Menu

The best bookmaker bet365

Best bookmaker bet365 Bonus

10 de Agosto 1814 - Argentina

El Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Gervasio Antonio Posadas, nombra a José de San Martín Gobernador Intendente de la Provincia de Cuyo, que comprendía las jurisdicciones de Mendoza, San Juan y San Luis. 

Por: Enrique Mario Mayochi

El buen Gobernador de Cuyo
El Director Supremo Posadas designa a José de San Martín –dice hacerlo "a su instancia y solicitud"- "gobernador intendente de la Provincia de Cuyo" (la gobernación intendencia de Cuyo fue creada el 29 de noviembre de 1813, con jurisdicción sobre las provincias de Mendoza, San Juan y San Luis, separadas por esta decisión de la de Córdoba), con el doble objeto de continuar los distinguidos servicios que tiene hechos a la Patria y el de lograr la reparación de su quebrantada salud en aquel delicioso temperamento".
Mientras San Martín se pone en marcha hacia su nuevo destino, el Cabildo de Mendoza le envía el 3 de septiembre sus plácemes y le avisa que, "siguiendo la costumbre y en cumplimiento de sus deberes, le ha preparado la casa en que debe alojarse la persona de V.S. y su comitiva". Desde la posta del Retamo, el nuevo gobernador anuncia al Cabildo su inmediata llegada a la ciudad y, a la vez que lo agradece, declina el ofrecimiento de vivienda que se le ha hecho, alegando haber ya encargado de ello a un particular. Con igual fecha, la corporación municipal replica que le será sumamente sensible quedar desairada "en el primer paso de su gratitud". San Martín se allana, y lo hace con esta respuesta digna de su invariable conducta: "Si V. S. cree (no obstante mi oficio de esta mañana) se hace un desaire a su representación, estoy pronto a pasar a la habitación que me tiene preparada por el tiempo preciso a dejar a V.S. en el lugar que le corresponde. V.S. me hace sacrificar lo más sagrado, pero todo lo doy por bien empleado por el beneficio de estos habitantes".
El 13 de septiembre, San Martín comunica a Juan José Paso, diputado del gobierno rioplatense ante el de Chile, que ha tomado posesión del mando cuyano. Y el 16, a él le escribe Posadas, quien ya lo hace "descansando en su ínsula, en la que aún habrá alcanzado a comer algunas uvas frescas", para darle consejos de cómo actuar en Cuyo -región que el Director Supremo conoce por haber vivido allí como desterrado- y de las buenas relaciones que debe mantener con los cabildantes. Tras informarle del estado de las situaciones militares existentes en el Norte y en la Banda Oriental, le participa que cho días corridos partirá Remedios. El 24 le dirá que "en breve tendrá allá su costilla, con cuya amable compañía se acabará de poner bueno, y hará una vida tranquila y deliciosa". Y el 1º de octubre, ¡por fin!, le da la noticia del viaje de la joven esposa: "Por fin ya partió su madama, la cual no ha tenido la culpa en la demora, sino sus padres (según que ellos mismos me lo han dicho), pues no han querido que pase a un país nuevo sin todos los atavíos correspondientes a su edad y nacimiento. Al fin son padres, y es forzoso que al menos en esta ocasión los disculpe Ud."

La familia San Martín
Tras casi un año de separación provocada por el traslado de San Martín al Norte y su posterior enfermedad, el matrimonio vive otra vez su felicidad doméstica. "Ahora doña Remedios, junto al esposo, tendría casa propia en Mendoza. Aquella sería la única temporada larga que vivió cerca de su marido. La señora de San Martín, cuando se hubo instalado en su casa de la Alameda, llevó consigo el espíritu hospitalario de su casa paterna. Alternó con las mejores damas mendocinas, con quienes organizó una sociedad patriótica. Fueron sus amigas doña Josefa Morales de Ruiz Huidobro, en quien San Martín depositó su confianza, y doña Josefa Alvarez de Delgado, cuya casa contigua se comunicaba con la de San Martín por los fondos. Doña Remedios colaboró en la empresa de su compañero, dulcificando su carácter; dio convites y bailes en que se concertaron algunos matrimonios de oficiales del ejército con niñas de la ciudad; se interesó por los pobres; atrajo la simpatía de todos". (Ricardo Rojas, "El Santo de la Espada"). El 24 de agosto de 1816, el hogar de los San Martín será regalado con el nacimiento de su hija unigénita, Mercedes Tomasa, bautizada el 31 siguiente por el presbítero Güiraldes. "Sepa usted - escribirá con humor el feliz padre a su amigo Tomás Guido- que desde antes de ayer soy padre de una infanta mendocina".

Esposo y progenitor, San Martín se dará a pensar en la futura vida de familia, cuando la guerra concluya. Por ello, a poco del nacimiento de su hija pide al coronel Toribio Luzuriaga, quien por este tiempo lo ha sustituido como gobernador, 50 cuadras de tierra para dedicarlas a la labranza en "Los Barriales", a cuyo progreso él contribuyó al instalar allí una villa. Inmediatamente se accede a su petición, se agregan 200 cuadras para su Mercedes y se dispone erigir, en la plaza de la nueva población, una columna en cuyo anverso se inscribirá la leyenda Multa mervit fecerat ille magis y en su reverso, el nombre de San Martín. Este agradece al gobernador y al Cabildo las donaciones hechas, mas comunica que, a nombre de su hija, dona las 200 cuadras en favor de quienes más se distingan en la campaña militar por emprenderse. No se aceptó esto porque "el gobierno habría incidido en un error de derecho si aprobase que los padres pudiesen hacer otro uso que el del dominio útil en los legados de los hijos", mas se destinaron otras tantas cuadras para el fin propuesto por San Martín.

Entre la política y la milicia
"Al llegar a Mendoza -expresa Otero-, el primer pensamiento del nuevo mandatario fue el de poner a esa provincia en condiciones de su propia defensa. Cuyo no era una región guerrera, pero lo sería, y para esto el genio de San Martín comenzó a templar debidamente, ya que en la futura epopeya iba a destacarse en un punto de vanguardia en la lucha por la libertad. ¿Cómo y con qué medios realizó San Martín estas maravillas? Para llegar al establecimiento de tales postulados debemos partir de la base de que si San Martín era un eximio guerrero, era por naturaleza un gobernante consumado. Lo que otros no hacían ni supieron hacer al frente de la revolución, ya fuese ésta gobernada por una junta, por un triunvirato o por un directorio, lo hizo él al frente de la intendencia de Cuyo. Destacóse allí como soberano. Obró, si se quiere, como un monarca absoluto, pero la opinión sabía que él interpretaba sus intereses y acordóle su cooperación sin reparos y sin medida." (Otero, Historia del Libertador José de San Martín).
En su acción como conductor civil y militar de un pueblo formado por 50.000 habitantes, comienza San Martín por dar el propio ejemplo con la renuncia a la mitad del sueldo que le corresponde. Si todos deben hacer sacrificios, él se adelanta a todos.
Aunque buena parte de sus decisiones gubernativas están enderezadas a la preparación bélica, no resultarán desdeñables los logros que se alcancen en otras áreas. Así, se dispone que los peones no concurrirán en los días hábiles a las pulperías y que éstas cerrarán a las 10 de la noche. Se reglamenta el regadío y se manda que nadie efectúe labranza sin previa licencia. El abasto de carne se asegura a la población para todo el año y se fijan precios para su expendio. Las casas deberán blanquearse como homenaje al 25 de Mayo, cumpleaños de "nuestra regeneración política". El gobernador da amplio apoyo al presbítero José Lorenzo Güiraldes para fundar el Colegio de la Santísima Trinidad de Mendoza, donde se harán estudios preuniversitarios. La salud pública se beneficia con la extensión a la campaña de la vacuna, cuya inoculación correrá a cargo de los religiosos.
"El aumentó y embelleció -dice Hudson- el paseo más hermoso que hasta entonces se conocía en Sudamérica, y que la Municipalidad había principiado a formar a cinco cuadras al oeste de la plaza principal, plantando dos cuadras de sud a norte de los álamos introducidos por el señorCobo, en dos hileras paralelas, dejando un ámbito espacioso para los paseantes. El general hízolo alcanzar a siete cuadras al largo, adornándolo con plantas de flores, y haciendo construir en uno de sus extremos un templete de forma griega, y también asientos a los costados de esta prolongada y vistosa alameda." (Damián Hudson, "Recuerdos Históricos sobre la Provincia de Cuyo").Como síntesis de esta obra gubernativa, repitamos lo dicho por dos estudiosos de esta gestión política:
"Las disposiciones financieras no persiguieron exclusivamente allegar fondos para financiar la guerra. Parte de los recursos obtenidos se aplicaron a la creación de escuelas y a fomentar en todos sus aspectos la instrucción del pueblo, otros ingresos fueron dedicados a la salud pública y a obras públicas, principalmente para mejorar el sistema de irrigación a fin de lograr un mayor desarrollo en sus planes de producción agraria. La ciudad de Mendoza, capital de la Intendencia de Cuyo, no olvidará jamás los trabajos de San Martín ni el empeño con que se dedicó a hacerla progresar a base del orden y de la más estricta economía, principio éste que rigió en todos los actos sanmartinianos. El Gran Capitán fue un planificador perspicaz; supo trazarse un plan y desenvolverlo con perseverancia. Vio lejos y tuvo habilidad en el desarrollo de los procedimientos que debían conducirlo a la realización, jornada ardua y peligrosa cuando no se tiene el dominio de la serenidad del espíritu." (Alfredo Estévez y Oscar Horacio Elía "San Martín en la Gobernación Intendencia de Cuyo").
Para mejor alcanzar los objetivos que se ha fijado, durante su estancia cuyana San Martín organizará una filial de la Logia Lautaro, a la que se incorporarán todos aquellos que él considera aptos para tan singular forma de acción política. Con el correr de los meses, también se irán agregando emigrados chilenos de confianza. Con esto, San Martín muestra que sigue fiel a las bases fundacionales dadas en Cádiz y respetadas en Buenos Aires, o sea que todo miembro de la institución queda comprometido a establecer logias en cuanto lugar le toque actuar.

La crisis chilena
Apenas han corrido dos meses desde que San Martín se hizo cargo de la gobernación intendencia de Cuyo, cuando tiene que enfrentar la grave situación derivada del derrumbe de la revolución chilena y de la llegada a Mendoza de los vencidos, divididos entre sí hasta extremos increíbles.
¿Qué ha ocurrido allende los Andes? A principios de 1813, desembarca en Ancud don Antonio Pareja, enviado por el virrey Abascal al frente de un reducido núcleo militar. A poco están bajo su control Chiloé, Valdivia, Talcahuano, Concepción y Chillán. Se jura fidelidad a Fernando VII y a la Constitución gaditana. Para detener al invasor, la Junta santiaguina agrupa 10.000 hombres en las riberas del Maule. A su frente está José Miguel Carrera, a quien se unen sus dos hermanos, Bernardo O'Higgins y el irlandés Juan Mackenna, que será jefe del estado mayor. En la lucha participarán auxiliares argentinos, con Marcos Balcarce y Juan Gregorio de Las Heras a su frente. En agosto, los chilenos logran reconquistar Concepción y Talcahuano, mas se descalabran al intentar hacer otro tanto con Chillán. En diciembre, la Junta reemplazará a Carrera con O'Higgins en la conducción militar. Ante esto, los hermanos de aquél harán correr voces de que la consecuencia será que por Chile correrá más sangre que agua tiene el Maule.
"En los últimos meses de 1813 –dice Vicente D. Sierra- la situación chilena era un verdadero caos. Por primera vez habían debido enfrentarse con las armas a un enemigo inesperado, y a la par las explosiones de rencores hasta entonces ocultos y de ambiciones siempre latentes que habían amparado sus ilegítimos afanes bajo la bandera patriota. La revolución se había hecho dentro de un tono de fidelidad más pronunciado que el de Buenos Aires, y si bien también respondió al legítimo deseo de conquistar el gobierno del país para sus naturales, nadie consideró que para lograrlo se requiriera una absoluta independencia, para la que la mayoría no estaba preparada."
El inicio de 1814 sorprenderá a la causa americana en un difícil momento: en Europa, mientras desde España es invadida Francia por Wellington, el liberado Fernando VII se apresta a volver a su tierra; en América, la revolución se muestra dominada en Méjico, Caracas y Bogotá. Y mientras Vigodet aguarda en Montevideo la llegada de refuerzos, las tropas del virrey Abascal se consolidan en el Alto Perú tras vencer en Ayohúma y reconquistan buena parte de Chile.
A fines de enero de 1814, llega desde el Perú una expedición de refuerzo al mando del brigadier Gabino Gaínza. El pequeño éxito obtenido para Chile el 24 de febrero en Cucha- Cucha, donde combate Las Heras, no disimulará ni de lejos la pérdidade Talca, ocurrida el 4 de Marzo. El 7 siguiente se decide concentrar el Poder Ejecutivo en el coronel Francisco de Lastra, quien será nombrado Director Supremo. Tres días después presenta sus credenciales Juan José Paso, diputado por Buenos Aires. El 27, es derrotado en Cancha Rayada un ejército chileno al mando de Manuel Blanco Encalada, quien intentaba apoderarse de Talca. Paso pide su pasaporte y se instala en Mendoza, adonde también llegan muchos chilenos. O´Higgins y Makenna logran unir sus divisiones y el 20 de marzo en Membrillar hay un combate del que sale vencedor Las Heras, quien a poco quedará al frente de los auxiliares rioplatenses por pasar Balcarce a Cuyo. Una hábil maniobra de O´Higgins le permite en abril evitar la caída de Santiago. Gaínza retrocede, pero esto se compensa con la capitulación de Concepción y Talcahuano, con lo que todo el sur chileno queda bajo control de las tropas del Virrey del Perú.
Por mediación del comodoro inglés Hillyar, el 3 de mayo se firma el tratado de Lircay entre los representantes de Abascal y los de Santiago. Chile se reconoce parte integrante de la monarquía borbónica, acepta el Consejo de Regencia y se compromete a enviar diputado a las Cortes. Se mantiene la libertad política, mas a cambio de dejar en el camino el ideal de la independencia.
José Miguel y Luis Carrera, prisioneros desde la toma de Concepción por Gaínza, logran escapar y se hacen cabeza de los opositores del tratado. El 23 de julio es depuesto Lastra y reemplazado por una Junta de Gobierno triunviral, uno de cuyos miembros es José Miguel. Este, el 19 de agosto, reabre el comercio con Lima y manifiesta su voluntad de respetar lo pactado en Lircay: "Sientan el Perú y Chile -dice- el fruto de una paz celebrada en tantos meses ha; descansen ambos pueblos en su duración...". No es fácil entender los cambios de frente político que hace el joven caudillo.
En cambio, quien rechaza el tratado es el Virrey Abascal. El 13 de agosto desembarca en Talcahuano una expedición que manda el coronel Mariano Osorio, quien desde Chillán exige juramento de obediencia para el nuevo gobierno que se instale. Carrera se encuentra por una parte enfrentado al jefe invasor y por otra, a O´Higgins, quien lo denuesta por haber ratificado el tratado de Lircay. Y será precisamente don Bernardo quien termine cediéndolo todo a cambio de la unidad de los chilenos frente a las tropas de Abascal. El 29 de setiembre, Osorio concede plazo de cuatro días para la rendición. Tres jornada corridas, pondrá sitio a Rancagua, donde se ha fortificado O´Higgins, y el 2 de octubre dispone el victorioso asalto final.
La Patria Vieja ha sucumbido. Los jefes chilenos y los auxiliares argentinos de Las Heras se destierran por los caminos cordilleranos.

Los emigrados en Mendoza
Dura coyuntura se le presenta al gobernador intendente de Cuyo. Quienes llegan, vienen vencidos y tremendamente divididos. Todo esto provocará situaciones dramáticas y hondos distanciamientos. Dejemos el relato a San Martín:

"Hacía un mes de mi recepción del gobierno de la provincia de Cuyo cuando el coronel Las Heras, desde Santa Rosa, al otro lado de los Andes, me comunicó el acontecimiento fatal de la completa pérdida de Chile por resultado de la derrota del General O´Higgins que, con novecientos bravos dignos de mejor suerte, disputó en Rancagua la libertad de su patria.
"Concebí al momento -prosigue- el conflicto de las familias y desgraciados que emigrarían a salvar la vida, porque fieles a la naturaleza y a la justicia, se habían comprometido con la suerte de su país. Mi sensibilidad intensísima supo excitar la general de todos los generosos hijos del pueblo de Mendoza, de manera que con la mayor prontitud salieron al encuentro de estos hermanos más de mil cargas de víveres y muchísimas bestias de silla para sus socorros. Yo salí a Uspallata, distante treinta leguas de Mendoza, en dirección a Chile a recibirlos y proporcionarles personalmente cuantos consuelos estuviesen en mi posibilidad. Allí se presentó a mi vista el cuadro de desorden más enternecedor que puede figurarse. Una soldadesca dispersa, sin jefes ni oficiales, y por tanto sin el freno de la subordinación, salteando, insultando y cometiendo toda clase de excesos, hasta inutilizar víveres. Una porción de gentes azoradas que clamaban a gritos venganza contra los Carrera, a quienes llamaban los perturbadores y destructores de su patria.
Una multitud de viejos, mujeres y niños que lloraban de cansancio y fatigas, de sobresalto y de hambre. Un número crecido de ciudadanos que aseguraban con firmeza que los Carrera habían sacado de Chile más de un millón de pesos pertenecientes al Estado, que los traían repartidos entre las cargas de sus muchos faccionarios, pidiéndome no permitiera la defraudación de unos fondos tan necesarios para la empresa de reivindicar su patria. Todo era confusión y tristeza. Yo no debía creer estos informes, ni debía tampoco despreciarlos; fuera una fortuna encontrar fondos para organizar desde luego un ejército que vindicara a Chile, fuera un inconveniente el registro de las cargas denunciadas, si en ellas no se encontrase lo que se inquiría, porque afectara a la noble hospitalidad de miras sombrías induciendo un motivo de quejas a los afligidos que merecían la compasión más sincera. Este era un miramiento de mi delicadeza. El interés de la conveniencia pública demandaba mis providencias de precaución."
Mientras San Martín dirige personalmente desde Uspallata la ayuda a los emigrados chilenos, el coronel Marcos Balcarce ejerce en Mendoza el mando político. El gobernador intendente llega hasta Picheuta para tomar contacto con la retaguardia, que viene ordenadamente al mando de Las Heras y sin perseguidores a la vista. De regreso en Uspallata, se le presenta Juan José Carrera para avisarle que en una cercana choza están los integrantes del gobierno de Chile. Como San Martín considera que el sedicente gobierno no existe, envía a un ayudante para retribuir el saludo personal de José Miguel Carrera y sus acompañantes. Este es el primer desacuerdo planteado; el segundo sobrevendrá al no querer los Carrera permitir que sean revisados sus equipajes en Villavicencio, como se hace con todos los emigrados. Terminarán por allanarse, mas no sin resistencia. Ya en Mendoza, el enfrentamiento se hará más agudo al desconocer San Martín jerarquía política alguna a José Miguel Carrera y confiar a O'Higgins la reunión de los soldados chilenos dispersos. Paso siguiente será intimar a los Carrera que se trasladen a San Luis para su mayor seguridad y dar paz al pueblo de Mendoza, perturbado por la situación que se ha planteado entre los exiliados y que tuvo su más grave expresión en el documento presentado por un grupo de ellos para acusar a los Carrera y sus seguidores, así como para pedir su arresto y la confiscación de sus bienes. El Gobierno aprobará lo actuado por San Martín y dispondrá que pasen a Buenos Aires los Carrera y cuantas personas de categoría no sean de utilidad en Mendoza. Empero, los belicosos hermanos creen posible resistir e intentar acopiar armas y reclutar partidarios. "A fines de octubre -expresa José Pacífico Otero- el gobernador intendente de Cuyo estaba pronto para concluir con esta dictadura ambulante, desmoralizadora y anárquica, y el día 30 de ese mes, al amanecer, sus fuerzas rodeaban el cuartel de la Caridad, abocaba a él sus piezas de artillería y sin otro preámbulo San Martín exigía a Carrera y a los miembros de su triunvirato allí refugiados la rendición. De más está decir que el plan de San Martín no falló ni un ápice y que obligados los revoltosos a deponer las armas, San Martín redujo su represalia a la simple prisión de aquellos corifeos. Con este acto de fuerza demostró San Martín que la autoridad tenía su sostén y que si había practicado tolerancias, no podía ya prolongarlas. En realidad, los Carrera no eran para San Martín un blanco de encono y de odiosidad. Eran, sí, ante su concepto de gobernante y de libertador en germen, una piedra de escándalo, y lo que hizo, lo hizo sin apartarse en modo alguno del cálculo, del recto sentido de justicia, ni de la prudencia que lo distinguía."
Los Carrera saldrán de Mendoza y marcharán a Buenos Aires, camino que a poco también sigue buena parte de las tropas chilenas. Junto a San Martín quedan O'Higgins y cuantos compatriotas estén, como él, decididamente en favor de la unidad revolucionaria y de la independencia americana.

Entre Posadas y Alvear
A mediados de 1814, la gestión directoria de Posadas parece estar signada por el éxito. Los triunfos de Brown en el río de la Plata y la toma de Montevideo son lauros de indudable importancia. Mas a poco comenzarán las dificultades y peligros, tanto internos como externos. La restauración de Fernando VII y la conclusión de la guerra con Francia dan pie para suponer que, en breve, serán enviados a América escuadras y ejércitos para aplastar definitivamente los intentos revolucionarios. Las sublevaciones que se producen en el sur del Perú -en el Cuzco comienza el 3 de agosto una insurrección que tendrá por caudillo a Mateo García Pumakagua- y la renovada resistencia que se da en el Alto Perú perturban los planes del virrey Abascal y amenazan con dejar a Pezuela aislado de Lima. Pero esto se verá compensado en octubre con el triunfo obtenido por Osorio en Chile, considerado el granero del Perú.
El 6 de diciembre se pone en marcha desde Buenos Aires el brigadier general Alvear para tomar posesión del mando del Ejército Auxiliador del Perú. Mas lo que se pensó y se estaba realizando como una marcha triunfal, concluyó en Córdoba, de donde debe regresar a la Capital, "A oscuras y como escondido - según dice Beruti en sus Memorias- al enterarse de la sublevación producida en el seno de un ejército que no lo quiere por jefe".
El 28 de diciembre parten rumbo a Europa, como enviados diplomáticos, Bernardino Rivadavia y Manuel Belgrano. Según se dice en las instrucciones públicas, deben ir a Madrid para felicitar a Fernando VII "por su feliz restitución al trono de sus mayores asegurándole, con toda la expresión posible, de los sentimientos de amor y fidelidad de estos pueblos a su real persona". Las instrucciones reservadas hablan de la misión ante el Rey como de una máscara, mas esto lo ignoran el pueblo y San Martín. Si a aquél "las felicitaciones" lo confunden, a éste –que nunca sintió el menor respeto por Fernandito- lo colman de indignación.
El 9 de enero de 1815, la Asamblea recibe la renuncia del Director Supremo –decisión endeblemente fundada- y la acepta para que él pueda retirarse a su casa para "pensar en la nada del hombre y meditar consejos que dejar a mis hijos por herencia", según dice Posadas desear en su nota de dimisión. Enseguida, para completar el período se elige a Carlos de Alvear, quien prestará al día siguiente el juramento de ley.
Pasada la euforia provocada por una designación tan buscada como preparada, Alvear comienza a vivir su soledad política. Su autoridad no va más allá del ejército reunido en el campamento de Los Olivos. En el Norte no se lo acata, como ya quedó demostrado; le es adverso todo el Litoral, donde el liderazgo de Artigas se consolida día por día, y en Cuyo sólo puede ser garantía de respeto la rectitud moral y cívica de San Martín. La situación se complicará en pocas semanas, al recibirse el 25 de enero la noticia de que en Cádiz se apresta para partir, con rumbo al Río de la Plata, una fuerte expedición reconquistadora. Y también se sabrá que Fernando VII acaba de dictar un terrible bando contra quienes se opongan en España a su autoridad: "Todos los cabecillas - se lee en el duro documento real- serán pasados por las armas sin darles más tiempo que el preciso para morir cristianamente". ¿Por qué no extender esto también a América?

Pronto pierden la cabeza el joven Director Supremo y sus amigos. Se propondrá a Artigas la independencia absoluta de la Banda Oriental siempre que Entre Ríos y Corrientes queden sometidas a Buenos Aires. Con desesperación se busca trasladar a Buenos Aires el parque y la pólvora existentes en Montevideo. Y el 28 de enero viajará Manuel José García a Río de Janeiro para proponer a Lord Strangford que Gran Bretaña acoja "en sus brazos a estas provincias que obedecerán a su Gobierno y recibirán sus leyes con el mayor placer..."
Mas no se detienen con esto los desatinos del grupo gobernante.

Rebelión en Cuyo
En el día de su asunción directorial, Alvear ha ascendido a coroneles mayores a Matías Irigoyen, Francisco Ortiz de Ocampo, José de San Martín, Miguel Estanislao Soler y Florencio Terrada. El gobernador de Cuyo agradece el 27 de enero la decisión, pero expresa: "Debo protestar, como lo hago, que jamás recibiré otra graduación mayor, y que asegurado el Estado de la dominación española, haré dejación de mi empleo, para retirarme a pasar mis enfermos días en el retiro. Esta protesta hará un documento eterno de mis deseos".
Alvear toma enseguida otra decisión, que no puede menos que desagradar a San Martín. El Director Supremo dispone que todas las tropas queden divididas en tres ejércitos, de los que el primero estará bajo su mando de él y tendrá jurisdicción sobre Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Córdoba y Cuyo; el segundo, con Rondeau al frente, agrupará las fuerzas de las provincias existentes al norte de Córdoba, y el tercero, las de la Banda Oriental, dirigidas por Soler.
En enero está en Buenos Aires don José Miguel Carrera, que de inmediato se vincula con Alvear. Si bien nunca San Martín se dejó llevar por enconos o antipatías personales, en este momento no se puede sentir menos que preocupado; por principio, no aceptó nunca ni los procedimientos políticos ni su desdén por la independencia que de hecho mostraron Alvear y Carrera, ahora unidos. Y la subordinación al Director Supremo del ejército que él está formando puede significar la distorsión de sus proyectos, cuando no su malversación. "Carrera y Alvear –dice Mitre- eran dos héroes de la misma talla, poseídos de la misma ambición sensual, y que estaban destinados a representar el mismo papel en la revolución americana. Habían militado juntos en España, y allí habían soñado con llegar a ser los dominadores en sus respectivos países. Al encontrarse en Buenos Aires, ambos tenían de común otra pasión que los acercara, y era el odio del primero y la prevención del segundo contra el general San Martín. Desde ese momento la ruina del gobernador de Cuyo quedó decretada, y Carrera pudo halagarse con la esperanza de ser eficazmente auxiliado para reconquistar su poder perdido en Chile".
El 20 de enero, San Martín pide licencia por cuatro meses para trasladarse a la villa santafesina del Rosario con el objeto de reponerse de sus dolencias. "En atención a las continuas enfermedades que padece el coronel mayor don José de San Martín" -el considerando no deja de tener su carga de ironía-, el Director Supremo concede el 8 de febrero, por tiempo ilimitado, la licencia pedida y designa gobernador interino de Cuyo al coronel Gregorio Perdriel, quien también deberá reasumir el de las armas que tiene el coronel mayor Marcos Balcarce, por considerárselo "propio y privativo del jefe de la provincia".
Mientras en Buenos Aires se urden estas mezquindades, San Martín toma medidas a partir del 9 de febrero ante una próxima invasión desde Chile, de la que descree. Se aprontarán carretas y mulas, y el Cabildo nombrará de su seno una comisión que permanezca en la sala de acuerdos para proveer auxilios en caso de ataque. Ocho días corridos, el gobernador comunicará a los regidores que considera desvanecida la amenaza. Mas ya está en la ciudad de Mendoza la noticia de lo decidido en Buenos Aires y la opinión pública se agita. Los frentes de las casas se cubren con carteles de protesta y pedido de cabildo abierto. Al día siguiente, 16 de febrero, el Ayuntamiento invita a San Martín a concurrir a la sala capitular, en tanto el pueblo se reúne frente a la sede municipal. El gobernador se hace presente, manifiesta que lo decidido es la consecuencia de la dimisión que ha presentado, que se debe recibir a su sucesor y que no tomará licencia mientras subsista el peligro de ataque. El Cabildo decide solicitar al Director Supremo que deje sin efecto el relevo, medida que se avisa a Perdriel. San Martín manifiesta por escrito a los regidores: "Ni el noble y virtuoso pueblo de Mendoza puede exigir de mí el que no sea recibido el nuevo gobernador interino, ni mi honor puede permitirlo. Las reclamaciones que tienen hechas al supremo director tendrán su resultado. En el ínterin debemos, como buenos americanos, sujetarnos a sus órdenes."
La asunción gubernativa de Perdriel se hará a las 10 del 21 de febrero, mas a esta hora se congrega el pueblo con los ancianos a la cabeza. San Martín solicita por dos veces que se retiren y en la segunda se lo acata. El Cabildo le manifiesta "que se compromete la seguridad del Estado y nuestra existencia civil si se procede a la recepción del jefe provisto antes de obtenida da esta suprema resolución " y pide a Perdriel que aguarde "la resolución del señor Director Supremo que protestamos obedecer". San Martín torna a convocar al Cabildo para las 4 de la tarde a fin de que Perdriel asuma el cargo. A esta hora otra vez el pueblo se reúne ante la casa municipal y el procurador de la ciudad dice a la multitud que tanto el gobernador saliente como el entrante no quieren acceder a lo pedido. Perdriel no se presenta y sí lo hace San Martín, quien reiterada y vanamente intenta convencer a todos, mas como nada consigue, termina por conceder con su silencio que permanecerá febrero comunica todo lo acaecido al Director Supremo y dice haberlo aceptado por entender que "no estaba fuera del caso lo prevenido por la ley 24, título 1 , libro 2, de la recopilación de Indias, que ordena que las reales órdenes y provisiones puedan suspenderse siempre que de su cumplimiento se infiera escándalo o males irreparables". Pero un día antes se ha despachado desde Buenos Aires la respuesta del Director Supremo a la primera petición del Cabildo:
"Si el coronel San Martín se adviene a continuar en ese mando, lo pueda ejecutar en el concepto de que por la opinión que guardaré siempre hacia su persona soy el primero en aplaudir que el estado de su salud sea tal que lo habilite nuevamente a reasumir las fatigas del mando que antes le fueron insoportables, según sus mismas cartas, las cuales, si fuese preciso, remitiría en la ocasión a V.S. para conocimiento de esos habitantes y su tranquilidad ulterior."
El Cabildo de Mendoza se regocija y San Martín acepta continuar en el mando, si bien precisa lo siguiente:
"Pero la necesidad de reparar algún tanto mi quebrantada salud, me impele a exigir a V.S. que luego que con las próximas nieves se obstruya el paso de los Andes, cesando así el riesgo de la invasión del enemigo, pueda hacer uso de la licencia que tengo concedida por el Excmo. Supremo Director, protestando a V.S. que en el instante que se acerque el tiempo del riesgo por su allanamiento, volveré a ponerme nuevamente al frente de V.S."

Final del alvearismo
Obsesionado por la expansión del federalismo artiguista, Alvear dispone que marche a Córdoba una división del ejército de Los Olivos. El 29 de marzo parte la vanguardia al mando del coronel Ignacio Alvarez Thomas. El 3 de abril está en la posta de Fontezuelas, a 16 leguas de la capital, desde donde toma contacto con Artigas y lugar en el que detiene al secretario de Guerra y jefe de la expedición, Francisco Javier de Viana, en tanto se reciben adhesiones de guarniciones cercanas. Desde allí se da a conocer un manifiesto a los bonaerenses, documento que enjuicia la gestión de Alvear, niega obediencia a éste y postula que el pueblo elija libremente a sus gobernantes. El 12, Alvear se allana a dejar el mando político, mas no el militar, y dos días después la Asamblea acepta su renuncia y decide retornar al Poder Ejecutivo triunviro, para el que designa a San Martín, Irigoyen y Rodríguez Peña. Pero el 15 se produce un levantamiento popular, al que da apoyo el coronel Soler. El Cabildo resurge como única autoridad en la provincia. El 17, Alvear se embarca en una fragata inglesa que lo llevará al Brasil -desde donde pedirá gracia a Fernando VII y su reincorporación al ejército real- y el 18 queda disuelta la Asamblea. El 19 son elegidos 12 ciudadanos para que decidan la forma de gobierno, escojan uno provisorio hasta la reunión del Congreso General y designen, en unión con el Cabildo, una Junta de Observación llamada a dar un Estatuto Provisional. Al día siguiente, los 12 designan director provisorio de Estado a Rondeau, y por estar éste en el Norte, interino a Alvarez Thomas. El 21, la Junta de Observación, formada por 5 miembros, queda constituida. Y. por fin, dicho cuerpo da a conocer el 5 de mayo el Estatuto Provisional para la dirección y administración del Estado.
Al juzgar este intenso momento de la vida nacional, dice Antonio J. Pérez Amuchástegui: "Este cambio repentino tiene importancia, pues señala el choque ideológico entre los aspirantes al poder: el conflictivo alvearismo, ya derrocado, se quedaría en lo sucesivo conspirando; el triunfante antigüismo federalista, republicano y antibrasileño, que ya gestaba el bloque meridional de los Estados Unidos del Plata comprendiendo buena parte del Brasil; y el más o menos expectante grupo de la logia, en alguna medida desplazado pero con firme apoyo militar y buena opinión general, que coincidía con el artiguismo en la decisión de constituir el Estado, aunque prefería una solución monárquica e hispanoamericana, dejando en paz a Brasil para no desafiar a Inglaterra. A este último grupo estaba adscripto San Martín. En verdad, fue acertada la solución de elegir a Rondeau, garantía para los artiguistas e incluso para los demás, sobre todo porque, hallándose en campaña, no asumiría jamás su interinato..."

La decisión de Cuyo
Ciertamente, San Martín tiene partido tomado, aunque en todo momento haya guardado respeto a la autoridad central y emitido sólo juicios circunspectos. Pero como no se presta a luchar contra la opinión de los pueblos, negó auxilio militar al gobernador intendente de Córdoba cuando le pidió ayuda para enfrentar al avasallante federalismo que lideraba el coronel José Javier Díaz.
Al recibirse en Mendoza el manifiesto de Fontezuelas, los regidores convocan al pueblo a Cabildo Abierto, que se reúne el 21 de abril. Por aclamación, se acepta la moción del cura vicario de la ciudad, presbítero Domingo García, quien propone negar obediencia a Alvear y que no se la preste a ningún otro gobierno que no surja de la designación hecha por los diputados de todos los pueblos que componen el Estado. Como el licenciado Manuel Ignacio Molina arguye que se debe elegir nuevo gobernador de Cuyo porque el nombramiento del actual emanó de una autoridad ahora desconocida, el Cabildo pide opinión al pueblo y éste, también por aclamación, da el nombre de San Martín para que siga rigiéndolo. Finalmente, se decide comunicar lo hecho a las otras ciudades de la Intendencia. A poco este acuerdo será ratificado por San Juan y San Luis.
El 25 recibe San Martín un oficio del Cabildo de Buenos Aires para comunicarle la eliminación de Alvear y el 28 dice el Ayuntamiento local que "la destrucción del tirano gobierno de la Capital exige demostraciones de júbilo e igualmente de agradecimiento al Ser Supremo por habernos dispensado su protección para evadirnos del coloso que se había levantado para oprimir los sagrados derechos de los pueblos". En mérito a esto, le comunica que disponga para el domingo 30 se oficie en la iglesia matriz una misa solemne con Tedéum. Y en este día también delibera San Martín y los seis jefes militares de mayor jerarquía para reconocer a los directores provisorio e interino, mas condicionan su decisión a que se invite inmediatamente a los pueblos a enviar sus diputados al Congreso. Por pedido del Gobernador, los regidores convocan al pueblo para el 19 de mayo con el objeto de opinar en Cabildo Abierto acerca de las designaciones recaídas en Rondeau y Alvarez Thomas. Los reunidos deliberan y coinciden con lo convenido el día anterior por los jefes militares. En cuanto al congreso por reunirse, dice que deberá celebrarse distante del Poder Ejecutivo y de las bayonetas, a una distancia capaz de evitar la violencia de éstas y el influjo de aquél; que sin embargo de ser un dogma político el que un pueblo puede, en el momento que quiera, quitar los poderes a sus representantes en Cortes, principalmente si es notoria su mala versación, se declara al presente que podrá el de Mendoza, congregado en asamblea legal, hacerlo en cualquier caso que lo considere útil, a pesar de haberse decretado lo contrario por la asamblea últimamente disuelta; que sin embargo de ser libre el pueblo para la elección de sus representantes, a fin de prevenir los embates de la facción con que frecuentemente se ataca su libertad, se declara que éstos deben ser forzosamente patricios, sin servir de suficiente pretexto la incultura de los pueblos, con que se ha querido disfrazar hasta aquí el espíritu de partidos que ha motivado la supresión de este juicioso establecimiento.

Los diputados al Congreso
El gobierno formado en Buenos Aires enseguida comienza a perder fuerza. El Estatuto Provisional no es aceptado prácticamente por ninguna provincia en Cuyo, una Junta de Guerra presidida por San Martín decide el 3 de junio no reconocerlo "en parte alguna" por no ser "oportuno para el actual régimen de las provincias" y pronto resurgen las disidencias del porteñismo con el federalismo artiguista. Pero como queda en pie la decisión de reunir el Congreso, Cuyo está entre las primeras jurisdicciones que eligen diputados. Mendoza da su representación a Juan Agustín Maza y Tomás Godoy Cruz; San Juan, al domínico Justo de Santa María de Oro y Francisco Narciso de Laprida, y San Luis, a Juan Martín de Pueyrredón, quien hasta pocos meses antes, y desde fines de 1812, ha vivido allí como desterrado.
Godoy Cruz, que a la postre será el más joven de todos los congresistas, es síndico procurador del Cabildo, ha facilitado su casa para instalar una fábrica de pólvora y se muestra generoso para contribuir con sus bienes a los gastos militares. En el Congreso será el exponente del pensamiento sanmartiniano.

En los finales de 1815
A poco de hacerse cargo del mando, Alvarez Thomas propone a San Martín que acepte la jefatura militar de la Capital, ofrecimiento que es declinado. Al expresar su pesar por la no aceptación, el director interino escribe con el corazón: "Soy tan desnudo de amor propio, que conozco mi incapacidad para dar dirección a las operaciones militares y miraría como la más grande prueba de cariño el que Ud. Se franqueare a ello: en el momento iría la orden." San Martín sabe por qué no debe aceptar en esta ocasión y otro tanto hará meses después al solicitársele que, por segunda vez, tome el mando del ejército del Norte. La actividad de San Martín es incesante. Se vuelve a hablar de una posible invasión desde Chile para octubre. El gobernador organiza sus tropas y pide refuerzos, mas para mejor actuar delega el mando político en el Cabildo, según está dispuesto, y el militar en Manuel Corvalán. Buena parte de junio y de julio la dedica a inspeccionar los pasos cordilleranos y la campaña sureña hasta el fuerte San Carlos. Una vez más, quizá como consecuencia de tantos esfuerzos, su salud se muestra deteriorada y deben intervenir los médicos. "Estos,dice él a la superioridad, opinaron que mi existencia no podía prolongarse arriba de un año, si inmediatamente no mudaba de temperamento y seguía una vida tranquila hasta reponerme." Agrega que en los últimos tres meses para poder dormir un rato debe hacerlo sentado en una silla y que los vómitos de sangre lo debilitan mucho. Por todo ello, solicita cuatro meses de licencia. "Yo bien sé, agrega, que tal vez los díscolos o descontentos de esa capital no dejarán de esparcir la voz de que mi solicitud es hija de algún resentimiento particular. Esta consideración y la del vivo reconocimiento que tengo a V.E. por la distinción con que me ha honrado es lo que ha motivado mi demora para exponer esto mismo con más antelación. Pero ya es demasiado exigente mi necesidad, y mi vida peligra." Su pedido será rechazado el 9 de setiembre, con consideraciones harto graves:
"Si la patria exige alguna vez imperiosamente el sacrificio de la vida de un oficial, se le dice, éste precisamente es el caso fortuito en que nos hallamos atenta la crisis que por momentos se espera. Así, pues, me lisonjeo de que pesando V. S. estas razones en la recta balanza de su juicio, creerá que no está a los alcances de la autoridad del gobierno hacer por ahora lugar a su solicitud, a la que accederá gustoso en el primer momento favorable proporcionándole el intervalo de descanso a que aspira." El Gobierno estima a principios de setiembre que la situación anuncia crisis porque a la renaciente división del frente interno, se agregan los renovados anuncios de la expedición que se apresta a enviar Fernando VII. En pocos meses más todo se complicará: el 29 de noviembre, en la pampa de Sipe-Sipe, junto al macizo de Viluma, Pezuela derrotará y casi aniquilará al ejército de José Rondeau, quien ha intentado la tercera entrada en el Alto Perú. El fracaso dará razón a San Martín.
En medio de situación tan difícil, un asunto de distinto orden preocupa a los mendocinos. A mediados de noviembre se esparce la voz de que San Martín tiene dispuesto enviar a su esposa y a su hijita a Buenos Aires, y que esta decisión se debe a que su haber mensual - reducido a la mitad por propia voluntad- no le permite afrontar los gastos hogareños. El Cabildo le pide el 21 de noviembre que se suspenda el viaje y se compromete a asegurarle la percepción íntegra de su sueldo. Al día siguiente, el gobernador responde a los regidores que, ante la posibilidad de que se crea que aleja a su familia ante el temor de una invasión desde Chile, ha resuelto que el traslado no se haga. Pero se deberá suspender "todo procedimiento en materia de aumento de mi sueldo, en la inteligencia de que no será admitido por cuanto existe en la tierra".
José de San Martín continuará por un año más en el ejercicio activo de la gobernación intendencia. El 24 de setiembre de 1816, "siendo indispensable dedicar todos mis cuidados al arreglo y disciplina del ejército", delega el mando en el coronel mayor Toribio Luzuriaga, quien en este día presta el juramento de estilo en la sala capitular . En octubre siguiente, San Martín será avisado de que el Director Supremo, queriendo premiar sus distinguidos y particulares méritos, le ha concedido el empleo de capitán general de provincia.

Fuente: www.sanmartiniano.gov.ar

volver arriba

logo footer

Rodríguez Peña 356. CP : 1220. CABA. Argentina
Teléfono: 54 11 4371 6226