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02 de agosto 1915 - México

Los partidarios de José Venustiano Carranza Garza se apoderan de la capital. 
Hijo del coronel liberal Jesús Carranza Neira y de María de Jesús Garza, familia de clase media alta poseedora de grandes extensiones de terreno, nació en Cuatro Ciénegas, Coahuila, el 29 de diciembre de 1859. Realizó sus primeros estudios en su pueblo natal, de donde pasó a Saltillo, en donde ingresó al Ateneo Fuente, para después estudiar en la Escuela Nacional Preparatoria de la ciudad de México en 1874, con la idea de cursar la carrera de medicina. Pero desde joven padeció de una enfermedad de la vista que le impidió continuar sus estudios, por lo que regresó a Coahuila para trabajar en los ranchos Las Animas y El Fuste, ambos pertenecientes a su familia. En 1882 contrajo matrimonio con Virginia Salinas, con quien procreó dos hijas.
Se integró a la vida política en 1887, cuando resultó electo presidente municipal de Cuatro Ciénegas; terminó renunciando a su cargo debido a su mala relación con el gobernador de la entidad José María Garza Galán. Meses más tarde, encabezó la oposición contra la reelección fraudulenta del gobernador y logró que renunciara a su cargo; durante las negociaciones con el gobierno federal trabó amistad con el general Bernardo Reyes. Años más tarde volvió a aquel puesto, que en esta ocasión ocupó entre 1894 y 1898. Después su carrera política siguió en ascenso: fue diputado en la legislatura del estado, y senador suplente y senador en el Congreso de la Unión, en el cual llegó a ocupar dos veces la vicepresidencia del Senado y tuvo como compañeros de escaño a los más influyentes políticos del porfiriato, como Emilio Rabasa, Rosendo Pineda y Enrique Creel. En 1908 llegó a ser gobernador interino de Coahuila del 25 de septiembre al 21 de noviembre por ausencia del titular Miguel Cárdenas, amigo y socio suyo desde la juventud. Quiso ser gobernador electo al año siguiente, y pese a que podía aglutinar a reyistas, “científicos” y antirreeleccionistas de Coahuila, ya que contaba con el apoyo del propio Madero, por su simpatía hacia el general Reyes, fue sujeto de presiones para que renunciara a su candidatura y finalmente, fue derrotado a la mala por Jesús de Valle, quien disfrutaba de toda la fuerza de Porfirio Díaz y del grupo de los “científicos”.
Este último acontecimiento lo condujo a militar en la oposición y aguardó el lanzamiento de la candidatura de Bernardo Reyes a la presidencia, y al no ocurrir éste, apoyó, algo tardíamente, a Francisco I. Madero. En noviembre de 1910 se unió a la junta revolucionaria en San Antonio Texas; el 5 de febrero de 1911, Madero nombró a Carranza gobernador provisional de Coahuila y jefe militar del noreste; después figuró como secretario de Guerra y Marina en el gabinete provisional de Ciudad Juárez. Al negociarse la paz, criticó acremente los acuerdos firmados por Madero porque, para él, significaban continuar el porfiriato aunque sin Porfirio Díaz: “Revolución que transa, revolución que se suicida”, expresó Carranza parafraseando la frase de Saint-Just: “Quien hace revoluciones a medias, cava su propia tumba”.
Al triunfo del maderismo fue nombrado por segunda vez, gobernador interino de su estado el 29 de mayo de 1911; durante este periodo, Carranza trató de restaurar el orden constitucional y la paz. El 17 de septiembre siguiente, tras dejar la gubernatura en manos de Reginaldo Cepeda y realizar una intensa campaña electoral a lo largo del estado, práctica política nunca antes vista en Coahuila, fue electo gobernador por votación popular.
Ya como gobernador constitucional, puso en práctica importantes reformas educativas, fiscales, laborales y políticas: incrementó el número de escuelas y creó las nocturnas para adultos, reformó los programas de estudio del Ateneo Fuente y de la Escuela Normal; sometió a revisión las exenciones y privilegios fiscales existentes, estableció nuevos impuestos a profesionistas e inversionistas financieros, y levantó una carta catastral para actualizar el pago de impuestos; expidió una ley de compensación por accidentes de trabajo, prohibió el trabajo de menores de 16 años, las tiendas de raya y el pago de salarios en cupones o crédito, apoyó la formación de sociedades mutualistas pero no las huelgas, e integró comisiones para mediar en los conflictos laborales; otorgó autonomía financiera y administrativa a los municipios para que tuvieran capacidad para cobrar el impuesto predial a las compañías mineras; intentó estimular las actividades industriales y mineras mediante exenciones fiscales y la expansión de la red ferrocarrilera; además promovió la reforma de la Constitución local, la cual no pudo ponerse en práctica por la instauración de la dictadura de Huerta.
También se ocupó de los pobres por medio de campañas contra la prostitución, el alcoholismo, el opio y los juegos de azar; trató de mejorar las condiciones de salud mediante la vacunación masiva y de proteger a los campesinos contra los abusos de las tiendas de raya pero no intento reforma agraria alguna. En materia judicial hizo lo posible por reemplazar a jueces y funcionarios venales. Así llevó a la práctica sus ideas de un gobierno constitucional con un ejecutivo fuerte, capaz de recaudar impuestos, de actuar como árbitro en las relaciones laborales, de educar y moralizar al pueblo, así como de promover la redistribución de la riqueza mediante las instituciones.
Contra lo dispuesto por Madero, que confiaba plenamente en el ejército federal y deseaba que todo cuerpo armado se integrara a éste y estuviera al mando de oficiales federales de carrera, Carranza mantuvo en armas un grupo del ejército revolucionario, que hizo crecer cuando estalló la rebelión de Pascual Orozco; además, estableció un servicio militar obligatorio en las escuelas oficiales. A la derrota de los rebeldes, Carranza pretendió que la fuerza revolucionaria organizada contra Orozco se convirtiera en permanente, de lo cual no pudo convencer a Madero, a pesar de que José María Maytorena, gobernador de Sonora, opinaba en el mismo sentido que Carranza.
Ante los diversos rumores de que se preparaba un golpe militar contra Madero, Carranza invitó a una cacería en las montañas de Coahuila a los gobernadores de Chihuahua, Aguascalientes, Sonora y San Luís Potosí. El propósito real de esta reunión fue tomar providencias en el caso de que se diera esta asonada u otras revueltas similares. Asimismo, en preparación de esta eventualidad, Carranza mantuvo comunicación directa con los comandantes que le habían sido leales.
Tras la renuncia obligada de Madero, que le permitió llegar a Victoriano Huerta a la presidencia de la República de manera “legal” pero ilegítima, Carranza desconoció al dictador e inició el movimiento constitucionalista, llamado así porque su fin era restaurar el orden constitucional interrumpido por el cuartelazo. Envió una circular a los gobernadores y jefes militares explicando la usurpación; pidió a los generales federales Mier, Trucy Aubert y Gerónimo Treviño no reconocieran a Huerta y fingió un acercamiento con el secretario de gobernación de Huerta para ganar tiempo. Protestó ante el presidente norteamericano Taft por el virtual reconocimiento de Huerta y lanzó un manifiesto al pueblo estadounidense. Finalmente, convocó a la rebelión y ofreció el mando al general Treviño y al no tener más opción, encabezó la lucha respaldado por el decreto 1421 del Congreso de Coahuila que lo autorizó a desconocer al usurpador y facultó extraordinariamente a armar fuerzas para coadyuvar a restablecer el orden legal.
Conforme a Luís Barrón (Carranza. El último reformista porfiriano): “Para Carranza, el reto no sólo era encontrar los hombres necesarios y la manera de financiar una revolución que, además, no destruyera al país; era evitar los errores que Madero había cometido: iniciar una rebelión que se había convertido en una revolución social para después traicionarla pactando con el régimen. Carranza no se había levantado en armas; el golpista era Victoriano Huerta. Por eso, esta vez, había que derrotar al ejercito federal e iniciar una reforma profunda del sistema político, pero respetando el orden legal que la Constitución de 1857 representaba.”
Escribe Héctor Aguilar Camín. "Carranza erigió dentro de sí la certeza de que era el único representante legítimo que quedaba en el país, mientras fuera el único en desconocer a Huerta. Y así se comportó desde entonces: como un gobernante, no como un rebelde ni como un simple jefe militar."
Tomó como bandera el Plan de Guadalupe que lanzó el 26 de marzo de 1913. En ese documento se desconoció a Huerta, a los Poderes Legislativo y Judicial, y demás gobiernos de los estados que reconocieran la presidencia de Huerta; se nombró a Carranza como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, quien sería el presidente interino al ocupar la ciudad de México, y desde este cargo, convocaría a nuevas elecciones. A la propuesta del general Múgica de que se incluyeran demandas sociales, Carranza señaló que eso podía provocar la división de las fuerzas revolucionarias y que las reivindicaciones sociales serían un tema pendiente a atenderse para después del triunfo. “La guerra será más breve mientras menos resistencia haya que vencer. Los terratenientes, el clero y los industriales son más fuertes y vigorosos que el gobierno usurpador; hay que acabar primero con este y atacar después los problemas que con justicia entusiasman a todos ustedes”…
El Plan de Guadalupe escribirá Carranza en 1917, fue "el grito de guerra que lo más selecto de la juventud mexicana lanzó a los cuatro vientos del país contra la iniquidad triunfante, y ese grito no era más que la expresión vibrante y sonora de la conciencia nacional, expresión que reasumía el propósito firme, la voluntad deliberada del pueblo mexicano de no consentir más que el pretorianismo volviese a apoderarse de los destinos de la Nación (...) En tal virtud, con el Plan de Guadalupe quedó perfectamente planteada la cuestión de la legalidad contra la usurpación, del derecho contra la asonada, de las instituciones libres contra la dictadura militar".
Conforme al plan, Carranza asumió el mando del Ejército Constitucionalista y buscó que los principales grupos revolucionarios lo reconocieran como tal; para tener contacto personal con sus jefes viajó a Monclova y desde ahí emprendió un largo viaje hacia Nogales cruzando el desierto y la Sierra Madre, cuidando, como Juárez medio siglo antes, no salir del territorio nacional; a su paso se entrevistó con Tomás Urbina, Pánfilo Natera, Aguirre Benavides, José Isabel Robles, los hermanos Arrieta, Pastor Rouaix, Manuel Chao, Maclovio Herrera, Alejandro Vega, Álvaro Obregón, Ramón Iturbe, Felipe Riveros y José María Maytorena entre otros, e invitó a Francisco Villa y a Felipe Ángeles a integrarse, pero Villa no aceptó subordinarse a Obregón, por lo que Don Venustiano nombró a Villa general del Ejército Constitucionalista al mando de la División del Norte. Por su parte, Obregón no aceptó a Ángeles como Secretario de Guerra y Marina y éste se unió a Villa. Finalmente quedó constituido el gobierno constitucionalista en Hermosillo con ocho secretarías, entonces Carranza tuvo que ir más allá del Plan de Guadalupe para ganar apoyo popular y manifestar explícitamente su propósito de establecer la justicia y la igualdad, de remover todo y de crear una nueva Constitución.
Así, a duras penas, Carranza pudo organizar el movimiento constitucionalista con un carácter plural, en el que si bien el carrancismo era la parte directiva, muchos constitucionalistas tenían diferencias ideológicas y políticas notables con Carranza y con los miembros de su grupo. Pese a esto logró aglutinar las fuerzas revolucionarias para la lucha contra Huerta: en el norte los generales Álvaro Obregón (Ejército del Noroeste), Pablo González (Ejército del Noreste) y Pancho Villa; y en el sur, Emiliano Zapata, aunque el suriano actuaba de manera independiente, pues el plan carrancista se circunscribía al ámbito político e ignoraba las demandas campesinas. De cualquier manera, el plan de Guadalupe se ganó el apoyo de los grupos campesinos y clases medias del norte que estaban contra la dictadura y que temían el radicalismo de las masas campesinas.
En abril de 1914, cuando los marines norteamericanos se apoderaron de Veracruz para impedir el suministro bélico por los ingleses a Huerta, Carranza rechazó la intervención extranjera aunque le favorecía, pero también se negó a unir fuerzas con Huerta, prefirió iniciar pláticas con los invasores para el retiro de sus tropas una vez obtenido el triunfo constitucionalista.
Ese mismo año, tras la toma de Zacatecas, en la que quedó destruido casi todo el ejército federal, Carranza intentó destituir a Villa por haber atacado personalmente al frente de la División del Norte, en lugar de ayudar con sus efectivos a Pánfilo Natera para que, conforme a sus órdenes, éste se hiciera de ese baluarte federal. Ante el rechazo de los generales a esta destitución, el Primer Jefe cedió, pero emprendió la batalla política por quién recibiría la rendición de Huerta y tomaría la capital de la República, al efecto, dio instrucciones al general Pablo González de que avanzara a San Luís Potosí, lo mismo que a su hermano, Jesús Carranza; y apremió a Obregón para que tomara Guadalajara y la ciudad de México. Por otra parte, inmovilizó a las fuerzas de Villa al cortarle los embarques de carbón y de pertrechos. Además, promovió a Obregón y a Pablo González a generales de División y dejó a Villa como general Brigadier.
Sin embargo, ante el riesgo de que Villa marchara a la capital y se apoderara de ella, los generales carrancistas promovieron una conferencia en Torreón para salvar las diferencias entre Villa y Carranza; representantes de las Divisiones del Norte y del Noroeste suscribieron el Pacto de Torreón, en el que se reconoció la autoridad de Carranza y se acordó que al triunfo, una convención integrada por representantes de los jefes del ejército constitucionalista determinaría la fecha de elecciones y el programa de gobierno que pondrían en marcha los funcionarios electos. Villa obtuvo su ascenso a Divisionario.
La victoria lograda en Zacatecas significó la derrota definitiva de Huerta, quien renunció tras año y medio de cruenta guerra civil. Firmados los tratados de Teleoyucan de rendición incondicional y disolución del ejército federal el 13 de agosto de 1914 por el general Obregón, el Primer Jefe Carranza entró triunfante a la ciudad de México el día 20 siguiente, una semana después.
Dada la heterogeneidad de los revolucionarios en cuanto a su origen social, intereses y demandas, al triunfo contra Huerta, los zapatistas insistieron a Carranza que se cumplieran “los tres grandes principios que consignaba el Plan de Ayala: expropiación de tierras por causa de utilidad pública, confiscación de bienes a los enemigos del pueblo y restitución de sus terrenos a los individuos y comunidades despojados”; mientras que los villistas le exigieron el cumplimiento del Plan de Guadalupe en cuanto al reestablecimiento inmediato del orden constitucional por medio de un presidente provisional que convocara a elecciones, la implantación de reformas agrarias y desde luego, en primer lugar, su renuncia bajo la acusación de intentar perpetuarse en el poder.
Ante el riesgo de un rompimiento entre los grupos revolucionarios, algunos generales convocaron a una Convención para tratar de llegar a un entendimiento pacífico. Carranza cedió a la presión para convocar a una convención que fijara la fecha de las elecciones, pero como no había resuelto sus diferencias con Villa y Zapata, y Villa se negó a participar en la Convención, Carranza mandó a Chihuahua a Obregón a negociar con Villa, para convencerlo de que asistiera; Villa se resistió y ordenó fusilarlo; intercedió el general Chao y Obregón se salvó.
La Convención se inició el 1º de octubre de 1914, en la ciudad de México y ahí Carranza condenó a la "minoría indisciplinada" (Villa) y renunció a la presidencia y a la jefatura del ejército, pero la Convención no la aceptó. Finalmente, Villa accedió a asistir a un terreno neutral, en Aguascalientes. La Convención se trasladó allá, pero Zapata sólo envió una representación y Carranza declinó asistir, no obstante, aceptó renunciar siempre que hicieran lo mismo Villa y Zapata, y se estableciera “un Gobierno preconstitucional apoyado por el Ejército Constitucionalista, que se encargue de realizar las reformas sociales y políticas que necesita el país antes de que se restablezca un Gobierno plenamente constitucional”.
Alvaro Obregon, Presidente provisional Eulalio Gutierrez, Panfilo Natera, Ramon F. Iturbe, Guillermo Garcia Aragon, y Eduardo Hay
La Convención decidió que Eulalio Gutiérrez fuera el presidente interino y que Villa y Carranza renunciaran. Villa aceptó, pero Carranza insistió en que se respetaran sus condiciones ya expuestas, a saber: “PRIMERO. El C. Venustiano Carranza entregará el Poder Ejecutivo de la Nación y la Jefatura del Ejército Constitucionalista, al presidente que la Junta de gobernadores y generales designe en definitiva para gobernar la República durante todo el período preconstitucional que sea necesario para llevar a cabo las reformas políticas y sociales que exige la Revolución. SEGUNDO. Dicha entrega se efectuará tan luego como el nuevo presidente tenga definidas sus funciones y haya recibido efectivamente el mando de la División del Norte y las oficinas públicas federales y locales de la región dominada ahora por dicha División.
Lógicamente, la Convención ratificó sus decisiones y apoyó al presidente Eulalio Gutiérrez. Carranza, que había logrado el retiro de las tropas norteamericanas desde el 23 de noviembre, se trasladó a Veracruz para establecer su gobierno. Gran conocedor de la historia patria, emuló a Juárez: “Vengo a esta tierra hospitalaria, que sirvió de baluarte a Juárez y en donde hizo los cimientos de la Reforma, a buscar abrigo para formular los principios que sirvan de fundamento a las nuevas instituciones, que harán grane, poderosa y feliz a la Nación mexicana.” En el puerto pudo planear la ofensiva contra los convencionistas y recibir suministros bélicos. Ahí contaba con el apoyo del general Cándido Aguilar, su yerno, jefe del Ejército de Oriente que dominaba la región. Por su parte, Villa y Zapata avanzaron hacia la capital de la República y firmaron el Pacto de Xochimilco que reconoció el Plan de Ayala.
Militarmente, Carranza se encontraba en posición de debilidad frente a Villa; políticamente era más fuerte frente a sus enemigos que se mostraban incapaces de articular un programa nacional desde la capital de la República, más allá del Plan de Ayala dirigido a los campesinos sureños. A sugerencia de Obregón, quien por su origen social podía sentir mejor las causas populares, el 12 de diciembre de 1914, Carranza inició su ofensiva política mediante el decretó Adiciones al Plan de Guadalupe, entre las que se encuentran las siguientes: subsiste el Plan de Guadalupe “hasta el triunfo completo de la Revolución y, por consiguiente, el C. Venustiano Carranza continuará en su carácter de Primer Jefe de la Revolución Constitucionalista y como Encargado del Poder Ejecutivo de la Nación, hasta que vencido el enemigo quede restablecida la paz… (Carranza) expedirá y pondrá en vigor, durante la lucha, todas las leyes, disposiciones y medidas encaminadas a dar satisfacción a las necesidades económicas, sociales y políticas del país, efectuando las reformas que la opinión exige como indispensables para restablecer el régimen que garantice la igualdad de los mexicanos entre sí… para poder continuar la lucha y para poder llevar a cabo la obra de reformas a que se refiere el artículo anterior el Jefe de la Revolución, queda expresamente autorizado para convocar y organizar el Ejército Constitucionalista y dirigir las operaciones de la campaña”...
Con base en estas Adiciones, el 25 de diciembre de 1914, “considerando que durante largos años de tiranía sufrida por la República se ha pretendido sistemáticamente centralizar el Gobierno, desvirtuando la Institución Municipal”… Carranza decreta que “los estados adoptarán para su régimen interior la forma de gobierno republicano, representativo, popular, teniendo como base de su división territorial y de su organización política, el Municipio libre, administrado por ayuntamientos de elección popular directa y sin que haya autoridades intermedias entre éstos y el Gobierno del Estado”.
En enero de 1915, Carranza promulgó diversas normas y medidas para legitimarse: la Ley Agraria del 6 de enero de 1915, la legalización del divorcio, la sujeción de la explotación petrolera al control del Estado, el establecimiento de la independencia del Poder Judicial, además de decretar la jornada máxima de trabajo de ocho horas y el salario mínimo. “Las nuevas ideas sociales tendrán que imponerse en nuestras masas, y no sólo es repartir tierras, no es el sufragio efectivo, no es abrir más escuelas…es algo más grande y más sagrado: es establecer la justicia, es buscar la igualdad, es la desaparición de los poderosos para establecer el equilibrio en la conciencia nacional”.
Así, a partir de entonces, los constitucionalistas se presentaron como los verdaderos “revolucionarios” que luchaban por el cambio hacia adelante, y etiquetaron como “reaccionarios” a los convencionistas, que pugnaban por el cambio hacia atrás.
Estas medidas permitieron a Carranza quitar demandas a los convencionistas y agregar nuevos apoyos como el de los obreros organizados, por medio de un pacto suscrito con la Casa del Obrero Mundial el 17 de febrero de 1915, en el que a cambio de la promesa de “mejorar, por medio de leyes apropiadas, la condición de los trabajadores, expidiendo durante la lucha todas las leyes que sean necesarias para cumplir aquella resolución…Los Obreros de la Casa del Obrero Mundial... hacen constar la resolución que han tomado de colaborar, de una manera efectiva y práctica, por el triunfo de la Revolución tomando las armas ya para guarnecer las poblaciones que están en poder del Gobierno constitucionalista, ya para combatir a la reacción”.
Así, con nuevos contingentes como los “batallones rojos”, el general Álvaro Obregón logró derrotar a Villa en el campo de batalla del Bajío, por lo que la causa constitucionalista resultó triunfante con las armas, y los carrancistas, comandados por Pablo González, recuperaron la capital de la República en agosto de 1915. Esta victoria sobre el ejército de la Convención, la recuperación de la ciudad de México por los constitucionalistas y el inminente rompimiento de los Estados Unidos con Alemania, cuyos agentes promovían una nueva guerra México-norteamericana para impedir u obstaculizar la participación de los estadounidenses en la guerra que tenía lugar en Europa, le ganaron a Carranza el reconocimiento oficial del gobierno norteamericano el 19 de octubre siguiente, así como el embargo de armas para los convencionistas, lo que provocó la ira de Villa, en plena derrota y huída, quien respondió con el asaltó a la población de Columbus en enero de 1916, hecho que forzó a Carranza a aceptar el ingreso a territorio nacional de una “expedición punitiva” norteamericana que nunca lograría capturar al centauro del norte. Carranza resistió la invasión diplomáticamente y con las armas, y sus fuerzas detuvieron el avance de los estadounidenses en El Carrizal.

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