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COSIÓ LA BANDERA PARA BELGRANO PERO LA HISTORIA LA OLVIDÓ

María Catalina Echavarría de Vidal no figura en los manuales. Según Pacho O’Donnel, “porque era de origen humilde, y la historia oficial es clasista y elitista”. La contracara de Mariquita Sánchez de Thompson.

¿Quién conoce a María Catalina Echavarría de Vidal? ¿Quién actuó de María Catalina en un acto escolar? Nadie. O casi nadie. “Esta dignísima señora fue la persona que cosió la bandera a orillas del río Paraná. Ella era una humilde modista de Capilla del Rosario del Pago de los Arroyos, que hoy es Rosario, y confeccionó la primera bandera que izó Manuel Belgrano”, relata Pacho O’Donnell, el escritor que rescató a María en su libro El grito sagrado.

La trama de la historia de la bandera fue olvidada en la costura de la historiografía argentina. Pero no fue una puntada sin hilo. “La historia oficial es elitista, clasista y machista. No hay una interpretación de los sucesos a partir de los movimientos sociales sino sólo por la decisión de los grandes hombres. Los sectores populares están extirpados de la valoración de la historia”, opina O’Donnell.

El escritor también rescata el coraje de la costurera que no sólo zurció tela celeste y blanca, sino que también se atrevió a clavar su aguja en la formación de un símbolo de rebeldía frente a España. “La bandera que cosió María Catalina Echavarría de Vidal generó mucho rechazo en Bernardino Rivadavia (secretario del triunvirato de Buenos Aires), que le ordenó a Belgrano quemarla o enterrarla. Rivadavia siempre fue dócil a la política exterior británica que no quería que las colonias manifestaran sus deseos de independizarse. Si bien Belgrano debe haber buscado alguna modista para que confeccione la bandera, ella no asumió una responsabilidad menor. María Catalina tuvo un espíritu patriótico porque coser la bandera implicaba un compromiso. Olvidarse de la trascendencia de su personalidad es una demostración de cómo se despreció en la construcción de la argentinidad a la mujer humilde”.

Los manuales escolares escondieron el tejido social para aleccionar sólo sobre los próceres de mármol. Pero, según O’Donnell, en el rescate moderno de las heroínas olvidadas, otra vez, la lupa fue puesta según la altura de la peineta. “La historia recuerda con mucha pompa que Mariquita Sánchez de Thompson le prestó su piano a Blas Pareda y Vicente López y Planes mientras que olvida a otro personaje muy recordable como la mujer que cosió la primera bandera que izó Belgrano”, compara O’Donnell.

Pero la historiadora Ema Cibotti, presidenta de la Fundación Mujeres en Igualdad y autora del libro Sin espejismos, disiente en la idea de que Mariquita Sánchez de Thompson fue inflada por el revisionismo histórico. “Mariquita se merece el recuerdo porque tuvo varias virtudes: fue una mujer de su época que acompañó el proceso de la reforma y fue una de las fundadoras de la Sociedad de Beneficencia -que tenía por objeto gestionar la educación de las niñas huérfanas- que sacó a la mujer de la misa diaria y los quehaceres domésticos y la transformó en una actora pública. Para esa época, fue un hecho revolucionario”, valoriza.

Más allá de la disputa Thompson-Vidal, la valorización de la creadora de la bandera hoy toma más fuerza que nunca. La enseña enarbolada en medio de disputas (incluso por quien hace más bandera) es jurada y prometida, es repartida como marketing por la calle y es flameada en nombre de la patria por distintas patrias argentinas. Pero la bandera tironeada, antes, mucho antes, fue cosida por una mujer invisibilizada por las imágenes y las letras de la época e incluso por los cazadores de historia de mujeres olvidadas que protagonizaron el boom de la novela histórica en los noventa.

Pero no fue la única costurera. Aunque otras cometieron exceso de glamour (sí, glamour patrio). “La bandera era un asunto de mujeres pero no era una tarea fácil porque el celeste era un color difícil de conseguir en esa época. Hay una anécdota graciosa de San Martín, que les ordenó a las damas mendocinas deshacer una bandera que habían hecho con seda azul y cambiarla por sarga celeste (una tela más gruesa, más resistente y rústica) para respetar el color dispuesto por Belgrano. Pero las damas mendocinas se horrorizaron por la orden del cambio de tela”, cuenta Cibotti.

María Catalina debería ser renombrada como la costurera que dio el buen paso. Pero no es la única. Incluso la figura de Juana Azurduy todavía tiene que codear a otros héroes en bronce (o, más constante y sonante, en billetes) para ocupar el lugar que le corresponde en la formación de la argentinidad. “Para la historia oficial, las mujeres sólo donaban alhajas o tocaban el piano y lo más importante era esperar el marido. Pero Juana demuestra que muchas mujeres pusieron el cuerpo”, relata O’Donnell. No sólo el cuerpo en la guerra. También las manos en las agujas, como María Catalina, la zurcidora de la patria.

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