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“EL REVISIONISMO SURGE DE LAS ENTRAÑAS DE NUESTRO PASADO Y DE NUESTRA CULTURA”

Entrevista realizada por Alberto Lettieri a Luis Launay, para el suplemento Claves de la Historia - Miradas al Sur.

Luis Launay es flamante vicepresidente en ejercicio de la Presidencia del Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego. Peronista de larga militancia y compromiso con el campo nacional y popular, combina esa condición con una curiosidad inagotable por los momentos clave de nuestra historia para la reafirmación de la soberanía nacional y por los íconos y manifestaciones de las creencias de los sectores populares. En su despacho nos concedió la primera entrevista en su nueva función.

–¿Qué importancia le asignás al hecho de la Vuelta de Obligado en la construcción del proceso nacional de la República Argentina?

–La Vuelta de Obligado –citando a Pacho O’Donnell– es uno de los grandes hechos de nuestra historia, y el más trascendente después de producido Cruce de los Andes. La Vuelta de Obligado es sinónimo de soberanía nacional y, sobre todo, de que “sí se puede”. Permite echar luz sobre quién es quién dentro de nuestra sociedad. De un lado, los unitarios que mendigaron la intervención en las cancillerías europeas, y que organizaron fuerzas militares cipayas –en 1837 Lavalle, asesino de Dorrego; en los 40 el Manco Paz–. Del otro, los que reiteraron su compromiso con la construcción de la Patria, en el marco de la Confederación. Dos modelos de país, que recorren nuestra historia: la Argentina colonia, disgregada, saqueada; del otro la Argentina soberana, potente económicamente y americana.

–La Vuelta de Obligado está muy ligada a tu vida, a tu militancia...

–Cuando yo tenía 14 años aparecían carteles firmados por ejemplo por Tacuara o Juventud Peronista, que decían que el 20 de noviembre era soberanía nacional. Ahí comenzó mi militancia: con el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara y con la Juventud Revolucionaria Peronista. Ambas corrientes coincidían en la línea nacionalista: San Martín, Rosas, Perón. Eso es natural, en la Guerra del Paraná terminan de consolidarse los dos proyectos de país: soberano o dependiente.

–¿A qué se debe que las políticas del neoliberalismo siempre negaron esta dimensión soberana que representa la Vuelta de Obligado?

–Primero hay que señalar que ellos conceptualizan a la Vuelta de Obligado como un hecho separado de lo que nosotros llamamos la Guerra del Paraná. Segundo, que para esos neoliberales y enemigos de lo nacional y popular la Vuelta de Obligado no es más que una derrota militar. Pero ocultan que, ideológicamente, fue un triunfo que agitó y fortaleció el sentir nacional. Tal es así que desde el año treinta del siglo XX distintos grupos populares festejan el hecho. En la década de los setenta grandes movimientos como la JP, Montoneros o las Fuerzas Armadas Peronistas (en la que milité), lo toman como un hecho fundante de la soberanía de la Patria.
El otro argumento que esgrimen es que no se trató de una guerra contra “la nación”, sino contra Buenos Aires. Un argumento absurdo, que se desvanece con sólo tener en cuenta el explícito respaldo que obtiene Rosas en el marco de la Confederación. Existía un organismo político nacional, el problema es que el proyecto que expresaba no era del agrado de los unitarios ni de la “academia”. Cuando llega Cristina Fernández de Kirchner a la Presidencia de la Nación, la reivindicación nacional de la Vuelta de Obligado era una asignatura pendiente. Esta inquietud se la manifestamos un grupo de viejos militantes al maestro Pacho O’Donnell, quien nos lleva a un encuentro con la Presidenta para plantearle todo lo referido a la Vuelta de Obligado. Ella enseguida lo entendió y la consagró como el Día de la Soberanía Nacional, Feriado Nacional, y alentó la transformación del basurero que era hasta ese entonces el lugar donde se produjeron los hechos de la Vuelta de Obligado en un monumento nacional. Una manera de hacer docencia desde la acción política, tal como nos enseñara el general Perón.

–Recientemente, te referiste a Pacho O’Donnell como uno de tus maestros. ¿Qué influencia ejerció en vos desde el punto de vista intelectual?

–Hace 30 años que conozco a Pacho. Siempre seguí sus investigaciones, programas y leí todos sus libros. Concuerdo con su línea histórica. Los primeros contactos directos fueron cuando lo invité a participar en un Taller de Pensamiento Nacional. También cuando Pacho era legislador de la ciudad, yo estaba en el bloque de Nueva Dirigencia, una alternativa peronista, y votamos todas las leyes propuestas por Pacho que eran de cultura e historia. Pacho reconoce que es discípulo de Pepe Rosas. Y yo soy discípulo de Pepe Rosas y Fermín Chávez, este último un grande que a veces aparece rodeado de un injusto cono de sombras.

–Fue definitorio el respaldo de Cristina para declarar la Vuelta de Obligado como el Día de la Soberanía Nacional. ¿Cuál es la relación entre el peronismo y la historia?

–El peronismo y la historia y viceversa es algo que se puede comprender cuando llamaban a Rosas “El tirano” y a Perón “la segunda tiranía”. Ahí los militantes tuvimos una herramienta como el revisionismo para explicar todas las tergiversaciones, los aciertos y desaciertos de los gobiernos y hasta la propia militancia de Rosas, de Yrigoyen, de Perón, entre otros. La historia siempre entraña una potencialidad política, por eso aquello de “si la historia la escriben los que ganan”. Hoy los que ganamos somos otros, y debemos ejercer nuestro derecho –y diría nuestra obligación– de presentar una mirada fiel a nuestro pasado nacional, para discutir con el engendro construido por Mitre y sus secuaces. Esta mirada histórica, naturalmente, se embebe en los aportes y la rica tradición de un revisionismo histórico que, injustamente, todavía aparece excluido de las currículas de nuestras escuelas y universidades.

–¿Qué autores recomendarías a las nuevas generaciones para comprender a la sociedad latinoamericana?

–Ante todo quisiera aclarar que una de las herencias de mis maestros es usar el término iberoamericano por encima de latinoamericano. Es un término más justo para esa Patria Grande que es Nuestra América. Porque creo, como escribió José Martí, que la América es una sola y va desde el Río Bravo hasta la Patagonia; en realidad, hasta la Antártida.

–¿Cómo surgió el portal Pensamiento Nacional? ¿Cuáles son sus objetivos?

–Nació con la llegada masiva de internet a Argentina. El primer portal se llamó Línea Nacional. Se basaba en las figuras de Rosas, San Martín y Perón. Casualmente los tres aparecían en la portada en uniformes militares. Inmediatamente nos tildaron de fachos. Luego cambiamos a Pensamiento Nacional. Ahí se aglutinó incluso a pensadores que no tenían directamente que ver con el revisionismo, como el padre Castellani. Así logramos crear una simbiosis entre el pensamiento nacional y el revisionismo. Hace cerca de veinte años que administro y edito la página web Pensamiento Nacional. Ese título pertenece a Fermín Chávez, con el que comprendí que los revisionistas son, sobre todo, pensadores nacionales. De este modo es imprescindible leer a Adolfo Saldías, para muchos el padre del Revisionismo Argentino; también a Julio Irazusta, a Pepe Rosas, a Abelardo Ramos, al propio Fermín Chávez. Y también a autores contemporáneos como los que integran nuestro instituto, encabezados por la figura de Pacho O’Donnell.

–Además de la línea de Rosas, San Martín y Perón, ¿cuáles serían a tu criterio otros aportes significativos para el Pensamiento Nacional?

–San Martín, Rosas y Perón juegan un papel determinante en la definición de un modelo de país y de sociedad. Pero no debemos olvidar los aportes de otras figuras como Saavedra, Belgrano, Paso, Mariano Moreno, Dorrego, entre muchos más. Incluso después de Perón llegaron Néstor y Cristina quienes, a mi criterio, hicieron mucho por el revisionismo.

–¿Cuál es la continuidad entre el peronismo clásico de Perón y el peronismo de Néstor y Cristina?

–Aunque no son los mismos tiempos –es importante tenerlo en cuenta–, en mi opinión el peronismo es uno solo y es el de Perón. Luego vinieron actualizaciones y redefiniciones, que rediseñaron esas herramientas, aportes conceptuales, formas de acción política, adaptándolas a la coyuntura histórica en que les toca actuar, con mayor o menor fidelidad con ese ideario. Por ejemplo, reestatizar los ferrocarriles o el subsuelo. Otros que se decían peronistas los entregaron a empresas privadas.

–En estos momentos presidís el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano “Manuel Dorrego”. ¿Cuáles creés que son los principales aportes de esta institución en sus dos años de existencia? ¿Y cuáles son las estrategias para profundizar el trabajo hasta ahora hecho?

–La impronta de nuestra institución, esa que le señaló Pacho a la Presidenta y que ésta aceptó, radica en profundizar nuestros estudios en torno del revisionismo y brindarles el espacio a nuevos autores y voces. También en instalar el pensamiento revisionista en las escuelas y universidades, en la formación de cuadros políticos y sociales. Como sociedad nos debemos un debate franco y abierto sobre nuestro pasado. El liberalismo se decía liberal e impuso el pensamiento único. Los revisionistas hicieron grandes aportes, pero fueron mantenidos en la periferia del sistema institucional. Mi trabajo consiste en no apartarme de ese camino.

–Incluso dar lugar a la polémica, que sirve para enriquecer...

–Siempre es buena la polémica. Don Arturo Jauretche, uno de nuestros grandes revisionistas y más grandes polémicos, así no los legó. Con la polémica también se esclarece. Es una nueva forma de ver la historia pasada en hechos recientes. La polémica constituye la sal de la historia y de la política. Sin ella tenemos esa versión abúlica, aburrida y desentendida de la realidad, característica de la historia oficial.

–A lo largo de nuestro diálogo aparecen reiteradamente dos escuelas o tradiciones historiográficas: por un lado la autodenominada “academia” y por otro los “divulgadores”, aunque yo creo que son mucho más que eso. ¿Qué papel juega en esta escena el Instituto Dorrego?

–Nuestra institución expresa la integración, la síntesis, de esas dos dimensiones. Y en esto marca un hito. La mayoría de los integrantes de los institutos nacionales de Historia son de una u otra fracción. Los académicos y los silvestres, como los denomina Pacho. De cincuenta pensadores y revisionistas cuarenta son abogados, como en los casos de Pepe Rosas y de Saldías, que representan a cada una de esas vertientes. Esto se debe a las trabas que la corporación de los denominados “intelectuales académicos” han impuesto tradicionalmente a la enseñanza de contenidos revisionistas en la universidad. Lo mismo sucede en los profesorados, que exigen una profunda redefinición de contenidos. En nuestro instituto nos hemos reunido las dos tendencias. Yo, por ejemplo, soy de los silvestres que sólo pasó por la universidad para militar.

–¿Por qué la creación del Dorrego les produjo urticaria a muchos académicos?

–La frutilla de la torta fue Pacho O’Donnell y, por supuesto, la presidencia de Cristina. También porque uno de nuestros objetivos es provocar un cambio en el relato único que se impone en las escuelas. Queremos entrar en discusión con esta interpretación “oficial” en escuelas y sindicatos. Y el contexto de hoy nos acompaña. Aplaudo el canal Paka Paka y al programa histórico para niños “La asombrosa excursión de Zamba”. Es el revisionismo para los más pequeños. Estas generaciones crecerán con nuevos argumentos. Otros institutos se crearon sin problemas. Por ejemplo, cuando se creó el Instituto Juan Manuel de Rosas no tuvo tantas opiniones contrarias. Lo creó el ex presidente Menen. Se tuvieron que inventar festejos con la repatriación de los restos de Rosas y el monumento para que se divulgaran. Luego los radicales hasta le cortaron la luz al monumento.

–A diferencia de los “académicos”, que parecen circunscribirse a la escritura de la historia y a ámbitos selectos de discusión, los revisionistas cuentan con un público mucho más amplio, y un área de acción multimediática, que incluye la actividad periodística, el cine, la tv, la ficción, la radio etc. ¿Cuál es tu interpretación al respecto?

–Es consecuencia del proceso histórico de cada vertiente, y de su compromiso con la sociedad. La academia trató de guarecerse de la sociedad, porque resultaba instrumental para un proyecto que se proponía cambiar los fundamentos XIX. Quisieron construir una Argentina europea, destruyendo física y culturalmente a sus habitantes. Por eso la relación siempre fue antagónica, en términos de civilización vs. “barbarie”. Curiosamente, como señala Pacho, para el liberalismo cipayo los bárbaros no eran los extranjeros sino los nativos, a diferencia de lo que pensaban los romanos. El revisionismo, en cambio, surge de las entrañas de nuestro pasado y de nuestra cultura. Entiende a su pueblo, conecta con él. Negado su ingreso en los claustros y en las aulas, se desvivió para comunicar su mensaje y su lectura al conjunto de la sociedad. Por eso siempre se dedicó al periodismo, en sus diversas formas. Hizo docencia y dicto cátedra desde la prensa. Excluido en el pasado de las grandes editoriales, recurrió a las pequeñas, al boca en boca, a las conferencias. Luego se sumaron otras formas de comunicación, y supo aprovecharlas admirablemente. Hoy muchos de los miembros del instituto son figuras centrales de la TV y del cable, y las expresiones de adhesión y admiración popular son evidentes a cada paso que dan. Tanto es así que, hoy en día, las grandes casas editoriales cuentan entre sus libros mas éxitos con obras de autores revisionistas, y se disputan la publicación de sus libros. Todo un indicador del cambio de los tiempos.

–Cambiando de tema, y refiriéndonos a un debate que hoy ocupa la portada de diarios y tv, ¿qué relación ves entre el Emprestito Baring Brothers, la política de promoción del colonialismo y el debate con los fondos buitre?

–Igual que en la época de Rosas, hoy los fondos buitre hacen el mismo trabajo de zapa. Como Rosas, Cristina presenta batalla para escribir un nuevo capítulo en defensa de nuestra soberanía. Y allí, nuevamente, aparecen configuraciones similares a las de la Vuelta de Obligado. De un lado, los que apuestan por el país. Del otro, los que apuestan al endeudamiento y el empobrecimiento. Los peronistas tenemos una larga experiencia en esto, y Cristina esta asumiendo admirablemente en este caso el rol que ha tocado desempeñar.
En la medida en que se profundizan más las políticas del Gobierno Nacional, la popularidad crece, pese al discurso descalificador de los medios opositores. Ese discurso incluye curiosas valoraciones de personajes y situaciones históricas.
Si hacemos revisionismo vamos a encontrar que en otras épocas Clarín y La Nación, por ejemplo, habían planteado un mensaje tergiversador tanto en una fecha como el 20 de noviembre o en sus valoraciones sobre San Martín o Perón. La lucha de Rosas por la soberanía deslegitimaba el proyecto de Mitre y de Sarmiento. Ahora les cuesta más porque tenemos una Presidenta muy clara y transparente, conocedora y estudiosa de nuestra historia. Y si bien no han renunciado a contratar a las principales plumas del intelectualismo cipayo –con el inefable Luis Alberto Romero a la cabeza–, su eficacia es muy limitada. Sobre todo cuando esos intelectuales llegan a sostener la aberración de que “las Malvinas deben ser llamadas Falklands y ser consideradas como inglesas...” Patético.

–Usás reiteradamente los términos pueblo y popular. Y esas palabras remiten directamente, por ejemplo, a tu investigación actual: el Gauchito Gil.

–El Gauchito Gil es un ícono del pueblo que les ha ganado en popularidad a santos y creencias populares, como por ejemplo la difunta Correa. Y eso ha sido por la aclamación popular. Tengo casi 100 entrevistas a lo largo de las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Chaco donde se evidencia la necesidad de creer que tiene la gente humilde, ya no en un santo sino en una deidad con rasgos similares a los suyos. Es llamativa la colaboración de nuestra gente –en realidad es una característica de nuestros sectores populares– en esta iniciativa. Perciben que uno de los suyos tomará entidad histórica y lo celebran de antemano. El Gauchito Gil se ha hecho tan popular que ya hasta El Vaticano a comenzado a interesarse al respecto.

–¿Cómo caracterizarías al Papa Francisco y cuál creés que es su incidencia para América latina?

–Es sencillo de explicar: Francisco entiende lo nacional y popular porque nunca ha dejado de ser del pueblo. El Papa es peronista e iberoamericano. Por eso comprende las problemáticas, los deseos y las vivencias de nuestros pueblos. Un papa iberoamericano es un hecho inédito y trascendente, ya que revela el lugar que nuestra Patria Grande Americana ha alcanzado a escala mundial.
En esta última década es insoslayable la reinclusión de los jóvenes en la política. Una juventud que había quedado fuera desde mediados de los ochenta.
Ese proceso es un mérito de Néstor. A partir de la dictadura, y salvo un breve período en los inicios de Alfonsín, los jóvenes fueron ahuyentados de la política. Instalando el miedo, el descrédito, el individualismo. Para el revisionismo la política no es una mala palabra, sino una actividad fundamental de la vida en sociedad al que debemos contribuir todas y todos. Es una responsabilidad y un derecho irrenunciable de un pueblo libre. Y eso también es Patria.

–Otro de tus grandes desvelos ha sido la cuestión Malvinas. Desde una mirada muy diferente a la de la Academia, por cierto...

–Yo me enrolé en Malvinas y al final no me dejaron ir porque ese mismo año nació mi hija. Viví profundamente el proceso de Malvinización y de Desmalvinización que hicieron los distintos gobiernos. Sobre todo el de la época nefasta de la dictadura cívico-militar. Por eso reivindico en todos los espacios que se pueda a nuestros héroes de Malvinas. Malvinas cobra una connotación revisionista desde que, estudiando a Rosas, comprendí su historia y significado, y también su vigencia en el presente y en la construcción del proyecto nacional.

–¿Cómo caracterizarías al historiador revisionista?

–Me resuenan las palabras de Pacho cuando dice que el revisionismo es preguntarle en una fiesta de Susana Giménez a un mozo cómo estuvo la velada. El revisionista escribe y habla con los códigos del pueblo. Por eso el pueblo entiende lo que propone el revisionismo y su mirada de la historia. Eso a veces resulta molesto, diría insoportable, para aquellos que se guarecen tras los muros de los claustros. Por suerte, la experiencia del instituto demuestra que no todo está perdido, que muchos que surgieron de esos claustros mantienen su sensibilidad popular y su compromiso nacional. Esa ha sido la estrategia de Pacho, y se ha revelado como muy exitosa.

Suplemento Claves de la Historia - Miradas al Sur.
31.08.14

 

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