazado por el General Pistarini
Pese a sus logros, Illia estaba muy condicionado por los factores de poder que mantenían una rígida postura frente al peronismo y presionaban para que siguiera proscripto. Veían en la política social del gobierno radical rasgos populistas. Parte del empresariado entendía que el presidente se apartaba de las prácticas liberales tradicionales de reducción de la inversión en rubros como salud y educación y comenzaron a conspirar con los sectores golpistas del ejército a los que se sumaron sectores gremiales y la mayoría de la prensa.
Los dirigentes sindicales peronistas, encabezados por el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor, acosaron a Illia con paros y planes de lucha.
Los medios de prensa hicieron el resto para crear un clima de inconformidad y golpismo, insistieron con la supuesta lentitud del presidente y propusieron su reemplazo por un caudillo militar.
El 29 de mayo de 1966, día del ejército, el Gral Pistarini le puso plazo al golpe:30 días. El gobierno a pesar de las presiones insistió en legalizar al peronismo y permitió su participación en elecciones provinciales.
En este contexto fue enviado al Parlamento una novedoso proyecto de Ley de Medicamentos, que limitaba el accionar de los poderosos laboratorios multinacionales y les imponía controles sanitarios.
En las primeras horas del 28 de junio de 1966, cumpliendo su amenaza, las fuerzas armadas ingresan a la Casa Rosada. El General Julio Alsogaray, hermano del famoso economista, es el encargado de intimar al presidente. En esa circusntancias se produjo un recordado diálogo: Alsogaray- En representación de las Fuerzas Armadas vengo a pedirle que anbandone este despacho.
Illia- Usted no representa a las Fuerzas Armadas, sólo representa a un grupo de insurrectos. Usted y quienes lo acompañan actúan como asaltantes nocturnos , que, como los bandidos aparecen de madrugada.
Alsogaray: Lo invito a retirarse. No me obligue a usar la violencia.
Illia: ¿De qué violencia me habla? La violencia la acaban de desatar ustedes. El país les recriminará siempre esta usurpación
Finalmente el presidente Illia fue sacado por la fuerza de la casa de gobierno y los militares se hicieron cargo del poder. El día 30, asumió el nuevo presidente, Juan Carlos Onganía jurando sobre los Estatutos de la autodenominada "Revolución Argentina". En la ceremonia están presentes notorios dirigentes sindicales peronistas como el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor.
Perón desde Madrid declaró: "Los gobernantes surgidos del golpe de Estado del 28 de junio han expresado propósitos acordes con los principios del movimiento peronista; si ellos cumplen, los peronistas estamos obligados a apoyarlo"
A poco de asumir y en la seguridad de que las universidades eran un reducto opositor, el gobierno decidió intervenirlas quitándoles la Autonomía y el Cogobierno, conquistas logradas con la reforma de 1918.
Cuando docentes y alumnos quisieron defender sus conquistas, se produjo uno de los hechos más lamentables de la Historia Cultural argentina: la Noche de los Bastones Largos.
Ese 28 de Julio de 1966, la Guardia de Infantería, armada con pistolas lanzagases y largos bastones, golpeó y detuvo a docentes y estudiantes de varias facultades de Buenos Aires. La consecuencia fue el despido y la renuncia de más de 700 docentes que abandonan el país para continuar sus brillantes carreras en el exterior.
El Ministro de Economía que se desempeñó durante el mayor tiempo de la gestión de Onganía, Adalbert Krieger Vasena El ministro de economía Adalbert Krieger Vasena logra controlar la inflación congelando los salarios. Una receta muy conocida. Tras una devaluación del peso del, 40% el dólar permaneció estable por casi dos años. El gobierno encaró obras públicas y creció la actividad industrial cada vez más vinculada a las empresas multinacionales.
Los principales beneficiarios del programa económico fueron los grandes empresarios y las más importantes empresas industriales, muchas de ellas multinacionales. El agro pampeano fue perjudicado por la devaluación de la moneda en un 40% y por el aumento de los porcentajes de retención a las exportaciones agropecuarias. La supresión de medidas proteccionistas perjudicó a productores regionales del Chaco, Tucumán y Misiones.
Onganía implantó una rígida censura que alcanzó a toda la prensa y a todas las manifestaciones culturales como el cine, el teatro y hasta la lírica, como en el caso de la ópera "Bomarzo" de Manuel Mujica Lainez y Alberto Ginastera.
El agitado clima gremial de los años anteriores a 1966 llevaron a los representantes del capital internacional y al mismo gobierno a pensar en medidas que impusiesen la disciplina sindical y laboral. En 1967 el gobierno emitió un decreto ley contra el comunismo que en realidad estaba destinado a todo el arco opositor. El gobierno de Onganía ganó una dura batalla en el campo sindical al constituirse la Comisión de los Veinticinco, encargada de preparar el proceso electoral en los sindicatos que llevó a la división del movimiento obrero a mediados de 1968 en dos centrales sindicales: la CGT de Azopardo, de buen diálogo con el gobierno; y la CGT de los Argentinos combativa y opositora.
Todo parecía estar bien para Onganía que soñaba con una dictadura al estilo Franco, sin plazos, convencido de que la gente no tenía por qué preocuparse y estaba feliz con el gobierno.
Pero la oposición existía y el descontento también. Fundamentalmente en las fábricas y en las Universidades.
En mayo de 1969 comenzaron a evidenciarse los síntomas de un descontento que venía creciendo entre distintos sectores de la población debido al cierre de los canales de participación política, la política educativa, social y económica del gobierno.
El 15 de mayo la policía reprimió violentamente una manifestación de estudiantes en Corrientes. Allí murió el estudiante de medicina Juan José Cabral . Dos días después, en Rosario estudiantes que se movilizaban para repudiar el crimen de Cabral fueron enfrentados por la policía. Uno de los uniformados, el oficial Juan Agustín Lezcano extrajo su arma y asesinó al estudiante Adolfo Bello de 22 años. El hecho produjo la indignación de los rosarinos que se manifestaron masivamente en una "marcha del silencio". El 21 de mayo la policía volvió a reprimir y a cobrarse una nueva víctima, el aprendiz metalúrgico Luis Norberto Blanco de 15 años. La situación se agravó y las calles de Rosario fueron ocupadas por obreros y estudiantes que levantaron barricadas y encendieron fogatas para contrarrestar los efectos de los gases lacrimógenos alimentadas con mesas, sillas, cajones, cartones y papeles arrojadas por los vecinos desde sus balcones para colaborar con los manifestantes. Era el "Rosariazo", el primer estallido de una larga lista que expresaba el descontento popular con la dictadura de Onganía quien decretó la ocupación militar de Rosario y varios puntos de la provincia de Santa Fe.
Estas noticias tuvieron gran repercusión en Córdoba, donde existïa una estrecha relación entre los estudiantes y los obreros de las grandes fábricas instaladas en el cordón industrial, ya que muchos trabajadores estudiaban en la Universidad de Córdoba. Este hecho, sumado a la constitución de un movimiento obrero muy combativo, surgido con posterioridad al peronismo, al calor de las corrientes de ideas revolucionarias de los años 60, llevaron a que el proceso de politización creciera notablemente tanto en las fábricas como en las facultades.
Mientras en Buenos Aires las autoridades celebran el día del ejército, obreros y estudiantes se apoderan de la Ciudad de Córdoba para hacerse oír.
Es el 29 de mayo de 1969 y el hecho quedará en la memoria como el Cordobazo. La Policía es desbordada y debe retirarse.
Finalmente el ejército controlará la situación en la ciudad, pero en el país la cosa parece incontrolable.
Onganía desconcertado declaró pocos días después: "Cuando en paz y en optimismo la República marchaba hacia sus mejores realizaciones, la subversión, en la emboscada, preparaba su golpe. Los trágicos hechos de Córdoba responden al accionar de una fuerza extremista organizada para producir una insurrección urbana. La consigna era paralizar a un pueblo pujante que busca su destino"
Los hechos de Córdoba abrieron el paso a la violencia como forma de hacer política. El cierre de los canales tradicionales de participación, como los partidos políticos y la represión de la actividad gremial en las universidades llevaron a muchos jóvenes a canalizar su protesta a través de la guerrilla.
Desde los hechos de Córdoba, el ejército a través de su jefe, el General Alejandro Agustín Lanusse, venía presionando a Onganía para que compartiera las decisiones políticas con las Fuerzas Armadas y tomara conciencia de la gravedad de la situación nacional en la que ya no cabía su proyecto de una dictadura autoritaria y paternalista sin plazos, que tomaba como modelo al régimen instaurado por Franco en España. El secuestro y asesinato del General Aramburu llevado a cabo por los Montoneros, y la incapacidad del gobierno para esclarecer el hecho, fueron el detonante para un nuevo golpe interno. El desprestigio que involucró al ejército, cuyo líder indiscutido, el General Lanusse, optó por permanecer en en segundo plano y preservar su figura derrocando a Onganía el 7 de junio de 1970 y designando como presidente a Roberto Marcelo Levingston, un General que cumplía funciones como agregado militar en Washington.
Tras su derrocamiento y su posterior pase a retiro Juan Carlos Onganía adoptó un perfil bajo. Se lo vió intermitentemente en los palcos colmados de generales que acompañaban los actos de la dictadura militar desde marzo de 1976.
En 1995 reaparecio en los medios lanzado su candidatura a presidente. Se lo escuchó reivindicar su obra de gobierno y denunciar la decadencia moral del menemismo. Por faltas de apoyos debió retirar la candidatura. Pocos meses después, a mediados de 1996 moría Juan Carlos Onganía. Habían pasado 40 años de aquel golpe militar que según su protagonista se prolongaría por ese lapso de tiempo.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

 

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