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El auge de la historia nacional y popular

No me detendré a refutar los conceptos del director de la carrera de Historia en la UBA pues me exime su grosería al intentar insólitamente "romper" personalmente una conferencia mía en el ámbito universitario bajo su dirección. Por otra parte sus conceptos vertidos en la entrevista publicada en este diario son por sí mismos una autodescalificación por vulgares y contradictorios.

Lo más remarcable de tan lamentable circunstancia fue la extraordinaria solidaridad hacia mi persona de los estudiantes de distintas orientaciones que habían respondido a la invitación de la agrupación peronista Megafón.
Aprovecharé en cambio este derecho a réplica que generosamente se me concede para reflexionar sobre algunos temas que hacen al Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego que me honro en presidir, disipadas ya las turbulencias que su oficialización provocó en algunos grupos de historiadores en ya franca retirada de sus dominios en la UBA y el CONICET, quienes pretendieron erigirse en representantes y "jefes" de sus colegas.

Uno de sus injuriosos dardos fue adjudicar al Instituto intencionalidades políticas ligadas al actual gobierno, como si la historia conservadora y liberal, esencialmente antiperonista que defienden, no encubriera fuertes condicionantes y propósitos políticos. Por otra parte, ¿cómo puede sorprender que sea un gobierno peronista el que dé existencia legal a una corriente inocultablemente impregnada de peronismo, siguiendo los mismos pasos formales que oficializaron a los otros institutos nacionales durante otras presidencias?

El revisionismo popular de antaño, también FORJA, fueron preperonistas; sus principales fuentes doctrinarias, lecturas frecuentes de Perón, y luego del 17 de octubre muchos de sus integrantes, aquellos que como Pepe Rosa, Jauretche o Scalabrini, estaban comprometidos con los intereses de sectores medios y proletarios, se incorporaron al peronismo. Tampoco es ajeno el hecho de que la presidenta de la Nación, doctora Cristina Fernández de Kirchner, militante desde su adolescencia, conozca la historia abrevada en los textos revisionistas que nutrían la ideología de la resistencia peronista durante las reiteradas dictaduras cívico- militares. Su orientación es clara: un retrato de Juan Manuel de Rosas cuelga por fin en la Casa de Gobierno, Juana Azurduy y Felipe Varela ascendidos al generalato, la Vuelta de Obligado y la Guerra del Paraná rescatadas de la sombra a que fueron condenadas durante demasiado tiempo por la Vuelta de Obligado.

La que se perpetúa hasta hoy en corrientes todavía dominantes, cambiando de collares, incorporando tecnologías novedosas, pero sin resignar un ápice su representatividad de los intereses dominantes, elitistas, aliados a los poderes ajenos, en el campo historiográfico. Que habían tenido éxito en marginar y acallar, hasta hoy, a las tendencias al servicio de lo nacional, popular, federalista, iberoamericano, democrático, que nunca se rindieron en la batalla cultural, a pesar de su inferioridad de condiciones que les coartó la difusión de sus ideas y principios.

Se nos reprocha que no pocos de los integrantes del Dorrego no somos historiadores formados en aulas universitarias. Ello no se debe a que padezcamos de alguna disminución intelectual sino que es una decisión personal crítica hacia lo que significa la enseñanza académica de la Historia entre nosotros.

Pero es además una imputación falsa pues hay entre nosotros también destacados historiadores egresados de instituciones universitarias, doctorados en la UBA e investigadores del CONICET, como Alberto Lettieri, Martín Cuesta, Fernando del Corro, quienes dirigen en nuestro Instituto investigaciones de las que participa otra veintena de colegas graduados. También historiadores reconocidos como tales por su trayectoria como Hugo Chumbita, Pablo Vázquez, Francisco Pestanha, y otros ocupan cátedras en las universidades de La Matanza, Lanús, Lomas de Zamora, etcétera.

Por mi parte, egresé del colegio secundario en 1953, cuando la Historia no estaba en el panorama de elección de carrera. Además, no es la Historia mi única vocación por lo que me gradué como médico para ser psicoanalista (eran tiempos en que los psicólogos aún no habían hecho valer sus derechos), y desarrollo todavía hoy una intensa actividad como escritor y dramaturgo. Ello no ha sido óbice para ser habilitado por las autoridades competentes para ejercer como director del Departamento de Historia de la UCES, donde nunca he sido ni seré descortés con algún invitado por las autoridades o por los cursantes.

El espectro se amplía aun más pues es convicción nuestra que la Historia, dada su complejidad y alcance, no le compete sólo a historiadores. Por eso, entre nuestros miembros hay politólogos, sociólogos, periodistas.
En un artículo en este medio, Alberto Lettieri, Miembro del Dorrego, doctor en Historia e investigador principal del CONICET, explicaba el proceso de alienación de la enseñanza universitaria de la Historia argentina: "En 1929 Lucien Febvre fundó la revista Annales con el objetivo de oponer a la historia positivista y tradicional, basada en el método positivista y las fuentes escritas como documento exclusivo, una nueva concepción historiográfica: la historia 'viva' o 'total', que impugnaba la parcelización del conocimiento y convertía a toda la vida humana en objeto de la disciplina histórica." En la nueva historia que proponía Febvre, individuos, grupos sociales, piedras, caminos, topónimos, notas privadas, arquitectura, iconografía, etc., se constituyen en los nuevos documentos a ser tenidos en cuenta por el historiador. Sólo bastaba que se les supiera hacer hablar, formulándoles las preguntas adecuadas. De este modo, el campo de la historia se convertía en infinito, así como también sus documentos o las posibilidades de colaboración con otras disciplinas. Planteo de hipótesis, trabajo en equipo, sólida formación de un historiador para dar respuesta a la demanda social de las clases educadas, que exigían comprender el presente a través del pasado, y el pasado a través del presente (…) Sin embargo, ese proceso de reformulación del paradigma historiográfico tenía un límite muy estricto. En efecto, Febvre pretendía vaciar a la tarea del historiador de su contenido "ideológico". De este modo, las construcciones conceptuales de mediano y largo plazo eran objetadas por su "dogmatismo", al tiempo que se cuestionaba también la influencia de la ideología en las acciones sociales colectivas. Por otra parte, al demandar una formación de excelencia para los historiadores, los divulgadores eran descalificados por Febvre a causa de su "diletantismo" y escasa rigurosidad analítica (…) Naturalmente, tras esa pretendida historia total vaciada de ideología, se ocultaba un contenido ideológico elemental, que presentaba al statu quo no como una construcción política y social que implicaba un cierto reparto desigual de poder y de bienes materiales y culturales, sino como el resultado presuntamente "natural" del devenir histórico (…) Para Febvre, la historia debía ser una disciplina al servicio de las clases educadas y propietarias, y los interrogantes y explicaciones ofrecidas debían dar respuestas a sus inquietudes y a sus temores (…) La mirada de Febvre y de la Escuela de los Anales influyó de manera determinante en los cultores de una vertiente de la historia social que se cultivó en nuestro país, sobre todo a partir de principios de la década de 1980, y que vulgarmente se ha denominado como "romerismo". Esta novedosa empresa no sólo pretendió explicar la historia argentina prescindiendo del peronismo, sino también instalando una versión pretendidamente profesionalista y academicista que mantuvo las grandes líneas interpretativas del vetusto mitrismo, autoasignándose el monopolio en la fijación del paradigma historiográfico. Para esto, debió asegurarse de controlar los principales espacios de poder en la UBA, el CONICET, los ministerios y secretarías de Educación, y una amplia franja del mercado editorial, obteniendo tales objetivos de manera fulminante, de la mano del naciente alfonsinismo.

"De este modo, en base a una supuesta competencia académica y el control impuesto sobre la disciplina histórica, el 'romerismo' contrapuso prácticas autoritarias hacia el interior de la corporación a su discurso presuntamente democrático y pluralista. Asimismo, ideologizó la ciencia pretendiendo prescindir de la ideología en sus explicaciones, al sostener que sus argumentos se sustentaban en rigurosos fundamentos científicos y metodológicos y una impoluta excelencia académica."

Las consecuencias de la irrupción de nuestra corriente nacional, popular y federalista han sido mucho mayores a las previstas. Su marcha es hoy venturosa, reclamados por casi todas las provincias y muchas de sus ciudades para el dictado de conferencias o seminarios, comprometidas con la necesidad de deconstruir la historia porteñista, oligárquica y elitista, y a cambio profundizar la versión que acompañe el proceso de recuperación nacional y popular. Están reescribiendo sus propias historias y definiendo sus verdaderos próceres, aquellos que se enfrentaron, en defensa de los intereses populares y provinciales, íntimamente relacionados, al despotismo de la oligarquía portuaria y sus delegados provinciales: Bustos en Córdoba, Andresito en el noreste, Artigas en Entre Ríos, la revalorización como revolucionario jefe popular de un Güemes condenado hasta hoy a ser sólo el "gaucho defensor de frontera norte".

La batalla contra quienes reaccionaron desmesuradamente ante nuestra oficialización está ya ganada en la gente, que elige leer, mirar o escuchar los libros, los programas de radio y televisión de los nuestros, de Felipe Pigna, de Hernán Brienza, de Araceli Bellota, de Hugo Chumbita, también los míos, en vez de las producciones de Luis Alberto Romero, Hilda Sábato, Privitello, quienes, en su intención de hacer de la historia un feudo de elitismos y de privilegios, han quedado desconectados de la ciudadanía.

Los estudiantes peronistas del Peronismo Militante de la UBA nucleados en Megafón, los organizadores de mi presentación en la calle Puán, expresaron en su comunicado: "Citando a Jauretche, la historia es la política de la historia y predicar lo contrario es un acto que esconde intencionalidades también políticas. La apelación a estereotipos de historiadores pretendidamente inocuos, esconde aviesas intenciones políticas que están ligadas a la defensa de los privilegios de minorías en detrimento de los derechos a las mayorías. Creemos que es el fin del proceso emancipatorio que vivimos hoy, lo que se pretende al negar o cuestionar los hechos de nuestra historia develados por aquellas corrientes historiográficas que no tienen lugar en la universidad."

"La distancia de los historiadores 'profesionales' con el pueblo debe ser tomada como una carencia y una deuda de la universidad para con su país. Y es esta vacante la que viene a cubrir el Instituto Dorrego, dado que sin divulgadores la historia se constituye propiedad de unos pocos que mediante la falsificación desfiguran el pasado, para privarnos de la experiencia, sabiduría madre del proceso de liberación, y para impedirnos que como Pueblo alcancemos la técnica, la aptitud para concebir y realizar la Política Nacional".

Aciertan los del Peronismo Militante en que la denigración de los "divulgadores" cuestiona la decisión de compartir el conocimiento histórico con el pueblo, sacarlo del dominio de unos pocos, evitar que la Historia sea una más de las posesiones de los propietarios, de quienes detentan los instrumentos del poder social, político y económico. Es, ni más ni menos, que la disputa entre poderosos y mayorías en el campo cultural.

Si bien reivindicamos el término "revisionismo", lo hacemos en homenaje a nuestros antecesores, desde Alberdi ("Sarmiento y Mitre han instalado un despotismo turco en la interpretación de nuestra historia") hasta quien fuera Miembro de Honor de nuestro Instituto, Eduardo Luis Duhalde, pasando por Saldías, los Irazusta, Pepe Rosa, Jauretche, Scalabrini Ortiz, Jorge Abelardo Ramos, Hernández Arregui, Fermín Chávez, Ortega Peña y otros, nuestros antepasados doctrinarios. Pero los de hoy no somos revisionistas en el sentido que nuestra función y razón de ser va más allá de "revisar" la historia mitrista disfrazada por la inteligencia de un Halperín Donghi, sino que somos una corriente historiográfica que ha ya constituido su propia identidad doctrinaria e ideológica. De allí la publicación de La otra Historia (Ediciones Ariel/Planeta) en la que dieciséis miembros del Dorrego hemos querido dar cuenta de nuestra visón historiográfica desde los sectores populares, recuperando lo negado por la versión supuestamente "natural", "aideológica", la del pensamiento único a partir de Pavón, la de los sectores dominantes, conservadores, liberales y autoritarios, que así encadenaron nuestra disciplina a su construcción de poder.

Rescatando el papel de los excluidos, de las mujeres, de los proletarios, de los pueblos originarios. Porque para nosotros los hechos históricos no son consecuencia exclusiva de la participación de los "grandes hombres" sino que son el resultado de movimientos sociales en los que dichos sectores no ingenuamente "obviados" son casi siempre protagonistas antipoder. Ni siquiera la Revolución de Mayo puede ser explicada sin el reconocimiento del papel de los "infernales", el grupo de choque de French y Beruti, la chusma alborotadora y armada, o el de las milicias criollas, constituidas cuando las armas, entre las dos invasiones inglesas, pasaron a manos del pueblo. ¿Acaso Saavedra no era un humilde vendedor de vajilla, French un cartero y Beruti un administrativo virreinal? ¿No habrán sido más importantes en Mayo los antecedentes de las insurrecciones indígenas contra la colonización hispánica (Tupak Katari, Juan Calchaquí, Juan Viltipoco y otros) que las ideas afrancesadas conocidas sólo por un grupo de criollos "decentes"?

Es mucho lo queda por hacer todavía, principalmente la modificación de los programas de escuelas, colegios y universidades, donde aún impera la historia disfrazadora y alienante. Aunque lo cierto es que ese cambio se ha ido ya dando desde adentro, desde profesores y alumnos que no aceptan que se les pretenda imponer ese aparato ideológico en desmedro de los intereses nacionales y populares. Pero lo cierto es que la capilla que pretende descarrilarnos sigue disponiendo de mucho poder en lo universitario y lo académico porque la renovación sólo podrá darse gradualmente con la convocatoria a concursos trasparentes y también porque aún no hay suficientes historiadores formados en nuestra escuela que puedan disputar todas las cátedras y becas. Por eso seguirán siendo válidas las formaciones por fuera de ellas, basadas en el estudio, la dedicación y, sobre todo, la comprensión de que, como lo señalara George Winter: "La historia es la política del pasado y la política es la historia del presente."

Los "dueños" de la historia que nos cuestionaron con un énfasis que llegó a la ridiculez, lo hicieron con infundios y con el apoyo de la prensa más difundida. Intentaron y en alguna medida lo lograron, ayudados por errores nuestros producidos en el fragor de una contienda tan lejana al debate, convencer que nosotros estábamos en contra de la formación universitaria en el conocimiento de la Historia. Nada más falso. Tengo y tenemos un gran respeto por aquellos que han elegido formarse sin atarse al "romerismo", decisión difícil pues era y es poner en riesgo la profesionalización, el acceso a becas, viajes, cátedras, empleos, subsidios, etcétera. Los tenemos en nuestro Instituto y siempre hay y habrá lugar para ellos. No ignoramos que entre los adeptos a la Historia Social hay muchos, pensamos que la mayoría, que profesan una visión nacional, popular y federalista de la política y de nuestra disciplina. Sólo falta converger, encontrarnos, aunque persistan las diferencias que servirán para enriquecernos en la discusión civilizada. Sin directores de carrera que se propongan "romper" en persona la exposición de alguien con quien no están de acuerdo. 

Publicado en Tiempo Argentino, domingo 16 de septiembre de 2012: http://tiempo.infonews.com/2012/09/16/cultura-85991-el-auge-de-la-historia-nacional-y-popular.php

“Tonelero fue muy especial en la estrategia patriota”

e sep pachoramalloMario “Pacho” O´Donnell estuvo en Ramallo el viernes para participar de la 7º edición de la feria del libro y disertar sobre La Guerra del Paraná. Sobre esa guerra y la batalla en Tonelero dijo: “es tan importante como Obligado, ahora la tarea que tienen los ramallenses por delante es ponerlo en valor, contarle a la Argentina y al mundo la importancia que ha tenido Tonelero”.

En la tarde del viernes estuvo en Ramallo participando de la primera jornada de la VII Feria del Libro Distrital, el historiador Mario “Pacho” O´Donnell. El intelectual disertó sobre “La Guerra del Paraná” ante un público variado en la sala azul de la Sociedad Italiana de Ramallo. Antes de llegar a la Feria, cerca de las 17:30hs O´Donnell llegó a Ramallo y se alojó en un conocido hotel de la zona de costa donde recibió a los medios de comunicación y ofreció una distendida conferencia de prensa.

Mario O'Donnell, es escritor, político, médico especializado en psiquiatría y psicoanálisis e historiador argentino. Con la recuperación democrática argentina en 1983, y luego de haber regresado de su exilio en España, fue designado Secretario de Cultura de la ciudad de Buenos Aires bajo un gobierno radical. A nivel nacional, durante gobiernos peronistas fue Senador Nacional, Secretario de Cultura de la Nación y embajador en Bolivia y Panamá. El año pasado fue designado por la presidente Cristina Fernández de Kirchner como presidente del Instituto Nacional del Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano “Manuel Dorrego”.
En su obra literaria se pueden mencionar títulos que fueron éxitos de ventas y crítica en la literatura con "Copsi", "La seducción de la hija del portero", "El tigrecito de Mompracen", "Las hormigas de Chaplín", "Doña Leonor los rusos y los yanquis".

Su producción historiográfica puede ser considerada dentro del neorrevisionismo, con la propuesta de iluminar aspectos ocultos de la historia oficial. Dentro de la serie "La historia argentina que no nos contaron" publicó "El grito sagrado", "El águila guerrera", "El Rey Blanco", “Juan Manuel de Rosas, el maldito de nuestra historia oficial”, “El Che”, “Los héroes malditos”, “Historia confidencial, con José Ignacio García Hamilton y Felipe Pigna”, "Caudillos federales", “La sociedad de los miedos”, “Historias Argentinas: De la conquista al Proceso”, “La gran epopeya”, y su trabajo más actual “Artigas, la versión popular de la Revolución de Mayo”.

O´Donnell, acompañado por el secretario de desarrollo local, Hugo Bellocchio y la Directora del Museo Municipal, Museóloga Elsa Machado, O´Donell se mostró muy satisfecho de estar en Ramallo y comenzó la conferencia diciendo: “vengo con mucho interés, con la sensación de que es bueno estar acá porque hay algo muy importante para hacer. La reivindicación que se hizo del combate de la Vuelta de Obligado, en la cual algo hemos tenido que ver con nuestro libro “La Gran Epopeya”, que además fue escrito con un proceso que llevamos adelante nuestro grupo junto a la Presidente de la Nación, ahora hay que seguirla para que Vuelta de Obligado, no se “coma” por llamarlo de alguna manera, lo que ha sido la Guerra del Paraná. Porque no se trató solo de la lucha en Obligado, que es lo que hemos podido reivindicar hasta ahora, sino que la derrota de la Invasión Anglo-francesa se produce a lo largo de la Guerra del Paraná, donde Tonelero fue un lugar muy importante como también San Lorenzo, hay una serie de lugares que fueron demoliendo a la armada Anglo-Francesa hasta obligarla a la rendición, pero fue una guerra que se desarrolló a lo largo del Paraná, de ida y de vuelta por eso tenemos que empezar a imponer la frase Guerra del Paraná”.

Batallas de Tonelero

Más adelante, el historiador se refirió a lo que fueron las batallas en Tonelero que se produjeron en enero de 1846 y diciembre de 1851, sobre las que dijo: “Tonelero es tan importante como Obligado, como San Lorenzo, como todos los lugares donde se combatió. Diría que una tarea que tienen los ramallenses por delante es poner en valor Tonelero, contarle a la Argentina y al mundo la importancia que ha tenido, que ha sido tan grande o quizás mayor que lo de Obligado. La batalla de Vuelta de Obligado fue una derrota, un primer combate de una guerra triunfante en cambio Tonelero de ida y de vuelta fue uno de los peores momentos para la invasión Anglo-francesa. Eso está claro e incluso yo traigo algunos documentos del diario de uno de los jefes ingleses que invadieron en los que queda muy claro la importancia que ha tenido Tonelero. Fue un lugar donde originariamente iban a estar las tres cadenas y eso muestra la importancia que ha tenido Tonelero dentro de la estrategia de Rosas y Mansilla. Ocurrió que hubo una gran tormenta y entonces se decidió que mejor era colocarlas en Obligado pero eso fue a último momento. Tonelero fue una pieza muy especial en toda la estrategia patriota. Ahora depende de ustedes, de lo que podamos hacer juntos para poner en superficie, para hacer que Tonelero se conozca. Creo que esto tiene que transformarse en una corriente de atracción turística, a eso que hemos hecho en Obligado, al Monumento lo está visitando muchísima gente porque ahí hay una mística y creo que Tonelero tiene que ser también un lugar que la gente pueda visitar, podría ser perfectamente un paseo de domingo pero para ello hay que arreglar las cosas, buscar los cañones sumergidos y armar un lugar de conmemoración” dijo.

Autor: De la redacción de EL NORTE

La gran epopeya. El combate de la Vuelta de Obligado

No se puede construir un país verdadero sobre una historia falsificada.

vuelta de obligado“La gran epopeya. El combate de la Vuelta de Obligado” es el nuevo título de este reconocido psiquiatra, psicoanalista, dramaturgo, historiador y figura descollante de la intelectualidad argentina. Aquí, una charla en la que Pacho habla sobre las fisuras de la historia oficial, la soberanía y el significado profundo de la gesta de 1845.

"La gran epopeya. El combate de la Vuelta de Obligado” es la obra más reciente de este consagrado psiquiatra, psicoanalista, dramaturgo, historiador y figura descollante de la intelectualidad argentina. En esta nueva producción, Pacho O’Donnell aborda un episodio de nuestra historia habitualmente escamoteado por la historiografía oficial: la heroica defensa argentina contra el asedio de las tropas francesas e inglesas en el río Paraná hacia 1845.

Acontecimiento que, dicho sea de paso, ha sido incorporado recientemente por el Gobierno nacional al calendario de feriados nacionales como Día de la Soberanía el próximo 20 de noviembre.

-¿Qué lo decidió a encarar esta investigación sobre el episodio de la Vuelta de Obligado?

-Es que este acontecimiento es el punto clave, emblemático, de la diferencia entre la historia oficial y la historia revisionista

Dentro del espíritu estratégico con que los vencedores de las guerras civiles escribieron nuestra historia, uno de los aspectos más evidentes de su tendenciosidad es ocultar el hito de una epopeya tan extraordinaria como fue la resistencia argentina en 1845 al ataque combinado de las dos potencias más grandes del mundo (económica, políticamente y bélicamente), Inglaterra y Francia.

Es como si hoy nos atacaran EEUU e Inglaterra. El ocultamiento se debió a que los que escribieron la historia, los unitarios, estaban de acuerdo con la invasión europea con tal de despojar a Rosas del poder. Ellos eran capaces de cualquier acción, inclusive éstas claramente antipatrióticas. Los unitarios exiliados en Montevideo y otros lugares ayudaron a organizar la invasión.

En alguna manera articularon la alianza abierta de Inglaterra y Francia y la más oculta de Brasil. Y además les dieron el pretexto porque, usted sabe, las agresiones imperiales siempre tienen que presentarse con una faceta humanitaria.

Y en este caso el pretexto de que se sirvieron fue la idea de que estas tropas imperiales venían a ayudar a un sector de argentinos que se oponía a una tiranía supuestamente sangrienta. Así que cuando se sentaron a escribir la historia siempre disimularon los detalles de esta gesta, entre otras cosas porque tendrían que haber elogiado a Juan Manuel de Rosas, y eso estaba fuera de toda posibilidad para ellos.

-Es una tentación comentar que lo ocurrido con la Vuelta de Obligado se parece demasiado a situaciones de la Argentina reciente...

-La buena historia siempre tiene que ver con el presente, la buena historia nunca es pasado.

Yo, el mejor elogio que recibí en mi vida lo tuve una vez que estaba haciendo la cola de un banco y vino un señor y me dijo: "Gracias a sus libros puedo leer mejor el diario todas las mañanas". Eso es el sentido último de tratar de escribir una historia veraz. Y si se les enseñara a los chicos en los colegios una historia más verdadera que la que normalmente se enseña, eso les serviría para entender mejor lo que pasa hoy.

-Sin embargo, previa a su libro, hay una historiografía que también reivindica este acontecimiento...

-Por supuesto. Está la escuela revisionista, que de alguna manera inicia Saldías cuando escribe una buena historia sobre Juan Manuel de Rosas, tratándose de un hombre que pertenecía a la alta sociedad porteña y del que se podía esperar una visión denigratoria de Rosas.

Pero Saldías indagó profundamente, entrevistó a gente que había estado a favor y en contra del caudillo, consultó las gacetas de la época, fue a Southampton y Manuelita le permitió acceder al archivo de Rosas…

Y entonces escribió una historia sorprendentemente ecuánime, que en lugar de llamarse “Historia de un tirano sangriento” se llamó “Historia de la Confederación Argentina”, lo cual le valió el repudio de sus pares y cierto aislamiento. Otra columna vertebral del revisionismo histórico es José María Rosa, con su maravillosa Historia Argentina, en varios tomos. Hace poco murió otro revisionista de fuste, que fue Fermín Chávez...

-Es la bibliografía a la que usted ha recurrido para encarar este libro...

-Bueno... Yo he apelado a mucha de esta bibliografía pero también he hecho investigación de archivos y documentos. O sea ha sido un trabajo de investigación de varios años.

-¿Cuántos?

-Y, más o menos unos tres años... Y fíjese que en este momento coincide con que la Presidenta de la Nación –quien, más allá de la opinión que le merezca a cada uno, es una persona culta y muy interesada por la historia, y además tiene una orientación revisionista-, ha hecho este gesto -para mí importantísimo- de declarar feriado nacional el 20 de noviembre, fecha en que se conmemora el combate de la Vuelta de Obligado.

Y además se está instalando un monumento importante en las barrancas del Paraná, donde estuvieron las baterías patriotas. San Martín fue un gran admirador del combate de la Vuelta de Obligado y de la defensa de Rosas.

Dijo que tenía la misma importancia que las luchas por la independencia que él había protagonizado. No olvidemos, además, que San Martín legó su sable a Rosas por la defensa de la soberanía ante las potencias que pretendieron humillar a nuestra patria.

-El tema de la soberanía es sin duda uno de nuestros temas conflictivos...

-Bueno, lo que pasa es que las grandes potencias de cada momento -España durante nuestra colonia, Inglaterra después de Mayo, luego Estados Unidos, actualmente los grandes fondos financieros- automáticamente son expansivas, tienen el reflejo de la dominación sobre los países más débiles.

En ese sentido han ido cambiando los mecanismos de dominación. En una época fue la ocupación territorial, como lo que intentó Inglaterra en 1806-07; luego, con el venal empréstito Baring, contraído por Rivadavia, ya los ingleses no tratan de ocupar nuestro territorio sino que su objetivo es dominar a través del control de nuestras finanzas.

Se van volviendo más sutiles los mecanismos de dominación y podría decirse que hoy, a nivel global, tienen que ver con formas de control de nuestro deseo. Hacernos desear, por ejemplo, el consumo de cosas que no necesitamos, despertarnos una especie de gula consumista que está al servicio del sistema dominante.

-Habría que agregar que el término soberanía ha sido utilizado muchas veces por esos poderes de un modo tramposo...

-Un mecanismo de la dominación es la apropiación de los significados de las palabras. Como usted dice, palabras como soberanía, democracia o libertad han sido vaciadas de contenido.

Entonces, finalmente, no se sabe muy bien qué es lo que designan. Y pueden estar designando lo contrario a lo que esencialmente significaban...

-Está el ejemplo trágico de la Guerra de Malvinas...

-Claro. Pero también ahí se vio realmente que el pueblo tiene una glándula patriótica. O sea que, aunque esté disimulado y aunque haya poderes que tratan de no estimularlo, cuando llega el momento los argentinos y argentinas somos capaces de desarrollar heroísmos muy grandes a partir de un sentimiento patriótico que fluye.

Y eso fue lo que pasó en el combate de la Vuelta de Obligado, ya que las potencias de ninguna manera esperaban que hubiera resistencia. Venían de conquistar China y con las armas más modernas de su tiempo; en cambio Argentina estaba prácticamente desarmada porque tenía un armamento muy antiguo, y además había sufrido lo que siempre sufren los países que van a ser invadidos, el bloqueo armamentista.

O sea, bastante tiempo antes se les había prohibido a todos los países venderle armas a la Argentina. Sin embargo, se despertó esa glándula patriótica y se armó una defensa extraordinariamente heroica y astuta. Usted sabe que Obligado se elige porque ahí el río Paraná hace como una "S" y entonces los buques invasores iban a demorar al tener que hacer la maniobra para sortear el repliegue. Y por otra parte, el Paraná se angosta a 700 metros.

Entonces se aprovechó esa distancia para tender tres cadenas de eslabones muy gruesos sabiendo que no iban a frenar a estos buques tan bien armados, pero sí que los iban a demorar lo suficiente como para poder bombardearlos mejor.

Es decir que hubo un sentimiento patriótico extraordinario, porque fue una defensa gaucha. Los combatientes eran voluntarios, los artilleros hubo que improvisarlos, pero predominó el coraje y la convicción de que había que defender a la patria.

Por eso es ominoso el hecho de que se haya ocultado este acontecimiento de la historia argentina.

Porque a los argentinos -que tenemos tanta tendencia a la autodenigración, a decir que somos peores que los de afuera, que somos peores a los de antes-, saber que hemos sido capaces de epopeyas como cruzar los Andes o vencer a las potencias del momento en el combate de la Vuelta de Obligado, es algo que nos da confianza sobre nosotros mismos.

Nos muestra que, ante situaciones muy difíciles, hemos sido capaces de salir adelante, como por ejemplo cuando nos sacamos de encima a la última dictadura.

-Le reformulo una pregunta que le hice al principio... ¿cuáles son los puntos de contacto entre los acontecimientos de la Vuelta de Obligado y lo que esta ocurriendo en la actualidad en nuestro país?

-El combate de la Vuelta de Obligado es la metáfora a cañonazos de un conflicto que recorre toda la historia argentina. Es la alianza de los sectores del poder, de los sectores oligárquicos, con los intereses de las potencias extranjeras.

En aquella ocasión fue la alianza entre los unitarios, que representaban a la oligarquía librecambista del puerto de Buenos Aires con las potencias Inglaterra y Francia, en conflicto con los intereses de las mayorías que en algunos momentos de la historia pudieron organizarse detrás de líderes que atendieron a los intereses de los sectores populares...

-Y si hablamos de América Latina...

-Creo que en este momento, más que a lo largo de toda la historia, se ha llegado a una amistad, a una conjunción absolutamente inédita entre los países de América Latina. Y en ese sentido ha sido muy significativa la presencia de todos los presidentes latinoamericanos en el velatorio de Kirchner.

O sea que vemos una articulación nueva, que seguramente tiene que ver con el hecho de que mientras Europa y EEUU atraviesan crisis muy grandes, los países suramericanos aparecen en mejor posición.

-Podemos decir entonces que es usted muy optimista...

-Yo soy un optimista, un optimista con respecto al futuro de la Argentina. Quienes hemos estudiado el combate de la Vuelta de Obligado no podemos dejar de ser optimistas, porque un pueblo que fue capaz de semejante epopeya... Argentina también pudo remontar la terrible crisis de 2001 sin ninguna ayuda exterior. Y nos hemos recuperado poniéndole el pecho a la crisis. A diferencia de los países europeos, como está pasando ahora con Grecia...

La Gran Epopeya. El combate de la Vuelta de Obligado

La mañana del 20 de noviembre de 1845, una escuadra confor­mada por naves francesas y británicas que remontaba el río Pa­raná invadiendo el territorio en busca de nuevos mercados, fue enfrentada por un puñado de criollos decididos a rechazar la prepoten­cia expansionista. Tropas improvisadas, con escaso y antiguo armamen­to, pero llenas de coraje y determinación, iniciaron una resistencia que terminó por hacer fracasar el plan político y económico de esas poten­cias, las más importantes de la época.

La historia oficial soslayó esa “Guerra del Paraná”, y Pacho O’Donnell la revela en esta obra, fruto de tres años de intensa investigación. La gran epopeya es el relato veraz de esa defensa heroica, llevada a cabo con una estrategia lúcida y sagaz que culminó, tiempo después, en la capitulación de ambas potencias, aceptando las condiciones impuestas por la Argentina.

Es legítimo afirmar que el combate de la Vuelta de Obligado es una de las dos mayores epopeyas militares de nuestra patria naciente –junto con el cruce de los Andes–, al punto que San Martín lo definió como “una segunda guerra de la Independencia”.

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